Martín Primo
Director del semanario Socialismo o Barbarie.


Un acontecimiento fundacional de este siglo, que recorre todos los rincones del planeta y que pude poner en el centro de la escena al capitalismo y su relación voraz con la naturaleza, la capacidad destructora de los ecosistemas y la consecuente propagación de enfermedades nuevas, así como el desastre que ha generado en los sistemas de salud a nivel mundial desfinanciados, cuando no privatizados, como parte de la arremetida neoliberal de las últimas décadas.

La situación completamente novedosa (calificada correctamente como “dramática” por varios escribas de los medios oficialistas y opositores) permite poner blanco sobre negro las medidas del gobierno nacional respecto de las necesidades reales para afrontar la pandemia del covid19.

Una política que devela junto a una orientación clasista, un perfil lisa y llanamente social-liberal.

1- El presidente Alberto Fernández primero, y luego Martín Guzmán, Ministro de Economía, han anunciado una serie de medidas que dejan claro que el rumbo general del manejo del país continúa bajo los mismos parámetros con los que asumieron el gobierno: los de un gobierno cuya orientación sigue siendo social-liberal.

Es decir un gobierno cuyo relato es de corte “progresista”, pero cuyas medidas concretas continúan ordenadas alrededor del eventual pago de la deuda (se verán los desarrollos) y la consiguiente administración de recursos miserables.

2- La lógica clasista del manejo de la crisis tiene que ver con el hecho de que a los trabajadores y trabajadoras que crean la riqueza del país al parecer no los afectan las “cuarentenas”; tienen que ir a trabajar callados la boca para que el “país no se detenga”.

La excusa de que no se produzca un “parate económico” no puede justificar exponer al grueso de la clase trabajadora que debe seguir cumpliendo con sus actividades laborales al hacinamiento en medios de trasporte que encima se encuentran funcionando con menos frecuencia. Y menos que menos, que en las fábricas y lugares de trabajo que mantienen su funcionamiento no se  haya practicado una desinfección de los establecimientos, una exigencia que empiezan a impulsar los trabajadores y trabajadoras en distintas parte de Europa.

Es evidente que el gobierno ha actuado de manera preventiva con medidas de aislamiento social siguiendo los consejos de la Organización Mundial  de la Salud y los ejemplos que vienen del mundo. Pero aún en este caso la aplicación de las licencias y cuarentenas tienen un profundo corte clasista: aun cuando un sector de los trabajadores han podido acceder al trabajo desde casa, los trabajadores industriales han quedado por fuera de toda consideración, a excepción de los mayores de 60 años.

El  tema de la producción industrial aparece como un punto de convergencia entre todos los sectores políticos patronales: desde el gobierno hasta Cambiemos, todos coinciden en que la producción industrial no puede parar. La clase obrera aparece así como “ciudadanos de segunda categoría” que, a diferencia del resto, sí puede estar hacinada en las plantas produciendo, aunque no se garantice ninguna medida elemental de higiene ni seguridad, porque toda la lógica está supeditada a la ganancia. La racionalidad capitalista coloca al obrero como objeto de explotación, que no merece ni el más mínimo cuidado.

Rechazamos la hipocresía de declarar cuarentenas para “toda la población” mientras la clase obrera sigue yendo a trabajar sin garantías sanitarias mínimas; exigimos y planteamos huelgas en todos los lugares de trabajo para imponer suspensiones sanitarias por 15 días, con licenciamientos al 100%  del salario habitual, sin discriminación por formas de contrato, con prohibición de despidos, y pase a planta de todo el personal eventual y no registrado (trabajo en negro).

3- Si esto que planteamos se aplica a los trabajadores en general más cierto es aún para el personal de los hospitales. Una consigna central debe ser “cuidar a lo que nos cuidan”. En el Hospital Perrando del Chaco una médica enfermó de Coronavirus, y 40 médicos y /o personal de enfermería del hospital debieron entrar en cuarentena.

Si esto se multiplica en los distintos servicios de salud del país sumaría al desastre que ya tenemos de la falta de camas, de la falta de respiradores artificiales, de la dificultad de poner en pie nuevas salas de terapias intensivas, desnudaría que muchos de los hospitales del gran Buenos Aires y otros lugares del país son estructuras vaciadas en su interior, sin insumos y aparatos esenciales, etcétera.

Y si encima las enfermeras y médicos no tienen barbijos, alcohol en gel, mudas de ropas para cambiar permanentemente a lo largo de las guardias, etcétera, no hace falta mucha imaginación para adelantar los contagios que puede haber entre los trabajadores de la salud.

