El 17 de Junio de 1953 la clase obrera de Alemania del Este protagonizó una importante rebelión contra el régimen burocrático stalinista del SED -Sozialistische Einheitspartei Deutschlands, Partido Socialista Unificado Alemán-, que a pesar de haber sido reprimida y derrotada fue uno de los primeros y más importantes exponentes de la lucha obrera y socialista contra la burocracia stalinista.

En ocasión del 66 aniversario de esta importante gesta obrera y socialista, reproducimos el artículo “June 17, 1953” del profesor de Ciencias Políticas de la Universidad Brunel de Londres, Gareth Dale, publicada en Jacobin Magazine y traducida por el staff de Izquierda Web.

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Junio 17, 1953

Un día como hoy, pero de 1953, una huelga originada en Berlín se convirtió en una rebelión a escala nacional por el poder de los trabajadores en Alemania del Este.

El 17 de Junio de 1953 tuvo lugar la primera de una serie de rebeliones contra los regímenes apoyados por la Unión Soviética en Europa del Este.

Todo comenzó en Berlín del Este y se expandió a través de la República Democrática de Alemania. Más de medio millón de trabajadores fueron a la huelga, y alrededor de un millón de alemanes del Este –cerca del 10% de la población- se sumaron a las protestas.

Estos números habrían aumentado aún más si el Ejército Rojo y las fuerzas de seguridad doméstica no hubiesen intervenido rápidamente, con fuerza letal. La escala de este accionar indujo a Bertolt Brecht a pronunciar su famosa frase: el Politburó había tenido que “disolver al pueblo y elegir otro.”

Pero tal vez lo más sorprendente fue la velocidad con la que los trabajadores se radicalizaron. Una huelga de rutina en Berlín del Este se transformó en una rebelión nacional. En algunas ciudades se formaron comités inter-fábricas y soviets embrionarios.

Todo esto sucedió en un mismo día, entre la guardia matinal de los trabajadores y la imposición de la ley marcial, esa tarde.

Los aliados del soviet de Alemania del Este estaban atónitos. “¿Cómo pasó esto?”, gritó alguien. “¡No lo entiendo! ¡Algo así no sucede de un día para otro!”

 

Chispa

El inicio fue una huelga convocada por los trabajadores de la construcción del Stalinalle de Berlín. En ese lugar se estaba levantando un gigantesco bulevar con forma de torta de bodas a partir de los escombros de la posguerra.  

Si bien inició espontáneamente, la huelga se originó a partir de discusiones entre los delegados sindicales que estaban disgustados con el aumento del horario laboral.  

Los trabajadores soltaron sus herramientas y debatieron el próximo paso. ¿Se debería pedir la derogación de los nuevos horarios de trabajo y criticar el régimen? ¿Una delegación de trabajadores debería llevar el pedido directamente al gobierno?

Finalmente, marcharon en masa con el reclamo sobre los nuevos horarios.

La huelga del 16 de marzo comenzó de forma pequeña. El cartel de los trabajadores rezaba “¡Reclamamos una reducción del horario!” Su objetivo era simple: hacer llegar el reclamo.

Pero mientras avanzaban, otros trabajadores se les unían. Miles agrandaron el grupo, y los reclamos cambiaron.

El tema del horario perdió fuerza y comenzaron a oírse frases como “Trabajadores, ¡únanse!” “¡La Unidad es la Fuerza!” “¡Queremos elecciones libres!” y “Queremos ser libres, no esclavos.”

Una multitud de decenas de miles llegó a la Casa de Ministros. Un anciano trabajador instigó el grito: “¡Queremos hablar con el gobierno!”

Pedían ver a Walter Ulbricht, el líder del Partido Socialista Unificado de Alemania (PSUA), que se había formado con la fusión del Partido Comunista de Alemania (KPD) y el Partido Social-Demócrata (SPD), al este.

