Todo lo que era sólido y estable es destruido; todo lo que era sagrado es profanado, y los hombres se ven forzados a considerar sus condiciones de existencia y sus relaciones recíprocas con desilusión (1).

La crisis actual combina una crisis sanitaria y una crisis económica a escala mundial. Y la interacción entre estas dos dimensiones de la crisis puede desencadenar un ciclo específico que alterne frenazos y aceleraciones que en medio de una trayectoria recesiva.

Esta es la hipótesis que examinamos en esta contribución.

 

El difícil ajuste del des-confinamiento

Actualmente, las medidas de confinamiento afectan a casi 2700 millones de trabajadores y trabajadoras, es decir alrededor del 81% de la mano de obra mundial (2): esta crisis no se parece a ninguna otra. El efecto de paralizar una buena parte de la actividad económica se multiplica por sus efectos indirectos y pone en marcha un ciclo infernal. Sin embargo, obviamente, el confinamiento no puede ser total, ni prolongarse indefinidamente so pena de socavar las condiciones mismas de subsistencia de la población. Esta importante retroalimentación (feedback) lleva a la necesidad de un arbitraje difícil (3).

Frente a este dilema real, podemos distinguir tres tipos de reacciones de los Estados en base a la clasificación propuesta por Jérôme Baschet: “el minimalismo sanitario liberal-darwinista; la atenuación implementada por los Estados bien preparados y dotados con poderosos recursos materiales y técnicos; las medidas de confinamiento generalizado, implementadas de manera más o menos autoritaria” (4).

La primera orientación minimalista fue inicialmente la de Boris Johnson o Donald Trump. También se planteo en Holanda y, lo que es menos conocido, en México, en relación al cual resulta esclarecedor un pequeño desvío. En efecto, su presidente Andrés Manuel López Obrador (AMLO) pudo blandir imágenes religiosas como el mejor baluarte contra el virus (5). Fue el 18 de marzo. Pero esta deriva de AMLO también fue política. Cuando fue alcalde de la capital, entre 2000 y 2005, obtuvo un fuerte apoyo popular gracias a sus programas sociales (6). Pero es este mismo AMLO quien, desde el 1 de enero, suprimió el programa Seguro Popular que hasta entonces proporcionaba protección social a personas sin cobertura sanitaria y lo reemplazó por e l fantasmal Instituto de salud para el bienestar. El contraste es grande con la posición de la dirección zapatista que dos días antes de esta famosa conferencia del presidente, había declarado la alerta roja en los territorios rebeldes e invitado a “los pueblos del mundo a medir la gravedad de la enfermedad y a adoptar medidas de salud excepcionales, sin abandonar las luchas en curso” (7).

Sin embargo, la línea “liberal-darwinista” fue abandonada progresivamente frente a la realidad y ya no seguida prácticamente nadie, excepto Trump (tras bambalinas) y Jair Bolsonaro, que, asumiendo toda la responsabilidad, acaba de despedir a su ministro de sanidad, Luiz Henrique Mandetta. En ambos casos, la crisis ha conducido a un conflicto entre el poder federal y algunos de los Estados. Por lo tanto, en la práctica la que se impone en la mayoría de los países es una política de confinamiento.

Obviamente, a priori esta es la forma más efectiva de reducir las posibilidades de transmisión, como lo ilustra esta viñeta de un epidemiólogo muy casero. A la izquierda, cada persona infectada infecta a otras tres según la evaluación de la tasa de reproducción inicial (Ro) del virus. A la derecha, el confinamiento bloquea la propagación.

Obviamente, este mecanismo de atenuación depende de lo que dure el confinamiento, como pudo explicar Angela Merkel en una intervención muy pedagógica (8). Pero el confinamiento no puede mantenerse durante demasiado tiempo, por razones que no solo se refieren al imperativo económico, sino también sociales, en todos los sentidos del término. Sin embargo, al mismo tiempo, todavía hay muchas incertidumbres sobre el modo exacto de transmisión del virus, sobre la proporción de personas infectadas pero asintomáticas, sobre la efectividad de las pruebas, sobre la posibilidad de reinfecciones, etc. Un internauta diseñó un cuadro bastante divertido (ver recuadro).

