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Por Facundo Solari

Hombres de una república libre, acabamos de romper la última cadena que en pleno siglo XX nos ataba a la antigua dominación monárquica y monástica. Hemos resulto llamar a todas las cosas por el nombre que tienen. Córdoba se redime. Desde hoy contamos para el país una vergüenza menos y una libertad más. Los dolores que nos quedan son las libertades que nos faltan. Creemos no equivocarnos, las resonancias del corazón nos lo advierten: estamos pisando sobre una revolución, estamos viviendo una hora americana.

El Manifiesto Liminar, 1918

En el centenario de la Reforma Universitaria, nos embarcamos en la tarea de contribuir desde nuestro lugar a la caracterización de uno de los eventos que marcaron el primer tramo del siglo XX en Argentina y el continente americano. El impacto que tuvo la reforma contribuyó fuertemente a la radicalización por izquierda de un sector importante del movimiento estudiantil llevando a la conformación de organismos propios de lucha como la FUC (Federación Universitaria de Córdoba), la FUA (Federación Universitaria Argentina); al mismo tiempo, los ecos de la Reforma Universitaria se extendieron por todo Latinoamérica principalmente Perú, Chile y Cuba.

En este sentido nos resulta importante dar cuenta de los alcances de dicho evento, ya que no solo fue una lucha sindical, si no que a nuestro entender rápidamente se convirtió en una pelea política contra el orden conservador y clerical de la Universidad de Córdoba.

A principios del siglo XX, Argentina emprendía una serie de cambios en el plano económico y político. La aprobación de la ley Sáenz Peña, la cual implementa el voto masculino obligatorio y secreto a los mayores de 18 años fue una suerte de apertura para que capas medias y bajas de la sociedad Argentina puedan acceder a la vida política aunque más no sea electoralmente. A pesar de los nuevos aires de época, en la provincia de Córdoba predominará un orden mayormente conservador con fuerte arraigo de la Iglesia en todo ámbito público.

La pequeña Universidad de Córdoba había sido creada por los jesuitas a principios del siglo XVI, la Iglesia tenía total dominio sobre sus organismos de gobierno y sobre la currícula. Los planes de estudios a ojos de la nueva generación de estudiantes era anticientífica, oscurantista, etc. Y razón no les faltaba. Nada tenía que ver con el mundo en que vivían, el del ascenso bolchevique en Rusia, el de las revueltas obreras y populares en todo el mundo. Es en este contexto que empieza la lucha por la reforma universitaria en Córdoba.

La chispa que enciende la rebelión fue la aprobación de un nuevo reglamento para el internado del Hospital de Clínicas por parte de las autoridades universitarias. Los internos rápidamente salieron a luchar y declararon la huelga. Por su parte, la respuesta del clero dominante fue la suspensión por dos años de los huelguistas y el aumento de la carga horaria de los estudiantes de Ingeniería. La bronca acumulada para ese entonces ya alcanzaba el punto de ebullición. Pero en vez de enfriar los ánimos, los curas intentaron seguir avanzando, al regreso de las vacaciones de verano, “el 7 de marzo el Consejo Superior toma otra medida antipática con la modificación del sistema de calificaciones”[1].

El 14 del mismo mes estalla la bronca y se organiza la huelga general. Los estudiantes marchan a modo de protesta contra el avasallamiento de las condiciones de cursada pero también contra el régimen opresivo y elitista de la Universidad.  En ella confluyen los estudiantes de derecho, medicina e ingeniería, dando lugar al Comité Pro Reforma que sería el predecesor para la conformación de la Federación Universitaria de Córdoba (FUC).

“Las marchas desbordaron las calles de la ciudad. Los alumnos se reunían en las plazas y se envolvían en banderas a los que daban discursos. La banda tocaba la Marsellesa y la gente entonaba la canción en un clima con aires de revolución”[2].

A pesar de la huelga estudiantil, el rectorado llamó al inicio de clases el primero de abril. La bronca era tal que no asistió ni un alumno. Para ese entonces, el Comité empezaba a delinear sus reivindicaciones, pasando así de una lucha defensiva a una ofensiva. A las reformas reaccionarias del clero los huelguistas le contrapusieron sus propias propuestas de reformas: Autonomía Universitaria (es decir, que la institución pueda elegir sus propias autoridades y orientación académica), autarquía financiera, el gobierno igualitario entre docentes, graduados y estudiantes, libertad de cátedra, gratuidad y acceso masivo.

En este marco de rebelión estudiantil, los sectores reformistas a través de la FUA, se dan cita con el gobierno de Irigoyen, el cual designa como interventor a Matienzo, con las directivas de reformar el estatuto para incorporar a los docentes al gobierno de la universidad, y llamar a nuevas elecciones.

