Miguel Angel Forte
Sociólogo, profesor titular regular plenario de Sociología General, carrera de Sociología de la UBA, coordinador de la maestría en Ciencia Política y Sociología en FLACSO. Autor del libro "Modernidad: tiempo, forma y sentido". Militante del Nuevo MAS.

Buenas tardes. Ante todo quiero celebrar que tengo un ex alumno a mi izquierda. Lo cual es un buen indicador y como siempre digo: mis alumnes son mi lujo. Para comenzar señalo entonces que esta no es cualquier charla, clase o conferencia que uno puede dar, por ejemplo, en una jornada, donde todos corremos a buscar los certificados, para así,  rápidamente, anotar en el Sigeva lo que acabamos de hacer. Esta intervención en cambio,  tiene que ver con una herramienta para la lucha que les socialistas, hemos construido a lo largo del tiempo.

En este mismo espíritu, recuerdo a Engels en el discurso de despedida de su amigo cuando dijo que Marx, era sobre todas las cosas un revolucionario y que estaba buscando precisamente, una teoría para hacer la revolución. Desde allí, todo lo demás se fue concatenando, hasta dar una visión científica y socialista de la sociedad. Y como hemos dicho en campaña, desde el ahora Nuevo MAS Socialist Party, como nos han llamado, que luchamos siempre, por la independencia de la clase obrera y ese es el punto de partida de esta disertación.

En principio, voy a recordar una historia que contó César Rojas ayer, cuando su madre, superada por la situación por la que estaba atravesando, pateaba la cocina Domec por la noche y así es como vi en el compañero, a una suerte de Marcel Proust de la clase obrera. Es decir, una evocación de la vida cotidiana pero con contenido de clase, lo que me hizo pensar en que a los marxistas, a los socialistas, a las trotskistas y a los trotskes del trotskismo, como somos los del MAS, nos atraviesa el cuerpo la teoría marxista y el deseo erótico de hacer la revolución, y también asocié lo que decía ayer mi amigo César, con algo que dice Raymond Williams, cuando nos habla de las estructuras del sentir; esto es el pensamiento tal como es sentido y el sentimiento tal como es pensado.

Así es como entonces, yo me veo obligado a contar el modo de producción de mi exposición de hoy, los pasos que la hicieron posible. Fue en el 2018, aniversario de Marx, que se organizaron en la Carrera de Sociología de la Facultad de Ciencias Sociales, de la UBA, las Crónicas Marxianas, en donde en las clases mismas durante la cursada regular, cada uno de nosotres preparábamos un tema que tratábamos en la materia acerca Marx. Así, en aquel teórico, expuse lo tratado en mi libro, Modernidad: tiempo, forma y sentido de editorial Eudeba 2015. Allí, me refiero a Marx apuntando sobre dos cuestiones: Marx en la modernidad y dentro del pensamiento político de la época. Esto, es en parte lo que les voy a contar y que también inspiró un artículo sobre la relación de Marx con la filosofía política moderna y con la sociología fundacional.

Sumado a esto, durante el año pasado trabajé sobre un autor contemporáneo que toca cuestiones de la escuela crítica, Byung-Chul Han, e hice un seminario en FLACSO que se llamaba, Carlos Marx y Byung – Chul Han: Las cadenas radicales del panóptico digital. Es decir, como se expresan, hoy,  las cadenas radicales que son  el punto de partida del proletariado conceptual en su texto de 1843, La Crítica a la filosofía del derecho de Hegel. Recordamos que allí, tratando de definir al proletariado, nos habla de esa clase que es una clase de la sociedad burguesa pero que no es una clase de la sociedad burguesa, que es una clase pero que es un estamento y cuando también nos dice que la clase obrera, escapa del trabajo como de la peste. Temas que luego tratará en los manuscritos de su juventud, aunque considero que entre el joven Marx y el maduro no hay solución de continuidad porque desde el comienzo, hay un conjunto de principios que se desarrollan en el tiempo que ya están presentes temprano. Recordamos a modo de ejemplos a la alienación, al extrañamiento del mundo y a la enajenación. Cuestiones que además, si bien tienen que ver con la lucha por la independencia de la clase obrera, a su vez el proletariado, se presenta como la clase en mejores condiciones existenciales, para comprender el sentido de la alienación de la condición humana como tal y de liberarla.

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En este recorrido entonces, ubico  a Marx en la modernidad y dentro del pensamiento político moderno. Y si bien decimos: Marx para el siglo XXI, sabemos que Marx es de todos los tiempos. Es así como en  el desarrollo de  la teoría marxista, no solamente la clase obrera sino un conjunto de identidades políticas se fueron construyendo en el tiempo del capitalismo y reconocen al marxismo y al socialismo como la única manera de salir de la alienación, del dolor y del padecimiento. Llámese feminismo, pueblos originarios, juventud. Así Marx no cabe en el posmodernismo, es un moderno nato, y es en la radicalización de la misma condición moderna, en el proceso creciente de secularización, de desacralización del mundo, cuando el marxismo y el socialismo son los que están en mejores condiciones para llevar el pleno despliegue de nuestra condición.

