Brasil

Las amenazas golpistas se intensifican

Derrotar a Bolsonaro con acciones de masas, unificando las luchas y construyendo una huelga general. Para esto la independencia política de la izquierda es el factor fundamental para derrotar a Bolsonaro en las calles y repeler al golpismo.

Antonio Soler
Profesor. Dirigente de la Tendencia Socialismo o Barbarie del PSOL de Brasil.


                                                                           Traducido del portugués por Luz Licht

En medio de las nuevas encuestas que indican la caída de la popularidad y del cercamiento al gobierno por parte de la Comisión Parlamentaria de Investigación (CPI), Jair Bolsonaro retoma la escalada de amenazas al régimen político. Aún con una caída de su popularidad, la encuesta más reciente le da una aprobación en torno al 24%, las denuncias que van de a poco encerrando al gobierno, la creciente pérdida de apoyo entre la clase dominante, el gobierno sigue con su estrategia de amenazar al régimen. Un sector de las fuerzas armadas parece demonstrarse dispuesto a entrar en una aventura de carácter golpista más profunda que las anteriores, lo que coloca la necesidad de sonar todas las señales de alerta y usar todas las tácticas para derrotar a Bolsonaro con la acción directa cuanto antes.

Bolsonaro amenaza al régimen siempre que siente su poder amenazado y con la evolución de la coyuntura de aislamiento del gobierno y la proximidad de las elecciones del próximo año, estas amenazas van siendo cada vez más serias y, ahora, no parten solamente de Bolsonaro.

Fue durante la pérdida de control de parte del presupuesto por la Cámara de Diputados en 2019, que respondió con una serie de amenazas de cierre del Congreso Nacional. Entre sus declaraciones en medio de las negociaciones con la Cámara sobre el presupuesto a comienzos de 2019 pudimos escuchar en un acto del día 19/4/2020, convocado para apoyar una intervención militar y por el cierre del Congreso frente al cuartel general del Ejército, “Se acabó la época de la sinvergüenzada”, “ahora el pueblo al poder” y “no queremos negociar nada”.

Esa tensión solo se relajó temporalmente con el inicio de la pandemia, la caída de la popularidad del gobierno y las demostraciones callejeras contra esas amenazas. A partir de ahí, el gobierno cambia de táctica, se aproxima al bloque parlamentario conocido como el «Centrão» conformando una coalición que le tiene garantizado el avance de las políticas ultraliberales en el Congreso, la autonomía del Banco Central y la privatización de Electrobras y el veto a los más de 127 pedidos de impeachment.

Ahora, con la caída de su popularidad, la recuperación de los derechos políticos de Lula que lo sitúan con un 58% en segunda vuelta contra un 31% de Bolsonaro, el retorno de las manifestaciones con potencial de masificarse aun más y las investigaciones de la CPI que involucran en hechos de corrupción a militares de alto rango del Ministerio de Salud y las reacciones públicas golpistas del alto mando, Bolsonaro más que una abierta escalada autoritaria privilegia la tática – que ya era parte de su arsenal reaccionario desde las elecciones de 2018 – de cuestionar la transparencia del voto en las urnas.

Afirmando que no aceptaría una derrota electoral, después del asalto al Capitolio tras la derrota de Donald Trump el 7 de enero de este año, Bolsonaro dice que “si nosotros no tuviéramos una votación con la boleta impresa en el 22, una manera de auditar la votación, vamos a tener un problema mucho peor que los Estados Unidos.” Más recientemente, atacó a la cúpula del poder judicial llamando al presidente del Tribunal Supremo Electoral (TSE) “idiota’ e ‘imbécil”, cuestionando el proceso electoral y amenazando con no permitir la realización de las elecciones el próximo año sin voto impreso: “o hacemos elecciones limpias en Brasil o no tenemos eleccciones” y “no tengo miedo de las elecciones, entrego la banda a quien gane, con una votación auditeble y confiable. De esta forma [la actual], corremos el riesgo de no tener elección el año que viene”, todo eso entre los días 8 y 9 de este mes.

