Martín Primo
Director del semanario Socialismo o Barbarie, dirigente del Nuevo MAS.

El sábado 20 de octubre, el frente Sindical formado por Moyano-Camioneros, Pignanelli-Smata y Palazzo-Bancarios llama a un “Encuentro de Fe por Pan, Paz y Trabajo» frente a la basílica de Lujan. Sin lugar a duda va a ser una movilización importante. Esto por dos motivos: por un lado porque el aparato de la burocracia está jugándose con todo para mover a los trabajadores junto con sus familias, pero también porque hay una bronca inmensa frente a situación económica que castiga duramente a los trabajadores. En este sentido, la acción elegida por Moyano y compañía no es para nada inocente, es el intento desviar la bronca acumulada y evitar que estalle contra el gobierno.

Es que a nadie se le escapa que el ajuste brutal tiene como principal finalidad garantizar el pago de la deuda externa y el enriquecimiento de quienes especulan con la bicicleta financiera. A nadie se le pierde de vista que mientras la inflación que campeó durante todo el año, aniquiló el salario de millones de trabajadores, el gobierno nacional únicamente está preocupado por compensar a las empresas de servicios y al transporte aplicando nuevos tarifazos. A nadie se le escapa que la bronca contra el gobierno nacional viene creciendo día a día como consecuencia de que la realidad que nos toca vivir a millones es insoportable e insostenible. A nadie se le escapa que el último paro nacional fue una demostración inmensa de que la cosa no da para más. A nadie se la escapa que algo hay que hacer y que los dirigentes sindicales tienen que dejar de jugar a las escondidas frente al despojo a que somete el gobierno a los trabajadores. A nadie se le escapa nada de esto… a los burócratas sindicales tampoco.

Frente a esta situación los dirigentes sindicales tradicionales de la CGT, traidores todos, se dividieron en dos bandos: los jefes oficiales de la CGT (los Gordos con Acuña y Daer a la cabeza) que decidieron directamente no hacer nada que perjudique al gobierno y estudiar la posibilidad de hacer un nuevo paro recién en algún momento de noviembre; y los dirigentes del Frente Sindical (Moyano, Pignanelli y Palazzo) que prefieren posar de combativos pero con el objetivo de evitar a toda costa que la cosa estalle. El caso de los primeros es una traición lisa y llana; pero el de los segundos es, si es posible, mucho más tramposo y pérfido.

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“Sólo le pido a dios”… que no haya lucha

La movilización a Lujan es una acción que tiene como objetivos evitar que haya una gran jornada de lucha contra el presupuesto de ajuste de Macri y el FMI el próximo 24 de octubre y anestesiar la bronca acumulada. En estos años hubo demasiadas ocasiones en donde la bronca por abajo hizo que la cosa se les vaya de las manos a los dirigentes de la CGT. Todos recordamos la imagen de los burócratas huyendo mientras le copaban el palco y le sacaban el atril; y aún más evidentes fueron las jornadas de diciembre de 2017. Moyano, Pignanelli y Palazzo sacaron enseñanzas de lo que pasó el 18 de diciembre del año pasado cuando la el triunvirato de la CGT llamó a un paro contra la ley de reforma previsional y los trabajadores se movilizaron junto con la izquierda y aprovecharon la ocasión para transformar un paro dominguero en una verdadera jornada de lucha que le marco la cancha a Macri y le abrió una crisis política. Los integrantes del Frente Sindical quieren evitar a toda costa que una movilización frente al Congreso contra el presupuesto sea aprovechada por los trabajadores para transformarla en una jornada de lucha y tratar de derrotar el acuerdo de Macri con el FMI.

En este sentido, la maniobra de la burocracia está especialmente diseñada. Es presentada como una movilización contra el gobierno pero tiene todos los reaseguros para que no sea una jornada de

lucha. Por un lado, lejos de reclamarle al gobierno nada, Moyano y compañía buscan llevar a miles de trabajadores frente a la basílica de Lujan para que en vez de luchar, recen al papa Francisco. Al mismo tiempo en las fábricas les exigen a los trabajadores que aclaren, en caso de que se les ocurra no ir, cuáles son sus motivos. Junto con esto, los presionan para que vayan junto a sus familias para garantizarse que no vuele ni una mosca. ¿Qué trabajador coherente puede estar de acuerdo en arriesgar a sus hijos a que queden en medio de alguna represión? Y, por último, son conscientes de que la izquierda organizada que siempre está dispuesta a hacer unidad de acción para luchar, no va a ser parte de a una procesión religiosa. En este sentido vale recordar que Marx supo caracterizar en su momento a la religión como el opio de los pueblos. Es el láudano que calma los sufrimientos de una realidad insoportable, entumece los músculos y adormece los sentidos.

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Así las cosas la burocracia se cura en salud. Pretende hacer una gran procesión junto a la Iglesia para mostrar que tiene capacidad de movilización y al mismo tiempo garantizar que nada se les pueda salir del libreto y que los trabajadores sean incapaces de tomar ninguna acción de lucha contra el presupuesto de ajuste de Macri y el FMI.

La lucha contra el ajuste no está en Lujan, sino frente al Congreso

Lo de estos burócratas es una verdadera canallada. En última instancia es parte de lo política que la oposición patronal vino haciendo durante todo el año para garantizarle a Macri la gobernabilidad para que llegue a 2019, y así apique su acuerdo con el FMI y el ajuste contra los trabajadores. Una misa ecuménica no sirve para nada y tiene como único objetivo que no haya lucha real para derrotar el presupuesto 2019. Lo que realmente hace falta es organizar una gran jornada de lucha con paro y movilización este 234 de octubre frente al Congreso de la Nación cuando se quiera votar el presupuesto. El Nuevo MAS junto con la Corriente Sindical 18 de Diciembre y Las Rojas vamos a estar presentes para enfrentar el ajuste y denunciar el presupuesto de hambre de Macri y el FMI

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