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Editor en Jefe del portal IzquierdaWeb - Noticias de los trabajadores, las mujeres y la juventud.

Texto original en inglés: https://www.jacobinmag.com/2019/08/hong-kong-protest-china-carrie-lam-umbrella-movement-extradition-bill-xi-jinping

 

Las continuas protestas en Hong Kong son un dramático recordatorio de que las manifestaciones callejeras masivas pueden vencer legislación que parece invencible.

El mes pasado, las marchas de más de un millón de personas obligaron al gobierno de Hong Kong a cajonear su ley de extradición, que según sus críticos hubiera permitido a Pekín silenciar las voces opositoras en la ex colonia británica. No contentos con la mera suspensión, los manifestantes demandan el retiro completo del proyecto de ley y la renuncia de la Jefa Ejecutiva Carrie Lam, que cuenta con el apoyo de Pekín.

A diferencia del Movimiento de los Paraguas de 2014 en Hong Kong, que tenía múltiples voceros, los jóvenes manifestantes rechazan cualquier tipo de liderazgo y no parecen tener intenciones de encauzar su furia por la vía electoral. En cambio, continúan intensificando la acción directa, dando duras batallas contra la policía, ocupando momentáneamente el Consejo Legislativo y manifestándose dentro del Aeropuerto Internacional de Hong Kong.

El gobierno chino advirtió a los manifestantes que no se atrevan a cuestionar los fundamentos de “un país, dos sistemas” (el principio, diseñado por Deng Xiaoping a principios de los 80, que incorpora a Hong Kong como parte de China pero otorgándole un mediana autonomía). Pekín incluso ha dado a entender que podría intervenir militarmente. Hasta el momento se ha abstenido de intervenir de manera directa, pero la amenaza de la mano dura pende sobre las cada vez más violentas batallas, con 44 manifestantes procesados por disturbios por primera vez en dos meses de protestas.

Ni Hong Kong junto a Pekín, ni los manifestantes parecen querer retroceder. Y dado el extendido descontento entre la población civil de Hong Kong -que todavía no pueden elegir su Jefe Ejecutivo sin intervención de Pekín-, incluso la renuncia de Carrie Lam podría ser insuficiente para resolver el impasse.

El colaborador de Jacobin, Kevin Lin, dialogó con el experimentado autor socialista Au Loong Yu sobre la escalada de manifestación, la composición ideológica del movimiento, el rol de los sindicatos en los combates y el efecto de las variadas relaciones geopolíticas (Pekín y Hong Kong, Estados Unidos y China) tienen en el desarrollo de esta rebelión.

 

KL: Desde las concentraciones masivas en Junio, hemos visto un mayor grado de organización militante en las acciones contra las autoridades de Hong Kong ¿Cómo deberíamos interpretar esta escalada?

ALY: Dentro de los “listones amarillos” -aquellos que apoyan una reforma democrática- hay dos tendencias: La juventud radicalizada (que juega el rol de vanguardia) y los simpatizantes adultos y pandemocráticos (la oposición liberal desde los 80s, que propone el sufragio universal pero manteniendo el “libre mercado” de Hong Kong). Las generaciones más jóvenes tienen mayor determinación que los mayores al exigir que se elimine el proyecto de ley de extradición a China. Hay, entre ellos, mucha ansiedad e ira, y temen que sino ganan esta pelea, perderán para siempre.

Desde el 6 de Julio hubieron tres grandes manifestaciones en diferentes distritos. También hemos visto momentos de violencia entre ambos lados, aunque la policía siempre es más provocadora y violenta. A pesar de la violencia, los jóvenes mantienen un amplio apoyo dentro del movimiento de los listones amarillos ¿Cuán grande es el movimiento? Las convocatorias del 9 de Junio, 16 de Junio y del Primero de Julio fue de un millón, dos millones, y medio millón respectivamente. En contraste, los “listones azules” pro-Pekín no movilizan más de 150 mil personas.

También entre la población mayor empieza a crecer la ira. No sólo fueron embaucados con la promesa de Pekín del sufragio universal, sino que ahora sus hijos podrían terminar con la misma desilusión y en una situación de peor movilidad social.

