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La resolución del Directorio del PSOL sobre las elecciones abre un camino peligroso

El Directorio Nacional del PSOL (DN) se reunió a finales del mes de mayo para discutir y tomar iniciativas político-organizativas para el próximo período. Esto en una coyuntura de creciente disposición de lucha demostrada en los actos del 15M, 30M y en la de la Huelga General del 14 de Junio. De la reunión salieron dos resoluciones: una sobre coyuntura, que analizamos en una nota publicada el día 02/06, y otra sobre las elecciones 2020, que vamos a hacer algunos apuntes en esta nota.

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Editor en Jefe del portal IzquierdaWeb - Noticias de los trabajadores, las mujeres y la juventud.
Gabriel  Mendes y Antonio Soler


Ambas resoluciones traen la visión mayoritaria del DN y ambas nos preocupan. En relación a la resolución de coyuntura, hay una lectura que enmarca la situación nacional y las tareas del partido de forma parcial, economicista y desprovista de una estrategia de diferenciación con el lulismo. Se realiza una apuesta vaga a la movilización, que pasa lejos de presentar cualquier perspectiva en la lucha directa que abra el camino para derrotar a Bolsonaro y cambiar la correlación de fuerzas de forma categórica en favor de los trabajadores.

En la Resolución Electoral, a pesar de suscinta, podemos señalar aspectos comunes en relación a la Resolución de Coyuntura. La línea política adoptada por el ala mayoritaria del DN trabaja las tácticas de unidad de acción y de frente único sin diferenciación política alguna con el lulismo. Para ello, hacen ambas una lectura de la realidad que “impone” unilateralmente la necesidad de “frentes sociales”; en realidad lo que proponen son frentes populares con la burocracia lulista y con los demás partidos de la llamada “centro izquierda”. De esta forma, la diferenciación política, fundamental para la construcción de una alternativa de izquierda para la clase obrera, es colocada en un segundo plano y retirada de forma mecánica y oportunista de la táctica de frente único. Abriendo camino así para la inclusión de los partidos burgueses en nuestro arco de alianzas electorales.

En cuanto a la construcción del partido, se hace una lectura posibilista que apunta el rumbo hacia dónde va el PSOL bajo el marco de la simple dinámica de crecimiento parlamentario, sin al menos apuntar a la necesidad de construir el partido en las estructuras fundamentales de los trabajadores y de la juventud. Esto lleva a giros de análisis de la situación en un corto espacio de tiempo, que están marcados por el impresionismo que casi siempre lleva a una lectura equivocada de la realidad.

Se transita de la “inminencia del fascismo” (elecciones 2018) hasta la afirmación de que hay una coyuntura “inestable”, en la que el  “aislamiento político” de Bolsonaro en el Congreso Nacional y las dificultades del gobierno en la articulación para aprobar la contrarreforma Previsional, además de otras medidas ultraliberales, dificultaría la implantación del proyecto ultraliberal en curso. Es decir, ambas resoluciones pierden criterios básicos de apreciación de la realidad que deben analizar aspectos de la economía y de la superestructura política, pero sin dejar de considerar la lucha de clases como fundamento último del desarrollo de la coyuntura y los desdoblamientos políticos.

 

Un camino para el descenso programático

La Resolución del DN se caracteriza por problemas estratégicos, políticos, constructivos y tácticos sobre los que necesitamos detenernos. En ese punto el centro está en el debate sobre la táctica electoral para la próxima etapa. Hay un fragmento de la resolución que dice: “El PSOL es un partido central en el proceso de reorganización de la izquierda, con protagonismo en la resistencia y pudiendo alimentar la esperanza del pueblo de días mejores”.

Aquí se introduce de forma tangencial (sic) el debate sobre las articulaciones políticas de tácticas electorales que al ser puestas en práctica, van a abrir el camino hacia un proceso que caracterizamos como un intento de “refundación” del PSOL.

Camino que tiene como base la conformación de un programa electoral rebajado y alianzas electorales con partidos burgueses. De ahí a tareas de “reorganizar a la izquierda” de forma indistinta en detrimento del papel de organizar la izquierda socialista y, principalmente, los trabajadores y oprimidos en sus lugares de trabajo, estudio y vivienda.