Las aporías del confinamiento (9)

    1. No puedes salir de casa, pero si tienes que hacerlo, puedes.
    2. Las mascarillas son inútiles, pero tal vez deberías usar una, puede salvarte. Puede que no sirvan para nada, pero también podrían ser obligatorias.
    3. Las tiendas están cerradas, excepto las que están abiertas.
    4. Este virus es mortal pero no realmente terrible, excepto que podrías morir de él, o podrías haberlo tenido sin ni siquiera saberlo.
    5. Los guantes no ayudarán, pero sin embargo pueden usarse.
    6. Todo el mundo debería quedarse en casa, pero sí se puede salir a hacer ejercicio, salvo que puedas correr un riesgo, a menos que nadie más haga ejercicio en el lugar donde te encuentras.
    7. El supermercado está bien abastecido, pero faltan muchas cosas, excepto por la mañana. A veces.
    8. El virus no tiene ningún efecto en los niños, excepto en los afectados.
    9. Tendrás muchos síntomas si te enfermas, pero puedes estar enfermo sin síntomas o tener síntomas sin estar enfermo.
    10. Se puede comer inmediatamente la comida distribuida a cada por un restaurante, pero descontaminad vuestros alimentos afuera durante tres horas.
    11. Estás a salvo si te mantienes a una distancia de un metro de los demás, siempre que estas personas sean extrañas. Está prohibido ver a tus amigos desde una distancia segura.
    12. El virus permanece activo en diferentes superficies durante dos horas; no, cuatro; no, seis; no, ¿tal vez días? Pero se precisa un ambiente húmedo. Pero también un ambiente seco.
    13. Contamos el número de muertes, pero no sabemos cuántas personas están infectadas porque solo evaluamos a las personas que casi estaban muertas para determinar si es de eso de lo que van a morir.
    14. No tenemos un tratamiento, pero puede haber uno que funcione, a menos que tomemos la dosis incorrecta. No hay ninguna forma de saberlo.
    15. Deberíamos permanecer encerrados hasta que el virus desaparezca, pero esto solo retrasará la inmunidad colectiva, lo que requiere abandonar vuestro hogar. Así que salid con moderación.

Dadas estas incertidumbres, es posible imaginar una sucesión de fases de re/desconfinamiento, como se ilustra en el siguiente esquema, que proviene del Imperial College (10).


Este escenario induciría una trayectoria de aceleración y luego de frenado de la actividad económica, lo que llevaría a una recuperación vacilante de la economía, en forma de una sucesión de W. Los economistas, por otra parte, realizan un enorme ejercicio de imaginación para distinguir los diversos perfiles posibles: algunos evocan el acrónimo de una famosa marca de calzado deportivo o incluso la letra Baa del alfabeto árabe.

Podríamos imaginar una relajación del confinamiento con, por ejemplo, el arranque progresivo de las actividades (pero con al menos el 50% de las actividades no esenciales paradas), el mantenimiento del cierre de los establecimientos educativos y el aislamiento de las personas de más edad. Este es el escenario previsto en un estudio minucioso del Inserm [Instituto científico sobre la salud] (11) que proporciona elementos adicionales. El primero es que el nivel actual de inmunidad sería bajo -del 1 al 6% de las personas ya infectadas (12)-, mientras que es necesario un umbral del 60%, cuanto menos, para garantizar la inmunidad colectiva y la erradicación del virus.

Además, este escenario solo puede funcionar si va acompañado de una campaña masiva de test y de provisión de mascarillas. Sin embargo, los recursos materiales y logísticos no están disponibles de inmediato, al menos en Francia. En resumen, en el mejor de los casos se puede ahorrar tiempo y aplanar las curvas, pero no se podrá evitar una recaída, sino que, como mucho, hacer que retroceda y disminuir el impacto. Como dice Vittoria Colizza, una de las líderes del estudio, “el confinamiento va a durar mucho tiempo porque no se puede vivir normalmente con esta epidemia” (13).

La incertidumbre no se elimina con el examen comparado de las políticas llevadas a cabo en los distintos países. Algunos éxitos son difíciles de transponer: incluso admitiendo la veracidad de las estadísticas oficiales, China ha recurrido a medidas ultra- autoritarias, incluso totalitarias. El éxito de Alemania probablemente se base (como en Corea del Sur), al menos en parte, en una política sistemática de test, pero eso está fuera del alcance de otros países. Se cita el caso de Suecia, que ha utilizado un confinamiento muy moderado, pero tiene sombras si se la compara con países vecinos como Dinamarca, Noruega o Finlandia (14).

Según Annie Thébaud-Mony, especialista en enfermedades profesionales, la escasez de test no es una explicación satisfactoria: “nuestros dirigentes están planteando una razón técnica, mientras que claramente han tomado una decisión estratégica: la opción de no hacer test” (15). La fórmula sin duda debe ser matizada: es verdad que el gobierno francés ha mostrado una profunda desorganización, como en el caso de las mascarillas, e incluso ha mentido claramente (16). Pero esta debacle también se refiere a la elección de un método; a saber, la negativa -o la incapacidad- para tomar el control de las cosas, inventariando capacidades de producción, requisando…, en resumen, planificando.

