24 de Marzo

La plaza fue de la Izquierda

La enorme movilización del 24 de Marzo, así como las luchas que empiezan a surgir por abajo, son diapositivas que potencialmente pueden conformar otra película en la coyuntura nacional: una en la que el protagonismo lo tengan las reivindicaciones de los trabajadores, las mujeres y la juventud.



Venimos de una importante jornada de movilización. No era para menos, ayer se cumplieron 45 años del golpe militar genocida que arrancó la vida de 30.000 compañeros. Una generación que militó por cambiar el sistema de raíz en en el marco del último gran ascenso de la lucha de clases en Argentina y Latinoamérica. Un golpe militar que vino a exterminar una generación entera de luchadores, militantes y activistas. Tras la cabecera del Encuentro Memoria, Verdad y Justicia, miles de quienes continúan con esta tradición de lucha se movilizaron contra la impunidad de ayer y hoy.

Bien lo reflejó en su intervención Manuela Castañeira, una de las principales figuras convocantes a la movilización, remarcando que «marchar el 24 de marzo es un homenaje a la militancia«. Es que el 24 de marzo no se agota en una efemérides, en recordar con lágrimas en los ojos el momento más oscuro de nuestra historia, de plantar un árbol y hacer memoria como sugiró el gobierno. Quienes copamos la Plaza de Mayo con enérgicas batucadas, gritando consignas a viva voz, buscamos hilvanar el hilo rojo que va desde la gloriosa generación que forjó el Cordobazo a los desafíos de las luchas obreras y populares del presente.

Manuela Castañeira habló en el acto de la juventud del nuevo MAS previo a la movilización.

En nuestras columnas en Plaza de Mayo y todo el país, entre banderas rojas, pancartas y redoblantes, movilizaron importantes delegaciones obreras de trabajadores en lucha como los de La Nirva, el Hospital Posadas, el Neumático. Representantes de la lucha por justicia para Facundo Castro y Santiago Maldonado, compañeros de lucha de Carlos Fuentealba, Mariano Ferreyra y Julio López. Luchadores obreros y populares de larga tradición así como nuevos contingentes de jóvenes, del movimiento estudiantil, de mujeres, ecologista, de trabajadores precarizados, que quieren cambiar el mundo como querían aquellos 30.000 camaradas. También engrosaron la marcha enormes contingentes de desocupados encolumnados en los movimientos sociales, que crecen al ritmo de la miseria en el país.

La astucia de la historia es que se reescribe permanentemente al calor de las luchas del presente: el pasado no está tallado en piedra, se resignifica según las peripecias de la lucha de clases y las relaciones de fuerza. Así, la movilización que ayer puso en primer plano la lucha por memoria, verdad y justicia, tomó la posta de una necesidad vital: defender lo conquistado en materia de derechos humanos y abrir la perspectiva hacia nuevas conquistas.

Parece increíble, pero es la primera vez que la izquierda es protagonista absoluta del 24 desde que el kirchnerismo, a comienzos de los 2000, comenzó a cooptar los movimientos de derechos humanos y disputar la plaza. El gobierno K, cuyo rol fue reabsorber la rebelión del 2001 que cuestionó al conjunto del régimen, se dio una política de ciertas concesiones para salvar al sistema capitalista de conjunto, entre las cuales se destacó el avance de causas contra los genocidas y un cierto giro a la izquierda en el discurso oficial al respecto, condenando la nefasta «teoría de los dos demonios» que ponía en pie de igualdad la lucha de la militancia setentista y el terrorismo de estado de los milicos. Sostenemos que lo que se avanzó fue realmente producto de años de lucha por abajo por parte de la izquierda y los organismos de derechos humanos, y a pesar de los logros, todavía quedan miles de genocidas por juzgar y se sigue exigiendo que se abran los archivos de la dictadura para que caigan todos los genocidas, paso que el gobierno no quiere dar.

De Izquierda a derecha: Federico Winokur (Juventud del Nuevo MAS), Luciano Peretto (abogado de Cristina Castro), Manuela Castañeira (Dirigente del Nuevo MAS) y Jorge Ayala (Dirigente obrero de FATE).

