Las revelaciones del diario Globo tienen por fuente la propia investigación policial. En ella, el portero del barrio privado de los Bolsonaro en Río de Janeiro afirma haber dejado ingresar a Queiroz cuando éste dijo que se dirigía precisamente a esa casa. Alguien del entorno de los Bolsonaro lo habría dejado ingresar el mismísimo 14 de marzo del año pasado.


Queiroz fue detenido este año por haber conducido el auto desde el que salieron las balas que mataron a Marielle.

Lo curioso es que a pesar de reivindicar explícitamente a la dictadura, de haber hecho campaña diciendo que había que fusilar a sus opositores, Bolsonaro niega su responsabilidad. Sabe muy bien que la responsabilidad por semejante crimen político podría dejarlo endeble en el cargo o incluso eyectarlo de él.

Hace ya mucho tiempo que todas las pruebas señalan al mismo lugar: Marielle y Anderson fueron asesinados por grupos paramilitares vinculados a la policía. Desde el minuto uno era evidente que se trataba de un crimen gestado desde el riñón del aparato represivo del Estado… las balas asesinas eran del equipamiento policial. Esta hipótesis (sabida a priori como cierta por todo el mundo) quedó plenamente confirmada cuando fueron detenidos Queiroz y Lessa, miembros de las policías de Río de Janeiro, el primero de la Militar, el segundo de la Policía Civil.

Bolsonaro y Queiroz

Lo “novedoso” (no tanto) es que estaría cada vez más claro que la familia Bolsonaro está fuertemente vinculada a las milicias asesinas de Marielle y de forma directa a su asesinos… todo indica que podrían ser ellos los autores intelectuales (o, al menos, sus jefes) del crimen.

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Según la investigación que culminó con la detención de ayer de los responsables materiales, éstos habrían seguido a sus víctimas durante un trecho de la ciudad de Río luego de que éstas salieran de una reunión de la juventud negra. El auto era conducido por Queiroz, mientras Lessa desde el asiento trasero habría disparado al auto en el que viajaba Marielle con una ametralladora en el momento en que lo alcanzaron, matándola a ella y al chofer Anderson. Una compañera más presente allí salió casi ilesa, sus dos acompañantes murieron al instante.

Queriz y Lessa eran parte de Oficina del Crimen, grupo paramilitar mafioso que controla buena parte de la zona oeste de Río, donde funciona casi como un estado paralelo. Los jefes del grupo, que opera en el barrio Río das Pedras, conocidos hasta ahora son Adriano Magalhães de Nóbrega y Ronald Paulo Alves Pereira, ambos jerárquicos de la policía. El primero está prófugo desde principios del año mientras el segundo se encuentra detenido por al menos cinco asesinatos. Los llamados “grupos de autodefensa” de estas milicias surgieron supuestamente como parte de la “lucha contra el narco” y en los hechos se han convertido en la cabeza real del crimen organizado en Río, demostrando un nivel de brutalidad aún mayor que el de las mafias anteriores a ellos.

Pues bien: la familia Bolsonaro tiene vínculos claros no sólo con la cabeza de la Oficina del crimen (notoriamente Nóbrega) sino que hay varios indicios de ser bien conocidos de los dos detenidos por el crimen material. De arriba para abajo, los vínculos de los Bolsonaro con los asesinos de Marielle y Anderson son transversales.

El primer vínculo que saltó a la luz e hizo evidente las relaciones del clan presidencial con los grupos paramilitares fue, como hemos dicho, a través de Nóbrega. Cuando salió a la luz su condición de jefe criminal se supo que su madre, Raimunda Veras Magalhães, y su esposa, Danielle Mendonça de Nóbrega, fueron asesoras (¡Sí, ambas!) de la banca en Río de Flávio Bolsonaro, hijo del presidente. Nóbrega, hoy prófugo, tenía su propia representación legislativa a través de Bolsonaro. ¡Hace falta mucha ingenuidad o cinismo para que no resulte sospechoso! A su vez, estuvieron envueltos en el escándalo por ser parte de los movimientos financieros turbios en los que el chofer de Flávio, Fabrício de Queiroz, habría oficiado como su testaferro. Otra casualidad: el chofer de Flávio vive en el barrio controlado por la Oficina del Crimen.

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Años atrás, con un descaro que hoy debería impresionar, Flávio Bolsonaro les hizo un homenaje oficial en la Asamblea Legislativa a nada más y nada menos que Nóbrega y Alves por sus méritos combatiendo el crimen. Hoy son los claros responsables de un asesinato político y muchos más de índole criminal común, jefes de grandes grupos del crimen organizado de Río.

No obstante, si Bolsonaro hoy se quiere despegar de estos personajes, nadie debería sorprenderse. En su momento fue el único candidato presidencial que no quiso repudiar el asesinato de Marielle, que su hijo hizo campaña de forma descarada burlándose de la pelea por justicia cuando rompió en un acto público una placa de homenaje a Marielle. La posición casi descaradamente proclamada pero tácitamente defendida por los Bolsonaro fue siempre que el asesinato de Marielle era algo a defender, junto a la actividad represiva y criminal de la policía y la intervención militar de Río, a las que la concejal del PSOL enfrentaba.

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