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Los avances futuros que Brynjolfsson, McAfee y otros “futurólogos” predicen se pueden resumir en robots pequeños e impresión 3D, big data, inteligencia artificial y vehículos sin conductor. Veámoslos más de cerca.

Los robots industriales fueron introducidos en el sector automotriz en la década del 60. A mediados de la década del 90, los robots soldaban piezas de automóviles y los pintaban. Ahora son más pequeños y más capaces gracias al aumento exponencial de la capacidad de las computadoras, las comunicaciones inalámbricas y la conexión por internet. Sin embargo, todo ha avanzado mucho más que la capacidad de los robots de copiar los movimientos de los trabajadores. Su ocupación se ha expandido al área de servicios, pero según Gordon “es en esos sectores donde la lentitud del crecimiento de la productividad es un problema. Por ejemplo, considere la tarea de doblar ropa, que es simple y rutinaria para los humanos sin importar su nivel de educación. Ninguna máquina puede igualar la destreza de un ser humano y las habilidades para resolver problemas cuando ataca una pila de ropa de diferentes tipos de telas y peso”.

La impresión 3D es otra revolución descrita por los tecno-optimistas con potencial para el proceso de diseño de nuevos productos a medida con un costo relativamente bajo. Pero de nuevo “no se espera que la impresión 3D tenga mucho efecto en la producción en masa y, por lo tanto, en cómo se producen la mayoría de los bienes de consumo de EEUU”.

El eje de los optimistas radica en la creciente sofisticación y asimilación a las capacidades humanas de las computadoras que a menudo se describe como “inteligencia artificial”, aunque ya hemos visto sus límites. Las computadoras leen millones de documentos y los clasifican por relevancia sin cansarse o distraerse. A medida que el poder analítico se expande, las computadoras se acercarán más al corazón de lo que hacen los abogados, al aconsejar mejor que los abogados sobre si demandar, conformarse o ir a juicio.

Estos ejemplos de tecnología de búsqueda avanzada e inteligencia artificial de hecho están sucediendo ahora, pero no son nada nuevo. Lo nuevo es la cantidad de datos electrónicos que están disponibles, sin haber sacado al crecimiento de la productividad de su letargo posterior a 1970, a excepción del período de 1994-2004. La fuerte desaceleración en el crecimiento de la productividad en los últimos años se ha superpuesto con la introducción de teléfonos inteligentes e iPads, que consumen grandes cantidades de datos.

En cuanto a los automóviles sin conductor, sus beneficios son menores en comparación con la invención del automóvil mismo o las mejoras en seguridad que han tenido. Esta tecnología también podría ayudar a compartirlo en las ciudades y reducir el consumo de combustible, la contaminación del aire y la cantidad de terreno dedicado al estacionamiento, todo lo cual debería ser positivo, pero más para la calidad de vida que para la productividad.

Eso nos deja la potencial ventaja de productividad futura que ofrecen los camiones sin conductor. Nuevamente, para Gordon “conducir de un lugar a otro es sólo la mitad de lo que hacen muchos camioneros, ya que los conductores son responsables de cargar las cajas de Coca-Cola o las pilas de panes de pan en las plataformas y colocarlas manualmente en los estantes de las tiendas. De hecho, es notable en esta fase tardía de la revolución informática que casi toda la colocación de latas, botellas y tubos de productos individuales en estantes minoristas se logra hoy en día por humanos en lugar de robots”. Como señala Autor, el automóvil experimental de Google “no conduce en las carreteras”, sino que procede comparando los datos de sus sensores con “mapas minuciosamente curados a mano”. Cualquier desviación del entorno real de los mapas procesados, como un desvío de la ruta o un guardia de cruce en lugar de la señal de tránsito esperada, hace que el software de manejo se bloquee y requiera la reanudación instantánea del control por el conductor humano.

