En primera persona

Matrimonio Igualitario en Costa Rica: Un poco del camino que nos trajo aquí

“Casi una década de brevísima historia de la que fui parte y pienso en la que queda por construir. Faltan más derechos, faltan todas las garantías, falta más pero hay también más energía para seguir y exigir lo que falta”.

Izquierda Web CR

A prácticamente horas de que entre en vigencia el Matrimonio Igualitario en Costa Rica, yo no pensaba escribir nada. Pero recibí un mensaje de mi amiga inclaudicable, una luchadora como pocas conozco, Marcela Ramírez me escribió un mensaje preguntándome cómo me siento en este momento histórico y contándome su gran emoción por lo que está por ocurrir y me decidí a sentarme un ratito a poner por escrito algo en esta víspera tan esperada.

Llevo semanas pensado todo el día en el camino que nos trajo aquí, en cómo lo he transitado y en todas las personas que lo hemos construido. Estamos a estar a horas de vivir una realidad jurídica más justa, en un país que reconozca mi orientación sexual de mujer lesbiana como válida en la sociedad, como sujeta de derechos como cualquier otra persona y todo el enorme valor simbólico que esto conlleva, como esa nueva realidad jurídica es también una nueva realidad social. Sin ánimo de ponerme sentimentalista pero también sin más remedio, me gustaría compartir lo que hay en mi corta memoria sobre mi participación el momento histórico, como lo llamó Marce. Voy a mencionar a algunas personas que me marcaron y con quienes tuve interminables reuniones, debates, birras, con quienes marchamos y gritamos, pintamos, nos desvelamos planeando consignas y compartiendo risas y también desencuentros, sin ánimo de encender debates este es un pequeño tributo de mi parte a todes, algunes ahora están lejos de mi vida, otres la vida no les alcanzó para ver el 26 de Mayo llegar.

 

Para mí, esto empieza cuando al inicio de mi vida universitaria me enamoré de una mujer, esa mujer resultó ser parte de una incipiente generación de activistas feministas y activistas LGBTI (a la que poco a poco me sumé) y de esas personas y con ellas me llené de fuerza para sumar voces, tantas  que cuando nos echaron de un bar por un simple beso, como lo han hecho con miles de parejas por tanto tiempo, decidimos protestar. Paulina Torres y yo, llamamos primero un boicot al bar, que no era otro que la Chicha en el centro de chepe (hace años que cerró sus puertas…), le pedíamos a la gente que no fuera, que no les diera plata a esos discriminadores, pero luego un boicot termina siendo muy pasivo, es no hacer y resulta que había energía suficiente para hacer, hacer algo, manifestarse.

Convocamos a un grupo de personas a hacer un plantón tipo happening, entrábamos al bar, repartíamos unos cientos de volantes explicando lo que nos hicieron, alguien sacaba un megáfono y en un minuto despotricaba contra la discriminación mientras otras personas… se daban besos, besos heteros, besos de amigas, besos gays, besos lesbianos, besos de tres, besos y besos y besos. Calculamos que con unas 30 personas sacábamos la tarea, la sorpresa fue que a la convocatoria llegaron más de 100… y una denuncia se convirtió en tres denuncias a bares capitalinos y por eso se llamó Ruta del Beso, porque marchamos de bar en bar con el modus operandi, protegiéndonos en multitud de los gritos y de las burlas (y los conatos de violencia), todo un éxito, recuerdo tantísimo compañía de Rossmary Madden, la abogada feminista e histórica activista lesbiana caminando con ese montón de gente, cuidándonos de la policía y tomando también el megáfono para acallar los gritos de los borrachos violentos en los bares con las consignas que ya ella llevaba décadas gritando, y lo sigue haciendo.

 

Una de las rutas del Beso Diverso

 

Además, Paulina y yo con la ayuda de un asesor legislativo del Frente Amplio (un joven José María Villalta, el mismo de ahora, un abrazo fuerte para él) pusimos un recurso de amparo ante la Sala Constitucional contra el bar que nos echó. Terminaos perdiendo por un voto, pero el voto salvado de minoría que redactó el magistrado Fernando Cruz nos llenó de optimismo porque reconocía el agravio cometido y nuestro derecho a no ser discriminadas y vaya la vida a dar tales vueltas que ese mismo Fernando Cruz fue el que redactó el fallo de la Sala Constitucional que posibilita el Matrimonio Igualitario en Costa Rica después de la sentencia de la CIDH.

Después de eso, llegaron más denuncias, más gente se acercó a decir: “eso también me pasó a mí y también quiero protestar” contra ese lugar, contra esa institución y su discriminación. Nacieron así las Rutas del Beso Diverso y se fueron llenando las reuniones de los viernes a las 6pm (¡que cansado reunirse a esa hora!) de gente que intentábamos transformar nuestro miedo y nuestra rabia en un reclamo colectivo, así fundamos la ya mítica agrupación Coordinadora del Beso Diverso (después quedó sólo “Coordi Beso Diverso”, porque qué nombre tan largo), con Paulina Torres, Shi Alarcón, Sandino San, Pavlo Almengor, Jean Pierre Moreno, Daniel Hernández y Diana Herrero, Margarita Salas, Tiyi María Acuña, Sitaira Cubillo y muches más vinieron más Rutas del Beso, hasta una en coordinación con agrupaciones de varios países de Latinoamérica. Muchas asociaciones de estudiantes nos abrieron las puertas para las discusiones, los planes, las pintadas, etc. Generales, Trabajo Social, Sociología, por mencionar algunas.

