Las penas son de nosotros, los dólares son ajenos

A esta altura, hasta el plumífero más mediocre reconoce lo que muchos venimos señalando hace años: que la crónica penuria de divisas es un problema estructural de la economía argentina, que la política económica irresponsable del macrismo ha agravado hasta un punto decididamente peligroso. El gobierno permitió una fuga de divisas al exterior, un nivel de atesoramiento en dólares y una sangría de divisas por turismo por un volumen que varía según quién la calcule, pero quedémonos por ahora con las cifrasque dan, por separado, el economista PRO Carlos Melconian y el periodista PRO Jorge Herrera: 80.000 millones de dólares en dos años y medio. En la era Macri, sólo hasta marzo de este año habían ingresado 116.000 millones de dólares (todo curro especulativo que alimentó la deuda, como veremos más abajo), que se esfumaron como sigue. Unos 37.000 millones financiaron el pago de intereses de la deuda y el rojo de la cuenta de turismo, otros 45.000 millones fueron al atesoramiento de los que compraron dólares y 34.000 millones fueron al BCRA… de donde la mayoría voló raudamente para intentar, sin el menor éxito, frenar corridas cambiarias diversas, las más graves en mayo y agosto de este año (Ámbito Financiero, 30-8-18 y 6-9-18)

Por lo pronto, según el BCRA, las compras anuales netas de moneda extranjera fueron como sigue: 8.000 millones en 2015, 10.000 millones en 2016, 22.000 millones en 2017 y 20.000 millones entre enero y julio de este año. Total: 50.000 millones de dólares. Cuando se computen los datos del “agosto negro”, en sólo ocho meses éste será ya el año récord de la historia argentina, superando los 23.000 millones de 2014.

Este solo dato basta para entender que las necesidades de financiamiento para 2019, lejos de estar “casi cerradas”, como miente Dujovne, son una herida abierta. El Presupuesto reconoce que faltan 22.600 millones de dólares, aunque dice confiar en que buena parte de esa deuda se renovará. Pero se ve que no tanto, porque al mismo tiempo a) se ruega, implora y suplica al FMI que largue un poco más de plata, y b) se reclama al Congreso carta blanca para una eventual “renegociación o reestructuración” de la deuda. [1] Aclaremos para los no avisados: en general, las reestructuraciones de deuda son obligadas por las circunstancias y suelen incluir quitas del monto total que deben soportar los acreedores para no perder todo… en un default. Fue lo que ocurrió, sin ir más lejos, en 2005.

 

El sueño de la convertibilidad es una pesadilla

 

La principal razón por la cual la sugerencia de una nueva convertibilidad, hecha por el funcionario de Trump Larry Kudlow, generó un rechazo casi unánime entre los propios especialistas no fue, naturalmente, “ideológica”, política ni consideración alguna por la pérdida de soberanía. Se trata, simplemente, de que no es realista. Porque atar el peso a la moneda estadounidense implica, al tipo de cambio actual, reforzar sensiblemente las reservas del Banco Central con un volumen de divisas que nadie sabe de dónde va a salir. Y si esos verdes no aparecen, la supuesta convertibilidad, incluso “flexible” (es decir, con un tipo de cambio no fijo), termina en una hiperdevaluación. Veamos cómo.

Es sabido que la convertibilidad hace que el Banco Central deje de funcionar como una institución que diseña y ejecuta políticas monetarias para pasar a ser una simple caja de conversión de monedas: sólo se emiten pesos en la medida en que ingresen dólares al BCRA que respalden esa emisión. Ahora bien, ¿alcanzan las actuales reservas del BCRA para sostener un régimen de convertibilidad con un dólar a 40 pesos? [2] Respuesta rápida: ni remotamente.

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Hagamos cuentas no tan difíciles. El total de circulante de pesos en la economía (base monetaria) se mide de varias maneras, pero el indicador más habitual es lo que se llama M2: dinero en efectivo en manos del público más dinero en cuentas bancarias en “depósitos a la vista” (cajas de ahorro y cuentas corrientes, pero no plazos fijos). A eso deben sumarse las letras emitidas por el Banco Central (detalle que el gobierno, en sus cálculos, suele omitir). El total es de unos 2,15 billones (millones de millones) de pesos. Si dividimos eso por los 49.000 millones de dólares de reservas declaradas por el BCRA, nos da un dólar de 43 pesos, lo que no está muy lejos del valor actual.

La trampa es muy simple: la cifra de reservas es pura ficción (como lo era también, por supuesto, la que declaraba el kirchnerismo, sobre todo a partir de 2012, la que declaraba De la Rúa, y muchos otros). Esos 49.000 millones de dólares no son, como creen los ingenuos, containers de dólares en las bóvedas del Central, listos para que se eche mano de ellos en cualquier momento. Más bien, esa cifra incluye: a) los encajes (porcentaje de dinero que deben inmovilizar los bancos como respaldo de sus operaciones) de los depósitos en dólares en los bancos, que por lo tanto son dinero privado, no propio del BCRA; b) el equivalente en yuanes (la moneda china) de 11.000 millones de dólares. De hecho, ni siquiera están los billetes chinos: es lo que se llama un swap (intercambio), que en el fondo no es otra cosa que una línea de préstamo del Banco Central chino disponible en cualquier momento, y en moneda china, que recién después de usada se puede convertir a dólares; c) otras líneas de crédito de organismos internacionales como el Banco Mundial o el Banco de Acuerdos Internacionales de Basilea, que se pueden pedir pero que no son dólares físicos.