En 1986 Ernest Mandel analizaba el futuro del trabajo humano frente a la amenaza de la robotización y automatización. Señalaba que a corto y mediano plazo, el efecto de éstas fue prácticamente nulo hasta principios de los años 70, seguía siendo modesto y lo seguiría siendo en el futuro. Y que “recientes estudios de la OCDE predicen que la robotización eliminará entre el 4% y el 8% de los trabajos existentes en los países occidentales”, por lo que aun en el escenario más pesimista no se podía hablar de un declive del proletariado, sin por ello subestimar el alcance del desempleo masivo por la disminución de las tasas de crecimiento y por el crecimiento demográfico y tener en cuenta los efectos específicos en ramas como la automotriz, donde la robotización era amenazante, como ya había sido una realidad en la construcción naval.

Analizando las tendencias contradictorias, impulsoras de la sociedad burguesa, como la tendencia del capital a aumentar la producción de plusvalía relativa, es decir, el desarrollo de las fuerzas productivas objetivas como máquinas, robots y automatización, y por otro lado la presión opuesta que resulta de la lucha entre el capital y el trabajo, se planteaba que si hay sustitución masiva de robots sobre el trabajo vivo, conduciendo a un declive masivo y absoluto de la clase trabajadora, no es sólo su futuro como clase y el socialismo lo que está amenazado, sino también la mera supervivencia de la economía de mercado capitalista, con la desaparición de la ganancia, el dinero y el capital.

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Ya entonces, hace más de 30 años, Mandel trataba la “singularidad” de las máquinas inteligentes construidas por otras máquinas, de manera autónoma de los seres humanos, que alcanzarían mayor inteligencia que sus creadores originales, y que podrían por lo tanto escapar del control de la humanidad. Sin descartar esta posibilidad, planteaba que si la humanidad se convirtiera en dueña de su destino, no habría peligro de que deviniese esclava de las computadoras pensantes, pero que si no lograba convertirse en dueña de su sociedad, las amenazas eran innumerables: el riesgo de la muerte atómica, de la destrucción ecológica, la pobreza masiva y el declive de las libertades, siendo la posible esclavitud por las máquinas sólo una de ellas, y acaso la menos probable.

¿Qué análisis podemos hacer hoy después de tantos avances espectaculares, pero al mismo tiempo profecías incumplidas y augurios amenazantes? La producción capitalista no se trata sólo de proceso de trabajo, sino a la vez de proceso de valorización del capital, ahora y antes, y para ello los capitalistas introducen máquinas que puedan aumentar la productividad de cada trabajador y reducir los costos en comparación con sus competidores. Éste es el gran papel revolucionario del capitalismo en el desarrollo de las fuerzas productivas disponibles para la sociedad. Pero al tratar de aumentar la productividad del trabajo con la introducción de la tecnología, ésta reemplaza al trabajo. El aumento de la productividad puede conducir a una mayor producción y eventualmente abrir nuevos sectores de empleo. Pero, con el tiempo, un “sesgo de capital” o disminución de mano de obra significa que se crea menos valor nuevo (ya que la mano de obra es la única forma de valor) en relación con el costo del capital invertido. Hay una tendencia a que la rentabilidad disminuya a medida que aumenta la productividad. A su vez, eso lleva eventualmente a una crisis en la producción que detiene o incluso revierte la ganancia en la producción de la nueva tecnología. Esto se debe únicamente a que la inversión y la producción dependen de la rentabilidad del capital, de modo que una economía cada vez más dominada por Internet de las cosas y robots, bajo el capitalismo, significará crisis más intensas y una mayor desigualdad en lugar de superabundancia y prosperidad.

Hay dos proposiciones centrales en Marx para explicar las leyes del movimiento bajo el capitalismo: 1) sólo el trabajo humano crea valor y 2) con el tiempo, la inversión de los capitalistas en tecnología y medios de producción sobrepasará la inversión en mano de obra humana: en palabras de Marx, habrá un aumento en la composición orgánica del capital a lo largo del tiempo.