Así, la Resolución coloca en las instancias partidistas una elaboración en torno a alianzas que ya están siendo discutidas y que, por ahora, no cuentan con debate interno con la base y amplia discusión y acuerdo político con las fuerzas que componen el PSOL.

El PSOL ha avanzado en número de afiliados, estructuración en el movimiento social, organización, representación parlamentaria e intervención en la lucha de clases, pero sabemos que para cumplir un papel histórico tiene mucho que avanzar. Por eso, la línea política, táctica y metodológica presentada en la Resolución del DN en términos de elaboración programática y táctica electoral es extremadamente preocupante y debe merecer la atención del conjunto de la militancia del partido.

Hay problemas con lo que se dice en el texto, pero también en relación con sus lagunas. En el inicio de la Resolución surge una cuestión estratégica sobre la que tenemos que detenernos, pues la construcción del PSOL como partido que supere entre las masas los límites del proyecto lulista depende de un perfil político totalmente distinto. Así, no sólo podemos enfrentar la situación actual con “la presentación de un programa radical de cambios que presente otro modelo de ciudades” [1], pues en el enfrentamiento a la ofensiva reaccionaria en curso con un programa que atienda de hecho a los intereses de los trabajadores, es necesario construir un programa radical que dialogue con las necesidades inmediatas de las masas en el sentido anticapitalista.

Esta perspectiva de “cambios radicales” o incluso de “otro modelo de ciudades” que no pase por el objetivo estratégico, desde la municipalidad, de desarrollar salidas anticapitalistas para el conjunto de los problemas de los trabajadores, lo que significa atacar los intereses del capital apoyándose principalmente en la movilización de los trabajadores, es sistemáticamente inconsistente y lleva inevitablemente a gobiernos locales burgueses. Es decir, de enfrentamiento con el movimiento de los trabajadores y de la juventud. Este fue el problema recurrente de partidos como el PT al frente de gobiernos locales y del PSOL cuando gobernó Macapá; o sea, al gobernar de acuerdo con las instituciones burguesas y los intereses capitalistas atacan a los trabajadores y sus luchas.

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Otro problema que surge en el texto de la Resolución tiene que ver con la estrategia de transformación que se vislumbra. Sabemos que ningún cambio significativo puede ocurrir sin una movilización masiva, continuada y radicalizada. Por eso, “el PSOL es un partido central en el proceso de reorganización de la izquierda”, pero debe tener como objetivo primordial organizar un número cada vez mayor de trabajadores, mujeres y jóvenes para que sean protagonistas de las transformaciones políticas y sociales necesarias, y no simplemente para “alimentar la esperanza del pueblo de días mejores” [2]. En este último pasaje, una vez más, aparece el sujeto central (la clase trabajadora) de la transformación (socialista) de manera pasiva, o sea, sin que en él se deposite la apuesta de protagonismo en el proceso de transformación.

En el mismo párrafo del texto anterior otra cuestión importante surge cuando se refiere a la propuesta de programa, ya que según la Resolución la alternativa que queremos construir, debe materializarse “en una propuesta de programa para las ciudades totalmente diferente de los modelos de la vieja política, buscando superar los límites de las experiencias de la centro izquierda “. [3] Por supuesto que es necesario superar los “límites de las experiencias” de la política de la llamada “centro-izquierda” (PT, PSB, PCdoB y congéneres), pues actúan en todos los ámbitos del gobierno con una política social-liberal, es decir, gobiernan para garantizar los intereses de las clases dominantes. No se trata sólo de “límites”, es preciso caracterizar la política de esos partidos en el gobierno o en la oposición por el verdadero nombre, es decir: partidos al servicio de la clase dominante sobre los que tenemos que hacer un duro balance y construir alternativas políticas y de gobierno (local, estatal y nacional) totalmente distintas.

 

Por un programa capaz de enfrentar a los de arriba

La resolución nacional afirma que el programa del partido “deberá ser contemporáneo para enfrentar los desafíos impuestos a los municipios brasileños”. [4] Esta es una afirmación vaga, sin ningún grado de concreción, pues no sirve para la estrategia de construir un partido socialista radical para las masas. Ya que ser contemporáneo significa dar cuenta de los problemas actuales, de los nuevos contenidos políticos con nuevas formas, es preciso definir claramente cuáles son esos contenidos y con qué perspectiva serán enfrentados. A continuación podemos percibir que esa “contemporaneidad” sugerida por la Resolución parece volcada hacia políticas públicas que de hecho no enfrentan los problemas y ni apuntan hacia un método viable para la superación de los mismos.