En este contexto de incertidumbre, la posibilidad de un rebrote también es una preocupación para los bancos, como Morgan Stanley, que predice con precisión una segunda ola a principios de 2021 (17). Es lo que ilustra el gráfico de abajo, que aparece aquí solo como un ejemplo de la complejidad azarosa de los modelos implementados.

Las idas y vueltas del virus a escala mundial

La forma en que se organiza la producción global en forma de cadenas de valor se ha visto brutalmente afectada por la crisis, y de varias maneras. Dentro de un territorio o país, la caída de la demanda conduce a la bancarrota a corto o medio plazo de las y los productores que no tengan respaldos (financieros) bastante sólidos. Este fenómeno, al extenderse a las empresas de transporte, puede incluso llevar a que se pierda la producción de productos alimenticios porque no se pueda entregar a quienes los compran.

En Estados Unidos, el fenómeno ya está funcionando. Por un lado, algunas y algunos agricultores se ven obligados a destruir sus cultivos y, por otro, los habitantes urbanos de escasos recursos hacen la cola en food banks [bancos de alimentos] para conseguir alimentos. La imagen de abajo, que relaciona dos artículos del New York Times, simboliza lo absurdo de tal situación (18).

La variante francesa también es reveladora: algunos cultivos carecen de mano de obra porque generalmente estaba compuesta por trabajadores y trabajadoras temporeras extranjeras que no pueden venir a asegurar esta producción (19). Lo mismo ocurre en el Reino Unido, que está tratando reimportar a las y los trabajadores extranjeros expulsados ​​por el Brexit.

El comercio internacional ya se ha reducido considerablemente, pero corre el riesgo de reducirse aún más con interrupciones en las cadenas de suministro. Con respecto a los alimentos básicos, la OCDE teme que a cierto plazo “las cadenas específicas de suministro de alimentos se vean seriamente afectadas, en particular por la falta de trabajadores estacionales para la plantación o la recogida de cultivos esenciales, por limitaciones logísticas y por medidas sanitarias” (20).

Sin embargo, tales mecanismos ya están funcionando, como lo muestra en un informe del Banco Mundial sobre África subsahariana (21). La propagación del virus comenzó allí más tarde y sigue siendo relativamente limitada (5.425 casos registrados en 45 de los 48 países). Pero sus efectos económicos ya están presentes y el Banco Mundial presenta una imagen muy sombría, con un crecimiento negativo para 2020 de entre el -2.1 y el -5.1%. Más allá de las cifras, el informe resume los principales canales de transmisión de la crisis.

El primer canal es la perturbación del comercio y de las cadenas de valor. Golpea a los sectores exportadores de productos básicos de la región, con el colapso de los precios internacionales de las materias primas, así como a los países que están altamente integrados en las cadenas de valor, como Etiopía y Kenia. El segundo choque es el resultado de la repentina retirada de capital y, en general, de la reducción de todos los flujos de financiación extranjeros (inversiones directas, ayuda, remesas de fondos, ingresos del turismo). En general, los países se enfrentarán a graves crisis de balanza de pagos, con déficits comerciales cada vez mayores y con caídas de los tipos de cambio. A continuación vienen los efectos estrictamente sanitarios que tendrán un efecto multiplicador, teniendo en cuenta la dificultad para organizar el confinamiento (22).

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Esta imagen ya de por sí sombría debe completarse agregando la fuerte dependencia de varios países africanos de las importaciones agrícolas. En efecto, se observa que algunos países productores están tomando medidas de autoprotección que consisten en restringir sus exportaciones de productos agrícolas. Esto podría desencadenar una crisis alimentaria en países como Argelia, Egipto, Marruecos o Níger, que dependen particularmente de los suministros exteriores (23).

Muchos países latinoamericanos están expuestos a los mismos peligros y por razones similares. Como muestra Pierre Salama, “experimentarán fuertes caídas en sus ingresos tributarios debido a la disminución de las exportaciones de materias primas que se sumará a la caída de los precios mundiales. Esto podría conducir a una crisis fiscal, reduciendo así sus capacidad presupuestarias para responder a la crisis económica y social” (24).

Por lo tanto, todos los países emergentes y en desarrollo están afectados: se enfrentan a las mismas dificultades y deben solicitar préstamos al mismo tiempo. Las salidas de capital, en proporciones sin precedentes, ya han comenzado debido a que los mercados financieros prefieren reducir los riesgos y financiar a Estados Unidos, China o a los países europeos. Es por eso que la pandemia es una “bomba de relojería de impagos soberanos” (25). Así pues, no es sorprendente que muchos países ya hayan solicitado asistencia financiera de emergencia al FMI, que la ha concedido a pesar de la oposición de Trump. Pero esta ayuda llega a cuenta-gotas y la suspensión de la deuda otorgada a ciertos países es solo temporal.