Funcionarios de menor rango salían para hablar con la multitud. Anunciaban que el reclamo de los trabajadores, la derogación del nuevo horario laboral, sería escuchado. Parecía haber sido una victoria fácil.

Sin que Ulbricht haya aparecido, algunos se dispersaron, felices por el sencillo triunfo. Pero la mayoría prefirió esperar. Ellos no confiaban en la palabra de los funcionarios y pedían “oírlo de boca del propio Ulbricht.”

Los funcionarios del gobierno dejaron de intentarlo. Uno de los trabajadores presentó una lista de reclamos: “Cancelen el aumento del horario laboral; reduzcan los precios en los negocios estatales; aumenten los estándares de vida de los trabajadores; abandonen el intento de crear un ejército; elecciones libres en Alemania.”

Luego, y acompañado de un gran aplauso, un joven ingeniero sugirió que marchen por Berlín y convoquen a un paro general.

A la tarde, los trabajadores se dirigieron, en micros y tranvías, en bicicletas, hacia los lugares de trabajo de toda la ciudad.

 

Insurrección

Por la noche, las noticias se extendieron por toda la nación, y a la mañana siguiente se escuchaba una pregunta en el aire: ¿debemos “ser solidarios con Berlín?”. Reuniones masivas decidieron si hacer huelga o no y eligieron comisiones de huelga.

Incorporar a representantes sindicales, trabajadores militantes y aquellos que rechazaron las declaraciones del encuentro fueron temas primordiales dentro de las comisiones.

A menudo se conocían de organizaciones del movimiento obrero como la SPD, los sindicatos, la Unión de los Perseguidos del Régimen Nazi (VVN), o el ejército. En algunos lugares de trabajo la rapidez de los eventos hizo imposible la creación de un proceso colectivo de decisión.

Donde se establecieron comités, sus miembros debatieron propuestas de acción que sometieron al voto masivo, dándose una potente fusión de democracia y coordinación.

El primer objetivo era tomar los lugares de trabajo. Incluso, algunas comisiones acordaron desde abajo y convirtieron estos lugares en cooperativas.

Generalmente, los comités se enfocaban en negociar con los administradores para la reincorporación de trabajadores despedidos y el despido de funcionarios, o en expandir la huelga.

Los trabajadores se encargaban de las charlas telefónicas, hacían piquetes y marchaban por las áreas cercanas.

Además, los comités hicieron listas con demandas más generales. Estas expresaban las necesidades existenciales de la huelga (los días de huelga debían ser pagos y los miembros del comité no debían sufrir represalias) así como las quejas respecto al lugar de trabajo.

Muchos reclamos “materiales” se transformaron en reclamos políticos, como la abolición del nuevo horario de trabajo o la paga igualitaria para las mujeres, mientras otros ya eran políticos: la reducción del pago a los policías, las elecciones libres (a menudo, para Alemania en su totalidad), la legalización de la acción industrial, la libertad a los prisioneros políticos y la dimisión del gobierno.

Se hicieron marchas en varias ciudades, surgidas de huelgas en fábricas. Otros sectores de la población (trabajadores de firmas pequeñas, amas de casa, estudiantes y trabajadores autónomos) se les unieron. Al llegar al centro de la ciudad, habría una asamblea o se intentaría tomar los puestos del poder municipal.

En Leipzig, por ejemplo, los manifestantes tomaron la radio, el diario, la unión regida por el régimen y los cuarteles de organizaciones de la juventud. Celebraron su victoria a la hora del almuerzo. Los manifestantes bailaron al ritmo de un piano que colocaron en la plaza del mercado.

La huelga, su propagación y su culminación en una asamblea parecía derivar de un propósito concreto. Un amplio sector de la población sentía que “algo debía hacerse” y llegaron al consenso, a menudo con gran fuerza de acción, respecto a los pasos a seguir.

Pero a partir de este momento, el sentimiento de un objetivo común empezó a desvanecerse. Las cuestiones tácticas y estratégicas se volvieron más complejas: ¿Qué edificio hay que ocupar? ¿Dónde radica el poder?

