José Luis Rojo
Redacción Semanario Socialismo o Barbarie.


 

“La ilusión sostenida por la burguesía en su lucha por el poder (y más aún, por una burguesía en el poder) de que el parlamento es el eje central de la vida social y la fuerza decisiva de la historia mundial no sólo es algo históricamente [explicable] sino además, necesario. Es una noción que naturalmente desemboca en un espléndido ‘cretinismo parlamentario’ que no puede ver más allá [del] parloteo de algunos cientos de parlamentarios en una asamblea legislativa, hacia las gigantescas fuerzas de la historia mundial, fuerzas que están trabajando afuera, en el seno del desarrollo social, y que no le dan la menor importancia a su creación legal parlamentaria”. (Rosa Luxemburgo citada en Cuestiones de estrategia. Reivindicaciones, partido y poder, Gallo Rojo, 2018, pp. 49)

Los hechos son testarudos y marcan que Del Caño obtuvo 550.000 votos, algo más que el 2% de los votos a la categoría a presidente, la peor elección del FIT desde el 2011 (a pesar de que sumó una fuerza más).

Sin que perdamos de vista el contexto objetivo de gran polarización, para nosotros es evidente que existen claras responsabilidades del mismo FIT en estos resultados; entre otras cosas por haberse esmerado en mantener la división de la izquierda.

Desde ya, por otra parte, que el análisis de una campaña electoral no debería medirse centralmente en votos. Sin embargo, al ser la campaña del FIT-U tan oportunista, tan volcada al poroterismo, no hay manera de escapar a los resultados.

Y los resultados han sido tan magros que han dejando en cierto modo en falta al conjunto de la izquierda al tener una performance tan débil (sin excluir en esto el débil impacto de Del Caño en dos debates presidenciales sucesivos[1]).

Pero no queremos echarle la culpa aquí a Del Caño, que no la tiene, ni tampoco extendernos en los resultados meramente numéricos (análisis que realizamos en otras notas en esta edición), sino dar cuenta del proceso inercial que arrastra el FIT-U, así como el propio PTS que lo hegemoniza.

Sacar lecciones de este curso oportunista sin por ello hacer demagogia sectaria que dificulte el objetivo de ampliar la influencia de la izquierda entre amplios sectores, es el objetivo de esta nota.

 

Estrategia y táctica

Comencemos por lo más general. La política de los revolucionarios hacia las instituciones parlamentarias es muy compleja; está caracterizada por tensiones contradictorias.

Por un lado, se trata de entender que el abordaje de nuestra participación legislativa es táctica; que lo estratégico y lo que puede mover montañas está en la calle, en las fuerzas sociales extraparlamentarias que mueven la historia.

Sin embargo, y por otro lado, la representación parlamentaria es muy importante tácticamente para referenciarnos políticamente en nuestra acción, en la lucha por la representación política de las grandes masas.

Es decir, para que los trabajadores tengan un punto de referencia independiente y revolucionario, socialista, que los ayude a procesar su experiencia con las fuerzas del sistema.

Aquí las simples palabras estrategia y táctica son importantísimas para no confundir los planos de nuestra acción. Es que cuando hablamos de representación parlamentaria seguimos hablando, de todos modos, de instituciones que no son nuestras, que nos son ajenas, en las que debemos participar pero jamás perdiendo de vista que se apoyan en una forma de representación que diluye a los trabajadores y que los expropia de su representación real, la que sólo se puede obtener en la acción directa construyendo sus propios organismos.

Lo táctico es nuestra participación “institucional” por así decirlo; lo estratégico es alentar las luchas, organización y conciencia de la clase obrera. Estas son las exigencias contradictorias que resumen una política parlamentaria revolucionaria.

Estas consideraciones generales deben permitirnos precisar los criterios en cada caso. De ahí también, que en el fondo, la participación parlamentaria y electoral en general de los revolucionarios, tenga como objetivo principal la educación política de las más grandes masas por encima de cualquier logro en materia de representación (Rosa Luxemburgo, dixit).

Desde ya que dicha representación –cargos- es muy importante porque permiten cristalizar un punto de apoyo a partir del cual presentar nuestra política; trazar una raya con las fuerzas burguesas a escala de masas (nada secundario o que pueda despreciarse de manera infantil).

Sin embargo, son los objetivos estratégicos los que deben marcan siempre el orden de prelación a la hora de nuestra actuación política general en estas instituciones y/o en la campaña electoral.

