La salud pública en picada total

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Editor en Jefe del portal IzquierdaWeb - Noticias de los trabajadores, las mujeres y la juventud.


Por Ana Vázquez y Eduquin

“En una protesta en el Evita, alertaron del ‘deterioro’ y advirtieron que el edificio ‘se está viniendo abajo’. Los agentes sanitarios apuntaron a la falta de presupuesto provincial y dijeron que ‘no hay anestesistas’ y que ‘la maternidad está en estado deplorable’. (Diario Popular, 22/2/13)

 

El “accidente” del 16 de agosto pasado en el Hospital Evita de Lanús, donde un camillero (trabajador precarizado correspondiente al sector limpieza) y un paciente resultaron gravemente heridos, es una trágica “mancha más al tigre”.

Como el día en que reproducimos la noticia del 2013, cuando un paro de actividades y una protesta se realizó en las puertas del edificio, también en esta oportunidad, el personal del hospital, junto a familiares y pacientes, denunciaron públicamente las pésimas condiciones edilicias, de falta de personal, insumos, y un largo etcétera, que provocan estas catástrofes.

 

“No fue accidente, no fue casual, es el ajuste de Mauricio y de Vidal”

Esta fue la consigna central que los agrupó. Se hizo presente en el establecimiento el ministro de Salud de la Provincia, Andrés Scarsi y, en la entrevista con los representantes sindicales “les aseguró que tenía un registro de que la empresa privada encargada del control de los ascensores había hecho una ‘revisión’ en una fecha cercana al accidente, lo cual los ‘alarmó más’”, declaró la titular de CICOP en el hospital, Sandra Álvarez. (Actualidad, Lanús, Municipios, 9/8/18)

Una catarata de denuncias de cortes de luz y gas, falta de personal en servicios esenciales, siguieron a las edilicias. Esas acciones son las únicas que hacen públicas las condiciones extremas de deterioro de la atención de la salud, en este caso la pública. Aunque la privada no está exenta de estas calamidades.

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Porque el ausente permanente es el Estado que no se hace cargo porque enfermarse es cada vez más un lujo. Como es un lujo, que lo paguen los ricos. Los pobres, los trabajadores, efectivos o precarizados… que se las arreglen como puedan.

 

“Vengo desde Gonnet porque allá no hay vacunas”

Esto le decía una paciente, que vino desde esa localidad bien del sur del Gran Buenos Aires, cercana a La Plata, a un enfermero del Hospital Argerich de CABA. No es porque en la Capital sobren vacunas, sino porque faltan en lugares densamente poblados y los que pueden (si les alcanza la SUBE, el tiempo, el cuidado de los niños y los ancianos) hacen semejante periplo para poder proteger su salud de una epidemia. Como la del sarampión, por ejemplo, que reapareció en el interior y también en CABA en marzo y julio de este año, enfermedad de la cual no había registrados casos desde el año 2000. Además, este trabajador de la salud denuncia que también están escaseando vacunas contra la meningitis, tan necesarias en niños, y vacunas para la hepatitis b para los adultos que superan los 19 años. Y por último, manifiesta que se largan campañas, para evitar brotes/epidemias, faltando recursos para llevarlas adelante, y con el agravante, de hacerlas con el mismo personal: doble de trabajo por el mismo sueldo.

Pero, como dice el refrán, la “culpa no la tiene el virus, sino quien le da de comer”. Y quienes le dan de comer son los parásitos de los jerarcas de los ministerios de Antisalud que, con el respaldo del Estado y sus garantes, le dan la espalda a la atención primaria de la salud a la población que la necesita.

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En la misma situación que las escuelas, los hospitales se caen a pedazos y se mantienen por el esfuerzo de su personal que, profesional, no profesional, efectivo, precarizado, hace lo que puede y como puede, para atender lo mejor posible a los pacientes.

Otro tanto y tan escandaloso es el caso de los centros de salud donde se atienden distintas obras sociales o prepagas. En algunos casos, los edificios son más presentables, pero la atención también evidencia con el mismo dramatismo el “afano” a cuatro manos de los jerarcas sindicales que cobran la cuota, la supercuota a los afiliados y reciben fondos del Estado y de las patronales (los legales y de los otros) y no los invierten en mejorar la calidad y eficiencia del servicio.

Para dar una vuelta de tuerca y pelear por una necesidad tan básica, debemos seguir la lucha contra este gobierno y el FMI que lo único que hacen son “recetas de ajuste” pero ninguna a favor de nuestra salud. Eso lo podemos hacer desde los trabajadores de la salud, profesionales y no profesionales, junto al resto de los trabajadores, las mujeres y la juventud, para pelear unidos contra el vaciamiento hospitalario y por una atención e insumos para cubrir nuestras necesidades.

 

 

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