La protesta inicial surgió entre grupos de trabajadores que se conocían y podían tomar decisiones con facilidad.

Pero al expandirse a la calle y acuñar a más personas, estas fuertes uniones comenzaron a debilitarse. Y, a pesar de que la mayoría de las marchas y asambleas se desarrollaron pacíficamente, el Estado comenzó a enviar fuerzas de seguridad para dispersar a la multitud.

A menudo, los huelguistas, armados sólo con sus puños o con herramientas, lograban desarmar a las fuerzas del Estado. El Stasi era poco efectivo, y su centro perdió contacto con varias dependencias locales. La policía era débil, y una minoría terminó por amotinarse.

Sin embargo, la intervención de las fuerzas del Estado aumentó los costos por protestar, multiplicó las incertidumbres de los huelguistas y contribuyó a la fragmentación del sentido de unidad que caracterizó el comienzo de la huelga.

Había algo carnavalesco en toda esta situación: una especie de ritual teatral y la idea de que los huelguistas estaban poniendo el mundo cabeza abajo.

Tomaron estaciones de radio locales y parlantes para transmitir las asambleas. Saquearon las instituciones estatales y ocuparon estaciones de policía y prisiones.

Rompían los carteles de propaganda de las paredes, los estudiantes destruían sus libros de texto rusos, y, en una ciudad, los huelguistas sacaron con humo de su edificio a oficiales del Stasi y los encerraron en una perrera con un plato de comida para perros.

En Brandemburgo, arrestaron a un odiado juez y a un fiscal y los llevaron a la plaza del mercado para realiza, junto con los ciudadanos, un interrogatorio público.

 

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Ocupación

La mayor parte de la fase insurreccional procedió entrecortadamente, con fuerzas fragmentadas persiguiendo objetivos inmediatos y limitados. Sin embargo, en los sectores donde los comités se unieron para formar alianzas inter-fábricas (o incluso regionales), la huelga tomó una dirección más revolucionaria.

Comités mixtos fueron conformados en Hennigsdorf, Görlitz, Cottbus, Gera, en el sector de edificios de Rügen, y sobre todo en el triángulo industrial entre los ríos Saale, Mulde y Pleisse (en las ciudades de Leipzig, Halle, Merseburg, Bitterfeld-Wolfen, y Schkeuditz).

Algunos comités no sólo coordinaron huelgas y manifestaciones, sino también acciones insurreccionales.

Las uniones formadas al principio ejercieron una gran influencia. En Merseburg, las dos comisiones de las dos fábricas más grandes se unieron y determinaron que la táctica más efectiva para garantizar la continuación del levantamiento sería regresar a la base y ocuparla. Mientras tanto, enviaron una delegación a Halle, la ciudad importante más cercana.

 Allí, conformaron otro comité que incluía representantes de la fábrica, un estudiante y un comerciante. El comité de Halle desarrolló su propio programa de acción y supervisó la ocupación de la estación local de radio y la imprenta del diario.

En Bitterfeld-Wolfen, unos treinta mil trabajadores marcharon juntos al centro de la ciudad. Eligieron un comité central, conformado por representantes de todas las fábricas importantes, una ama de casa y un estudiante. El comité asignó a grupos de trabajadores la tarea de tomar la ciudad, cada uno acompañado por cientos de manifestantes.

Tomaron la prisión, donde ordenaron a un oficial a anotar los nombres de los prisioneros políticos para liberarlos. Tomaron el correo, el ayuntamiento, edificios pertenecientes al Stasi y al SED, y las líneas telefónicas.

Arrestaron al alcalde, tomaron funcionarios bajo custodia, desarmaron a oficiales de la policía y encerraron al jefe de policía, todo en nombre del comité.

