La demonización de la izquierda en la coyuntura nacional

Macartismo Sui Generis

La demonización de la izquierda en la coyuntura nacional - "La propiedad privada capitalista no puede estar sobre una necesidad básica, un derecho humano como lo es el tener un techo bajo el cual dormir. ¿Eso nos hace delincuentes, violentos y dignos de la persecución policial, judicial y mediática iniciada por el gobierno? Para muchos funcionarios y para la derecha son razones más que suficientes."

Rafael Ramirez

Corría los años 50 en Estados Unidos y cobraba notoriedad el nombre del Senador republicano Joseph McCarthy, quien emprendió una cruzada contra artistas de Hollywood, activistas de toda clase y funcionarios del estado acusándolos de “Comunistas” y de realizar actividades “antiestadounidenses”.

Si bien McCarthy nunca pudo probar ningún tipo de actividad ilegal o perjudicial para su país, su ofensiva tuvo un alto impacto político. Tanto, que el término “macartismo», utilizado para referirse a toda persecución a la izquierda marxista, sigue siendo parte del vocabulario político hasta hoy, 70 años después.

En Argentina el macartismo está a la orden del día. Esta semana luego de la represión y posterior desalojo a los vecinos de la toma en Guernica, el gobierno intensificó una campaña que había comenzado durante la ocupación con el siguiente contenido: «En la toma de Guernica hay personas con necesidades habitacionales, que el gobierno está resolviendo y hay personas influenciadas por la izquierda, que son utilizadas para fines políticos.»

Si bien se vieron a muchos peronistas honestos criticando al gobierno por la represión e incluso por la campaña contra “Los Troskos”, no es la primera vez que el peronismo echa mano al macartismo para desviar la atención de los verdaderos problemas.

Cuando en el tercer gobierno de Perón se criticaba el rumbo cada vez más derechista del gobierno y la burocracia sindical de la CGT, los medios afines y el propio General hablaban de los infiltrados marxistas en el movimiento para referirse a Montoneros y a otros sectores de La JP.

“Los piqueteros se mataron entre ellos” respondió Anibal Fernandez, en el 2002, cuando la policía asesinó a Maximiliano Kosteky y Dario Santillan. “La zurda loca de la Cuarta Internacional” decía Juan Belén de la CGT, enojado por la lucha de las comisiones internas de izquierda por la recomposición salarial. “Hay quienes hacía tiempo venían buscando un muerto” escupió Cristina luego de que mataron a Mariano Ferreyra intentando cínicamente echarle la culpa al propio trotskismo de que la burocracia sindical oficialista le haya matado un militante, mientras la policía ayudaba liberando la zona.

La actual campaña macartista del gobierno no tiene nada  nuevo: “Había dirigente de izquierda en el predio”, “Estuvieron buscando el conflicto”, “estaban preparados para resistir”, “¡utilizan a la gente!”, “realizan una acción psicológica para que la gente resista contra la policía”. Todas estas repugnantes declaraciones fueron dichas por Berni, Fernanda Vallejos, El Cuervo Larroque y no se diferencian de lo que podría haber dicho cualquier otro gobierno peronista o secretario general de la CGT en otro momento histórico.

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La particularidad de este contexto es que hay un 40% de pobres, una inflación y un dólar descontrolados, miles de personas perdiendo sus trabajos y quedando en la calle y la única salida que se le ocurrió al gobierno para resolver el problema de una toma con más de 2 mil familias fue la brutal e insensible represión a las familias sin techo.

Sabemos que hay muchos funcionarios recorriendo los medios que además de atacar a la izquierda, difunden falsamente que resolvieron el problema  de todo los que “verdaderamente tenían una necesidad habitacional”.

¿A ustedes les parece que alguien que tiene resuelta su “necesidad habitacional” se va a quedar durmiendo en la intemperie sin agua potable, ni cloaca, para esperar ser reprimido por la bonaerense? Por más “acción psicológica”, por más poderes telepáticos de persuasión que tengamos desde la izquierda, nadie en su sano juicio toma una tierra y espera bajo la intemperie una represión intentando resistir como puede si no está completamente empujado por la necesidad más acuciante, por la falta de cualquier otro lugar mejor donde vivir con su familia.

Entonces ¿Cuál fue el terrible delito que cometió la izquierda? Ahí contestarán a coro peronistas y macristas, progres y gorilas: “Cuestionar la propiedad privada”.

Resulta curioso que haya laburantes que realmente crean que cuando el gobierno habla de propiedad privada, está hablando de su casita, de su auto, del material de construcción para hacerse una habitación en el fondo del patio. Nunca estaríamos a favor de que alguien entre a la casa de un laburante y se quede con su casa o su terreno, que seguro le costó años conquistar.

La propiedad privada, que defienden los diferentes gobiernos y los medios afines, es la propiedad concentrada de los grandes empresarios. Como decía Marx en el Manifiesto Comunista, en la sociedad capitalista la propiedad privada ya está abolida para 9 de cada 10 personas. Es solo la propiedad de ese 10% más rico, la que defienden los medios y los partidos patronales, una propiedad que existe gracias a haber expropiado históricamente al otro 90% de la población.

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Otro de los grandes gritos de guerra cuando cuestionamos este punto se resumiría en la siguiente frase: «Puede no gustarles nuestro concepto de propiedad privada, pero está en la Constitución, lo que hacen las personas que toman tierras está fuera de la ley.»

Lo curioso es que el derecho a la vivienda figura dentro del artículo 25 de la Declaración Universal de Los Derechos Humanos, los que nuestro país adscribe y en el artículo 14 Bis de la Constitución Nacional. Ni los vecinos de la toma de Guernica ni la izquierda estábamos intentando violar la ley. Por el contrario, estábamos luchando para que se garantice un derecho que está siendo vulnerado, un derecho, que como todos, ganamos también, a través de la lucha.

La propiedad privada capitalista no puede estar sobre una necesidad básica, un derecho humano como lo es el tener un techo bajo el cual dormir. ¿Eso nos hace delincuentes, violentos y dignos de la persecución policial, judicial y mediática iniciada por el gobierno? Para muchos funcionarios y para la derecha son razones más que suficientes.

Proponemos que en vez de demonizar a la izquierda, gastar recursos del estado en pagarle a medios de comunicación para difundir mentiras y destinar recursos de los servicios de inteligencia y diferentes policías se busquen soluciones para las cientos de miles de personas que hoy no tienen donde dormir.

Argentina es el 7° país más grande del mundo, pero el 42° en el ranking de los que tienen mayor población. Eso significa que en este país, tierra es lo que sobra. No hay ninguna necesidad de que nadie duerma con su familia en la calle ni sea reprimido por Berni y la Bonaerense por intentar procurarse un pedacito de suelo.

Eso sí, habría que avanzar sobre la propiedad de quienes tienen mucho más de lo que necesitan y por experiencia, pero no creemos que el gobierno sea tan implacable en estos casos.

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