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Ya para ese entonces, principios de la segunda década del siglo, mientras hacíamos y deshacíamos en el pretil de la UCR con la Coordi del Beso Diverso, había personas que llevaban bastantes años asumiendo valientes el activismo LGBTI como bandera, ejerciendo presión dentro de agrupaciones políticas, sindicales, etc. y siendo referentes públicos del movimiento: El Movimiento Diversidad y gente como Emma Chacón, Abelardo Araya, Marco Castillo, Francisco Madrigal en CIPAC, Héctor Fallas, Roxana Reyes, por mencionar a algunes.

Pasaron los años y los embates de los conservadores siguieron encontrando respuesta nuestra, ahora en las calles, por ejemplo en 2012 en medio del Gobierno de Laura Chinchilla, cuando los diputados de su partido en la Asamblea Legislativa votaban a favor de nombrar al pastor evangélico Justo Orozco (impresentable personaje que quedó en el ridículo de la política nacional) para presidir nada más y nada menos que la Comisión de DDHH del poder legislativo, no hubo más que convocar como ya aprendíamos a hacerlo a una asamblea amplia para definir una fecha y marchar: el 17 de Junio salía del centro de San José la marcha de Invisibles, en donde contabilizamos más de 7000 personas en la calle por el Matrimonio Igualitario, por la aprobación de la Fertilización in Vitro, por el aborto legal seguro y al grito de ¡FUERA Justo Orozco!

 

Marcha Invisibles

En mi opinión, esta marcha marcó un parteaguas porque se demostró que quienes estábamos por exigir avances en la atrasada agenda de DDHH del país no solo no éramos 4 gatos, éramos miles y además estábamos dispuestos y dispuestas a llevar los reclamos al terreno de la movilización callejera masiva, diversa creativa.

Pronto vino el 2013 y con el ánimo aún fuerte y contestatario se convocó a la Marcha de Incurables, cuando el Ministerio de Salud daba su aval y declaraba de interés público un Congreso de Bioética en el que uno de los principales exponentes sostenía la tesis de que la homosexualidad era un problema de salud pública y como tal, debía y podía curarse, y una vez más una red de organizaciones LGBTI que se fortalecía era capaz de convocar una manifestación masiva, diversa y colorida para exigir el retiro de la declaratoria de interés público y para denunciar a esos pseudo profesionales de la salud que se prestaban para semejante desfachatez. Organizaciones como Familias Homoparentales, FEUCR, la JFA, la Coordi del Beso Diverso, Movimiento Diversidad, Personas Sexualidades y Géneros, Movimiento Invisibles, CIPAC, Colectiva por el Derecho a Decidir, Las Rojas, TICOSOS, Mulabi, etc. ya formábamos una pequeña constelación de activismo LGTBI con capacidad de convocatoria, con muchos debates internos y diferencias de método y de política de fondo, pero por en las que se formaron muchas personas con liderazgos que aún perduran.

 

Marcha Incurables

Esta constelación de organizaciones cuajó en medio de una discusión estratégica de fondo: exigir Matrimonio Igualitario YA o decantarse por presionar por la aprobación de una figura jurídica legal como era el proyecto de ley de Sociedades de Convivencia, una figura que reconocía algunos derechos para las parejas conformadas por dos personas del mismo sexo pero manteniendo el sacrosanto matrimonio para los heterosexuales, como si fuéramos extraterrestres, una figura para nosotres, pero que algunas personas sostenían que era más plausible de lograr su aprobación en la Asamblea Legislativa. En mi opinión, ni en esa Asamblea Legislativa en donde había todavía una mayoría de representantes del bipartidismo y los partidos de corte neopentecostal no tenían más que una representación anecdótica se hubiera podido aprobar algo tan tímido como las Sociedades de Convivencia, no iban a dejar conciliar nada, todo había (y hubo) que exigirlo.

La condensación de las organizaciones que estábamos por exigir el Matrimonio Igualitario YA, dio origen al Frente por los Derechos Igualitarios (FDI), en donde asumimos la tarea colosal de presentar un proyecto de Ley por la vía de la iniciativa popular, es decir, recogiendo alrededor de 30.000 firmas para que no fuera de la mano de ningún diputado o diputada, sino de ciudadanos y ciudadanas que el proyecto entrara a la corriente legislativa.