Se podría decir que la pandemia está experimentando, como la economía mundial, un desarrollo desigual y combinado y además lo está mostrando. Los intercambios internacionales van a estar sujetos a los mismos zigzags que las coyunturas nacionales, porque es imposible adaptar las cadenas de valor mundiales en tiempo real. Si un país de la periferia ya no puede abastecer a un país del centro porque a su vez está golpeado por la pandemia, esta interrupción repentina de la producción en el primer país tendrá repercusiones en la actividad económica del segundo.

 

Los efectos repunte

Los defensores de una recuperación en V no comparten las observaciones anteriores que permitirían, desde 2021, colmar el hueco de 2020. La versión más radical de esta tesis es sin duda la de la Office for Budget Responsability que es una especie de equivalente británico del Tribunal de Cuentas. Pronostica una caída del -12.8% del PIB en 2020, seguida de una recuperación del ¡+17.9% en 2021! Esto da el gráfico depurado de abajo que (26).

En el mismo registro bufo, se puede citar la entrevista trumpoide de Larry Summers, ex secretario de Estado de Clinton, ex asesor de Obama, etc. Su intuición “probablemente optimista”, dice, es que “la recuperación puede ser más rápida de lo que cabría esperar, porque es muy similar a lo que sucede después de la depresión total en la economía Cape Cod cada invierno [Cape Cod es el lugar de vacaciones favorito para las élites de Boston y Nueva York] o de la recuperación del PIB de Estados Unidos todos los lunes”. Después de este toque de humor, Summers agrega: “Por lo tanto, creo que si logramos controlar la situación sanitaria, la vuelta a la normalidad será más rápida que durante las crisis financieras o las recesiones habituales”; pero, prudente, agrega “no estoy seguro” (27).

No todas las predicciones cuantificadas caen en este ridículo, incluso cuando se necesita mucho coraje para llevar a cabo semejante ejercicio. En cualquier caso, se observa que la mayoría de las proyecciones se esfuerzan por presentar trayectorias optimistas. Es difícil decir si se debe a un método que subestima el alcance de esta crisis, o es para tranquilizar (¿a los inversores?) minimizando el alcance del choque. En cualquier caso, los siguientes gráficos se asemejan a deseos piadosos, wishful thinking, se dice en inglés. A la izquierda está el pronóstico de Xerfi para Francia, a la derecha el del FMI, más bien en forma de “swoosh (28). De acuerdo con el FMI, los países emergentes y en desarrollo deberían salir rápidamente de la depresión y crecer un 10% a finales de 2021, lo que en realidad está más allá de lo razonabable,.

Para cerrar la bucle, se puede citar un artículo que también es bastante esclarecedor (29), en el que el autor establece un paralelo (sin duda de dudoso gusto) con el juego del topo (whack a mole) en el que es necesario machacar al mayor número de topos que siguen sacando la cabeza de sus agujeros.

La fábula del ahorro forzado

Uno de los efectos del confinamiento es que los gastos de consumo caen más que los ingresos. En el caso de Francia, la tasa de ahorro, que oscilaba alrededor del 15%, debería saltar al 35% en el segundo trimestre de 2020 (30). Este ahorro forzado representaría alrededor de 55 mil millones de euros por ocho semanas de confinamiento (31). Si la tasa de ahorro vuelve a su nivel anterior a la crisis, el consumo imposible durante el confinamiento se pondría al día y respaldaría una recuperación rápida en V. El gráfico de al lado, tomado del estudio ya citado por Xerfi, ilustra este escenario ultra optimista cuya probabilidad es cercana a cero (nos gustaría ver la “ecuación” que conduce a ese resultado).

Por otra parte, el autor del estudio ha matizado de inmediato ese optimismo: “en el papel”, explica, podríamos contar con “los ahorros de la famosa Francia de fin de mes”, pero “sin embargo, no veremos este feliz resultado. No habrá un mañana que canta ni siquiera un choque suavizado» (32).

El problema de estos escenarios es que implícitamente asumen un fin completo del confinamiento y un reinicio inmediato de la producción. Y con ello, subestiman el ciclo pandemia/economía y el ciclo demanda/oferta. Además, se enfrentan con una dificultad clásica con respecto a la tasa de ahorro. Incluso antes de la crisis, era una de las variables determinantes en un ejercicio de previsión económica y, sin duda, es una de las más difíciles a modelizar. La razón es que no hay una tasa de ahorro que estaría determinada por el comportamiento de un agente representativo, es decir, de un consumidor medio. Desde Keynes, sabemos que los ricos ahorran más. El gráfico a continuación ilustra esto perfectamente: el 20% de los hogares con los ingresos más bajos (quintil Q1) tiene incluso una tasa de ahorro negativa (se endeuda), el 20% siguiente tiene cero ahorros, y la mayoría de los ahorros provienen de los ingresos más altos (33). Algunos estudios puntuales muestran que el comportamiento de ahorro depende de la estructura de los ingresos: en general, las y los asalariados ahorran menos (34).