Así, el 15 de junio se realizaron las elecciones, el Comité se convierte en la FUC, organismo desde el cual los estudiantes militaron las elecciones a favor del candidato liberal Enrique Martínez Paz, generando expectativas en los estudiantes, pues a éste se le oponían los candidatos conservadores y clericales Alejandro Centeno por un lado y Antonio Lores por el otro.

Los comicios se realizaron en este clima convulsionado, los estudiantes oficiaban de fiscales en las calles mientras del otro las fuerzas represivas estaban listas para reprimir ante cualquier desmadre. Luego de varias maniobras la elección terminó llevando al rectorado a candidato clerical y conservador Nores, las expectativas de se convierten rápidamente en bronca. Ese día pasó a la historia como la fecha simbólica de la reforma universitaria: fue entonces que los estudiantes irrumpieron en el salón del Rectorado, echando a los docentes a los empujones e impidiendo que se consumara la elección de la asamblea universitaria. En ese momento irrumpen también las fuerzas de seguridad dispuestas a reprimir a los manifestantes. En esa jornada proclamaron a un estudiante como Rector.

Días después de este estallido, Deodoro Roca y otros reformistas redactaran el Manifiesto Liminar, que será la proclama de los estudiantes de Córdoba “a los hombres libres de América del Sur”, delineando así las bases ideológicas (aunque ambiguas) para el movimiento estudiantil identificado con la Reforma.

A modo de conclusión nos parece que carece de profundidad, para dicha gesta histórica de tal envergadura, quedarnos solamente con una apreciación de los hechos sin llevar a cabo ningún esfuerzo de análisis que permita sacar algunas conclusiones para las nuevas generaciones de estudiantes y militantes.

Todo esto sería poco más que una vieja anécdota si la Reforma no estuviera cargada de legados políticos para las nuevas generaciones estudiantiles, militantes y luchadoras.

Horacio Tarcus sostiene que “un intenso proceso de efervescencia social, política y cultural se inicia con los ecos locales de la revolución rusa, el estallido y expansión de la Reforma Universitaria (1918) y las grandes huelgas obreras de los años 1918-1919”[3]. Es evidente que la lucha de clases en Argentina estaba en un momento álgido, marcada por rebeliones obreras como la “Semana Trágica” y “la Patagonia Rebelde”, hitos históricos de la clase obrera del siglo XX.

Sin embargo, se trata de peleas que coinciden en el tiempo cronológico pero no necesariamente en los tiempos históricos. La radicalización obrera tenía fuertes rasgos ideológicos anticapitalistas, socialistas y anarquistas, con una creciente influencia del naciente comunismo identificado con la Revolución Rusa. Los reformistas del ’18 se enfrentaban, como dijera literalmente el Manifiesto Liminar, “a la antigua dominación monárquica y monástica” o sus últimos resabios. En efecto, tenían en frente a un régimen heredado de la colonia. Incluso la educación primaria había ya pasado los umbrales del régimen democrático-burgués con la ley 1420, las universidades habían quedado detrás. Sin embargo, las cosas son particularmente complejas: la reivindicación de “autonomía universitaria” y “libertad de cátedra” son aún hoy de avanzada, pues tienden a sacar las manos del Estado capitalista de los contenidos de la educación superior. Es esto, en los días de hoy, algo permanentemente en disputa, pero su formulación original cuenta ya con cien años.

No obstante, es verdad que la juventud nacida con la Reforma seguiría su camino político más allá de ella. Natalia Bustelo y Lucas Domínguez Rubio[4] van a hablar de una radicalización de la juventud en el periodo post reforma alrededor de un boom de publicaciones y folletos que dejan entrever esta efervescencia. Ya que las nuevas publicaciones no se dedicaran solamente a cuestiones académicas sino que van a trascender los muros de la universidad para empezar a escribir y pensar un proyecto de sociedad.

 

[1] https://www.lanacion.com.ar/2114885-asi-se-gesto-hace-100-anos-el-estallido-cordobes-que-inspiro-al-mundo-con-la-reforma-universitaria

[2] https://www.lanacion.com.ar/2114885-asi-se-gesto-hace-100-anos-el-estallido-cordobes-que-inspiro-al-mundo-con-la-reforma-universitaria

[3]  Tarcus, Horacio (2004). Revistas, intelectuales y formaciones culturales izquierdistas en la Argentina de los veinte, Revista Iberoamericana nº 208-209: 749-772

[4] Bustelo Natalia y Domínguez Rubio, Lucas (2017) Radicalizar la Reforma universitaria. La fracción revolucionaria del movimiento estudiantil argentino, 1918-1922, Anuario Colombiano de Historia Social y de la Cultura, 44.2: 31-62.

 

 

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