Marcelo Yunes
Intelectual marxista del Nuevo MAS

Tercera semana post PASO, tercera vuelta de la montaña rusa, cada vez a mayor velocidad. Primera semana, devaluación del 30%. Segunda semana, vuela por la ventana el ministro de Economía. La tercera semana ya hay que contarla por días.

Lunes: reunión de una misión de primer nivel del FMI con Alberto Fernández y su equipo, donde el número dos del Fondo, Alejandro Werner, le dice que hay “vacío de poder”, que Macri es un zombie y que el presidente “es usted”. Alberto, lógicamente, se niega a aceptar la responsabilidad por tomar decisiones. El desembolso de 5.400 millones del Fondo queda en el aire.

Martes: ante la confirmación oficial nada menos que del FMI de que Macri está pintado, comienza el pánico, crecen los retiros de depósitos en dólares y el Central quema reservas de a cientos de millones de dólares, mientras el dólar trepa y los bonos de deuda se desploman.

Miércoles: gobierno, “mercados” y el resto terminan de hacer las cuentas y crece la corrida. Ya no sólo contra el peso sino contra las reservas, los bonos y las acciones de las grandes empresas que cotizan en Wall Street. El gobierno suspende el pago del vencimiento de Letras del Tesoro y anuncia un “reperfilamiento” de deuda que equivale a… bueno, lo vemos enseguida.

 

Dos hojas de ruta calcadas: Lacunza y Fernández

Pero volvamos al comienzo de la semana. Ya era altamente sintomático que la misión del FMI encabezada por el director hemisférico y virtual número dos del organismo después de David Lipton, Alejandro Werner, pidiera reunión con Alberto Fernández como primer encuentro luego de llegar. Enseguida se supo por qué: contra los incautos del gobierno que creían que los enviados del Fondo estaban impactados con la marcha de los simios PRO el sábado, para el organismo Macri es un cadáver político. Querían hablar con Alberto porque, dijo Werner, “usted será el próximo presidente”. Punto, cambio y fuera. Buscaban su opinión sobre el próximo desembolso de 5.400 millones que debe hacer el Fondo, y se la dio: va a seguir el mismo camino que los aportes anteriores. Es decir, financiar la fuga de capitales.

Es posible que el gobierno haya recibido una filtración de que la guita del FMI no iba a llegar, o iba a llegar más tarde, o menos, o condicionada, y por lo tanto decidió adelantarse unos días (no más que eso) a un default de hecho. Veamos de qué se trata.

La deuda del Estado con los acreedores privados se divide en a) bonos de deuda de distintos plazos y tasas, pero en general con vencimientos largos (5 años y más), emitidos en dólares con jurisdicción legal en EEUU, a lo que hay que agregar, naturalmente, la deuda con el FMI, y b) deuda “local” del Tesoro en diversas Letras (Letes, Lecap), de muy corto plazo (entre 6 y 18 meses), emitidos tanto en pesos como en dólares (hay más rubros, pero los veremos más abajo).

¿Qué dijo el ministro Lacunza? Que el pago de los bonos “cortos” locales no será para todos igual. Los tenedores de bonos que son “personas humanas” (los financistas no son muy buenos en el manejo del idioma, parece) cobrarán el 100% al vencimiento, esto es, de manera normal. En cambio, las “personas jurídicas” (empresas y fondos de inversión) cobrarán al vencimiento original sólo el 15% de la letra; el 25% tres meses después y el 60% restante, seis meses después. ¿Y los bonos “largos”, con jurisdicción y acreedores extranjeros? Pues se “reperfilará” el esquema de pagos de manera “voluntaria, sin quita y sin reducción de tasa”. Hasta aquí, el anuncio.

Antes de explicar un poco esto, compárense estas medidas del gobierno con estos trascendidos periodísticos: “Quizá la misma semana posterior a las elecciones, está previsto viajar a Nueva York y Washington para reunirse con banqueros, fondos de inversión y funcionarios del Gobierno estadounidense y de los organismos multilaterales. Por ahora, hay más incógnitas que certezas. Por eso se están barajando hipótesis de reperfilamiento para la deuda soberana. Poco es lo que se sabe de esos ejercicios. ‘Todavía no hay nada’, dicen algunos de los especialistas que trabajan en la cercanía de Alberto. Pero lo que hasta ahora trascendió no es banal: 1) el default no es una posibilidad, siquiera remota; 2) en caso de tener que reperfilar, se tratará cada título en forma individual; 3) no habrá quita de capital; 4) cualquier acción será acordada con los acreedores” (A. Colle, Ámbito Financiero, 26-8-19). Como lo leen: la hoja de ruta de Alberto Fernández para después de las elecciones de octubre era casi equivalente a los anuncios del gobierno del miércoles 28.(1)