La inversión en el capitalismo tiene lugar sólo con fines de lucro, no para aumentar la producción o la productividad como tal. Al igual que todo otro desarrollo de la fuerza productiva del trabajo, la maquinaria debe abaratar las mercancías y reducir la parte de la jornada laboral que el obrero necesita para sí, prolongando, de esta suerte, la otra parte de la jornada de trabajo, la que el obrero cede gratuitamente al capitalista. Es un medio para la producción de plusvalor.

Si el beneficio no puede aumentarse suficientemente a través de más horas de trabajo (es decir, más trabajadores y más horas) o intensificando los esfuerzos (velocidad y eficiencia, tiempo y movimiento), la productividad del trabajo (más valor por hora de trabajo) sólo puede aumentarse vía la tecnología. Entonces, en términos marxistas, la composición orgánica del capital (la cantidad de maquinaria y planta en relación con el número de trabajadores) aumentará secularmente. Los trabajadores pueden luchar para mantener la mayor parte del valor nuevo que han creado como parte de su “compensación”, pero el capitalismo sólo invertirá para el crecimiento si esa participación salarial no aumenta tanto que hace que la rentabilidad disminuya. De modo que la acumulación capitalista implica la necesidad de una participación decreciente en el trabajo a lo largo del tiempo, o lo que Marx llamaría una tasa creciente de explotación (o plusvalor).

Esto plantea la contradicción clave de la producción capitalista: el aumento de la inversión en capital conduce a la caída de la rentabilidad, que periódicamente detiene la producción y el crecimiento de la productividad. Pero, ¿qué pasaría si entramos en un futuro de ciencia ficción, donde la robótica y la inteligencia artificial llevan a robots que fabrican robots, extraen materias primas y hacen los servicios personales y públicos para que el trabajo humano ya no exista?

Sin duda, el valor ha sido agregado por la conversión de materias primas en bienes sin la participación de humanos. ¿Eso negaría el postulado marxista de que sólo el trabajo humano puede crear valor? Pero esto confunde la naturaleza dual del valor bajo el capitalismo. Hay valor de uso (cosas y servicios que las personas necesitan) y valor de cambio (el valor medido en tiempo de trabajo y apropiado por los propietarios del capital y realizado en el mercado). En cada producto bajo el modo de producción capitalista, existe tanto el valor de uso como el valor de cambio: son las dos caras de la misma moneda. Pero es el segundo el que gobierna el proceso de inversión y producción capitalista, no el primero.

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El valor es específico del capitalismo. El trabajo vivo puede crear cosas y servicios. Pero el valor es la sustancia del modo capitalista de producir. Los capitalistas controlan los medios de producción creados por el trabajo, y sólo lo usarán para apropiarse del valor creado por el trabajo. El capital no crea valor en sí mismo. La acumulación bajo el capitalismo cesaría mucho antes de que los robots se hicieran cargo totalmente, porque la rentabilidad desaparecería.

La ley de movimiento más importante bajo el capitalismo, como la llamó Marx, es la tendencia a la caída de la tasa de ganancia. A medida que aumenta la tecnología capitalizada, la composición orgánica del capital también aumentaría y, por lo tanto, la mano de obra eventualmente crearía un valor insuficiente para mantener la rentabilidad. Marx también explicitó algunas causas contrarrestantes: el aumento de la explotación del trabajo, la reducción del salario por debajo de su valor, el abaratamiento del capital constante, la sobrepoblación relativa, el comercio exterior, dando cuenta de las razones de por qué la baja de la tasa no era mayor o más rápida. Pero, para actuar, debería haber un mínimo de rentabilidad; bajo el capitalismo la automatización completa implica la desaparición de la economía de mercado, el dinero, las ganancias y el capital.