Por tanto, confiar en la liberación de ese ahorro forzado para relanzar la economía es indicativo de una forma de distanciamiento social, que equivale a ignorar el destino de los más desfavorecidos, de quienes luchan porque han perdido empleos e ingresos, de quienes hacen la cola para tener qué comer. Basándose en la encuesta de vivienda del INSEE y una encuesta de Ifop (35), Pierre Concialdi muestra que la caída de la actividad ha tenido “un impacto en los ingresos de más de un tercio de la población activa”, sumergiéndola en grandes dificultades financieras. Es verdad que se han tomado medidas con respecto al desempleo parcial, pero “están lejos de compensar la pérdida total de ingresos. En promedio, para los asalariados concernidos, se puede estimar que la pérdida es de 400 euros por mes, u 800 euros después de dos meses de confinamiento”. Concialdi estima “aproximadamente entre 2,5 y 2,8 millones el número de hogares de activos inquilinos o adherentes (es decir, de 6 a 7 millones de personas) que han sido duramente golpeados por la recesión” y sugiere “una intervención más vigorosa de los poderes públicos a escala nacional, sea a través de una moratoria de los alquileres y/o mediante la puesta en marcha de un fondo de solidaridad (36).

Incluso si varias medidas han permitido evitar una fuerte caída de los salarios, es principalmente sobre los ricos sobre quienes se cuenta para impulsar el consumo y el empleo de los demás. Pero eso es olvidar que registrarán pérdidas en su patrimonio, y no se ve en esas condiciones por qué estarían incitados a consumir en exceso.

Si los estudios citados (OFCE y Xerfi) proporcionan una calibración meticulosa, apuntan a otra dificultad. La OFCE señala que “las ocho semanas de confinamiento conducirían a una reducción en la tasa de margen de las empresas de de 2.9 puntos de valor agregado durante el año, equivalente a una pérdida de 35 mil millones de euros”. Uno de los efectos inmediatos de la crisis es reducir la rentabilidad de las empresas, su tasa de margen (para aquellas que no habrán ido a la quiebra). Debería hacerse todo “para salvar al soldado Ryan”. La recuperación en V no solo implica un repunte del consumo, sino también, a largo plazo, de la inversión. Salvo que “no se puede hacer beber a un burro que no tenga sed”. La inversión estará limitada de manera duradera por el endeudamiento de las empresas y por la falta de visibilidad de la demanda. Después de la crisis de 2008, las empresas se vieron enfrentadas a la misma necesidad de reducir su deuda y lo hicieron frenando la inversión, los salarios o el empleo. Estas evoluciones “corren el riesgo de repetirse después de la crisis del coronavirus” como nos advierte Patrick Artus (37).

 

Repunte, ¿ha dicho repunte?

Se podría imaginar un efecto de repunte a priori favorable a la recuperación económica: aliviados por estar fuera de la crisis, los y las consumidores decidirían compensar los horrores de la crisis sanitaria gastando su ahorros forzados y consumiendo frenéticamente para, de alguna manera, ponerse al día. Volvería la confianza y la actividad económica podría reiniciarse vigorosamente. Ya hemos mencionado las razones por las que un escenario de este tipo, que una vez más supone implícitamente una desconfinamiento integral e inmediato, no tiene en cuenta el campo de ruinas en el que tendría lugar esta recuperación.

Este escenario pasa por alto otro factor: el miedo a la enfermedad. Es lo que subraya el análisis del epidemiólogo Johsua Epstein, quien propone el concepto de “contagio acoplado” que combina la enfermedad en sí y el miedo a la enfermedad (38). Según este modelo, el miedo a la enfermedad inicialmente lleva a tomar medidas que limitan la propagación de la epidemia. Cuando las cosas parecen mejorar, el miedo disminuye y las medidas de protección se relajan o abandonan gradualmente. Entonces es “el retroceso del miedo lo que causa estragos. Si aún circulan algunos casos infectados, la reanudación de las actividades equivale a verter gasolina sobre estas brasas infecciosas (en forma de personas expuestas), y se enciende una segunda ola”.

Es un tipo de repunte completamente diferente el que debe considerarse: el de un retorno a las políticas de reequilibrio fiscal. Aquí tenemos que abrir, con prudencia, un pequeño paréntesis para evaluar las medidas tomadas o anunciadas en hoy. A riesgo de represalias, se puede decir, al menos en lo que respecta a Europa, que los gobiernos han aceptado un esfuerzo presupuestario significativo, o al menos se han resignado a ello. Se puede tomar la medida comparando la tasa de desempleo que explota en Estados Unidos mientras está relativamente contenida en Europa. Obviamente, las medidas tomadas son insuficientes, están focalizadas de manera imperfecta y están insuficientemente coordinadas. Sin embargo, a pesar de estos límites, en cualquier caso implican un aumento significativo de la deuda pública.