Una nota (7/7) firmada por el ministro de Defensa y por los comandantes de las tres armas apareció en respuesta a los comentarios del mismo día hechos por el presidente de la CPI del Covid, Omar Aziz, sobre la responsabilidad de oficiales de las fuerzas armadas, diciendo que “hacía muchos años que Brasil no veía a miembros del lado podrido de las Fuerzas Armadas envueltos en los chachullos dentro del gobierno”, un día antes de las declaraciones de Bolsonaro citadas más arriba. Este un hecho novedoso que refuerza la tesis de que Bolsonaro tendría el apoyo de sectores de las fuerzas armadas para un ataque directo a la soberanía popular que, dependería de la evolución de la coyuntura y de si la posible derrota electoral se confirmara.

En esa nota dicen que “las Fuerzas Armadas son atacadas de forma vil y liviana, al tratarse de una acusación grave, infundada y, sobre todo, irresponsable”, que los militares son el factor “esencial de la estabilidad” y que “no aceptaran cualquier ataque liviano a las instituciones que defienden la democracia y la libertad del pueblo brasileño”. No bastando con la nota, el comandante de la Fuerza Aérea, Carlos de Almeida Baptista Junior, en una entrevista del día 9 de julio, entre promesas de legalidad, reafirma el carácter intimidatorio de la nota en el sentido de que ella fue un “alerta a las instituciones”, ya que las fuerzas armadas “no aceptarán ataques livianos” y que “un hombre armado no amenaza” .

Las confrontaciones políticas pueden ser cada vez más intensas

Como vimos arriba, las amenazas no provienen solo de Bolsonaro. Ya sabíamos que el cambio del comando de las fuerzas armadas del 30/03 fue una forma de contra-ataque ante la necesidad de ceder a las presiones para substituir al Canciller antiglobalista del Ministerio del Exterior, Ernesto Araújo, y ceder más espacio al bloque parlamentario conocido como el «Centrão». Pero, la nota del día 7/07 y la entrevista del comandante de la Fuerza Aérea plantean una situación más grave con respecto a los peligros para los derechos democráticos. Escenario que, sumado a las sistemáticas amenazas de Bolsonaro, no puede ser ignorado por los riesgos que plantea.

Aun estamos a más de un año de las elecciones de 2018, pero la fotografía indica una tendencia de lenta recuperación de la economía, del empleo y del ingreso, de un saldo de responsabilidad directa del gobierno y los jefes militares por demás significativa ante las más de 442 mil muertes, a la caída/baja de la popularidad por la pandemia y de una fuerte polarización electoral con Lula, por ahora con larga ventaja para la segunda vuelta de este último.

Ciertamente queda mucha agua por correr bajo el puente, la CPI comienza a alcanzar a figuras prominentes del «Centrão» y los procesos de movilización en las calles tienden a aumentar, lo que no permite descartar aún la hipótesis de la apertura de un proceso de impeachment antes de las elecciones del próximo año. Pero, la hipótesis contraria también es válida, ya que la lenta y creciente polarización podría tener un desenlace político en las próximas elecciones.

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Con cualquiera de las dos hipótesis, la situación sigue siendo peligrosa, aun más de lo que las observaciones de hace un mes atrás arrojaban, cuando señalamos el contra-ataque del gobierno con el cambio de toda la cúpula militar, y que el riesgo de nuevos ataques a los derechos democráticos podían llegar a ocurrir de forma inminente, durante o posteriormente a las elecciones.

Es que pese a su aislamiento y pérdida de popularidad, Bolsonaro viene actuando, y teniendo éxito, sistemáticamente para armar a su base política, dispone de la simpatía de sectores de la Policía Militar, del crimen organizado y de las fuerzas armadas. Puede ante un proceso de impeachment o de una derrota electoral intentar accionar una maquinaria de agitación golpista ante su posible salida del poder.

