Redaccion
Equipo de redacción del portal IzquierdaWeb.


Frases de autoconsuelo que no convencen a nadie, fantochada de transparencia e institucionalidad para tapar el fracaso en todos los rubros, demagogia pre electoral, polarización con el kirchnerismo: el discurso tuvo un poco de todo. Se trataba de todo un desafío ¿Cómo encarar un discurso de apertura del año político sin decir “somos un completo fracaso”? Los modos duranbarbistas son capaces de cualquier cosa y una vez más han demostrado estar bien aceitados. No obstante, realmente es necesario a esta altura de las cosas tener algún desencaje entre los hombros y la coronilla para creer una sola palabra de lo que dijo el presidente, sobre todo al respecto a sus optimistas predicciones económicas. Es necesaria una buena dosis de cinismo “justificalotodo” para defender una sola frase de ese largo, aburrido y mal leído discurso.

El balance general del discurso anticipa de qué se tratará su campaña electoral: decir lo menos posible de economía, hablar de la trasparencia institucional (nueva forma de denominar el uso de la “justicia” como despacho personal) e incitar la histeria anti pobreza de una parte de su base social, que busca en los barrios y la juventud el origen de todos los males. Del FMI… ni palabra.

 

La economía

“Si no hubiésemos tomado las medidas que tomamos la economía hubiera colapsado. Elegimos un camino de gradualismo que funcionó dos años y medio, donde aumentaron las exportaciones, creamos 700 mil puestos de trabajo y bajó la pobreza.

Si bien los últimos años del kirchnerismo fueron de un crecimiento mediocre y cierto deterioro (que le abrió las puertas al descontento y el triunfo macrista en 2015), la afirmación de que la política macrista nos salvó de un “colapso” no tienen base real alguna. El “crecimiento” sostenido con los precios internacionales de la soja se había acabado (y, con él, el ciclo K) pero la tangible y dura realidad es que la política macrista forzó la actual situación que sí, nos tiene al borde del colapso.

El “aumento de las exportaciones” es, en principio, falso. Sin llegar a los niveles de bonanza de la década anterior, los precios internacionales de la soja y otros productos agropecuarios subieron entre 2015 y 2017 bastante más que los dólares que ingresaron a la economía argentina. No hay mérito alguno ahí, salvo que nos quieran convencer de que Macri tuvo alguna influencia en la evolución internacional del precio de las oleaginosas. A su vez, con el deterioro interno y la inflación, la competitividad argentina fue de mal en peor y la brecha del déficit comercial no hizo más que crecer. Lo único que sí hizo el macrismo fue bajar impuestos a los exportadores y eliminar controles. Los pocos dólares que entraban por exportaciones, fácilmente también se fueron para engordar alguna cuenta en el exterior.

La creación de “700 mil puestos de trabajo” es (¿alguien lo dudaba?) una impostura. El desempeño de la economía tiene que ser realmente muy malo, casi catastrófico, para que el empleo baje en términos absolutos, porque la población crece y, con ella, la necesidad de creación de puestos laborales. Durante los dos primeros años de macrismo, la evolución del empleo fue tal que no llegaba a cubrir las manos disponibles con la gente ingresando en edad laboral mientras muchos que ya trabajaban se quedaban en la calle. Así, los números de “crecimiento” reflejan en realidad otra cosa más compleja: aumento de la desocupación y precarización real. Finalmente, en 2018 se vivió una caída en números absolutos del empleo registrado. Es decir: con más gente ingresando al mundo laboral, menos que antes trabajaban. Todo un triunfo.

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“Mauricio Macri dejó en evidencia en los 58 minutos largos de su discurso ante la Asamblea Legislativa que en la campaña para su reelección no habrá lugar para los globos, ni invocaciones a la alegría” dice hoy Clarín que, por una vez, no miente. El “crecimiento” económico del que nos habla el CEO de la nación es fundamentalmente el de los ingresos por deuda estatal. La misma que con tasas de interés escandalosamente altas sirvieron para inversiones mínimas mientras llenaron por años los bolsillos de magnates que ahora se van arrastrando consigo la cotización del peso.

Veamos nuestro crecimiento económico: llegaron los “inversores” con sus dólares, compraron LEBAC y cosas por el estilo (es decir, el Estado se endeudó con ellos) – hasta aquí, 2016 y 2017, el “crecimiento”-, el Estado les paga un 60% más que lo que pusieron, se cae la economía y con ella los ingresos del Estado, el gobierno no puede pagar sus deudas, Macri recurre al FMI porque no puede cubrir la deuda contraída para que se la lleven algunos millonarios. ¡Verdaderamente hay que estar perdido entre una muy gruesa niebla para no ver venir lo que se viene!

Con Macri se fugaron 50 mil millones de dólares y el año próximo hay que pagar compromisos de deuda por 80 mil millones. ¿De dónde saldrá esa suma? Ni el mismísimo Macri lo sabe: la “paciencia” que pidió en el discurso de hoy no sólo parece ser para quienes se dignan a escuchar su discurso-bodrio completo, sino también a quienes tengan la esperanza de que algo se le ocurrirá.

