Antonio Soler
Profesor. Dirigente de la Tendencia Socialismo o Barbarie del PSOL de Brasil.

En las últimas encuestas del IBOPE [1], la polarización electoral entre Jair Bolsonaro (PSL) y Fernando Haddad (PT) parece consolidarse. Esta polarización entre centroizquierda y neofascismo ocurre de manera inédita en la política nacional y plantea como perspectiva que en el próximo período ningún resultado electoral por sí solo podrá pacificar el país, resolver la crisis política crónica o contener los choques políticos y sociales.

Bolsonaro y Haddad polarizan la disputa

En la encuesta de intenciones de voto divulgada el miércoles por IBOPE se mantienen las tendencias presentadas en las encuestas anteriores. En el caso de Bolsonaro (PSL) interrumpe la tendencia de crecimiento presentada después del ataque al cuchillo el pasado día 6 en Juíz de Fora (MG), pues a pesar de mantenerse en el liderazgo, aparece estancado en esa encuesta con el 28%. Fernando Haddad (PT), desde que asumió oficialmente la candidatura del PT creció 14 puntos porcentuales, mantiene fuerte curva ascendente y aparece consolidado en segundo lugar con el 22% de las intenciones de voto.

Después son seguidos por candidatos que demuestran estancamiento, bajo crecimiento o caída en el porcentaje de intenciones de voto. El candidato Ciro Gomes (PDT) mantiene el mismo porcentaje de la última encuesta (11%), Geraldo Alckmin (PSDB) creció apenas un punto porcentual (8%) y Marina Silva (Red) mantiene la tendencia de baja, perdiendo un punto (5) %).

Además de perder dinamismo electoral, la encuesta apunta que Bolsonaro en la segunda vuelta de las elecciones sufre una caída de intenciones de voto y no ganaría de ninguno de los candidatos que están al frente en la encuesta: con Ciro perdería del 46% al 35%, con Haddad de 43 % a 37% y con Alckmin del 41% al 36%. Bolsonaro sólo empata con la candidata de la (Red), Marina, del 39% al 39%. [2]

En el ballotage, pesará de forma decisiva el índice de rechazo de los candidatos, factor que será decisivo para la derrota o victoria de quien esté en la disputa. Además del estancamiento de la intención de voto, la encuesta indica que el rechazo de Bolsonaro creció 4 puntos, pasando del 42% al 46% del total de votantes que no lo votaría de ninguna manera a él. En el caso del candidato del (PT) Fernando Haddad, a pesar del significativo crecimiento electoral en relación a la encuesta anterior, ha presentado una variación de apenas 1 punto porcentual en su rechazo, fue del 29% en la última encuesta al 30%. [3]

Como se ha visto en esta investigación, el crecimiento electoral de Bolsonaro tras sufrir el ataque con cuchillo se contuvo y tiende a la estabilización, así que la posibilidad planteada por algunos analistas de que podría resolver la elección en la primera vuelta fue distanciada en el momento. La contención de crecimiento de Bolsonaro está asociada a varios procesos: vaciamiento mediático de la agresión sufrida por él, fuerte campaña de denuncia de los demás candidatos, la articulación del movimiento de mujeres expresado por el movimiento “Mujeres contra Bolsonaro”, que es el elemento más progresivo de esta coyuntura.

Por otro lado, si había dudas sobre la capacidad de Lula [4] transferir votos a Haddad, éstas están siendo disipadas. Indudablemente, hasta el momento, la transición entre las candidaturas ha tenido éxito. En apenas 15 días Haddad llegó a la segunda posición en la carrera electoral – superando el 3º (Ciro) en 11 puntos porcentuales, demostraron su tendencia al alza en las encuestas y la maniobra de continuar capitalizando el voto útil por la izquierda.

Contribuyen a ese proceso meteórico de transferencia de votos a Haddad el hecho de que amplios sectores de masas se vuelvan nuevamente al lulismo como reacción electoral a las contrarreformas de Temer y a una fuerte polarización con Bolsonaro, candidato abiertamente neofascista con viabilidad electoral.

Teniendo en cuenta ese conjunto de datos, opinamos que lo más probable es que ese cuadro de polarización entre Bolsonaro y Haddad siga hasta en la segunda vuelta. Pero no se descarta que otros eventos políticos [6] puedan causar una avalancha de votos para uno de los candidatos y se pueda resolver la carrera electoral en la primera vuelta.