Las evaluaciones del FMI (39) reproducidas en la tabla de abajo dan las órdenes de magnitud: para la zona del euro en su conjunto, la deuda pública pasaría del 84,1 al 97,4% del PIB, un aumento de 13 puntos. Pero este impacto sería aún más fuerte, y dramático para Grecia seguida por los países del Sur: Italia, España, Portugal y… Francia. Para otros países, como Alemania y los Países Bajos, el impacto sería menos fuerte.

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Deuda pública como % del PIB

Nuestra hipótesis es que los gobiernos van a aprovechar la más mínima escampada para justificar las medidas de saneamiento según modalidades que pueden diferir de un país a otro. La experiencia de la crisis anterior refuerza esta hipótesis: las políticas de austeridad implementadas desde 2010 y 2011 llevaron a una recesión. Sin duda, los gobiernos aprendieron de ello y tratarán de no apretar las clavijas demasiado pronto. Pero el debate se centrará más en el momento apropiado que en la necesidad de tal punto de inflexión. Las oposiciones entre países frugales y dilapidadores no hará más que recrudecerse a pesar de las intervenciones del BCE y de las diversas propuestas que están floreciendo (y sobre las que habrá que volver). El ir y venir de las políticas presupuestarias desincronizadas, combinándose con los flujos y reflujos de la epidemia tienen el riesgo de aportar su contribución a una recuperación dubitativa, en dientes de sierra.

Por otra parte, no se podrá decir que no se nos advirtió, como muestra esta pequeña antología (40): “Habrá que hacer esfuerzos para reducir la deuda” (el Ministro francés de Economía); “Trabajar más de lo que hemos hecho antes” (su Secretario de Estado); “El tratamiento de las deudas heredadas de la crisis implicará necesariamente un esfuerzo presupuestario riguroso con gastos públicos finalmente más selectivos” (el Gobernador del Banco de Francia); “tarde o temprano tendremos que plantearnos la cuestión del tiempo de trabajo, de los días festivos, de los días feriados y de las vacaciones pagadas para acompañar la recuperación y facilitar, trabajando un poco más, la creación de crecimiento adicional” (el patrón de los patronos franceses).

Pero ha sido indudablemente Philippe Aghion quien ha proporcionado la clave esencial. En una entrevista por radio, repitió varias veces la idea de que, en materia de deuda pública, “lo importante es la confianza que inspira a los mercados” (41). Puso el dedo en un punto fundamental: más allá de los debates técnicos, la realidad es que las deudas públicas que supuestamente financian las necesidades sociales (y ambientales) deben pasar por debajo de las horcas caudinas de los mercados financieros; en otras palabras, a fin de cuentas, ajustarse a los intereses privados de los que los famosos mercados no son mas que sus portavoces.

Nuestros dirigentes, por lo tanto, están preparando el próximo movimiento. Les acompañan las exhortaciones de editorialistas como Eric Le Boucher, quien afirma que “la preservación de la vida es un principio sagrado, pero la vuelta al trabajo y la defensa de las libertades individuales también representan un valor humano” (42). Por otro lado, el presidente de un instituto ultraliberal, “la vida es un riesgo y ese es su precio” (43). La guinda corresponde al periodista de Liberación, Jean Quatremer, quien se deja llevar en un tuit del 9 de abril, escribiendo: “es una locura cuando lo piensas: hundir al mundo en la peor recesión desde la Segunda Guerra Mundial por una pandemia que por el momento ha matado menos de 100.000 personas (sin mencionar su edad avanzada) en un mundo de 7 mil millones de habitantes”. Dos minutos después, reitera su indignación: “¿Me pregunto cuándo volveremos a la razón? ¿Cuundo la recesión alcance el -20%?” (44).

Los buitres también están al acecho. En Estados Unidos, el Wall Street Journal (45) señala que “un número creciente de inversores se está preparando para lo que creen es una oportunidad única para comprar bienes inmuebles en dificultades a precios ventajosos. Las sociedades de inversión como Blackstone Group Inc, Brookfield Asset Management y Starwood Capital Group disponen de miles de millones de dólares [y] están interesadas en hoteles, negocios, valores respaldados por hipotecas y otros activos que han sufrido tensiones en las últimas semana”. La crisis podría ser un “chollo” (bonanza), como explica David Schechtman, del Meridian Capital Group. Es cierto que se preocupa por expresar toda su compasión: “nuestros pensamientos y nuestras oraciones están con todos nuestros ciudadanos estadounidenses y nadie busca beneficiarse de la desgracia de nadie” y luego “deja de lado la emoción” para expresar su pensamiento profundo: “pero les diré: un gran número de inversores inmobiliarios han estado esperando esto durante una década”. Este ejemplo, entre otros, muestra que la salida de la crisis será una apuesta política y social.

