juicio y castigo

Masacre de Trelew: Detienen en Estados Unidos al último fusilador impune

Se trata del ex teniente de marina Roberto Guillermo Bravo. Las autoridades de Estados Unidos lo protegieron por más de una década. El resto de los responsables fueron juzgados en 2012.

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Se supo ayer cuando Interpol se lo comunicó al juez federal de Rawson Hugo Sastre, que había pedido la extradición de Bravo en el 2008. El juzgado de la ciudad abrió la investigación por el caso en 2006 y condenó a la mayoría de los responsables en 2012. El único impune había sido Bravo, que fue detenido en la ciudad de Miami el día de ayer para su extradición.

La Masacre de Trelew

El 22 de Agosto no es una fecha patria. No es una fecha para quedarse sentando pensando. El 22 de Agosto de 1972 fueron masacrados 16 militantes de ERP, FAR y Montoneros, luego de un operativo de fuga del Penal de Alta seguridad de Rawson. Bajo una clara estrategia del gobierno de Lanusse de llevar a los compañeros de todo el país a la Patagonia Austral, en ese momento pensada como “Tierra de nadie”. Sin comunicación y sin presuntas “posibilidades de fuga”. Pero los milicos se habían equivocado.

El 15 de Agosto es cuando se llevó a cabo el plan de fuga. Falló en el momento de recibir los transportes que los dirigirían al Aeropuerto de Trelew, por lo que sólo viajaron los 6 dirigentes más importantes, que lograron tomar el avión a Chile para ser resguardados por el presidente Salvador Allende (luego de varios intentos por parte del gobierno argentino de extradición de los combatientes). Los 19 restantes llegaron con un taxi para cuando el avión se preparaba para el despegue. Quedaron sin cobertura; tomaron el aeropuerto hasta que finalmente, debido a la presión de la Marina, fueron llevados a la Base Aeronaval Almirante Zar. A partir de este momento, los presos políticos comenzaron a figurarse que había una maniobra del Estado, porque no los trasladaban nuevamente al Penal de Rawson. La tensión inundaba el ambiente.

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Estuvieron esos cinco días en el penal, siendo verdugeados constantemente por el capitán Sosa y el teniente Roberto Bravo. En el libro de Paco Urondo, los tres sobrevivientes de la masacre, cuentan en la entrevista el trato de los militares hacia ellos. Pero sorpresivamente, más allá de ser considerados “extremistas” y “terroristas”, como objeto de análisis por parte de los mismos, recibieron el apoyo del pueblo (detalle a tener en cuenta, de un pueblo como Trelew) en incontables ocasiones. No porque consideraran que la guerrilla fuera fabulosa, o porque el mismo pueblo lo fuera, sino porque el pueblo mismo tenía una experiencia de violencia y de lucha que venían haciendo por sí mismos.

El 22 de Agosto a la madrugada es cuando finalmente decidieron sacar a los presos de sus celdas y hacerlos formar con el mentón tocando el pecho. La maniobra era inusual, en conjunto con lo que venían escuchando por parte de los militares. “Ya van a ver lo que es meterse con la Marina”, “al terror se lo combate con terror”, mientras los provocaban, obligándolos a repetir “yo no soy un guerrillero, yo amo a las fuerzas armadas de mi país”. La idea de un tiroteo estaba presente.

Hasta que finalmente la pesadilla se hizo tangible; ráfagas de balas comenzaron a llegar desde ambos costados del pasillo, donde los tenían formados. Tres lograron ponerse cuerpo a tierra, a pesar de haber recibido el impacto de varios balazos. Escucharon el remate a compañeros que aún estaban vivos, pero no fue lo único que llegó a sus oídos. Sosa y Bravo se decían “Bueno, ustedes ya saben lo que pasó, ¿no?”.

Los sobrevivientes, en ese momento seis, fueron trasladados a Bahía Blanca. Pero la operación tardó tanto, que murieron en el transcurso tres de ellos. Finalmente, entre interrogatorios que se dieron en el hospital de la Base militar de esa misma ciudad, lograron comprender lo que Sosa y Bravo se habían estado diciendo: los medios hegemónicos comenzaron a largar notas explicando la situación; para todo el mundo, los presuntos “terroristas” habían tenido un nuevo intento de fuga a partir del robo de un arma, y los militares no habían tenido otra opción más que asesinarlos.

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En resumen, las operaciones del gobierno de Lanusse fueron un palpitar de lo que se venía. Las represiones no eran solamente una represión específica a la guerrilla, sino a todo un sector del pueblo, eran en contra de las manifestaciones. Pero este ataque fue prueba de que al pueblo no se lo puede callar con balas, de que la lucha continuó y continúa.

La misma noche del 22, el gobierno sancionó la ley 19.797 que prohibía toda difusión de información sobre organizaciones guerrilleras. Ésto provocó el descontento popular y diversas manifestaciones en distintos lugares de Argentina. Llegó el Trelewazo, 11 de Octubre del mismo año, con los principales objetivos de liberar a los detenidos en el penal de Villa Devoto por la «Operación Vigilante», mientras se reclamaba justicia por las víctimas de la Masacre de Trelew y la libertad de Mario Abel Amaya.

María Antonia Berger (FAR), Alberto Miguel Camps (FAR) y Ricardo René Haidar (Montoneros) fueron desaparecidos durante el régimen cívico-militar de Videla. Es por ellos, que se conoce la verdad de esta historia, un episodio de los más sangrientos de la lucha de clases de nuestro país. El 22 de agosto es un día más de lucha, que está en nuestras manos mantener presente. En la Patagonia y en toda la Argentina, es preciso recordar las palabras que escribió Berger en su celda, con su propia sangre, luego de los disparos: “L.O.M.J.E”, libres o muertos, jamás esclavos.

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