Nada de esto quiere decir ser sectarios. Perder de vista que cuando nos dirigimos al público amplio hay mediaciones, un lenguaje determinado para ser comprensibles, etcétera; insistimos: nada que se pueda resolver con recetas sectarias.

Sin embargo, incluso evitando la cómoda lógica sectaria de pequeño grupo estamos obligados a cuidar determinados parámetros; más aún cuando obtenemos votos y representaciones (o cuando se mantiene un frente electoral por muchos años que no avanza hacia un escalón más orgánico; que se transforma en una mera cooperativa electoral).

 

Algunos ejemplos de la actuación del PTS

¿A qué viene todo esto? Viene a cuento de las opciones de política electoral que han marcado al FIT-U bajo la hegemonía del PTS (por no olvidarnos de criterios idénticos anteriormente bajo el PO y Altamira).

No vamos a volver a repetir aquí la política ultimatista falsamente “unitaria” de haber privilegiado un acuerdo con el MST –la organización más desprestigiada de la izquierda- y no con nuestro partido en oportunidad del período previo a agosto.

Tampoco haber desconsiderado completamente colocar una candidata mujer cuando el movimiento de mujeres ha sido uno de los más dinámicos en los últimos años. Acotación al margen respecto de lo táctico y estratégico, esto se hizo (excluyendo aquí siquiera ir a internas con nuestra compañera Manuela Castañeira) porque Del Caño “medía mejor”, cuestión que debe atenderse, en todo caso, pero siempre subordinada a las consideraciones de la lucha de clases más generales.

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Y esas consideraciones marcan que en esta elección no apostar a una compañera mujer era, en cierto modo, un crimen político. Una falta total y completa de sensibilidad política, priorizando las necesidades de aparato por encima de cualquier otra consideración.

Otro caso de ceguera política ha sido la falta de perfil anticapitalista en la campaña del FIT-U. Otro tema discutible, quizás, que en gran medida tiene que ver con que a las fuerzas que lo integran les parece “propagandístico” el objetivo general planteado siempre por el marxismo revolucionario en las campañas electorales de educar políticamente a las masas.

Pero si nos desplazamos a algunos problemas más profundos ya las cosas se complican mucho más. El FIT-U fue sometido a una fuerte presión parlamentaria para votar en favor de la “emergencia alimentaria” en unidad nacional con todas las fuerzas burguesas.

Aquí hay varias cuestiones a tener en cuenta. Una primera no menor es que los movimientos de desocupados poseen necesidades impostergables. Sin embargo, dada la dirección mayoritaria que poseen, esas necesidades se resuelven de manera corporativa (facilitándole a la burguesía que los oponga al resto de los movimientos de trabajadores).

Segundo, el hecho que la burguesía en pleno se orientaba a votar a favor de la emergencia alimentaria y absteniéndose hubiera sido suficiente para no mezclar las banderas de clase; para no caer en la trampa de sus lágrimas de cocodrilo por la “pobreza” sin dejar a estos sectores sin su reivindicación.

Las razones para haber votado con la burguesía pueden tener muchas justificaciones, pero hay algo que es evidente: se tuvo temor de quedar mal parados frente a la opinión pública (que la burguesía apareciera “satisfaciendo” un reclamo sin que la izquierda fuera de la partida).

Las presiones de la opinión pública sobre las fuerzas con representación parlamentaria de la izquierda existen y se hacen valer en cuanto se obtienen cargos; esto es algo que no se puede negar.

Pero para enfrentarla correctamente es necesario tener presente la cuestión y no invertir el orden de prelación: la presión de la opinión pública no puede hacer que perdamos nuestros objetivos estratégicos (un elemento clásico de adaptación oportunista).

Sin duda se temió perder votos si se votaba distinto. O, quizás, se temió quedar “sectarios” con los movimientos sociales. Sin embargo, hay veces que no hay forma de no ir contra la corriente hasta por el hecho que nuestro programa es el trabajo genuino.

La presión de la opinión pública, el criterio electoralista, el temor de ir contra la corriente son otras tantas presiones cuando se obtienen cargos parlamentarios.

Se tiene, así, el peligro de cambiar el carril de nuestra acción pasando de un criterio fundado en las luchas de los trabajadores a otro vinculado a la legitimación electoral[2].

El segundo ejemplo de esta línea de menor resistencia es la manera en que el PTS encara la necesidad de tener parlamentarios. Insistimos que la representación parlamentaria de la izquierda es una necesidad para transformarnos en una fuerza de masas; algo que no se logrará con recetas sectarias.