 

Un capitalismo conmocionado

El capitalismo ha recibido un duro golpe y no se recuperará fácilmente. Este resumen rápido revela al menos cinco mecanismos que van a frenar una posible recuperación:

  1. Las empresas, endeudadas y con inciertas salidas de mercado, dudarán en invertir y tratarán de reducir empleos y salarios;
  2. Los hogares, empobrecidos o inquietos, reducirán su consumo, favorecerán los ahorros preventivos o pospondrán sus compras de bienes duraderos;
  3. Los Estados eventualmente buscarán sanear las finanzas públicas;
  4. Las cadenas de valor están desorganizadas y el comercio internacional se ralentizará;
  5. Los países emergentes, afectados por las fugas de capital y la caída de los precios de los productos básicos, contribuirán a la contracción de la economía mundial.

Esta crisis exacerba las tendencias o tensiones que ya existían antes de que estallara. Pero se combina con la crisis sanitaria, que tiene el efecto de introducir un clima general de incertidumbre y dar un perfil vacilante sobre la recuperación.

El siguiente gráfico ilustra el pronóstico que se puede avanzar hoy: obviamente es una conjetura en lugar de un imposible pronóstico. La curva verde corresponde a la tendencia previa a la crisis. La curva azul representa de manera estilizada la posible trayectoria de la actividad económica. Durante un primer período, se observan fluctuaciones (también se podría hablar de oscilaciones) causadas por las alternancias de confinamiento y desconfinamiento. Contribuyen a generar (combinadas con las contradicciones económicas) una tendencia recesiva. La magnitud de estas oscilaciones se reduce gradualmente para que la economía pueda volver aproximadamente a la tendencia anterior a la crisis, pero a un nivel inferior.

 

https://alencontre.org/laune/rebond-ou-plongeon.html

Traducción viento sur

 

1 Karl Marx, Friedrich Engels, El Manifiesto Comunista, 1848, p. 31.

2 OIT, “COVID-19 y el mundo del trabajo. Estimaciones y análisis actualizados”, 7 de abril de 2020.

3 Ver Michel Husson, “Sobre la vacuidad de la ciencia económica oficial: el arbitraje entre la actividad económica y los riesgos para la salud”,

4 Jérôme Baschet, “Qu’est-ce qu’il nous arrive?”, LundiMatin, 13 avril 2020.

5 “AMLO usa imágenes religiosas como ‘escudo protector’ contra el Covid-19”, Diario de México, 18 de marzo de 2020. Ver un extracto (bastante alucinante) de su conferencia de prensa ici.

6 Había implantado una prestación para las personas adultas de más de de 70 años (Pensión Universal Alimenticia para Adultos Mayores), las madres solteras y las discapacitadas y puesto a disposición de cuidados médicos y medicamentos gratuitos a más de 750.000 familias pobres sin protección social.

7 EZLN, “Communiqué du Comité Clandestin Révolutionnaire Indigène”, 16 de marzo 2020.

8 Angela Merkel, “Conférence de presse du 15 avril 2020”, extractos transmitidos por @BenjAlvarez1 (con subtítulos en inglés).

Imperial College, “Impact of non-pharmaceutical interventions (NPIs) to reduce COVID-19 mortality and healthcare demand », March 16, 2020.

9> Según información de Jane Maher, una oncóloga, en twitter.

10 Imperial College, “Impact of non-pharmaceutical interventions (NPIs) to reduce COVID-19 mortality and healthcare demand”, March 16, 2020.

11 Laura Di Domenico et al., “Expected impact of lockdown in Île-de-France and possible exit strategies », Inserm, 12 avril 2020.

12 Esta proporción sería “muy verosímilmente inferior al 15%, incluso en las zonas más afectadas por la primera ola de la pandemia”, estima el Consejo científico COVID-19 en su informe del 2 de abril de 2020: “Etat des lieux du confinement et critères de sortie”.

13 Citada por Paul Benkimoun, “Une levée du confinement sans mesures strictes de tests et d’isolement serait inefficace”, Le Monde, 12 avril 2020.

14 Hans Bergstrom, “The Grim Truth About the Swedish Model », Project Syndicate, 17 avril 2020.

15 Annie Thébaud-Mony, “Le gouvernement affaiblit notre capacité collective à lutter contre le virus”, Bastamag, 10 avril 2020.