La lucha de clases siempre se impone

Vivimos el proceso electoral más polarizado desde el final de la dictadura militar. Un proyecto inédito de fuerte disputa entre la derecha neofascista (Bolsonaro) y el reformismo sin reformas (Haddad) tiende a intensificarse en las próximas semanas, en la segunda vuelta y en el período post-electoral. [7] Se trata de un clima electoral que lleva a cabo una especie de “astucia de la historia”, que se manifiesta en (1) la participación popular en las elecciones y (2) la lucha directa entre las clases.

En primer lugar, vimos ya en el actual cuadro político-electoral desconcertantes cambios de rumbos. Luego de dos años de la imposición de la maniobra reaccionaria (el impeachment de Dilma), que tuvo como objetivo primordial aplicar el programa neoliberal hasta las últimas consecuencias, la probabilidad de que el lulismo vuelva al gobierno federal a través de Haddad es grande, eso mismo con Lula – el real portador de los votos populares – preso e inelegible y el derecho soberano del pueblo decidir abiertamente degradado.

La “astucia” presentada aquí es la de que no se puede simplemente interrumpir la experiencia política de las masas con golpes de estado, mecanismos de excepción o maniobras reaccionarias. Después de dos años de contrarreformas del reaccionario Temer y de crecimiento electoral del neofascismo, el lulismo (a pesar de sus innumerables traiciones) por su peso político, su estructura partidista y control sobre una gigantesca máquina del movimiento sindical, popular y estudiantil, aparece ante las masas como única alternativa viable ante el creciente reaccionarismo.

Las elecciones aún no están definidas, pero podemos decir que por lo observado hasta aquí, el movimiento de la amplia mayoría de la clase dominante, de los altos funcionarios del Estado y de los grandes medios en el sentido de negar la soberanía popular a través del impeachment de Dilma y después de la inelegibilidad de Lula está a punto de ser derrotada en las próximas elecciones.

El resultado político sería que, pese a que el lulismo necesita ser superado sí o sí por ser un factor de contención sistemática de las luchas y de la auto organización de los trabajadores, una victoria electoral indirecta de las masas contra el reaccionarismo en general y el neofascismo en particular. Así, la voluntad política de las masas, independiente del hecho de que esa voluntad hoy se encuentre dentro de los límites del voto y de un nivel de conciencia ultra gradualista, tiende a imponerse en las próximas elecciones y colocarse como un factor importante en el próximo período del cuestionamiento de la ofensiva reaccionaria, de polarización e inestabilidad.

Haddad en la campaña electoral ya está dando varias señales a los dueños del capital de que va a intentar desarrollar contrarreformas de forma más gradual, eso es un hecho. Pero la cuestión central aquí es que una posible victoria electoral del lulismo en las elecciones será un factor importante de mantenimiento de la inestabilidad política en el próximo período, pues al mismo tiempo que creará expectativas en torno a que el Haddad suspenda nuevas contrarreformas y retome políticas de compensación social, éste enfrentará una recesión económica crónica y una oposición de derecha durísima. Escenario ese propicio para nuevas movilizaciones, polarización política y la conclusión de la experiencia interrumpida con el lulismo.

De esta forma, a pesar del golpe de palacio para desalojar el lulismo del poder con el objetivo de provocar una devastación neoliberal mucho más profunda que la de la década de 1990, no sufrir una importante derrota en las urnas -lo que parece improbable-, esas elecciones están lejos de servir como factor de estabilización política y social.

A partir de ese escenario, emerge el segundo aspecto de la “astucia de la historia” que señalamos arriba y que es su razón última: el choque entre las clases es el factor decisivo (último) para determinar el encuadramiento, la dinámica y resolución de los conflictos sociales fundamentales, lucha que no puede ser aplazada ad eternun por la burocracia lulista o cualquier otra que sea.

La estrategia del lulismo desde sus inicios fue evitar la lucha directa entre las clases sociales, pues apostó sistemáticamente en la domesticación del movimiento obrero, la conciliación con la clase dominante y sus partidos y en la institucionalidad burguesía. Pero, en lo que pese a la vuelta del crecimiento vertiginoso de la influencia política electoral de esa corriente sobre la clase obrera-lo que está siendo plenamente demostrado en ese proceso electoral- podemos entrar un escenario de polarización aún más radical que el vivido en los últimos años.

