Masivo Pañuelazo Federal en todo el país



Congreso #19F

Por Tofi Mazú

Un hecho político indiscutible

En la tarde del 19 de febrero, la marea verde volvió a copar las calles a un año del pañuelazo que la vio nacer; del pañuelazo que reflejó una lucha que se venía dando por abajo, y que obligó al reaccionario de Macri a someter a discusión en el Congreso la legalización del aborto. Todos los pañuelazos fueron enormes, superando incluso las expectativas de las organizaciones convocantes.

Con 120 pañuelazos a lo largo y ancho de todo del país, el movimiento feminista se dio cita para dejar algo muy en claro: seguimos acá, seguimos en los lugares de trabajo y de estudio; pero sobre todo, seguimos en la calle y no bajamos los pañuelos. Estamos hablando de un hecho político de importancia, que ayuda a saldar el principal debate que atraviesa al movimiento: si seguimos peleando por el derecho a decidir de las mujeres y personas gestantes, o renunciamos a esta lucha en pos de un “frente anti-Macri”, esperando a que en octubre tal o cual candidato venga a “salvarnos”. Si confiamos en nuestra propia fuerza, o si vamos a permitir que la marea verde se diluya.

En el pañuelazo frente al Congreso se reunieron una 6000 personas, copando esa plaza emblemática en la cual se habían sucedido las vigilias del 13J y el 8A. El pañuelazo de Bariloche y el de Neuquén (donde se reunió la importante cifra de 2000 personas) culminaron con sendas asambleas para organizar el #8M en sus respectivas provincias. En La Plata se copó la Plaza Moreno, frente a la Catedral. Localidades del Conurbano Bonaerense como Tigre, Ramos Mejía o Quilmes, fueron epicentro de acciones de magnitud. En Córdoba, miles de compañeras y compañeres se manifestaron frente a los Tribunales. En Santa Rosa, Rosario, Mar del Plata, Mendoza, Salta y cantidad de ciudades más, el movimiento de mujeres, trans y travestis se expresó multitudinariamente.

Un debate estratégico

En las asambleas que ya se vienen dando en Capital Federal para construir el 8M existen dos posiciones que disputan la orientación, no sólo de la movilización, sino de todo el movimiento feminista. Por un lado, estamos las organizaciones de mujeres de la izquierda, junto a la Campaña contra las Violencias y la mayoría de la Campaña Nacional por el Derecho al Aborto. Por el otro, el PJ, AMMAR y Patria Grande.

Desde Las Rojas, en confluencia con el resto de la izquierda y la Campaña, sostenemos la estratégica pelea por la legalización de este elemental derecho. Elegimos rescatar la fuerza de las pibas y los pibes de los secundarios, que fueron protagonistas de las vigilias y pañuelazos, que siguen reclamando educación sexual y todos sus derechos. Elegimos hermanarnos con las trabajadoras, como las estatales de las líneas 137 y 144, que pelean contra el presupuesto de miseria que Macri y Túñez destinan para combatir la violencia. Elegimos apoyarnos en el conjunto de la clase obrera, como los trabajadores de Pilkington, que tienen el pañuelo verde colgado de su carpa roja en el acampe. Elegimos que el movimiento de mujeres se hermane con el movimiento LGTTBI, que se organiza por trabajo genuino y por el cupo trans. Elegimos unificarnos con el conjunto de las, los y les explotados y oprimidos, porque sabemos que es la única manera de derrotar las políticas reaccionarias de Macri y su brutal ajuste. En ese sentido, entendemos que la lucha por el aborto legal es estratégica. No sólo porque nos daría a las mujeres y personas gestantes la libertad de decidir sobre nuestro cuerpo. Lo es, porque condensa a lo más granado de quienes salen a luchar, quienes supieron llevar esta pelea a todos y cada uno de esos sectores, ganando un apoyo social nunca antes visto. Estamos hablando de un reclamos que une al conjunto de las y los de abajo. Pero, sobre todo, nos referimos a la fuerza de un movimiento que tiene la posibilidad de asestarle una derrota política a Macri y a todos los reaccionarios que buscan disciplinarnos. A todos esos oscurantistas que nos quieren atar a la casa, a la maternidad obligatoria y a la barbarie. Esos que obligan a niñas a parir el producto de violaciones y no condenan a los abusadores.