Michael Roberts considera el un “hipotético mundo global de robots/IA” en el cual “la productividad (de los valores de uso) tenderá al infinito mientras que la rentabilidad (valor excedente al valor del capital) tenderá a cero. El trabajo humano ya no sería empleado y explotado por el capital. En cambio, los robots harían todo. Esto ya no es capitalismo. Creo que la analogía es más con una economía de esclavos como en la antigua Roma. En la antigua Roma, a lo largo de cientos de años, la antigua economía campesina predominantemente pequeña fue reemplazada por esclavos en la minería, la agricultura y todo tipo de otras tareas. Esto sucedió porque el botín de las guerras exitosas que la República romana y el Imperio llevaron a cabo incluía un suministro masivo de mano de obra esclava. El costo para los dueños de esclavos fue increíblemente barato (…). Los dueños de esclavos expulsaron a los granjeros de sus tierras a través de una combinación de demandas de deudas, requisiciones en guerras y pura violencia. Los antiguos campesinos y sus familias fueron forzados a la esclavitud ellos mismos o ir a las ciudades, donde se ganaban la vida con tareas domésticas y habilidades o mendigaban. La lucha de clases no terminó. La lucha fue entre los aristócratas esclavistas y los esclavos y entre los aristócratas y la plebe atomizada en las ciudades.

“Suponga un planeta completamente automatizado: ¿cómo se deberían distribuir los bienes y servicios para su consumo? La pregunta a menudo planteada en este punto es: ¿quiénes son los propietarios de los robots y sus productos y servicios y cómo se venderán para obtener ganancias? Si los trabajadores no están trabajando y no reciben ingresos, entonces seguramente hay una sobreproducción masiva y un subconsumo. Entonces, en último análisis, ¿es el subconsumo de las masas lo que derriba al capitalismo? De nuevo, creo que esto es un malentendido. Tal economía de robots ya no es capitalista; es más como una economía de esclavos. Los propietarios de los medios de producción (robots) ahora tienen una economía superabundante de bienes y servicios a un costo cero (robots que hacen robots que fabrican robots). Los dueños sólo pueden consumir. No es necesario que obtengan un ‘beneficio’, tal como los dueños de esclavos aristócratas en Roma simplemente consumieron y no manejaron negocios para obtener ganancias. Esto no genera una crisis de sobreproducción en el sentido capitalista (relativo al beneficio) ni ‘subconsumo’ (falta de poder adquisitivo o demanda efectiva de bienes en un mercado), excepto en el sentido físico de pobreza”.

La economía dominante, que ignora olímpicamente la ley de la baja tendencial de la tasa de ganancias y encuentra justificaciones ante cada gran crisis, ve el surgimiento de los robots bajo el capitalismo, a lo sumo, como una crisis de subconsumo: su preocupación, como hemos visto, es diseñar mecanismos de ingresos alternativos para los consumidores. Pero “nunca llegaríamos a una sociedad robótica sin trabajo, no bajo el capitalismo. Las crisis y las explosiones sociales intervendrían mucho antes de eso (…). La acumulación bajo el capitalismo cesaría mucho antes de que los robots se hicieran cargo completamente, porque la rentabilidad desaparecería bajo el peso del ‘sesgo de capital’”.

Roberts concluye que “la tecnología robótica reducirá muchos trabajos existentes (y creará algunos trabajos nuevos) y ya lo está haciendo. Pero la singularidad y el mundo de los robots todavía están muy lejos. Esto se debe a que la tecnología de IA no está siendo dirigida por el capital hacia las áreas más productivas sino hacia las más rentables (que no coinciden). (…) Robots e IA intensificarán la contradicción bajo el capitalismo entre el impulso de los capitalistas para elevar la productividad del trabajo a través de la ‘mecanización’ (robots) y la consiguiente tendencia a la caída de la rentabilidad de esta inversión para los propietarios del capital. De hecho, el mayor obstáculo para un mundo de superabundancia es el capital en sí mismo. Mucho antes de llegar a la ‘singularidad’ (si alguna vez lo hacemos) y de que el trabajo humano sea totalmente reemplazado, el capitalismo experimentará una serie cada vez más profunda de crisis económicas creadas por el hombre”.

 

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