Una vez descartada toda esta hojarasca que se anuncia orgullosamente como “reservas”, el dinero efectivamente utilizable (las llamadas “reservas de libre disponibilidad”) no supera los 22.000 millones de dólares. Si se hace la cuenta de circulante/reservas reales, nos da un dólar de… 97 pesos. De modo que ése sería el valor “convertible” si los mercados dejan de creer en una ficción que todos conocen, a menos que alguien (¿el Tesoro yanqui? ¿el FMI? ¿el Banco Intergaláctico?) le preste al gobierno/Banco Central otros 30.000 palos verdes. ¿No aparece nadie? Pues adiós sueños convertibles.

La deuda, el PBI y el fantasma del default

Según datos oficiales del INDEC, el PBI argentino en 2017 fue de 10,56 billones de pesos, equivalentes, al tipo de cambio vigente a fin de año pasado, a 512.000 millones de dólares (Télam, 21-3-18). A fines de 2018, de acuerdo con la estimación del Presupuesto, el PBI debería reducirse en un 2,4%, es decir, a 10,31 billones de pesos, que al tipo de cambio actual (seamos generosos y supongamos que los 40 pesos por dólar no se mueven de acá a diciembre) son menos de 258.000 millones de dólares.

El presupuesto estima la deuda pública total en 315.600 millones de dólares, que sería, en los fantasiosos cálculos oficiales, el 89% del PBI, que de esta manera se calcula en 354.600 millones de dólares.De modo que si tomamos como verdaderas las cifras más creíbles, a saber, el PBI de 2017 y el volumen de deuda que reconoce el gobierno para fines de 2018, la relación deuda/PBI no es del 89%, sino del 122%.

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En cuanto a la deuda neta (que excluye la deuda intra Estado), el gobierno reconoce que pegó un salto del 30 al 52% del PBI de 2017 a 2018, con un total de 184.500 millones de dólares. Pero si comparamos ese volumen de deuda con la cifra verdadera del PBI, la ratio entre ambas no es del 52 sino del 71%. En 2001, la relación de la deuda total (¡no la neta!) con el PBI rondaba el 60%. Pasemos en limpio esta ensalada de cifras:

                                                        2017       2018 PRO                  2018 real        17 vs 18 (%)

PBI ($)                                               10,56                                       10,31               -2,4

PBI (U$S)                                          512                  363                  258                  -49,6

Deuda total (U$S)                              292,3                                       315,6               -1,7

Deuda neta (U$S)                              150,5                                       184,5               22,6

Deuda total/PBI en U$S (%)             57,1                 87                    122,3               114,2      

Deuda neta/PBI en U$S (%)             29,4                 52                    71,5                 139,1

 

 

 

Sí: en un solo año, por obra y gracia de la megadevaluación,del megaendeudamiento con el FMI y de la recesión, el gobierno logró más que duplicarla proporción de deuda, tanto bruta como neta, respecto del PBI, hasta niveles insostenibles. ¿Se entiende por qué todos los economistas serios –neoliberales, keynesianos o marxistas; argentinos o extranjeros; amigos o enemigos de Macri– identifican el default como la principal amenaza en el horizonte argentino?

Notas

  1. De paso, digamos que esa discreta y bastante oculta previsión es casi el único rasgo de realismo de un presupuesto que, como se le escapó a un operador del PRO, “es para mostrar, no para gobernar” (sic), esto es, una pantomima para quedar bien. ¿Ante quién? Pues en primer lugar el FMI, naturalmente, y en segundo lugar “los mercados”: “A los fondos de inversión con foco en los mercados emergentes lo único que les interesa con respecto al caso argentino es la resolución del Presupuesto 2019 y el monto final del programa que se acuerde con el FMI. Ésta fue la principal conclusión de una mega cumbre de inversores en México, organizada por el influyente Institute of International Finance (IIF)” (J. Herrera, Ámbito Financiero, 19-9-18).
  2. Dejamos para otra oportunidad el examen de la curiosísima meta cambiaria del Presupuesto 2019, que prevé un dólar “promedio” para todo el año de 40,2 pesos, exactamente el nivel de septiembre de 2018. ¿Realmente supone el gobierno que recuperará la famosa “confianza perdida” de los mercados a punto tal de congelar el valor de la divisa yanqui al nivel actual? Y ni siquiera, ya que esa supuesta estabilidad en realidad significa una fuerte depreciación del dólar (o apreciación del peso), ya que mientras tanto la inflación estimada por el propio gobierno para los próximos 16 meses supera el 40%. De nuevo: ¿de verdad creen que el dólar se apreció tanto como para bajar hasta ese punto en términos reales? ¿O será, como temen los ultraliberales, que el macrismo decidió una vez más retrasar el valor del dólar como única herramienta contra la inflación en un año electoral? Si es así, está jugando ya no con fuego sino con armas nucleares.
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