Abrieron los archivos de la policía y se leyeron los nombres de los colaboradores en reuniones masivas. Mientras tanto, ordenaron que los bomberos quiten la propaganda del régimen de las paredes del ayuntamiento, y se aseguraron de que el suministro de comida y energía esté en manos de los rebeldes.

En resumen, el comité usurpó la autoridad económica y cívica rápida y efectivamente.

Luego, extendió su influencia hacia áreas vecinas, enviando delegaciones de trabajadores en trenes y en camiones para expandir y coordinar las acciones. Finalmente, su objetivo fue a nivel nacional.

Se llamó a una huelga más generalizada y se enviaron los reclamos al “presunto Gobierno Democrático Alemán”: el gobierno debe dimitir y ser reemplazado, durante las elecciones libres, por un “gobierno provisorio de trabajadores progresistas”, se debe disolver el ejército y derribar los bordes al oeste.    

En Görlitz, la multitudinaria asamblea frustró los planes del alcalde para dispersarlos. La multitud conformó un comité popular y una milicia de trabajadores sin armas.

Procedieron a ocupar los tribunales locales, las estaciones de policía, el ayuntamiento, los edificios del SED y del Stasi, el diario regional y la estación de trenes.

Despidieron al jefe de policía y pusieron un reemplazo. El alcalde firmó para que se liberaran todos los prisioneros políticos. El comité interactuó a través de una gran asamblea, que dio la posibilidad a la multitud de participar en las propuestas.

El levantamiento efectivo en estas ciudades se explica por la presencia de grandes fábricas, las cuales facilitaron la organización efectiva de los comités de huelga.

La velocidad también fue relevante, en relación a la organización y la hora en que se dio el contraataque del Soviet. En Görlitz fue donde la asamblea se formó más velozmente.

Manifestantes y huelguistas se unieron rápidamente, debatieron sus objetivos y ocuparon centros de poder. Los benefició otra cosa más: la ley marcial se puso en funcionamiento esa noche a las 5:30 (varias horas después que en Berlín).   

 

Incendio

Pero ¿Por que el alzamiento se extendió tan rápido y ardió tan brillante? Varios factores entraron en juego. Uno fue que el régimen parecía debilitado: El apoyo obrero al SED se había desangrado y mantenía una presencia marginal a nivel de fábrica, a la vez que en Junio realizó concesiones cambiando drásticamente su política (una señal de debilidad).

Pero más importante es que esas concesiones no resolvieron el principal reclamo de los obreros, frenar los aumentos en las cuotas de trabajo.

Otro motivo para el éxito del alzamiento fue la estructura centralizada de las sociedades de tipo soviético.

Dado que las riendas de la economía y la política eran tenidas por un solo (y frecuentemente distante) centro, las protestas periféricas se pudieron politizar rápidamente. Al mismo tiempo, las instituciones que mediaban entre la ciudadanía y el estado eran escazas.

Pero también hacia un factor subjetivo. En algunos momentos críticos, individuos o grupos consciente y deliberadamente tomaron acción. Su intervención fue, en un sentido, una reacción espontánea frente a las situaciones que se desarrollaban. Pero al mismo tiempo moldeada por sus experiencias previas.

La naturaleza “estructurada” de la espontaneidad puede ser vista en primer lugar en las acciones de aquellos que iniciaron las protestas. Al mismo tiempo que los acólitos del SED evitaban que muchas huelgas siquiera comenzaran, el activismo obrero reunido aparte convencía a sus compañeros de parar la producción.

Frecuentemente repetían llamados a la solidaridad: Con los obreros de la construcción, con Berlín, o simplemente con la fábrica de la otra cuadra.

Si el efecto de “incendio forestal” no se debió a alguna misteriosa característica del comportamiento de masas sino a la presencia del activismo y la receptividad de la clase obrera a los llamados a la acción colectiva ¿Cómo se explica ese activismo y esa receptividad?