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Pero el peronismo prefiere festejar el cumpleaños de Cristina Kirchner (literal), mientras miles y miles salimos a pelear por nuestros derechos en los más de 100 pañuelazos. Prefiere hipotecar toda esa fuerza, toda esa potencialidad, en pos de un armado electoral. Pero no se quedan ahí. No es que simplemente no están llamando a luchar – jamás esperaríamos eso del kirchnerismo, de la burocracia sindical, o del proxenetismo -. Ocurre que buscan hacer confluir a todo ese movimiento con el mismísimo papa. Con los líderes de la CGT, cómplices del ajuste de Cambiemos. Con los gobernadores del PJ, ajustadores seriales, responsables de la trata con fines de explotación sexual. Con el dhualdista de Felipe Solá, que antes de discutirse si es “un buen o un mal candidato” debería ir a la cárcel por el asesinato de Kosteki y Santillán. Todo el carácter de lucha, todo el anticapitalismo e incluso el feminismo de este impresionante movimiento sería tirado al tacho de basura. Toda la posibilidad de hacer historia, de gestar un movimiento que arranque conquistas y avance en conciencia, al tacho. Todo, para que en Octubre gane Cristina y en el caminos nos hayan derrotado como el la guerra.

El reclamo del aborto legal divide aguas, porque divide clases sociales y sectores políticos. De un lado estamos quienes buscamos construir una sociedad donde las mujeres y todas las personas explotadas y oprimidas seamos libres; y del otro, los conservadores, clericales y capitalistas de siempre, aunque se pinten de progres: los que no quieren que nada cambie de fondo. A estos últimos no les importa si las medidas de Macri quedan, con tal de reemplazarlo en el Sillón de Rivadavia. No les importa si en ese camino el movimiento feminista es aplastado, se rinde y baja sus banderas, porque no confían en esa fuerza: confían en las reglas de la democracia burguesa… esa que demostró en el Senado ser opositora a nuestros intereses.

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Cabe destacar que en la lista de ausentes se encontró también el feminismo radical. Ese sector reaccionario del feminismo, que prefiere unirse con Vidal – porque es mujer – antes que con las travas que enfrentan las redes de trata y explotación sexual o los trabajadores despedidos. Ese sector, que cree que el feminismo es sólo para las mujeres, ni siquiera pisó la calle para exigir el aborto legal. Aún no sabemos en qué radica su “radicalidad”, porque su “militancia” por redes sociales parece resultarles suficiente… Queda cada vez más claro que no les interesa en lo absoluto cambiar la historia, sino quejarse desde sus computadoras hasta que alguien les dé un cargo en el Estado o les publique un libro que se pronuncie en contra de todo lo que es progresivo.

Con la fuerza de los pañuelazos, a construir un #8M independiente y un paro general

Como decíamos más arriba, el masivo Pañuelazo Federal fue un hecho político importantísimo. La cantidad de personas en cada una de las 120 convocatorias de este evento, organizado por la Campaña y la izquierda, reflejó que la marea verde no puede ser barrida bajo la alfombra. Que tiene fuerza para seguir peleando y que quiere conquistar el aborto legal y todos sus derechos. Lejos de estar derrotada, se mostró reavivada. En esas múltiples acciones, se demostró también quiéns somos las que estamos siempre, las que llevamos el aborto legal como bandera.

Esto nos debe servir como un punto de apoyo fundamental para saldar ese debate en las asambleas de cara al #8M y en la Comisión Organizadora del Encuentro Plurinacional de Mujeres, Lesbianas, Trans, Travestis y No Binaries, que por primera vez en 30 años es diverso. Las discusiones políticas, valga la redundancia, se saldan con política. Por más aparato que el kirchnerismo lleve a la Mutual Sentimiento y a las distintas asambleas, lo de ayer resuelve la cuestión con mucha más claridad. La masiva expresión por sostener el reclamo del derecho al aborto, por no aliarse con la Iglesia y por exigir el pargo general feminista a la CGT y la CTA se expresó en cantidad de oradoras, en cada aplauso y en cada canción de agite.

Nos quedan por delante dos semanas de arduo debate y de organización. Ya es tiempo de que los paros del 8 de marzo no sean sólo de mujeres y reflejen a todas, todes y todos los que peleamos contra la miseria a la que nos quieren someter el gobierno y sus secuaces, tras el programa del movimiento feminista. Vamos por el paro general, en Argentina y en todo el mundo, y para que el 2019 sea el año del aborto libre, legal, seguro y gratuito. No bajamos los pañuelos, no bajamos las banderas, no negociamos nuestros derechos.

 

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