Es sintomático que, ni Fernández ni la oposición hayan dicho una palabra sobre los trabajadores en general, ni del personal de salud en particular. Para abastecer al personal médico y a los hospitales de los elementos que sean necesarios, hay que reorientar urgentemente la producción de varias industrias a la producción de insumos para el sistema de salud. Y junto con esto, duplicar el salario y que se pase a planta a todo el personal de la salud. ¡Hay que imponer el cuidado de los que nos cuidan!

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4- La situación económica en que venía el país empeorará sin dudas, reforzada por el parate que existe a nivel mundial. Las medidas de aislamiento social que se implementan junto con el cierre de fronteras no pueden más que ralentizar una economía que ya venía acumulando problemas.

Pero estos problemas se encuentran agravados en un país que como el nuestro depende de los dólares que pueda obtener del mercado mundial.

El Banco Central de la República Argentina tiene groso modo en su haber 45.000 millones de dólares que en estos momentos de tendencia a la depresión económica mundial serán muy difíciles de obtener vía exportaciones por no hablar, claro está, de créditos del exterior ni nada por el estilo.

Las exportaciones agrarias no necesariamente se van a derrumbar. Aunque la depresión va a golpear todas las ramas y también las materias primas, es verdad que los consumos básicos son muy difíciles de reducir.

De ahí que una de las medidas más criminales que podría cometer Fernández seria gastar un solo dólar en pagar deuda externa. El gobierno debería decretar ya mismo el no pago de la deuda externa en vez de seguir tomando medidas económico-sociales cosméticas que en nada modifican el rumbo del ajuste, medidas que parecen una respuesta en la línea de lo que se venía mostrando.

Es que los 8500 millones de dólares que se dice se volcaran a la economía la mitad son préstamos a las empresas, una parte son para programas REPRO donde una parte del salario lo pagara el Estado (¡atención que sin aumento de los salarios miserables que tenemos hoy!), otra parte irá a planes sociales y jubilaciones mínimas, pero cuando se trata de medidas que beneficien el conjunto de los trabajadores y trabajadoras, no hay nada.

Contrario al dicho de “a grandes problemas grandes soluciones” el gobierno aplica un plan totalmente insuficiente y amarrete ante un cambio de situación enorme. No se ha escuchado siquiera una palabra de cobrar impuestos a las riquezas, y ni que hablar de declarar impagable la deuda como acabamos de plantear, cuestión que a esta altura de las circunstancias es cada vez más evidente.

5- La negativa del gobierno a afectar mínimamente los intereses capitalistas reordenando la economía alrededor de los problemas de los trabajadores, cobra mayor dimensión en momentos en que la pandemia comienza a poner en relieve los problemas acumulados por años en la estructura el país.

Un ejemplo de esto es el sistema de salud, cuyo desfinanciamiento de años pone en condiciones precarias la capacidad de afrontar la situación de emergencia.  Según la OMS se necesitarían 8 camas cada 1000 habitantes para afrontar la pandemia desatada por el Covid-19. El sistema de salud de argentino cuenta con 165 mil camas, es decir 3,7 camas cada 1000 habitantes, número que está muy por detrás de lo estimado por el organismo de salud, y que dejan en evidencia lo ridículas que son las declaraciones como las del Ministro de Salud de la Ciudad que anunciaba con entusiasmo la “compra de 100 camas para hospitales de CABA”.

En palabras del ex ministro de Salud Rubinstein: “Si observamos el estándar de OMS de 8 camas cada 1000 habitantes, en Argentina estarían faltando camas, muchas, sobre todo en algunos distritos como la provincia de Buenos Aires, donde se concentra 40% de la población. En cuanto a profesionales, contamos con 8,7 médicos y 7,8 enfermeras cada 1000 habitantes, aunque mal distribuidos, y 2350 médicos intensivistas, que son quienes deberán manejar los casos graves. Si sabemos que hay un déficit de estos profesionales. Tampoco conocemos bien los insumos con que contamos para la protección de los profesionales de la salud (mascarillas y barbijos, gafas, gorras, camisolines, guantes, etc.) ni el equipamiento que se necesita para atender los casos graves (respiradores, bombas de infusión, etc.)” (Adolfo Rubinstein, “Aún hay una ventana de oportunidad”, La Nación 16/03).

Días atrás el Ministro de Salud de la Nación, Ginés González hizo un anuncio rimbombante: ordenó la compra de todos los respiradores artificiales que existieran en el mercado. El resultado fue la compra de 63 respiradores… un fiasco completo.

El sistema de salud se encuentra colapsado y sin recursos mínimos para el funcionamiento cotidiano (mucho menos para afrontar una pandemia) fruto del desfinanciamiento sistemático de todos los gobiernos pasados, como reconoce hasta el propio periodista reaccionario Joaquín Morales Solá (Morales Solá, “Coronavirus: la llegada de una guerra que comenzó a librarse en otros países”, La Nación, 18/03).