Las acciones colectivas bien definidas del 17 de Junio sugieren que muchos de los que participaron de las huelgas y movilizaciones lo habían hecho en el pasado, o habían aprendido esas prácticas de la inmersión en las tradiciones del movimiento obrero -Sea en la ola de huelgas, los consejos obreros y las insurrecciones en el período de Wiemar, o en los comités obreros antifascistas de la década del 40.

Aunque de la memoria colectiva de la tradición obrera sufrió durante el régimen Nazi, no había desaparecido.

Una valiente minoría se mantuvo activa en la resistencia clandestina, y amplias capas mantuvieron los valores y la memoria socialista vivos entre amigos, en los lugares de trabajo y en los barrios urbanos.

La marca de la herencia del movimiento obrero alemán el 17 de Junio es inconfundible.

Estaba en las canciones -La Internacional y el himno del SPD “Brüder zur Sonne zur Freiheit” (“Hermanos, hacia el sol y la libertad” N. del T.), en las consignas -Por ejemplo la consigna de Weimar “Akkord ist Mord” (“El trabajo a destajo es la muerte”)- y la participación -especialmente en los comités de huelga- de trabajadores que habían aprendido el repertorio de la lucha industria y la protesta política de movimientos anteriores.

Obreros con experiencia de aquellos períodos tuvieron amplia influencia en la mayoría de los comités de huelga, particularmente a la hora de formular las reivindicaciones. Sabemos de muchos de estos individuos.

Por ejemplo, el obrero de la construcción que proveyó una formulación decisiva a las reivindicaciones frente a la Casa de Ministerios, según reportajes comenzó su discurso diciendo: “Pasé cinco años en una campo de concentración bajo los Nazis, pero no me asusta cumplir otros 10 bajo estos tipos”.

Otro informe da a entender que fue él quien estuvo a la cabeza de pelear por la huelga en Stalinallee, en las discusiones que iniciaron la insurrección.

También está el ejemplo de Otto Reckstatt, un dirigente de la huelga en Nordhausen que había sido Consejero Ciudadano por el SPD en la época de Weimar.

O Wilhelm Grothaus, uno de los que inspiraron la conferencia de delegados de Dresden en Junio de 1953. El tuvo su primera experiencia de huelga con 12 años de edad en 1905, se unió al SPD en 1919, luego al KPD en 1933, fue arrestado por los Nazis en 1944, torturado y apenas escapó la sentencia de muerte por el fin de la guerra.

Luego de ser suspendido en el SED en 1950 se mantuvo en contacto con otros camaradas desilusionados en su fábrica.

O Walter Kellner, un sindicalista y ex miembro de la SPD. El rememora a que muchos compañeros “no sabían como articular su descontento y manifestarse”, pero que gracias a su experiencia en luchas industriales el estaba en una buena posición para ayudar a redactar una resolución y presentarla a la fuerza de trabajo.

O Max Latt. Su alocusión en la concentración de Görlitz comenzó: “Amigos, soy el viejo Latt. Desde 1904 soy miembro del SPD. Participe de tres revoluciones, en 1918, en 1945 y ahora en la revolución del 17 de Junio de 1953”

En ese mismo pueblo se montó un “Comité Revolucionario del SPD” y “comités de iniciativa” del SPD se formaron en una fábrica de óptica y en el hospital.

En otros lugares se formaron “comités de trabajadores del SPD” que tomaron resoluciones, hicieron pintadas y levantaron banderas llamando a la re-legalización de su partido, que había sido absorbido por el SED.

Aunque una minoría de huelguistas tenía experiencia directa en el movimiento obrero pre 1933, muchos más habían absorbido su herencia. Las experiencias de lucha eran transmitidas por familiares, amigos y camaradas.

Tomemos por ejemplo a Horst Sowad, el líder de la huelga de Bitterfield, de 28 años de edad, y a Heinz Neumann, dirigente de la huelga de Schmölln. Ambos provenientes de familias del SPD.