 

KL: ¿Cómo caracterizaría la relación entre los gobiernos de Pekíng y Hong Kong?

ALY: Se da una situación por demás absurda: Todo el mundo sabe que fue decisión de Pekín apurar la ley, pero tanto Pekín como Carrie Lam hacen de cuenta que la culpa es del otro y que ellos sólo lo estaban apoyando.

Es culpa exclusiva de Pekín y Carrie Lam que sólo unos pocos confíen en ellos. Desde que Xi [Jinping] llegó al poder en 2012, su Oficina de Enlase en Hong Kong rompió con la política de sus predecesores de mantener un perfil bajo y se hizo presente en todos los asuntos de la política local, incluso entrometiendose en elecciones. Carrie Lam apoyó públicamente y de buena gana la intervención de Pekín desde que asumió su cargo hace dos años. Incluso, la ley de extradición involucra también a Taiwán y por lo tanto excede la jurisdicción tradicional del gobierno de Hong Kong ¿A quién se le ocurre que este proyecto de ley haya sido impulsado únicamente por Carrie Lam?

Hay una creencia generalizada de que Pekín está utilizando esta ley como ficha de negociación en la guerra comercial entre Xi y Trump. De ahí el apuro. Pekín intentó poner paños fríos haciendo que Carrie Lam suspenda el proyecto de ley el 15 de Junio, pero no tiene ninguna intención de retroceder más retirando el proyecto.

En este momento Hong Kong está en una encrucijada. Carrie Lam anunció que “la ley está muerta” pero como su gobierno no tiene legitimidad y todo el mundo sabe que es la Oficina de Enlace, y no ella, quien manda realmente, nadie le creerá hasta que no retire oficialmente el proyecto de ley.

Sin embargo, según informes mediáticos, es algo que no puede hacer porque implicaría que Pekín también cometió errores -y para Pekín, su imagen siempre es una preocupación de primer orden. Esta necesidad de salvar su imagen a cualquier costo genera una extrema inflexibilidad en la dirigencia del Partido Comunista. Esto no es tan problemático para el Partido Comunista Chino (PCCh), dado que Pekín no es para nada transparente. Pero Hong Kong todavía mantiene ciertos aspectos de gobernabilidad liberal -rendición de cuentas, libertad de expresión, justicia procedimental, independencia del poder judicial- que le dan a la población mayores elementos para adivinar que ocurre tras las puertas cerradas de la Oficina de Enlace y la oficina de la Jefatura Ejecutiva.

He ahí por qué la inflexibilidad y las mentiras de Pekín y Hong Kong parezcan más absurdas y menos digeribles. Y la juventud no ha dudado en mostrar su total desprecio por el PCCh: La noche del 21 de Julio, jóvenes pintaron con aerosol sobre el emblema nacional de la Oficina de Enlace. Encorsetados por la política de salvar la imagen, tanto la Oficina de Enlace como Carrie Lam se han quedado sin más alternativa que la represión violenta de la juventud radicalizada.

Sería razonable pensar que Pekín está tendiendo trampas para los manifestantes. La ocupación de la legislatura del 1 de Julio es bastante sospechosa -la policía retrocedió ante el asedio a la legislatura, permitiendo que la juventud irrumpa. También, luego de la gran movilización del 21 de Julio surgió de la nada un llamado a una movilización continua hacia la Oficina de Enlace. Pero cuando los manifestantes llegaron, la policía que custodiaba el edificio había sido evacuada, permitiendo que los manifestantes pintaran e hicieran grafittis en sus paredes. Esa misma noche, la mafia atacó indiscriminadamente a pasajeros del tren Yueng Long West Rail. Y luego se suicidó otro joven también esa misma noche. Todos estos acontecimientos no han hecho más que antagonizar con el movimiento de los listones amarillos y podría radicalizarlo aún más.

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El PCCh tiene un largo historial de provocar rebeliones prematuras, sólo para legitimar una sangrienta represión posterior. Habría que mirar con atención si este es el caso. El lado más preocupante de la historia es que si el régimen de Pekín permanece estable, un alzamiento del pueblo hongkonés podría no terminar bien.

