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La economía neoclásica considera a la productividad total de factores (PTF) como la gran medida de la innovación y el cambio tecnológico. Robert Solow en los 50 encontró un “residuo” en la medida del crecimiento de la productividad, asociada al número de horas- trabajador y la inversión de capital por hora-trabajador, que se denominó “residuo de Solow” y posteriormente PTF.

Aunque este concepto es como mínimo problemático, ya que es impreciso en su alcance, no nos queremos detener aquí en este punto, sino sólo tomar nota de que los efectos de las nuevas tecnologías de información y comunicación (TIC) que se dieron en llamar la Tercera Revolución Industrial se ven reflejadas, a través de esta medida, sólo en el período 1994-2004, a pesar de su aparición en los 70. En la década siguiente, el crecimiento de la productividad se redujo a la mitad, el menor desde que se registra dicho índice.

Gordon fundamenta su pesimismo en que “el cambio revolucionario de las TIC tuvo un efecto limitado a escala global, porque su campo de acción es limitado: los electrodomésticos son mejores de los que nacieron en los 50, al igual que los autos, pero no son una ruptura con lo anterior: no comemos ni nos vestimos con computadoras, no nos llevan al trabajo ni evitan que vayamos al médico o al peluquero; las computadoras no están en todas partes. A partir de este mundo de los 70, en 2000 todas las oficinas estaban equipadas con computadoras personales conectadas a la web que no sólo podían realizar tareas de procesamiento de textos, sino que también podían realizar cualquier tipo de cálculo a una velocidad deslumbrante, así como descargar múltiples variedades de contenido. Para 2005, las pantallas planas habían completado la transición a la oficina moderna, y el servicio de banda ancha había reemplazado el servicio de acceso telefónico en el hogar. Pero luego el progreso se ralentizó. En todo el mundo, el equipo utilizado en el trabajo de oficina y la productividad de los empleados de oficina se parece mucho al de hace una década”.

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Muchos supermercados tienen cajeros que permiten a los clientes escanear sus compras a través de una terminal independiente y pagarle. Pero a excepción de los pedidos pequeños, hacerlo lleva más tiempo, y los clientes aún esperan de forma voluntaria una persona en lugar de tomar la opción del carril de autopago sin esperar. Amazon acaba de inaugurar un local de venta de alimentos y comida sin cajas: el cliente entra, elige su compra y se va; sólo debe tener una cuenta en Amazon y su app instalada en el celular. Pero sigue habiendo trabajadores, que deben controlar que los clientes no sean menores de edad y el funcionamiento del local.

Sin tanta pretensión tecnológica ni titulares de diarios, los locales de comida rápida de Japón presentan una especie de cajero donde se elige la comida y se paga. Luego un trabajador prepara la comida, la sirve y limpia, todo rápidamente: la flexibilización laboral a la enésima potencia, ésa es la función de la máquina allí. No hay robot que pueda elaborar la comida antes en un lugar centralizado, ni otro que la lleve al local, ni otro que la descargue, para que luego otro trabajador le dé el toque final.

La manera que han encontrado los tecno-optimistas de superar la contradicción entre los avances de la inteligencia artificial para imitar y superar la actividad humana, frente al lento crecimiento de la PTF en la última década, ha sido cuestionar su medida, como hemos visto, pero de manera inconsistente. La pérdida de puestos de trabajo por computadoras ha estado ocurriendo durante más de cinco décadas, y la sustitución de los trabajos humanos por las máquinas en general ha estado sucediendo durante más de dos siglos. Ocupaciones tales como asesores financieros, analistas de crédito, agentes de seguros y otros están en proceso de ser reemplazados, y estos trabajadores desplazados siguen los pasos de las víctimas de la web que perdieron sus empleos en las últimas dos décadas, incluyendo agentes de viajes, vendedores de enciclopedias y empleados de Blockbuster.

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Ante los alarmistas de la innovación que escriben artículos con títulos como “Cómo se están apoderando los robots y algoritmos del trabajo humano”, Gordon propone el juego de “encontrar al robot”: además del cajero automático, encuentra las máquinas de check-in en los aeropuertos, al igual que los sitios web de las aerolíneas. Sin embargo, el resto de los empleados necesarios para operar una línea aérea todavía están allí, incluidos los maleteros, los asistentes de vuelo, los pilotos, los controladores de tráfico aéreo y los agentes de entrada. Los empleados de la tienda y los conductores de los camiones de reparto todavía colocan los productos en las estanterías de los supermercados, las cajas en los mercados minoristas todavía están ocupadas por empleados en lugar de robots, y las rutas de autopago son escasas. Médicos, enfermeros y peluqueros siguen siendo exclusivamente trabajadores, al igual que los restaurantes con sus cocineros y camareros. Los hoteles aún tienen personal de recepción, y si ofrecen servicio a la habitación, es entregado por humanos en lugar de robots.

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