No parece que sea lo que esté planteado para la coyuntura actual ni que tenga el apoyo de la mayoría de los altos oficiales de las fuerzas armadas – lo que garantizaría el éxito de un golpe – para este tipo de aventura. En tanto, en última instancia, Bolsonaro dispone de fuerza para una agitación reaccionaria de sectores de la pequeña burguesía, del lumpenaje y de las fuerzas represivas estaduales. ¿Esto es lo que está planteado inmediatamente para la coyuntura actual?

Nos parece que la respuesta es: no. Sin embargo, la inestabilidad crece y la realidad tiende a abrir coyunturas aun más polarizadas con las revelaciones de los crímenes de este gobierno, la aproximación de las elecciones y el crecimiento de la rabia popular ante todo este conjunto de catástrofes. No podemos obviar que existen elementos explosivos en la situación política y cortocircuitos políticos que pueden terminar por resolverse de parte del gobierno y de Bolsonaro con intentos de ruptura del orden.

Como ya señalamos anteriormente en otras publicaciones, tenemos a nuestro favor la caída de la popularidad del gobierno, su aislamiento internacional y la creciente movilización en las calles. En tanto, el desafío para derrotar a Bolsonaro sigue siendo masificar las luchas de calles y unificar a todos los sectores que están comenzando a movilizarse. Imponer una ofensiva política de la clase trabajadora y de los oprimidos es la única forma eficiente de cambiar la correlación de fuerzas, hacer que las fuerzas reaccionarias retrocedan y garantizar los derechos democráticos. Al servicio de eso deben estar todos los esfuerzos políticos.

La lucha contra Bolsonaro exige una línea política independiente de la izquierda 

Todo el arte y ciencia de nuestra política tiene que estar al servicio de movilizar permanentemente a la clase trabajadora y los oprimidos en el sentido de crear las condiciones para la masificación de la independencia de las luchas. Fuimos contrarios, después de la jornada del 19 de junio de llamar al próximo acto recién para el 24 de julio. Lo que terminó confirmándose totalmente, pues la presión de las bases impuso a la burocracia del movimiento el acto del día 3 de este mes.

Encuestas, movimientos de sectores de vanguardia de los trabajadores y sectores de los explotados y oprimidos junto a los actos en las calles demuestran que estamos en un proceso lento de cambio de la consciencia, que gira contra el gobierno y hacia la necesidad de actuar directamente. ¡No se puede esperar más pacientemente la acción de los de arriba!

La lucha para mantener y profundizar esta dinámica es vital. Precisamos utilizar todas las tácticas, toda la escala de maniobras políticas existentes para llevar contingentes cada vez mayores a las calles a la lucha por el Fuera Bolsonaro y todo este gobierno. Toda nuestra línea tiene que estar al servicio de esa estrategia para abrir el espacio para un cambio efectivo en la correlación de fuerzas, detener las amenazas golpistas, quebrar la ofensiva reaccionaria en el Congreso y luchar por reivindicaciones que partan de nuestros intereses.

Con esta perspectiva, es que llevamos el debate al interior del movimiento y, particularmente, a nuestro partido – PSOL – sobre las estrategias y tácticas de lucha que es vital. Durante nuestro pre-congreso quedó bastante en evidencia que hay dos formas diametralmente distintas de enfrentar la coyuntura: una que coloca la necesidad de pararnos de forma independiente del lulismo usando todo el arco de tácticas políticas para desarrollar la lucha, la otra propone tácticas que, además de parciales, no guardan diferenciación alguna con el lulismo.

En sus tesis escritas para el Congreso partidario y, principalmente, en sus defensas orales durante las plenarias municipales, vimos plasmada una orientación política despojada de toda independencia en relación al lulismo, tanto estratégica como tácticamente.

La coyuntura exige una táctica de unidad de acción, la construcción de frentes de lucha y frentes políticos de la izquierda, todas deben estar volcadas hacia el objetivo central de derrotar a Bolsonaro. Sin embargo, estas tácticas pueden estar al servicio de las estrategias de construir movimientos, organizaciones y partidos de masas independientes o, por el contrario, de someter a los movimientos, organizaciones y partidos a la burocracia. Y es justamente la segunda opción la que, infelizmente, es asumida por la actual mayoría.