Sin embargo, eso no quiere decir que este objetivo deba hacerse valer a como dé; ni tampoco generar falsas ideologías al respecto.

Por eso, todavía resuena el exabrupto de Del Caño -en polémica con nuestra compañera Manuela Castañeira- en oportunidad de la represión en Pepsico, donde afirmó que “con 20 diputados esto no hubiera ocurrido”…

Más allá de los delirios del PTS acerca de con cuántos diputados estaban soñando en dicha elección, la afirmación de Del Caño maleduca electoralísticamente porque, eventualmente, la única manera de evitar esa represión (e incluso ganar el conflicto), hubiera sido un paro nacional del gremio o una huelga general.

Algo que de momento la izquierda no está en condiciones de imponer, pero que las representaciones de la izquierda deberían facilitar plantear.

Luego está el no haber denunciado el pacto social que viene durante la última campaña y en los debates presidenciales, lo mismo que haber alentado el corte de boleta.

Aquí se combinan dos cuestiones de índole distinta pero que tienen ambas la marca del oportunismo: anteponer las cuestiones tácticas a las estratégicas.

Denunciar el pacto social frente a un público esperanzado en Fernández, no era fácil. Como ya señalamos, no se trata de obtener cargos para hacer sectariadas, lo que sería criminal.

Cuando se obtiene representaciones se está obligado a dialogar con la conciencia y expectativas de las masas. Sin embargo, el punto de vista principal, estratégico, es siempre partir de las necesidades que tienen los trabajadores (más allá que tengan conciencia de ellas o no).

Teniendo en cuenta los desarrollos de la conciencia, lo que no se puede hacer es no alertar sobre lo que se viene, salvo que lo que dominen sean consideraciones electoralista, es decir, nuevamente tácticas, para no malquistarse con el votante K al que, por añadidura, se la va a pedir el corte de boleta…

Precisamente, el colmo del oportunismo estuvo en la campaña llamando al corte de boleta. Se buscó a toda costa encabezar la fórmula presidencial del FIT-U. Se negó rotundamente ir a internas abiertas con nuestro partido. Se hicieron una y mil maniobras para lograr esa ubicación y cuando llega el momento de hacerla valer en medio de la polarización, se defeccionó vergonzosamente.

Aquí de vuelta, siguiendo el mismo patrón oportunista, los objetivos tácticos se pudieron por encima de las perspectivas estratégicas.

¿Que la polarización era muy fuerte? Evidentemente. ¿Que cuando vamos a una campaña electoral queremos obtener representaciones? Desde ya. Pero esto no puede hacerse a expensas de las perspectivas estratégicas: cuando Del Caño en un debate presidencial con 30 puntos de rating llama al corte de boleta… ¡lo que está llamando es a que no lo voten a él!

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Más allá de la estupidez de un candidato que llama a que no lo voten, está el problema político de que en vez de plantarse contra viento y marea cuando la tempestad viene en contra, adoptar la línea de menor resistencia para satisfacer las necesidades del aparato, sólo puede dejar por el camino la perspectiva estratégica de lucha por la independencia de clase de los trabajadores en función de ganancias tácticas (cargos parlamentarios).

Se renunció así, repetimos, al objetivo principal de una campaña electoral de la izquierda: el trazar una raya de clase con los candidatos patronales.

 

La lógica insensible de la adaptación

La educación política del PTS dificulta enfrentar estos problemas. Es un grupo autoproclamatorio que se cree “inmunizado” frente al oportunismo, lo que agiganta su ceguera frente a las presiones a las cuales está sometido y que no tiene un atajo sectario para ser resueltas (por ejemplo, una lógica de autoconstrucción como si el partido fuera una “cosa” y no una relación social).

Por otra parte, y más grave aún si se quiere, el PTS es una fuerza completamente instrumental[3]. Su criterio es “haz lo que yo digo pero no lo que yo hago”, en una suerte de mal interpretación de Trotsky que supuestamente afirmaría que “el fin justificaría los medios”, perdiendo de vista que medios rancios también arruinan el fin[4].

Siempre hemos señalado que el PTS carece de un balance del estalinisimo y este fardo se hace valer en su acción cotidiana. Hagamos o digamos cualquier cosa si lo dice el “único partido revolucionario”, está bien…

El instrumentalismo, la falta de puntos de referencias más objetivos, el vale todo, etcétera, son elementos que pueden derivar en el oportunismo más crudo.

Pero aquí nos queremos referir a otra cosa. Al hecho que los mecanismos de adaptación al régimen se hacen valer de manera sutil; ninguna fuerza puede estar “inmunizada” frente a ellos y menos que menos cuando se tiene cierta representación electoral.

