Macrismo explícito: ¿Reforzamiento de políticas anti-inmigrante?

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Editor en Jefe del portal IzquierdaWeb - Noticias de los trabajadores, las mujeres y la juventud.


 

Ignacio Julián

En el día de hoy se conoció un artículo en el diario La Nación que habla de un plan lanzado por Macri para reforzar el control de los inmigrantes.

La primera parte del mismo, que se comenzaría a implementar en septiembre, constaría del lanzamiento de una aplicación móvil para celulares de “agentes públicos” (médicos, policías, gendarmes, etc) que detectaría la “situación migratoria” de cualquier extranjero. En el caso de que no tengan “los papeles al día”, el Estado tendrá la potestad de echarlos del país, u obligarlos a que realicen el trámite de radicación. Para este último, no solo tendrán que realizar dicho trámite, con todo lo que eso significa (largas colas, dilaciones burocráticas, etc., aunque dicen que lo agilizarían con un sistema web) sino que tendrán que abonar, para el caso de países del Mercosur, $3000, y fuera del Mercosur, $6000. Esto último, con la idea de que los extranjeros “paguen por los servicios que utilizan en el país”.

Esta idea se desliza en la voz de distintos funcionarios: los inmigrantes vendrían a hacer uso de los beneficios que da el Estado sin pagar costo alguno. Los servicios públicos como la salud, la educación, que en realidad se ven afectados por la política de ajuste del gobierno, encuentran en la figura del extranjero un chivo expiatorio para que al exacerbar las ideas xenófobas, la población considere como responsable a un sujeto distinto de los verdaderos encargados de desfinanciar estos servicios en pos de pagar la deuda con el FMI. Porque claro, el déficit fiscal es culpa de alguien que se atiende en un hospital público, jamás de los onerosos pagos a los especuladores internacionales.

Este tipo de discurso no es una novedad en la historia de nuestro país, las clases dominantes han tenido siempre un responsable de “los males que aquejan a nuestra patria” en los inmigrantes. Claro, a la hora de utilizarlos para trabajar en negro, como mano de obra barata o semi – esclava, o utilizar a las mujeres inmigrantes para la trata y explotación sexual, no tienen ningún problema.

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Recordemos, sin ir más lejos, la intentona del gobierno de los empresarios de llevar adelante una ofensiva reaccionaria contra los inmigrantes, en el año 2017, cuando promulgó el DNU 70/2017 con la intención de acelerar el proceso de expulsión a los extranjeros que posean algún antecedente penal, o no estén debidamente  radicados. La arbitrariedad de este decreto llevó a que sea considerado inconstitucional por la justicia.

El gobierno de Macri se alinea a los gobiernos de los países ricos e imperialistas, que no sólo con discursos, sino con acciones también, atacan a la comunidad migrante. Un clima de época donde la burguesía despliega este dispositivo de estigmatización frente a un fenómeno muy extendido el último tiempo. En Europa, por ejemplo, la palabra extranjero o inmigrante, es asociada cada vez más con la de terrorismo luego de varios atentados en las principales ciudades del último tiempo. Recordemos que la crisis migratoria allí es de las más acuciantes en la actualidad. En Estados Unidos, Trump tiene un discurso fuertemente antiinmigrantes, a tal punto de tener una política persecutoria ya conocida para con estos, sumado a la idea de levantar un muro en la frontera con México. En momentos de crisis económica y social, dividir y enfrentar a los de abajo es una estrategia harto repetida por la clase dominante y sus gobiernos.

Vale aclarar también, de que los trabajadores que abandonan sus tierras para buscar un futuro mejor, justamente lo hacen por eso.  Porque en el lugar en donde les toco nacer, muchas veces a causa de guerras, violencia, hambre, o realidades económicas y sociales adversas (todo provocado por las burguesías nacionales e imperialistas) se ve imposible la idea de vivir y desarrollarse. Realizar por parte del gobierno de Macri este tipo de control con aires persecutorios, no apunta sino a encontrar un sujeto para sacar de foco los verdaderos y acuciantes problemas que arrastran las mayorías populares y trabajadoras en el país. Con esto intenta correr el foco de que quienes saquean y rifan nuestro futuro son los empresarios y parásitos de siempre de los cuales Macri es representante y agente.

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Pero más aún, tener a una parte de la población trabajadora viviendo en la semilegalidad, perseguida y estigmatizada, siempre fue una buena forma de asegurarse mano de obra barata. Vivir y respirar como un “ilegal” lleva a millones a aceptar cualquier empleo en cualquier condición, pues la dura batalla por la diaria subsistencia es cosa particularmente difícil. A esta parte de la clase obrera, que vive y vegeta en las peores condiciones de existencia, Marx la llamó sobrepoblación obrera estancada:

La tercera categoría de la superpoblación relativa, la estancada, forma parte del ejército obrero en activo, pero con una base de trabajo muy írregular. Esta categoría brinda así al capital un receptáculo inagotable de fuerza de trabajo disponible. Su nivel de vida desciende por debajo del nivel normal medio de la clase obrera, y esto es precisamente lo que la convierte en instrumento dócil de explotación del capital. Sus características son: máxima jornada de trabajo y salario mínimo. Bajo el epígrafe del trabajo domiciliario, nos hemos enfrentado ya con su manifestación fundamental. Su contingente se recluta constantemente entre los obreros que dejan disponibles la gran industria y la agricultura, y sobre todo las ramas industriales en decadencia, aquellas en que la industria artesana sucumbe ante la industria manufacturera y ésta se ve desplazada por la industria maquinizada. Su volumen aumenta a medida que la extensión y la intensidad de la acumulación dejan ‘sobrantes’ a mayor número de obreros. (Karl Marx, El Capital)

La migración de personas es un producto de los movimientos del capital, de su expansión y sus contracciones (sin mencionar las guerras y crisis sociales de mayor envergadura). Con ellos, muchos países y regiones se convierten en lugares verdaderamente expulsivos, mientras que con la política de la xenofobia oficial los convierten en mano de obra barata, objeto de explotación brutal. Y cuando no consiguen un trabajo estable, constituyen una masa de vendedores ambulantes o, lisa y llanamente, mendigos. La política macrista en este terreno es, entonces, de manual capitalista: hace de miles y miles de personas chivos expiatorios y fuente de ganancias, una verdadera promoción 2×1.

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