Los compañeros parten de la caracterización – correcta en abstracto – de que existe una amenaza al régimen, de que son Lula y el PT quienes polarizan con Bolsonaro y de que la correlación de fuerzas no está a nuestro favor para operar así una confusión total entre las tácticas de unidad de acción, frente para luchar y frente de izquierda y someter estas tácticas al lulismo.

Hacen eso porque en su operación política quitan totalmente del cálculo y de la ecuación el hecho de que el PT es un partido obrero-burgués dirigido por una burocracia que actúa de hecho para la contención, desvío y traición sistemática de la lucha y de los trabajadores y oprimidos. Por eso es necesaria la diferenciación con la burocracia, midiendo el momento de las exigencias, denuncias y la combinación entre ellas, ciertamente, pero siempre diferenciándose de ella.

Como la estrategia de superar al lulismo, en el sentido de construir un partido radical que sea hegemónico en el movimiento, no es parte de las estrategias de la mayoría, la diferenciación y la justa lucha política contra esa burocracia no se hace necesaria para construir al PSOL, una vez que, a fin de cuentas, no se quiere ser radicalmente distinto del PT. O sea, todo esto cuando ir a la construcción de un partido revolucionario con influencia de masas, es una necesidad cada vez más apremiante.

Otra operación ideológica que hacen los compañeros de la mayoría es crear una amalgama entre las tácticas de frente para la lucha con frente de la izquierda. A partir de la necesidad de derrotar a Bolsonaro, la unidad de acción, el frente único para luchar y el frente de izquierda se mezclan en su discurso de forma que no se puede distinguir el papel de cada uno de ellos y las combinaciones necesarias para desarrollar una línea política independiente.

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La unidad de acción, como ya dijimos, se hace con todos los sectores que quieren derrotar a Bolsonaro en las calles, el frente para luchar se hace con las organizaciones de masas siempre buscando organizar esos frentes desde la base para poder quebrar la política de desmovilización de la burocracia y, el frente de la izquierda, que no es lo mismo que el frente para luchar, debe hacerse entre las organizaciones que presentan un programa independiente del gobierno y de la clase dominante. Las tres tácticas en su individualidad y combinadas deben estar al servicio de las estrategias presentadas más arriba para derrotar a Bolsonaro prioritariamente en las calles.

De ninguna manera debemos amalgamar las tácticas de frente para luchar con la del frente de la izquierda, mucho menos olvidar que para que sirvan para impulsar la lucha y construir una alternativa al lulismo debemos combinar exigencias y denuncias de acuerdo con cada coyuntura. Al mezclar intencionalmente frente para lucharfrente de la izquierda, la mayoría de la dirección hace una maniobra para no evidenciar la necesidad de dotarmos de una política independiente para la disputa político-electoral que ya está planteada, permitiéndole apoyar en la práctica – sin discutir con la base del partido – la pre-candidatura de Lula.

Así, la polémica que más ha polarizado el debate pre-congresual es sobre si el PSOL debe o no tener una pre-candidatura propia para presidente en la actual coyuntura. La mayoría afirma que en esta coyuntura el PSOL de presentar una pre-candidatura sería una “táctica sectaria”, que “divide a la izquierda” y “debilita la lucha central que es la de derrotar a Bolsonaro”. Para la mayoría la única táctica que cabe ahora es única y exclusivamente la del frente único contra el gobierno, todo el resto “entorpece la lucha y tenemos que discutir recién en 2022”. Pensamos que esta visión, que funde tácticas totalmente distintas, esconde, en verdad, una estrategia de adaptación profunda al lulismo. Es curioso que los compañeros no hicieron la misma reflexión con relación a las pre-candidaturas estaduales del PSOL, como la de Guilherme Boulos para la gobernación del Estado de San Pablo…

Para nosotros, la coyuntura con todas sus contradicciones impuso justamente, al contrario de los argumentos que presenta la mayoría de la dirección, una polarización política que adelantó en la práctica y de forma incontestable el calendario y la disputa electoral. Ubicando en un polo a Lula y en otro a Bolsonaro. Sin embargo, Lula es la izquierda del orden, y la polarización que plantea con Bolsonaro es solo electoral y totalmente desde el campo liberal, dejando plenamente vacío el espacio de la izquierda contra el orden que en este momento sólo puede ser ocupado realmente por una pre-candidatura del PSOL.