A pesar de una probable victoria electoral del lulismo en las próximas elecciones, contradictoriamente, la estrategia de esa corriente ante la crisis económica fue superada en un parpadeo de ojos por los hechos. Es decir, fracasó totalmente ante la ofensiva reaccionaria, de las contrarreformas y del surgimiento del neofascismo como un fenómeno de masas. [8] Sin embargo, independientemente del resultado de las próximas elecciones, existe la posibilidad de que la crisis estructural, la polarización y la inestabilidad política en que nos encontramos se mantenga o se profundice. Pues existen serias dificultades para que el próximo gobierno electo (Bolsonaro, Haddad o cualquier otro) en octubre próximo establezca una hegemonía capaz de evitar importantes choques políticos en el próximo período.

En realidad, ya estamos entrando en un nuevo escenario político compuesto por la continuidad de la crisis recesiva, de un relativo fortalecimiento de la clase trabajadora y, por supuesto, de más polarización política y social. Pues, al mismo tiempo que la clase obrera no sufrió ninguna derrota histórica y podrá salir más fortalecida de las elecciones, estamos ante el fortalecimiento de las expresiones políticas más reaccionarias que las fuerzas burguesas tradicionales, combinación que podrá producir choques durísimos entre las clases.

El movimiento de mujeres marca el camino contra el avance del neofascismo

Para finalizar esa nota, aquí entra en cuestión la política de la izquierda socialista ante el actual escenario político-electoral. El primer aspecto relevante es que la clase trabajadora, las mujeres y la juventud no sufrieron una derrota histórica. A pesar de las traiciones (sistemáticas) de la burocracia, nuestra clase no fue derrotada en ninguna lucha importante o llegó a sufrir un conjunto de derrotas-en lo que pese a las duras contrarreformas- que haya causado un golpe que la haya sacado de escena.

Por esa razón, hemos insistido que Brasil es parte de un proceso de reanudación de la experiencia histórica de las masas. Hoy vivimos una situación mundial marcadamente más a la derecha, pero no impide que las olas de indignación popular puedan expresarse y revertir de un momento a otro la situación política de un país, es lo que denominamos en nuestra corriente como “bipolarización” de la política internacional.

En el caso brasileño, vivimos una correlación de fuerzas desfavorable, pero sin derrotas históricas y la crisis estructural sigue. Además, el mundo está en pie de guerra. Estos factores posibilitan olas de enfrentamientos que, al depender de sus desdoblamientos, pueden causar una reversión de la correlación de fuerzas. Así que a pesar de la política catastrofista y que no apuesta a la lucha de algunas corrientes que actúan en el interior de nuestro partido (PSOL), no estamos ante una etapa de correlación de fuerzas cerradas y de la imposibilidad de que ocurran procesos políticos que trasciendan la ofensiva reaccionaria en que estamos.

Esa es una visión más global sobre la dinámica de la lucha de clases y de las tareas de los socialistas revolucionarios que acaba teniendo gran influencia en el momento de definir la línea política para el momento. Pues, no desconocerse las tendencias más contradictorias de la lucha de clases, que ponen límites pero también grandes oportunidades, y la apuesta a fondo en la reorganización del movimiento obrero y en el relanzamiento del socialismo como alternativa. Es el caso de las Mujeres contra Bolsonaro, y el inicio efectivo de la construcción de una alternativa política de masas al lulismo.

Las mujeres que enfrentaran, un factor decisivo de esa coyuntura: el crecimiento electoral del neofascismo a través de la candidatura de Bolsonaro. En primer lugar, es importante caracterizar a ese candidato como neofascista, no sólo una figura de derecha o extrema derecha, pues es una figura política que coloca en su marco ideológico en cuestión la existencia del movimiento de los trabajadores y de la propia izquierda. Obviamente que no considerar la importancia del hecho de que el neofascismo está al frente de las elecciones y con posibilidades de elegirse en la segunda vuelta y que es necesario desarrollar la más amplia unidad de acción para derrotarlo ya en las calles es de una ceguera política mortal y sin precedentes.

Ya apuntamos que el movimiento de mujeres es el elemento más dinámico y progresivo de esta actual coyuntura, movimiento que está siendo decisivo para debilitar la candidatura de Bolsonaro y puede serlo para derrotarlo. Fue a partir de las redes sociales que ese movimiento empezó a articularse llegando a la convocatoria de actos unitarios en el próximo día 29 en todo el territorio nacional -iniciativa que se extiende a más de 24 países-   la movilización efectiva puede derrotar políticamente a Bolsonaro en las calles y hasta sacarlo de la segunda vuelta de las elecciones.