 

Por un programa capaz de enfrentar a los de arriba

La resolución nacional afirma que el programa del partido “deberá ser contemporáneo para enfrentar los desafíos impuestos a los municipios brasileños”. [4] Esta es una afirmación vaga, sin ningún grado de concreción, pues no sirve para la estrategia de construir un partido socialista radical para las masas. Una vez que ser contemporáneo significa dar cuenta de los problemas actuales, de los nuevos contenidos políticos con nuevas formas, es preciso definir claramente cuáles son esos contenidos y con qué perspectiva serán enfrentados. A continuación podemos percibir que esa “contemporaneidad” sugerida por la Resolución parece volcada hacia políticas públicas que de hecho no enfrentan los problemas y ni apuntan hacia un método viable para la superación de los mismos.

La actualidad del capitalismo y su tendencia a la depresión crónica plantea una guerra permanente contra los trabajadores. En ese escenario cualquier conquista inmediata tiende a ser más difícil sin enfrentar de forma dura las fuerzas del gran capital. Por eso, concordamos con la Resolución cuando ésta afirma que la “participación popular es un principio innegociable” de la gestión (socialista) y que necesitamos una planificación popular para el presupuesto, plan director y políticas sociales para que sean “elementos que sostengan y viabilicen la planificación democrática y socio-ambientalmente referenciada “[5].

La participación popular en la construcción de estos elementos ciertamente es decisiva, pero necesitamos calificar esa participación; ¿qué nivel de participación popular anhelamos, la de los consejos participativos de las administraciones petistas o la de la construcción de consejos populares como instrumentos permanentes de lucha que, de hecho, movilicen y organicen a la población en la defensa de sus reivindicaciones? Calificar el nivel de participación popular es decisivo para que podamos imponer los intereses populares sobre las fuerzas dominantes que actúan en las ciudades, pues la política socialista puede ser local, pero ciertamente en el curso de los gobiernos tendrá que enfrentarse a la fuerza de la clase dominante a nivel nacional; no podemos huir de ese hecho.

La Resolución cuando trata de un esbozo de programa parte de un punto correcto, el de que la crisis va a conducir al empeoramiento de las condiciones de vida de los trabajadores, de los pequeños empresarios y de la juventud. Pero pone como salida un programa muy por debajo del reformismo, pues para la Resolución se trata sólo de “cobro de la deuda de los grandes deudores”; de “implantación de medidas innovadoras contra el rodoviarismo y a favor de modales integrados” y de “defensa de la salud y de la educación pública”.

Es decir, un programa que no se plantea abordar temas como el desempleo masivo, la falta de vivienda y saneamiento básico, de transporte, salud y educación de calidad y gratuitos, y otros. Soluciones que no se hacen sin un amplio proceso de movilización popular para enfrentar esas cuestiones con una perspectiva anticapitalista de la sociedad.

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Es fundamental llevar el debate a la base

Las conversaciones entre dirigentes y figuras públicas del PSOL con dirigentes de partidos burgueses es informada con frecuencia. En el mes de abril se reunieron representantes del PSOL, PT, PSB y PCdoB para iniciar la construcción de una alianza denominada “Unidad Progresista”, movimiento que tiene como perspectiva construir un frente político con “viabilidad electoral”. En mayo se hizo pública la campaña impulsada por Marcelo Freixo por la formación de un frente para las próximas elecciones, buscando apoyo del PT, PCdoB, PSB y PDT. Una propuesta tiene el rechazo de amplios sectores del PSOL en Río de Janeiro, pues tienen claro el significado político de la alianza con partidos del orden, que desde hace años son coautores de los ataques a los trabajadores promovidos por los gobiernos municipales y estatales. También en mayo, las elecciones municipales en Porto Alegre ganaron relevancia con la negociación por una lista PCdoB/PSOL con el objetivo principal de formular una lista anti-Marchezan (PSDB).

Por todo ello, no podemos dejar de considerar el método con el que se quiere desarrollar este debate programático. En su primer punto, la Resolución del DN presenta dos problemas: crea “un GT Nacional de programa bajo coordinación del compañero Guillermo Boulos, para organizar el debate y formulación de una plataforma general programática del PSOL para las elecciones municipales”.