La sutileza aquí la explicaron muchas veces Rosa, Lenin y Trotsky. Pero hay que experimentarla para entenderla. De ahí que muchas veces parece que nos tropezamos con la misma piedra.

En el caso del PTS existen varios problemas superpuestos; la mayoría de ellos quizás parezcan “nimios”. Cierta pérdida del criterio militante. Una adaptación demasiado sesgada a las redes sociales. El abandono del trabajo “persona a persona” por la instalación mediática. El forjar la militancia de manera desligada o de espaldas, muchas veces, de las luchas reales. Mucho focus grups y cero campaña militante. Mucho doble discurso (se dice algo para adentro y otra cosa para afuera, por lo cual se pierde la verificación de la política en la acción y el diálogo con los demás), etcétera.

Es decir: un conjunto de problemas que sin darnos cuenta nos hacen circular “por otro carril”. Atención: es compleja la cosa porque cuando dejamos de ser grupos de propaganda y pasamos a ser organizaciones de vanguardia y ni hablar si adquirimos influencia de masas, las escalas y problemas son otros, cambian de naturaleza. Y negarse a dejar de ser un pequeño grupo por los peligros que esto entraña es lo más reaccionario que hay.

Sin embargo, cuando la escala de nuestra actuación se amplía lo mismo que nuestros interlocutores, cuando los compañeros y compañeras que se suman vienen de ámbitos más amplios y menos politizados, cuando adquirimos representación parlamentaria y recorremos día y noche los medios y nos codeamos con los dirigentes de las fuerzas burguesas, lo que hay que cuidar es no perder los carriles de nuestra construcción.

En otros textos ya hablamos de esta idea del extraordinario historiador de la ex URSS, Moshe Lewin, cuando señala agudamente que el proceso de burocratización (en este caso sería de adaptación oportunista) devino, justamente, de este cambio de carril: el pasaje de la prioridad en la construcción política entre las grandes masas y sus luchas a privilegiar el aparato de Estado como punto de apoyo.

Más allá de la desproporción en la comparación, la metáfora nos parece útil y es exactamente igual al alerta que nos hacía Rosa: hay que apostar a una amplia influencia entre las masas trabajadoras, asumir los riesgos y desafíos que esto implica en materia de representación parlamentaria, pero siendo conscientes y educando que para que esto llegue a buen puerto no se deben perder los carriles estratégicos de nuestra construcción, que es el trabajo de base entre los trabajadores, las mujeres y la juventud.

La educación política instrumental y autoproclamatoria del PTS no ayuda a esto y ha llevado a una crisis al propio FIT.

 

 

[1] Nuestra apreciación es que la figura de Del Caño salió debilitada de la ronda electoral. Esto por razones centralmente políticas, de las cuales es responsable la dirección del PTS, como así también por el hecho que le faltan atributos activistas que lo harían una figura más fuerte. Esta no es solamente una opinión nuestra, sino que se ha extendiendo ampliamente entre el electorado de izquierda y más allá.

[2] Volveremos más abajo sobre esta idea del cambio de carril de nuestra acción que tiene que ver con la apuesta a las luchas y la acción directa reemplazada por la legitimación de la opinión pública y electoral (una actividad que se hace con encuestas en la mano y focus grups y no con trabajo de base).

[3] Instrumentalizar es utilizar una circunstancia y/o situación para fines completamente distintos a los que se supone deberían servir.

[4] Suponemos que esto se debe, quizás, a una lectura equivocada de textos muy valiosos de Trotsky como Su moral y la nuestra, entre otras muchas razones.

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1 COMENTARIO

  1. creo que a la izquierda ortodoxa le sigue faltando mas oportunismo. O en lugar de usar esa palabra que suena tan irreverente a los clasicos , le sigue faltando arriesgarse mas en politica, en vez de estar revisando cada tactica «a ver que dijo trotsky en el 1920… » Vivimos en el pais por antonomasia de conciliacion de clases, historizado por el peronismo!! Alcanza y sobra con el clasismo como limite programatico. Ademas, todo el mundo (que mira la politica) anunciaba esta tremenda polarizacion, que no nos salvaba ni ampliar el frente con mas trotkistas ni con Manuela. Ademas, si, es cierto que las situaciones se definen en la calle (eso no sucede hoy aca) Unanse con la izquierda que reclame serlo !!! dejen de sentirse autodesignados, como le reclaman a del cano. Fraternalmente Ca

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