Esto, es en parte, la lectura que hace de Marx, Marshall Berman en Todo lo sólido se desvanece en el aire, traducción del inglés, a propósito de lo que se suele traducir, en el viejo libro de Cartago por ejemplo como todo lo estamental se esfuma. En este texto, Berman nos presenta a la modernidad apoyada sobre dos patas. Por un lado la modernización, esto es el creciente  desarrollo científico, económico y tecnológico y por el otro lado, el modernismo, para dar cuenta al fin, de los valores creados sobre la crítica de la época de sus pensadores más radicales y Marx, es un ejemplo paradigmático. Pero no solamente Marshall Berman ha ubicado a Marx en la modernidad, sino que el primero que lo reconoce es Lenin en Las tres fuentes y las tres partes integrantes del marxismo, que yo voy a tener el tupé, la irresponsabilidad y la falta de respeto por Lenin de agregar una cuarta.

Para Lenin, recuerdo,  estas son, por un lado el socialismo francés, otra la economía política clásica de Smith y Ricardo y la tercera, la dialéctica hegeliana de tres elementos, es decir ya no es una dialéctica de dos elementos a la manera iluminista, sino es una dialéctica que nos habla respecto de la contradicción, es decir que entre un enfrentamiento de opuestos aparece un tercer elemento superador. Y, la tercera pata, el socialismo francés, a lo que yo agrego, como adelanté, un cuarto elemento, que es la relación que tiene Marx con las teorías del contrato social por la vía de Rousseau. Porque el iusnaturalista francés, no es cualquier contractualista, cuando advierte  que el pacto social se construyó en condiciones de alienación, es decir, ese contrato social que naturalizó Locke por ejemplo, Rousseau nos dice que no pactamos de forma igual, sino que hemos pactado en una  desigualdad que se produjo antes de la celebración del contrato. ¡Miren qué interesante para discutir con el pacto social! Rousseau nos habla entonces de un pacto inicuo, de un pacto celebrado en condición alienada. En tal sentido podemos decir que  Marx como demócrata radical, se inspira en Rousseau para criticar a la democracia burguesa, formal y representativa, aunque lo supera, ya que Rousseau no puede llegar a comprender cómo se pasa del individuo burgués al ciudadano.

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Así Marx, en la Cuestión Judía resuelve de un plumazo este problema, diciendo que en realidad la condición de ciudadano es la condición de burgués, por lo tanto bourgeois y citoyen es la misma condición. Soluciona así, bajo la forma del determinante económico el problema del individuo y del ciudadano que no había podido hacerlo, Rousseau. Hay, por otra parte un aspecto central en la modernidad que es la irrupción de la individualidad misma, cuando comienzan a romperse las viejas ataduras del mundo de la comunidad feudal y se perfila la idea renacentista de diferenciación, mercado mediante, de allí sus ropajes que hacen posible la presentación pública en colores, moda y vestuario. Junto a este proceso de diferenciación creciente comienza la idea de “punto de vista” y el mundo es susceptible de ser percibido de acuerdo a la mirada. A esto lo radicalizará el marxismo,  ya que el mundo es posible de mirar y de transformar desde el punto de vista de la clase obrera.

Pero los marxistas, no somos empiristas y la exégesis del punto de vista de la clase, es una parte fundamental de nuestras militancias, una parte imprescindible de la teoría revolucionaria. En tal sentido, el punto de vista de la clase obrera, tiene que ver con una lectura histórica de una clase construida con la lógica occidental de la racionalidad, esto es despliegue de conceptos y esos conceptos adecuados a explicar racionalidad fines-medios, es decir, la historia a caballo es Napoleón en el caso de Hegel y es la clase obrera para Marx.  Es decir, la posibilidad de que una clase por su lugar pueda percibir, pero esta percepción está construida teóricamente. De ahí que nosotres los socialistas somos también, herederos de la ilustración. Así, cuando la derecha nos dice “liberales”, nos dice “ilustrados” porque nosotros consideramos que hay que trabajar sobre la conciencia y esto es lo que nos enseñó Marx, no se llega intuitiva ni rápidamente a la conciencia de clase, para eso les intelectuales orgánicos tienen tanto trabajo siempre por delante.

Tenemos que trabajar sobre este problema, sobre cómo hacer posible que sea comprendida esta mirada histórica que tiene Marx sobre el socialismo, sobre la revolución, sobre la superación del capitalismo en la misma modernidad. Pero lo más difícil es que estos principios se divulguen, idea con la que coincidimos con otras teorías que también forman parte de este movimiento al que se llamó Ilustración. De ahí, que tenemos que marcar diferencias en este camino de lucha hacia la revolución ya que  en el proceso de secularización de la modernidad, siguiendo a Weber por Habermas, la subjetividad se emancipó de su anclaje religioso, de aquellos monjes medievales ocupados en la demostración de la existencia de Dios. En la modernidad, la subjetividad se libera de la clausura religiosa y se recluye en el sujeto. Es decir, a la manera de Arendt la superación de la alienación de la religión se recluye en la subjetividad pura pero que los socialistas la cruzamos con la identidad de una clase particular que, por su lugar en el capitalismo le hace comprender lo universal, es decir, este socialismo científico que se diferencia del socialismo utópico a la manera de Engels, no quiere decir más que eso, que el socialismo en su historia ha luchado por la emancipación de la condición humana, en ese camino por la emancipación de la condición humana Marx se encuentra la posibilidad científica de encontrarlo en esa clase que es de la sociedad burguesa y no es de la sociedad burguesa, y es por lo que nosotres seguimos luchando. A saber: La independencia de la clase obrera.

 

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