 

KL: Una de las acciones más importantes fue un llamado de los sindicatos a la huelga. Pero desafortunadamente, no lograron convencer a los trabajadores de abandonar los puestos ¿Cómo explicaría este fracaso?

ALY: La población sindicalizada en Hong Kong en 2017 era el 25%, lo cual no es bajo. Pero este porcentaje se obtuvo gracias a aportes sindicales ridículamente bajos -tan bajo que los principales sindicatos no dependen de la cuota sindical para financiarse, sino de programas de re-entremaniento financiados por el gobierno en beneficio de negocios privados, también dependen en algunos casos del financiamiento extranjero, especialmente de los Estados Unidos. Pocos afiliados son activos realmente. Aunque hay muchos “sindicatos industriales”, la mayoría son muy pequeños o sólo están en algunos lugares de trabajo individuales.

En estas condiciones, no sorprende que el llamado a huelga haya fracasado. El día que se llamó, también se había convocado a una concentración de la Confederación de Sindicatos de Hong Kong (CSHK) cerca de la sede del gobierno, pero sólo algunos cientos se concentraron.

La dirección de la CSHK siguió por dos décadas el reclamo de los pandemócratas de la democracia dentro de las restricciones de la Ley Básica sin ninguna crítica. Incluso después de que su líder, Lee Cheuk-yan, fundara un pequeño Partido Laborista en 2011, su partido continuó siguiendo la línea política de la derecha liberal.

Con respecto al movimiento sindical, tanto el Partido Laborista como la CSHK se han vuelto más contestarios en los últimos diez años, girando un poco más cerca de la centro izquierda. Pero su historial político dificultan que puedan conectar con el movimiento juvenil en ascenso, que desprecia a los pandemócratas. Su impericia para garantizar una huelga exitosa durante el Movimiento de los Paraguas de 2014 sin duda colaboró a su fracaso. Finalmente, Lee y otros legisladores del Partido Laborista perdieron sus escaños en la elección legislativa de 2016 y Lee no pudo recuperarlo en la elección de medio término de 2018. Estas derrotas dan como resultado que tanto la CSHK como el Partido Laborista sólo han podido jugar un rol marginal en el movimiento actual.

 

KL: El movimiento de protesta ha disparado más discusiones en Hong Kong sobre su relación especial con China continental, con los así llamados “localistas” -que desconfían del continente- jugando un rol prominente ¿Cuál es su política y cuánta influencia tienen en el movimiento de protesta?

ALY: Los grandes medios occidentales tienden a ver a los localistas hongkoneses de forma positiva, como luchadores democráticos contra Pekín. Pero la realidad es bastante más complicada. El término chino “localismo”, cuando fue empleado por primera vez por los movimientos sociales, era utilizado por gente de la izquierda amplia. Sin embargo, es su ala derecha la que ha crecido cada vez más. Estos localista son nativistas y muy xenofóbicos.

Varios años antes del Movimiento de los Paraguas, esta corriente empezó a ganar tracción entre la juventud. Sus voceros era Raymond Wong y el académico Chin Wan-kan. Junto con el aprendiz de Raymond Wong, Wong Yeung-tat, constituyeron un trío xenófobo. Su accionar en el área ocupada consistía en silenciar las voces de los otros demócratas, utilizando la violencia o la amenaza de violencia, haciendo declaraciones racistas sobre los chinos (a los que llamaban “langostas” que deberían ser exterminadas) y atacando inmigrantes de la china continental en Hong Kong por supuestamente robar asistencia social del gobierno.

El trío xenófobo también atacó ferozmente a la FEHK (Federación de Estudiantes de Hong Kong durante el Movimiento de los Paraguas. El 12 de Octubre, luego del llamado de Chin Wan-kan, los localistas fueron a Mong Kok para atacar el foro callejero de la FEHK. No es de sorprender que esto evolucionara en la destrucción de sus escenarios, ataques a sus piquetes y eventualmente la disolución de la FEHK.

Este trío xenófobo se presentaba de manera más radicalizada que otra corrientes. Su eslogan era “la FEHK no nos representa” y se oponían a cualquier señal o simbolismo de liderazgo: Escenarios, banderas, incluso intentos de generar asambleas. Era especialmente conocdios por llamar al “chaidatai” o “desarmar el escenario” y ponerlo en práctica cada vez que la FEHK organizaba un foro de debate con escenario.