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Junto a la importancia que tiene el sistema de salud, aparecen otras variables de peso. ¿Qué efectos puede tener el virus en poblaciones cuyas condiciones de vida cotidiana esta cruzada por la pobreza y el hacinamiento?: “Miles de personas no tienen agua y viven hacinados. En el partido de Presidente Perón casi un 10%. En Ezeiza y Esteban Echeverría casi un 10 %, en San Vicente, José C Paz y Marcos Paz un 6%” (Carlos Pagni, “Coronavirus, los desafíos de lo desconocido”, La Nación online), sin tomar en cuenta la falta de agua y cloacas que existe en el Gran Buenos Aires… Y esto sin hablar de las provincias pobres del país.

Todo lo anterior sólo puede ser solucionado mediante un plan de obras públicas que vuelque parte de las riquezas del país a solucionar los problemas de la salud construyendo hospitales, de la educación construyendo escuelas, y con un plan de viviendas, pavimentación, cloacas, agua potable y redes eléctricas.

6- Por lo demás debemos alertar ante la tentación de los gobiernos de tomar medidas represivas o reaccionarias. A la crisis hay que seguirla hora a hora y día a día. Y del planteo de cuarentenas masivas -necesarias desde un punto de vista médico- se puede fácilmente pasar a los “Estados de excepción”, de “guerra”, de “emergencia” y demás, a sacar a las fuerzas represivas y el ejército a las calles y todo con la justificación de la pandemia.

El coronavirus es aprovechado a nivel mundial para fortalecer los aspectos reaccionarios y represivos de los gobierno. Así en Argentina la primer medida que impulsó el gobierno fue desactivar la movilización del 24 de Marzo semanas después de señalar que había que “dar vuelta la página” y que no se puede seguir culpando a toda una institución como responsable de la desaparición forzada de 30 mil compañeros y compañeras por la” inconducta de algunos pocos” miembros del Ejército.

Al momento que desarrollamos esta editorial, los portales y medios nacionales comienzan a anunciar la posibilidad de una cuarentena masiva en todo el país. Este elemento oculta, bajo un argumento de razones estrictas de salud, una política reaccionaria que se desarrolla a la par en que el Estado ocupa el centro de la escena de manera absoluta y mientras todos los elementos de organización independientes y colectivos pretenden ser anulados.

El ejemplo concreto de esto es la medida nacional que acaba de publicar el Ministerio de Trabajo prohibiendo la realización de asambleas en los establecimientos laborales.

Aunque “extramuros”, la pandemia y el “distanciamiento social” en lo inmediato desalienta la acción colectiva, no es exactamente igual dentro de los lugares de trabajo donde deben realizarse asambleas para exigir lo que en cada caso corresponde así como alentar cacerolazos solidarios y todas las medidas de solidaridad posibles.

Sin embargo, como hemos dicho, la pandemia parece ser una excusa para un giro reaccionario razón por la cual hay que plantarse con claridad contra cualquier medida de este tipo como los casos de Piñera en Chile, Macron en Francia y casos similares en otros países.

Rechazamos cualquier atisbo de militarización y / o medidas reaccionarias que atenten contra el derecho a la protesta y las libertades individuales de los trabajadores y trabajadoras. Alentamos todas las expresiones de solidaridad de clase entre la clase obrera, tanto colectivas como cacerolazos, y otras que sirvan para poner en primer lugar los intereses de los trabajadores.

Por último, es necesario tomar en serio la pandemia, pero a la vez hay que evitar a toda costa la desorganización que genera el pánico. Tomar la situación a la ligera sería una enorme irresponsabilidad. Pero a su vez es necesario dar cuenta de que el impresionismo genera una presión que lleva al individualismo alentado hoy por los medios y las políticas del gobierno que ocultan los elementos de solidaridad que surgen por abajo y presentan las instancias colectivas como algo peligroso en sí mismo.

Por esto, es necesario tomar algunas medidas de recaudo que vayan en el sentido de mantener la organización pero a su vez preservando la salud de los compañeros y compañeras. Mantener normas de higiene y cuidado en los locales, así como cuidados elementales en las actividades, ser disciplinados con el mantenimiento de los locales y los cuidados personales.

Y a su vez mantener iniciativas, reuniones, charlas y grupos de estudio, dar un salto en el uso de redes para la difusión de la política del partido y buscar nuevas formas de intervenir, siempre tomando las medidas de cuidado necesarias, con la idea de ir en el sentido contrario al desarme de toda instancia colectiva, midiendo el desarrollo de los acontecimientos, ajustando la orientación, pero buscando a su vez las formas para mantener la intervención. Porque los intereses de los trabajadores, las mujeres y la juventud no puede quedar en cuarentena.

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