“Después de resolver también abrir un debate en toda la base del partido e instancias” sobre táctica electoral y política de alianzas, buscando una línea unificada nacionalmente, considerando las especificidades regionales, teniendo como plazo el próximo Congreso Nacional del PSOL “[6] y ” autorizar el diálogo de este GT, con acompañamiento de la Ejecutiva Nacional, con otras fuerzas sociales y partidarias para intercambiar puntos de vista sobre la coyuntura política y los desafíos de la oposición al gobierno de Bolsonaro “.[7]

Aquí aparecen problemas de varios órdenes que deberían poner a cualquier militante en alerta. En primer lugar programático, porque la Resolución ni siquiera menciona que ese programa electoral debe tener en cuenta el programa del partido -patrimonio colectivo a pesar de sus límites y que tiene años de acumulación-, ya que los puntos programáticos presentados en la Resolución no dan cuenta de ningún problema de los explotados y oprimidos.

En segundo lugar, desde el punto de vista organizativo la Resolución produce una extrema centralización al proponer la coordinación unipersonal de una tarea tan importante como la de coordinar nacionalmente ese proceso. Medida extremadamente centralizadora que coloca la conducción de ese proceso sólo en la mano de un compañero que, además, da demostraciones públicas cotidianas de que quiere hacer alianzas electorales con todo el arco de partidos de “centro izquierda”.

Lo que significaría, entre otros problemas, si tiene éxito la línea aprobada por el DN, la posibilidad de gobernar con partidos que traicionaron la lucha de los trabajadores. Y en tercer lugar, ese proceso de construcción programática ya es de antemano abierto a “otras fuerzas sociales y partidarias” sin ningún recorte político definido por la discusión en la base. Es decir, de antemano la Resolución del DN autoriza a la Ejecutiva Nacional a hacer tratativas programáticas y tácticas con los demás partidos, incluso los del orden, sin que ninguna definición táctica sea tomada por el conjunto del partido.

 

Esta “refundación política” nos desarma para la polarización que crece

La Resolución del DN, por su contenido político y metodológico, va en la dirección de un proceso que podemos llamar “refundación político-organizativa” del partido para establecer un programa por debajo de las necesidades elementales del pueblo trabajador y alianzas electorales que concuerden con ese programa. Es decir, alianzas que están siendo articuladas a través de la “Unidad Progresista” con la “centro izquierda” (PT y otros).

Destacamos que está en plena operación la reingeniería partidista que puede liquidar al PSOL como tal. Pues se trata de una reconstrucción programática y de táctica electoral que significa rifar de manera definitiva la posibilidad del PSOL de construirse como partido superador del lulismo. El PT, y otros partidos de ese campo, es traidor sistemático de la lucha de los trabajadores y de los oprimidos y en el poder se convierten invariablemente en gobiernos burgueses que atacan nuestros intereses y reprimen nuestras luchas.

No es porque estamos ante un gobierno de extrema derecha hay que cambiar de perfil político, vemos que esa estrategia de conciliación de clases y traición de las luchas se repite en lo cotidiano de la lucha de clases, en las líneas políticas generales, ver sino cómo condujeron la Huelga General de 14 de junio, y los municipios donde gobiernan.

Por eso, es fundamental que la toda base del partido, sus dirigentes, figuras públicas y corrientes socialistas comprometidos con la construcción del PSOL como partido socialista e independiente de los patrones y de la burocracia, coloquen tota su atención a esta discusión y se organicen inmediatamente para revertir la línea de elaboración programática y electoral votada en el DN. Pues significa el desarme para la polarización de la lucha de clases, para el enfrentamiento con el gobierno Bolsonaro, para el próximo período electoral y para la construcción de una alternativa de masas al lulismo, preanunciando así una catástrofe político-constructiva que puede llevar a la bancarrota nuestro partido como tal.

 

 

Notas

[1]http://psol50.org.br/wp-content/uploads/2019/05/RESOLUCAO.ELEICOES2020.DNPSOL.26052019.pdf

[2] Ídem.

[3] Ídem.

[4] Ídem.

[5] Ídem.

[6] Ídem.

[7] Ídem

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