Recolecta de firmas por el Matrimonio Igualitario en Cartago

 

Con muchos ánimos y con el apoyo de HIVOS mediante un proyecto presentado se arrancó una campaña nacional para la recolección de firmas. Con un diseñador super estrella Rik Bolaños y organizadores incansables como Felipe Guzmán (con quién todavía tengo una gran amistad como Microbiólogxs diversxs), Michelle Jones, Margarita Salas, Larissa Arroyo, José Daniel Clarke, Berenice Jiménez, Mar Fournier, Jota Vargas y les inclaudicables trotskistas del NPS: Víctor Artavia, Marcela Ramírez, Heidy Valencia, entre muchísimos otres, nos mandamos a las calles esta vez a pedir firmas, con el objetivo de además, salir del valle central.

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En la Marcha de la Diversidad del 2013 encabezamos con una gigantesca manta que aunque fue hecha de forma artesanal parecía la más profesional: #MatrimonioIgualitarioYA. Aunque ahora puede parecer raro, la discusión para poner esta consigna y esta manta en la cabecera no estuvo exenta de polémica, todavía había dudas de que esa debía ser la consigna central pero finalmente amaneció y la manta fue de primera.

 

Marcha de la Diversidad 2013

Recuerdo las jornadas maratónicas en San José centro, en donde en un día recogimos más de 5000 firmas y las miradas de la gente. Recuerdo que se acercaban con curiosidad, con una que otra burla y recuerdo a quienes cambiaban el paso para caminar más rápido y no tener contacto con ese grupo de desviados y desviadas que se habían tomado la avenida central para hablarles de derechos humanos. Recuerdo la gente que firmaba porque sólo era para que el proyecto se discutiera, pero en el fondo estaban en contra, recuerdo los “páseme rápido esa tabla y ese lapicero, le firmo pero que no se dé cuenta mi hijo”. Las cervezas post jornada tenían un sabor a triunfo (más las que nos tomamos en La Avispa) aunque faltaran siempre muchísimas firmas más por recoger.

Una de las experiencias más entrañables para mí fue la recolecta de firmas en el Día de la Cultura Afrocostarricense o Día del Negro en Limón centro, con un grupo de activistas LGBTI limonenses entre los que todavía cuento a varies amigues: Eli Martínez, Lando Montiel, Shurry Rubí, Itzel Sc, entre otres. El sudor de estar todo el día de pie rondando el Parque Vargas con susto pero con determinación y la felicidad de terminar la jornada con muchas firmas y sin ningún pleito. Recuerdo con Marcela Ramírez la recolecta de firmas en el Parque de Liberia bajo ese sol ardiente y frente a la iglesia.

 

Compañeros y compañeras de Limón en la Marcha de la Diversidad 2013

Al finalizar el gobierno de Laura Chichilla y con la esperanza de buena parte del activismo puesta en el gobierno de Luis Guillermo Solís, se erosionaron los acuerdos y en un balance muy personal, mi salida del FDI fue por la puerta pequeña, después de tanto trabajo, por una decisión muy sectaria del NPS de la que fui parte, porque nos parecía que se estaba depositando demasiada confianza en el nuevo gobierno y que el espacio debía mantener la total independencia política, rompimos porque nos parecía que no se debía marchar con Ana Helena Chacón, craso y grave error, y además nos fuimos del espacio abriendo una discusión que nunca debió ser sobre quién era “dueño” de las firmas recolectadas hasta el momento. Todavía hoy me arrepiento de la inmadurez política de este acto, aunque en los hechos buena parte del activismo LGBTI se plegó a sus expectativas en el gobierno de LGS, la política fue torpemente pensada y peor ejecutada. Además tuvo la consecuencia personal de ganarme el ostracismo de todos los espacios de activismo LGBTI en los que había participado y ayudado a construir y por el mismo camino perdí amistades y contactos.

Vino la Opinión Consultiva solicitada por el equipo de Ana Helena Chacón a la Corte Interamericana de DDHH y fue el golpe maestro que trajo el derecho al matrimonio igualitario al país, no sin antes un poco de suspenso a la tica, 18 meses para pensar los nublados del día y darle una ventana de oportunidad a los ultra conservadores para intentar detener la ola que ya desde hace muchos años les venía encima: las miles y miles de personas que tomamos las calles en todas las movilizaciones y en las apoteósicas Marchas de la Diversidad (ahora #PrideCostaRica) creamos el ambiente para que esto sea una realidad ahora.

Ahora aquí desde el sur profundo del país, haciendo mis primeros pasos en el activismo sindical y con mi corazón y mi convicción de lesbiana siempre presentes, reflexiono sobre casi una década de brevísima historia de la que fui parte y pienso en la que queda por construir. Faltan más derechos, faltan todas las garantías, falta más pero hay también más energía para seguir y exigir lo que falta. Gracias a mi amiga Marce por ponerme a recordar.

 

 

Para Roxa, a Héctor y al queridísimo Joaquín Lizano y a todes quienes nos faltan, que no están vivos para ver llegar el 26 de mayo del 2020 con todo mi corazón: gracias por todo lo que dejaron las generaciones activistas LGBTI de este país les deben. Que la tierra les sea leve.

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