Probablemente por su crudeza, el trío sufrió una dura derrota en la elección de 2016, pero una generación más joven de localistas xenofóbicos, como los Yougspiration resultó electa. Aunque un poco más sofisticada, esta generación heredó la idea básica del trío. Su idea de “desmantelar el escenario” también influenció a la juventud en las protestas contra la ley de extradición china, donde los jóvenes favorecen un movimiento “sin líderes” y “sin un escenario central dando órdenes”.

Esta corriente localista de derecha tiene apoyo dentro de determinados estratos sociales. En Abril de 2016, dos años después de la ocupación, un estudio determinó que los “localistas” tienen un 8.4% de apoyo, con un mayor porcentaje dentro de la juventud de entre 18 y 29 años.

Sin embargo, la gente que prefiere el término “localista” no interpreta su significado de la misma manera. El movimiento contra le ley de extradición tiene menos tendencias xonofóbicas que el Movimiento de los Paraguas. Probablemente esto se debe a que el viejo trío parece pasado de moda y los localistas como Youngspiration han visto cómo sus dos legisladores fueron descalificados por el gobierno y han caído en la inactividad desde entonces, dejando a la juventud radicalizada a sus anchas. Incluso si persiste entre algunos el prejuicio contra la China continental, esto no ha cristalizado en un proyecto o programa político. De modo que en lugar de criticar desde afuera, la Izquierda debería involucrarse y tratar de ganarse a la juventud.

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KL: ¿Qué interpreta del apoyo, o falta del mismo, que tiene el movimiento de protesta dentro de China continental?

ALY: La represión en China continental con seguridad es el factor más directo que actúa para aislar y exterminar los esfuerzos de solidaridad con la resistencia hongkonesa. Pero el régimen chino también es muy bueno manipulando la opinión pública. Los reportajes selectivos o directamente noticias falsas sobre Hong Kong son algunos de los trucos más crudos en juego.

Ha habido un esfuerzo más sofisticado de Pekín para desmantelar el vínculo entre hongkoneses y chinos. Hay quien considera que el trío xenófobo y su núcleo duro de colaboradores son en realidad provocadores del Partido Comunista. En 2016, dos legisladores de Youngspiration modificaron sus juras -pronunciando la palabra China como Chi-na”, un término denigrante para los chinos- y Pekín los descalificó, junto con otros cuatro legisladores pro-autodeterminación. Este accionar estúpido y racista encendió el debate sobre la verdadera identidad de estos dos localistas.

 

Es difícil determinar hasta qué punto los provocadores se han infiltrado en el movimiento. Pero hablando objetivamente, los “localistas” han ayudado a China a apretar la correa sobre Hong Kong, provocado innecesariamente a China, con sus políticas racistas y ataques a visitantes del continente, inmigrantes y a las fuerzas democráticas. También colaboraron en alienar a los chinos continentales de los hongkoneses.

 

KL: ¿Cómo ha impactado la rivalidad entre China y Estados Unidos en el movimiento de protesta y cuáles son las raíces estructurales de esta rivalidad?

ALY Una de las razones por las que Pekín decidió que Carrie Lam cajoneara la ley de extradición el 15 de Junio es que Chino no quería manchar la imagen de Xi Jinping en la cumbre del G20 en Osaka dos semanas después. En el caso de los Estados Unidos, con seguridad tenían varios motivos para hacer preguntas difíciles sobre la ley de extradición, ya que afectaba a cualquiera en Hong Kong, incluyendo inversionistas extranjeros o visitantes de paso en el país.

A pesar de que la decisión de Pekín de suspender el proyecto de ley ayudó a Xi a lidiar con Trump, se demostró insuficiente para aplacar a los manifestantes en Hong Kong. En general, entre los medios liberales hay simpatía por los Estados Unidos, particularmente en el Apple Daily. Este medio juega un rol esencial para promover los puntos de vista de la oposición, pero también es fuertemente pro gobierno de los Estados Unidos e incluso pro-Trump por momentos. Este tipo de razonamiento de “el enemigo de mi enemigo es mi amigo” puede empujar al movimiento democrático hacia posiciones poco convenientes.