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La corrida contra las Letes

El fondo del problema es el de siempre: los dólares no alcanzan. Descontando por ahora el comercio exterior, hagamos la cuenta de las vías de salida: a) los pagos de deuda externa, b) los vencimientos de deuda local (en pesos y dólares), c) la demanda de dólares en el mercado cambiario, con la consiguiente fuga de divisas, incluidos los que sacan los dólares del banco y los guardan en el colchón, d) algo que todavía no se menciona pero que está ahí: las Leliq, que es deuda del Banco Central que sigue siendo una bomba amenazando estallar, y que representan masas de pesos que tranquilamente pueden ir al dólar. ¿Qué hay para frenar todo esto? Las reservas del Banco Central. ¿Alcanzan? Y, si viene todo junto, la verdad, no.

¿Por qué? Hagamos cuentas. Las reservas del BCRA son hoy de 57.000 millones de dólares (y vienen cayendo a un ritmo de 400 millones por día). Pero, como explicamos muchas veces, las reservas reales de libre disponibilidad son mucho menos, del orden de los 15.000 millones. Con eso no alcanza para pagar vencimientos y a la vez darle dólares a los que compran (o huyen) de aquí a octubre.

Eso es lo que eclosionó el miércoles, día en el que vencían Letras del Tesoro. Como dijimos, de esos vencimientos hay casi todas las semanas, porque son de plazo muy corto y el gobierno emitió una cantidad infernal de deuda con esas letras. Normalmente, esas letras operan como un plazo fijo: vencen, pero los dueños de esas letras no las retiran sino que las renuevan, porque la tasa de interés es muy atractiva. El índice de renovación (roll over) venía siendo muy alto hasta las PASO, más del 80%.(2) Esto significaba que a) había confianza en que el gobierno no metiera la pata y b) no había necesidad de desembolsar dinero para pagar los vencimientos.

Ahora bien, la tasa de interés promedio de esas Letras era del 7% anual (en dólares, recordemos). En el último vencimiento antes de las PASO se había renovado el 88%. ¿Y después? La renovación cayó al 5%. En criollo: nadie renovaba nada; todos cobraban el vencimiento y salían corriendo con los dólares, y las reservas del BCRA, mal, gracias. ¿Qué pasó el miércoles? Nadie quería renovar el vencimiento salvo que la tasa fuera del 35% anual (en letras a 30 días) o del 60% anual (a 90 días). ¡En dólares!

Aquí, el BCRA agitó la bandera blanca: convalidar esas tasas era declarar la ruina, y pagar todos los vencimientos equivalía a iniciar la corrida definitiva contra las reservas. De modo que Lacunza no tuvo más salida que este “reperfilamiento” forzado de todos los títulos de deuda (aunque lo único que tiene cronograma de pagos establecido son, justamente, las Letes que dispararon todo ahora).

 

Hay otro camino

No hace falta aclarar que las medidas de “reperfilamiento” (3) no son otra cosa que un manotazo de ahogado para ganar, en el mejor de los casos, semanas; en el peor, días… u horas. Por un lado, se trata de una propuesta que para tener una mínima viabilidad requiere de la buena voluntad de los acreedores externos, especialmente los grandes, incluido, desde ya, el FMI. Es una apuesta muy riesgosa, entre muchas otras cosas, porque se está abriendo la puerta para que otra vez se metan los fondos buitres a hacer negocios con la deuda argentina. Los bonos de deuda con legislación Nueva York cotizan a valores directamente de default, muchos por debajo del 50% del valor nominal. Y no hay mecanismo legal para impedirles la entrada.

Algunos economistas que quieren bien al gobierno (ya casi no quedan, es verdad) cuentan dentro del “poder de fuego” contra un corrida el resucitado superávit comercial, que este año superará los 10.000 millones de dólares. Lo que no consideran –además de obviar que ese superávit se debe al derrumbe de las importaciones, no a ningún “shock exportador”– es que esos dólares no se pueden contar porque nadie obliga a los exportadores a liquidarlos. El kirchnerismo les daba algunos meses; Macri primero estiró el plazo de liquidación de dólares del comercio exterior a un año, luego a dos y finalmente eliminó todo plazo. Que los traigan los nietos de los exportadores, si quieren. Muchos creían que entre las medidas anunciadas se iba a incluir el fin de este disparate. Nada.