A los 14 años, Sowad a había sido interrogado por la Gestapo. Neumann se había unido al SPD en 1945, a la edad de 24 y fue expulsado de el SED en 1951. El 17 de Junio se declaró en solidaridad con los trabajadores de la construcción de Berlín y lideró una multitud candado “Brüder zur Sonne zur Freiheit”.

Lo que estás, y otras biografías similares revelan, es que la creciente espontaneidad provenía de la experiencia acumulada de lucha que había sido adquirida o cultivada por sus participantes a través de organizaciones centralizadas como sindicatos o partidos políticos.

Afirmar que la experiencia es la condición de la espontaneidad tal vez sería demasiado, pero la ironía está ahí.

 

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Parteaguas

A pesar de la heroica resistencia -tal vez más recordada por la sentada de las mujeres en Jena frente al paso de los tanques rusos- el alzamiento fue aplastado. Pero dejó una marca traumática en el SED.

Sus dirigentes tuvieron que admitir que porciones de la clase obrera se sentía alienada del partido. “¡Estamos aquí sentados como si hubiéramos sido derrotados!” se quejó un miembro del comité central. “¿Cuál es el problema con el máximo organismo de nuestro partido? ¡Es como si nos hubiéramos hecho en los pantalones!”.

La rebelión de una marca igual de indeleble entre los manifestantes. Durante los años siguientes obreros y campesinos hablarían de un “nuevo 17 de Junio”.

Pero no duró para siempre. La represión del alzamiento y la subsecuente intensificación en la seguridad estatal erosionaron las esperanzas de la resistencia colectiva.

Con la excepción parcial de pequeñas oleadas de huelgas en 1956, 1960-61 y 1970-72, casi ningún conflicto de importancia logró trascender los lugares de trabajo individuales entre 1953 y 1989.

Los veteranos del movimiento obrero que no estaban ligados al SED y llevaban la tradición de lucha gradualmente fueron falleciendo.

La memoria colectiva de las luchas de 1945-1953, con pocos o ningún organismo que la alimente se fue marchitando. Incluso en bastiones tradicionales del SPD, la herencia socialdemócrata se fue desvaneciendo.

El resultado final fue una profunda marginalización de la tradición socialista por fuera de la ideología oficial de estado. La socialdemocracia había sido drásticamente debilitada por el nazismo, pero sobrevivió y resurgió en 1945.

A diferencia del asalto frontal de los Nazis, el SED stalinista incorporó al SPD sutil y pérfidamente.

Las similitudes entre la política del KPD y el SPD en 1945-46, complementados con soborno e intimidación, persuadieron a muchos funcionarios del SPD de unirse a la nueva organización.

Los miembros de base del SPD vieron como conocidos líderes “propios” salieron a defender las políticas del SED.

y cuando el SED empezó a atacar abiertamente a las organizaciones y los intereses de los trabajadores, los ataques parecían provenir -y de hecho provenían- en parte de las propias filas socialdemócratas. Las defensas propias del SPD fue demasiado débil para combatir este ataque desde adentro.

El 17 de Junio de 1953 fue un parteaguas para el socialismo alemán. Después de 1945 y especialmente tras 1953, las redes más firmes de socialistas que existían por fuera del SED se fragmentaron y disolvieron.

Algunos se unieron al SED o se convirtieron en funcionarios del “sindicato” manejado por el régimen. Otros se retiraron al campo y otros tantos perecieron.

En 1989 un movimiento de masas se volvió a alzar. Pero en contraste con 1953, con un sentido relativamente pequeño de poder obrero o conciencia de clase.

Algunos activistas de 1953 tuvieron influencia en sus comunidades y lugares de trabajo en 1989 pero sus fuerzas estaban dispersas y sus redes obsoletas.

La derrota de 1953 y la décadas de régimen represivo subsiguientes garantizaron que los avances logrados en Bitterfeld-Wolfen, Merseburg y Görlitz no se repitieran en los meses de protesta de 1989.

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