Mientras tanto, de la industria y el comercio ni noticias. Sólo nos habló, como de un salvavidas colorido y vistoso que extrañamente nadie sabe ver… del turismo.

“El déficit fiscal es el causante principal de la inflación y la inflación es el primer causante de la pobreza.” La realidad es que el macrismo es la principal causante de deuda, por lo tanto de déficit fiscal y también de pobreza, pero no porque el gasto del Estado sea el origen de la pobreza. El principal causante de la inflación es el bajo desarrollo de la productividad nacional. La realidad es que toda su solución a todos los problemas es la receta liberal de: hagamos que los empresarios ganen más con ingresos de todos los demás. Sí, hagamos eso, seguramente funcione y con eso bajaremos la pobreza. ¡Novedad! No funcionó.

 

 

La política internacional: pro imperialismo y golpismo

“Recuperamos el rol positivo de la Argentina en la región y en la escena global.” Es muy difícil saber qué significa eso más que la reivindicación explícita de la subordinación cipaya a lo que digan los jefes del norte. Porque: ¿de qué otra cosa podría tratarse? Es imposible saber qué le ha aportado a absolutamente nadie el gobierno de Macri fronteras afuera. Hacemos abstracción, claro está, de los muy satisfechos bolsillos de los fondos de inversión y los bancos extranjeros, que seguramente acordarán en el “rol positivo” de Argentina, que les permitió engordar sin tener siquiera que hacer las compras.

“Volver al mundo” en boca de un macrista es una forma elegante de decir “¡Sí señor!” al imperialismo.

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“Cómo puede ser que hayamos condecorado a Maduro cuando no respetaba la libertad, la democracia y los derechos humanos”… lo dice quien recibió con honores a un miembro de la familia real de Arabia saudita. Y lo dice a coro con: Iván Duque, bajo cuyo gobierno van ya cientos de asesinatos de dirigentes social; Bolsonaro, abierto simpatizante de la dictadura militar (de la que fue capitán) y sus torturadores, que ganó las elecciones con el principal opositor entre las rejas; Trump, no son necesarias las aclaraciones.

“Venezuela está en una profunda crisis económica, humanitaria y sanitaria que sólo se resolverá con más democracia y con el apoyo de los países comprometidos con el pueblo venezolano.” Más democracia le dice a imponer por la fuerza a un presidente no votado por nadie. Como es sabido, hoy mismo lo recibirá en Olivos.

 

Un discurso electoral beligerante

A nadie se le escapa que Macri comenzó hoy su campaña electoral. Lo hizo intentando poner el eje en un discurso “institucional” que cubra su desastre económico y social. Pero en este terreno tampoco tiene mucho para mostrar.

“Quiero convocarlos otra vez a lograr acuerdos que necesitamos para proyectar nuestra Argentina a treinta años.” Un consenso impuesto a fuerza de Decretos nacionales de necesidad y urgencia cuando no a fuerza de palos como el 18 de diciembre de 2017.

“Queremos recuperar los bienes de la mafia, el narcotráfico y la corrupción. Y cada quien que se oponga diga adonde está parado y a quien quiere proteger, porque se acabó”. Habla de la mafia el retoño de una mundo empresarial de se llenó los bolsillos bajo los auspicios de la dictadura militar, con los fraudes con la obra pública en los 90’ y tantas otras cosas más. La insistente campaña mediática en torno a la corrupción K (sin duda con fuertes raíces en la realidad) sirve también para tapar a fuerza de griterío el chiquero del macrimo.

“Hoy tenemos una mejor calidad democrática, instituciones más sólidas y transparentes”… “Hablo de un gobierno que respeta la independencia de la Justicia. Y si la Justicia pide que se rindan cuentas todos tenemos que rendir cuentas: políticos, empresarios, sindicalistas, los mismos jueces, periodistas, inclusive la familia del Presidente y el Presidente”.

Claro que la “independencia de la Justicia” fue poner un juez en la Corte Suprema por decreto para que éste llegue a ser su presidente. Nada nos dijo sobre eso ni sobre el detalle de que ese sujeto quiso imponer el 2×1 a los genocidas. Pero claro, “la familia del Presidente y el Presidente” no tienen que rendir cuentas si la Justicia no se los pide, cosa que no ha hecho siquiera por la deuda multimillonaria que tienen los Macri con el Correo Argentino. La “Justicia independiente” hace años que funciona como despacho macrista de operaciones electorales.

Finalmente, una propuesta concreta. “Lo mismo se puede decir del proyecto de Régimen Penal Juvenil que es mucho más que la baja de un año en la edad de imputabilidad para algunos delitos graves”. Era necesario desviar la atención del FMI y los empresarios que fugaron miles de millones, a los que ni mencionó. Ni a uno ni al otro. ¿Dónde poner entonces el eje de los problemas? El kirchnerismo primero, los “pibes chorros” después. Para contentar a una parte de su base social, no teniendo otra cosa que mostrar, el macrismo bullrichismo nos presenta su solución: reforzar la doctrina Chocobar… y el ajuste.

 

 

 

 

 

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