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Como tampoco se tomó ninguna medida mínimamente protectora de las divisas como algún control básico de cambios. No hace falta Corea del Norte y un fanático del cepo K para darse cuenta de que en un país que vive pendiente de la entrada y salida de divisas no se puede permitir que cualquier especulador internacional entre y salga como quiera con cientos de millones. Nada. Los negocios de los amigos, parece, son sagrados.

Nos esperan más días y semanas de montaña rusa. El baile con la más fea recién está empezando. Como vimos, las “soluciones”-parches que se proponen de un lado y del otro son tan parecidas como ineficaces. De hecho, tanto desde el macrismo como desde el albertismo asumen que esto terminará, en cuanto al FMI se refiere, en el reemplazo del acuerdo stand by (corto) por uno de “facilidades extendidas”, de ocho a diez años.(4) Estamos a las puertas de una crisis todavía mucho mayor de lo que hemos visto hasta ahora. Se avecinan horas de enorme tensión. La crisis social, aunque contenida por las organizaciones como la de Grabois, puede pegar un salto si se espiraliza la inflación. Todas las opciones están sobre la mesa.

Ante esto, la única manera seria de parar la sangría y evitar el vaciamiento de divisas con su consecuente hiperinflación y lista de plagas para los sectores populares es reafirmar la absoluta soberanía del país sobre las divisas, sobre cada dólar que entra o salga. Eso implica, en primer lugar, repudiar ya el acuerdo con el FMI, recobrando el manejo soberano de los recursos esenciales del país –y las divisas vaya que lo son–  como condición primera para todo lo demás.(5) Y en segundo lugar, sacarnos de encima a los delincuentes, fugadores de divisas, especuladores y estafadores llamados bancos privados, nacionalizando el sistema bancario y cambiario e imponiendo el más estricto control de los trabajadores sobre todos los movimientos importantes. Es necesario explicar y convencer a la población de que su trabajo, su salario, su jubilación, sus ahorros y su tranquilidad dependen de sacar de las manos de los capitalistas el manejo de un resorte fundamental de la economía como es el stock de divisas. Tarea que no podrá quedar a cargo de ninguna de las alternativas capitalistas, sino de los mismos trabajadores y sus organizaciones.

 

Notas

  1. Mientras sigue el fuego cruzado electoral entre macrismo y albertismo por las responsabilidades de la crisis, el hecho de que el “paquete Lacunza” vaya al Congreso va a poner a prueba la famosa “construcción de consensos” alrededor de medidas que el propio candidato opositor defendía.
  2. Una medida de lo importantes que son estas Letras como mecanismo de financiamiento del gobierno y de lo eventualmente peligrosas que pueden ser es que entre los compromisos contraídos con el FMI se incluía la necesidad de que la renovación de Letes y Lecap fuera como mínimo del 55% en cada vencimiento, justamente para no comprometer las reservas.
  3. No hay más remedio que usar este estúpido anglicismo tomado de “reprofiling”. Ya es una costumbre insoportable de economistas y periodistas usar palabras traducidas del inglés a lo Tarzán y forzar la noble lengua castellana con esos híbridos. Disculpas por la inquietud estética en este contexto, pero no costaba nada usar la palabra “reprogramación”, si es que tanto les asusta “reestructuración”, que sugiere quita y esas cosas terribles que ni Macri ni Alberto quieren.
  4. En estos días, el ex director del BCRA bajo los K, hoy refugiado en el área económica de La Matanza, Roberto Feletti, reconoció que un acuerdo de facilidades extendidas (EFF) con el FMI, lejos de ser un bálsamo para la angustia popular, nos conducirá más bien “en el camino de Grecia”, es decir, ajuste sobre ajuste durante décadas. No para otra cosa se prepara el Fondo en su futura negociación con el gobierno ya electo.
  5. Incluso alguien tan insospechado de “rupturista” como el muy responsable Juan Grabois afirmó que no coincide con la definición pusilánime (el adjetivo es nuestro, claro) de Alberto Fernández sobre “cumplir todos los compromisos”, ya que, según sostuvo, “al FMI no hay que pagarle porque prestó de manera irresponsable”.

 

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