16 Yann Philippin, Antton Rouget, Marine Turchi, “Masques: les preuves d’un mensonge d’Etat”, Mediapart, 2 avril 2020; Ismaël Halissat et Pauline Moullot, “Masques : un fiasco et des mensonges”, Libération, 28 avril 2020.

17 Morgan Stanley, “Morgan Stanley, COVID-19: A Prescription To Get The US Back To Work”, April 3, 2020.

18 Gracias Gilles Raveaud por haber señalado este montaje realizado por Matt Huber.

19 Es el caso de las fresas y de los espárragos hechos célebres por el inenarrable portavoz de nuestro gobierno que evocaba de paso a los enseñantes confinados “que no trabajan”. Ver Sibeth Ndiaye, “Fraises et asperges”, BFMTV, 25 mars 2020.

20 OCDE, “Covid-19 and International Trade: Issues and Actions”, April 2020.

21 The World Bank, “Assessing the Economic Impact of Covid-19 and Policy Responses in Sub-Saharan Africa”, April 2020.

22 Sarah Diffalah, “Comment gérer l’impossible confinement en Afrique”, L’Obs, 13 avril 2020.

23 Antoine Bouët, “Coronavirus et sécurité alimentaire en Afrique”, Telos, 9 avril 2020.

24 Pierre Salama, “En Amérique latine, la pandémie s’ajoute à d’autres crises”, Libération, 8 avril 2020.

25 Pierre-Olivier Gourinchas, Chang-Tai Hsieh, “COVID-19 : Une bombe à retardement de défauts souverains”, Project Syndicate, 9 avril 2020.

26 Office for Budget Responsibility, “OBR coronavirus reference scenario”, April 14, 2020.

27 Larry Summers, “Recovery Could Be Faster Than Anticipated”, Vanity Fair, April 2, 2020.

28 Olivier Passet, “Covid-19 : la contagion sectorielle de l’économie réelle L’ampleur du choc, les limites du rebond », Xerfi, 20 avril 2020 ; FMI, “The Great Lockdown », World Economic Outlook, April 2020.

29 > Ed Yong, “How the Pandemic Will End”, The Atlantic, March 25, 2020.

30 Olivier Passet, “Covid-19 : la contagion sectorielle de l’économie réelle L’ampleur du choc, les limites du rebond”, Xerfi, 20 avril 2020.

31 OFCE, “Évaluation de l’impact économique de la pandémie”, 20 avril 2020.

32 Olivier Passet, “Le rattrapage après-crise : les illusions perdues” Xerfi, 24 avril 2020.

33 Mikael Beatriz, Thomas Laboureau, Sylvain Billot, “Quel lien entre pouvoir d’achat et consommation des ménages?”, Nota de coyuntura, Insee, juin 2019.

34 Jean-François Ouvrard et Camille Thubin, “La composition du revenu aide à comprendre l’évolution du taux d’épargne des ménages en France”, Bulletin de la Banque de France, février 2020.

35 > Ifop/Fondation Jean Jaurès, “Les actifs et le télétravail à l’heure du confinement”, mars 2020

36 Pierre Concialdi, “Confinement, récession et baisse des revenus?”, Ires, avril 2020.

37 Patrick Artus, “Comment les entreprises se désendettent-elles?”, 21 avril 2020.

38 Joshua M. Epstein, Jon Parker, Derek Cummings, Ross A. Hammond, “Coupled Contagion Dynamics of Fear and Disease: Mathematical and Computational Explorations”, PLoS ONE, Volume 3, Issue 12, 1st December 2008.

39 FMI, “Policies to Support People During the COVID-19 Pandemic”, Fiscal Monitor, April 2020.

40 En orden de aparición: Bruno Le Maire, “Il faudra faire des efforts pour réduire la dette”, Reuters, 10 avril 2020 ; Agnès Pannier-Runacher, “Travailler plus que nous ne l’avons fait avant », AFP, 11 avril 2020 ; François Villeroy de Galhau, “Il n’y a pas de miracle : nous devrons porter plus longtemps des dettes publiques plus élevées », Le Monde, 8 avril 2020 ; Geoffroy Roux de Bézieux, “La reprise, c’est maintenant ! » Le Figaro, 10 avril 2020.

41 Philippe Aghion, “Penser l’économie de demain”, France Culture, 24 avril 2020.

42 Éric Le Boucher, “Il faut sortir la France du confinement”, Les Echos, 10 avril 2020.

43 Jean-Philippe Delsol, “Confinement : jusqu’où peut-on aller?”, Les Echos, 10 avril 2020.

44 Jean Quatremer, “Une sélection de tweets”, tweet, avril 2020

45 Konrad Putzier and Peter Grant, “Real-Estate Investors Eye Potential Bonanza in Distressed Sales”, The Wall Street Journal, April 7, 2020.

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