Estamos viendo al movimiento de mujeres en Brasil, al igual que en otras partes del mundo, cumplir el papel de catalizador político de importantes demandas de los explotados y oprimidos. Por eso, el apoyo, la convocatoria y la participación en el movimiento no son sólo la tarea número uno de toda la izquierda socialista, sino también la de todos los sectores que se sitúan en el campo de la defensa de los derechos democráticos.

La campaña de Boulos necesita cambiar el rumbo y construir una alternativa al lulismo

Por último, no podemos dejar de hacer una consideración crítica a nuestra campaña presidencial (nacional). Además de los aspectos programáticos que están mal en nuestra campaña, como la ausencia de políticas anticapitalistas fundamentales para ese momento, tales como el no pago de la deuda externa, la reducción de la jornada de trabajo, la expropiación de las empresas involucradas en corrupción, etc., la diferenciación con el lulismo estuvo prácticamente ausente durante toda la campaña de Guillermo Boulos (PSOL).

Evidentemente que con Lula preso, la soberanía popular cuestionada y el avance electoral del neofascismo una campaña de diferenciación con el lulismo -necesaria para la izquierda socialista como el aire que respiramos- no podría hacerse a partir de denuncias sectarias, sino de poner al frente de nuestra política exigencias de que PT y CUT movilicen efectivamente contra el avance del neofascismo, contra la prisión política de Lula y por justicia para Marielle Franco.

Es decir, para no caer en un oportunismo que no construye alternativa estratégica ni gana votos, es necesario presentar sistemáticamente exigencias de que el lulismo llame efectivamente a la lucha en medio de una coyuntura de ataques y peligros tan profundos. Sólo así, sectores de masas pueden comenzar a ver en el PSOL una alternativa para la superación del lulismo y para dirigir los futuros enfrentamientos en el próximo período de la lucha de clases.

Pero aún estamos a tiempo de revertir esa política de diferenciación cero con el lulismo que claramente fracasó en esas elecciones, sin sectarismos y sin oportunismo. Para ello, es necesario usar el espacio mediático, la campaña en las redes sociales, los actos, las reuniones y los demás eventos de la campaña para presentar nuestras candidaturas, nuestro programa electoral y diferenciarse de Haddad llamando a la lucha, como hizo Boulos en el último debate televisivo-, pero principalmente exigiendo que la candidatura de Haddad, el PT y la CUT convoquen efectivamente el acto que se está organizando por el movimiento de mujeres en Brasil y en varias partes del mundo – movimiento que se está construyendo en unidad de trabajo acción y que puede derrotar política y electoralmente a Bolsonaro.

 

 

*Traducción del portugués Rosi Luxemburgo

 

Citas:

[1] http://www.ibopeinteligencia.com/noticias-e-pesquisas/fernando-haddad-cresce-11-pontos-percentuais-e-assume-o-segundo-lugar-na-disputa-pela-presidencia-da -Czech-Bolsonaro-oscila-positivament /

[2] En relación a los demás candidatos, Alvaro Dias (Podemos) y Henrique Meirelles (MDB) tienen el 2% cada uno, y Guillermo Boulos (PSOL), el 1%, que se ha convertido en una de las más antiguas del mundo.

[3] A continuación aparecen Marina (25%), Alckmin (20%), Ciro (18%), Meirelles, Daciolo, Eymael y Boulos (11% cada uno), Vera (10%), Días y Amoêdo (9% cada uno)

[4] Lula que aparecía disparadamente delante de las elecciones con  de intención de votos, fue condenado, preso e imposibilitado de disputar las elecciones sin pruebas cabales, lo que caracteriza un ataque directo al derecho democrático de la mayoría del pueblo decidir sobre los rumbos políticos del país.

[5] Trabajadores más precarizados, las mujeres y la población de la región nordeste.

[6] Tal como alguna denuncia bombástica o un movimiento de desesperación por la derecha en el sentido de llamar el voto útil en el Bolsonaro teniendo que en la segunda vuelta la derrota para Haddad o cualquier otro candidato parece lo más probable, teniendo en vista los actuales niveles de rechazo presentados por el candidato neofascista.

[7] Y cuando se habla de polarización política no estamos hablando sólo en el proceso de agudización de los discursos, vivimos un clima de tensión política que hace que las diferencias políticas pasan a manifestarse en enfrentamiento físico igual a las actuales expresiones protofascistas.

[8] Fenómeno ese que trae a la superficie una amenaza histórica para el movimiento de los trabajadores y hacia la izquierda al poner en cuestión todos los derechos democráticos posibles dentro del actual orden.

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