Además de eso, esta pre-candidatura, totalmente al contrario de lo que hace Lula, cumpliría el papel que todo socialista tiene que cumplir durante las elecciones, que es el de llamar a la movilización contra Bolsonaro y presentar un programa para enfrentar la situación de penuria a la que está sometido el pueblo trabajador. Un programa que comenzaría con la suspensión de todas las contrarreformas desde los gobiernos de Michel Temer hasta hoy y que iría a proponer salidas anticapitalistas para la pandemia, el desempleo, el hambre, la falta de vivienda, la violencia y etc.

Por último, esta pre-candidatura sería fundamental para la táctica de una construcción dialogada, radical pero sin sectarismo de un frente de izquierda de hecho. Serviría para dialogar con toda la vanguardia sobre la necesidad de que todas las fuerzas de la izquierda, inclusive con la que está en el PT, se sienten en la mesa pero, con la condición de que en esa mesa no estén los patrones y/o sus representantes de la llamada “centro-izquierda” para discutir un programa y alianza que supere las experiencias fatídicas de los gobiernos de colaboración de clases.

Son justamente estas tareas las que se propone la pre-candidatura de Glauber Braga para la actual coyuntura. O sea, construir una herramienta política que sirva para impulsar la lucha de masas por el Fuera Bolsonaro, para construir frentes para luchar desde las bases y un frente de izquierda sin patrones. Esta es una perspectiva táctica que está de acuerdo con la necesidad de derrotar a Bolsonaro y con las estrategias de organizar y movilizar permanentemente a las masas y construir un partido que supere al lulismo.

La posición de la mayoría de la dirección de no presentar una pre-candidatura con el argumento de que Bolsonaro puede ganar las elecciones en octubre del año que viene es una táctica para una coyuntura que no existe aun y que puede incluso nunca existir. Y acaba, de hecho, siendo una forma de entregar en bandeja al lulismo toda alternativa a Bolsonaro por izquierda. Si de hecho hubiera una posibilidad el próximo año de que Bolsonaro gane en primera o segunda vuelta, no vamos a dudar en retirar la candidatura y llamar al voto contra Bolsonaro sin ningún apoyo político o confianza en Lula. Lo contrario a eso es la pura liquidación política de nuestro partido.

Esta línea cero de diferenciación y capitulación al lulismo ha causado cada vez más estragos en el proceso de construcción del PSOL. A pesar de haber obtenido algunas conquistas recientes, esta línea política de la mayoría llevará cada vez más a la pérdida de la radicalidad del partido y, como consecuencia, a su fracaso como alternativa. Lo que ya se ha traducido en la pérdida de parlamentarios, en la incapacidad de construir una figura nacional que represente al partido, en la pérdida de sectores de la juventud hacia otros partidos. Sin hablar de que el PSOL está en varios lugares ocupando cargos en gobiernos petistas de colaboración de clases, lo que es un creciente y serio peligro para la construcción de una alternativa independiente de los patrones y de la burocracia.

De esta forma, a pesar de que el debate se está llevando a cabo a través de videoconferencias, existe mucho acuerdo en la base de que es preciso rever el posicionamento de la mayoría de la dirección para posicionarse de forma independiente y más activa en la lucha de clases, lo que es una necesidad del movimiento y del partido. Creemos que el apoyo al retorno creciente de la lucha en las calles de la base del PSOL va a terminar por imponer un cambio de rumbo para que el partido asuma un camino de lucha independiente y, que supere al lulismo por izquierda. Tareas estratégicas fundamentales para abrir el camino hacia la lucha anticapitalista y para el socialismo.

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