El capitalismo chino es una especie de “capitalismo burocrático”, donde la clase dominante combina el poder coercitivo del Estado con el poder del capital. Este tipo de capitalismo es altamente explotador, monopólico y, más importante, expansionista. De ahí la rivalidad entre China y Estados Unidos, aunque debemos entender que China todavía está lejos de poder alcanzar a los Estados Unidos en muchos campos.

La última vez que Estados Unidos lanzó una guerra comercial con la segunda economía del mundo fue en los 80s, con Japón. En gran medida esta terminó cuando los Estados Unidos gestionaron el Acuerdo del Plaza, que obligó al yen a apreciarse significativamente, seguido por una tarifa del 100% a las importaciones japonesas. La economía japonesa sufrió un duro golpe, pero la alianza entre los Estados Unidos y Japón se mantuvo intacta.

Esta vez es distinto, en parte porque Pekín sacó lecciones de la experiencia japonesa. Desde los 80s el caso japonés es materia de debate entre economistas, estrategistas y nacionalistas chinos y la posición de los nacionalistas siempre prevaleció: China, como país en vías de desarrollo, no puede permitirse una derrota al estilo japonés a manos de los Estados Unidos y China debe resistir a los Estados Unidos si Washington empieza a mostrar los dientes. Esto es exactamente lo que Xi ha hecho hasta ahora.

Hay otra lección que la línea dura pekinesa saca de la historia: La única forma que tiene un país de segundo orden para evitar ser invadido o pisotead es pelear para ser el principal poder hegemónico. A diferencia de Japón, el PCCh bajo Xi no está dispuesto a aceptar esa posición de segunda de manera indefinida. A diferencia de Japón, Xi pretende reemplazar la versión “occidental” de la globalización con su versión “china” aquí y ahora.

Es común ver presidentes estadounidenses atacar a China durante la campaña electoral y luego, una vez en el cargo, girar a dialogar con China. Este ciclo parece haber terminado ahora. Trump podría realizar giros y movimientos más tácticos en el futuro cercano, especialmente en la proximidad de la elección 2020, pero la tendencia general es de una intensificación de la rivalidad entre Estados Unidos y China, dado que ahora hay un consenso entre Demócratas y Republicanos con respecto a China.

Esta guerra comercial no es convencional. Es apenas la primer batalla de un largo enfrentamiento entre Estados Unidos y China, que puede ser un desastre para el mundo.

 

KL ¿Qué debería hacer la gente progresista en China continental, Hong Kong, Estados Unidos y el resto del mundo para apoyar al movimiento democrático en Hong Kong y reducir las tensiones entre Estados Unidos y China?

ALY Ambos lados de esta pugna van a intentar forzar a elegir entre “Washington o Pekín”. Toda la gente progresista, sea en Hong Kong o en otro lado, debería rechazar esta dicotomía. No son alternativas reales para la clase trabajadora de Hong Kong, Chino o Estados Unidos, los trabajadores no pueden sacar nada bueno de esta rivalidad.

El proyecto de Trump es devolverle la grandeza al ejército y las corporaciones estadounidenses y en ese camino sacrificar a la clase obrera y el medio ambiente en Estados Unidos, China y el resto del mundo. El proyecto de modernización de China de Xi, llevado adelante en nombre del pueblo, no tiene nada que ver con los intereses de los trabajadores. Defiende intereses en el Mar del Sur de China mientras regala el futuro chino -sus recursos naturales, si equilibrio ecológico y la salud de su gente. Está defendiendo los intereses y la posición de los mandarines mientras destruye la vitalidad del pueblo. Hong Kong fue instrumental en el ascenso de China y ahora Pekín está devolviendo el favor faltando a su palabra de garantizar el sufragio universal en Hong Kong.

No debemos caer en la trampa nacionalista de elegir entre la agresión estadounidense o la agresión china. Ese sería el primer paso hacia oponerse a la rivalidad Estados Unidos y China y prevenir que se convierta en una guerra.

 

 

 

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