Para colmo, el peronismo abandonó el ring en momentos en que algunos sectores de la derecha se radicalizan reavivando un discurso negacionista, algo que debería ser condenado penalmente. Las provocaciones simbólicas como las bolsas negras etiquetadas con nombres de referentes de los derechos humanos como Estela de Carlotto, la instalación de consignas como «no fueron 30.000» e incluso la realización de actos reivindicando la dictadura como el realizado en La Plata por el partido proto fascista de Carlos Pampillón, si bien todavía son expresiones minoritarias y fragmentarias, marginales y sin posibilidad de movilización real, indican un envalentonamiento de sectores reaccionarios a los que bajo ningún concepto se les puede regalar la calle subestimándolos. Bajo esta mirada, la ausencia del peronismo en la plaza representa una deflección inadmisible a la lucha pasada y presente por derechos humanos y a la memoria de los 30.000 compañeros desaparecidos.

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Pero yendo al análisis de la coyuntura, la conquista de la plaza el 24 por la izquierda, a la que el Nuevo MAS se jugó con una enorme columna (una de las más activas y militantes), representó una cuña roja abriéndose paso en el debate público que desde hace varias semanas venía tensado entre las fuerzas mayoritarias de los capitalistas. No hubo medio de comunicación que pudiera ocultar el protagonismo absoluto de la izquierda y los movimientos sociales en la jornada. Una exposición política que venía siendo difícil de lograr para los luchadores.

El escándalo de las vacunas VIP, la guerra judicial con denuncias anti-lawfare por parte del kirchnerismo, las movilizaciones anti-cuarentena en Formosa, fueron algunos de los temas que venían marcando la agenda de los medios durante las últimas semanas. Un espeso aire de polarización asfixiante entre el oficialismo y Juntos por el Cambio que dejaba poco lugar para expresiones independientes. Una polarización que, de cara al año electoral, planteaba la batalla en las urnas subtitulándola con el letrero: «quien pierda va en cana». Con esta consigna, el debate electoral se desplaza desde las necesidades de los de abajo hacia las necesidades de los de arriba, sugiriendo a los electores que voten no en base a sus intereses sino en defensa del personal político capitalista que más les agrade (o menos les diguste).

No quiere decir que temas como el lawfare no tengan su importancia en la vida política de amplios sectores de masas. Los socialistas debemos (estamos obligados) a opinar, luchando por terciar en el debate público con una posición independiente en defensa de los de abajo, incluso en temas que quedan «abstractos» para quienes hacemos política desde las reivindicaciones obreras, al configurar debates que (sólo en apariencia) están alejados de las necesidades inmediatas económicas y políticas de la clase trabajadora.

El lawfare (alianza entre la prensa, la justicia y los partidos capitalistas de derecha para imponer relaciones de fuerza más adversas al movimiento de masas) viene determinando la realidad política de manera categórica en Latinoamérica. El ejemplo más cabal de esto es Brasil, donde no sólo se dieron el lujo de cambiar la presidencia del país (impeachment a Dilma), sino de condicionar la votación proscribiendo al candidato que iba a ganar (Lula). El rebote de la situación política, producto del escándalo de las políticas negacionistas ante la pandemia como la de Bolsonaro, aparentemente comienzan a mover la coyuntura nuevamente hacia el centro.

Con el espejo de Brasil, los dardos entre el oficialismo y Juntos por el Cambio se intercambian sobre la mesa del aristocrático poder judicial. Vuelan causas, amenazas de carpetazos, gritos hipócritas en defensa de la república y la constitución. Lo que se pelea realmente es la influencia sobre la casta judicial y la ubicación de jueces afines. Para terciar en el debate público sobre estos temas, portales como Izquierda Web pueden jugar un rol fundamental: desbaratando los argumentos de la pelea inter-capitalista y levantando un programa de reforma radical de la justicia y el sistema desde una perspectiva obrera y socialista.

Pero incluso en el propio oficialismo hay problemas internos. El fernandismo, fase conciliadora del peronismo, está bajo la mira del kirchnerismo, de corte más confrontativo. Como en un tiroteo amistoso, Cristina aprovechó los actos del 24 para criticar enérgicamente al FMI, denunciar su apoyo a la dictadura y al gobierno hambreador de Macri, y decir que «el acuerdo en los plazos planteados es impagable». Un boicot a las reuniones de Guzmán con Kristalina Georgieva, que busca una postergación pero en buenos términos.

Amigas de Úrsula, presentes en la plaza por el 24 de marzo.

Un nuevo capítulo de su conflicto. La condena a Báez por casos de corrupción con la obra pública desesperó a Cristina, que comenzó a presionar por una radicalización del discurso contra la casta judicial. El fernandismo ha podido gobernar, pero no gana elecciones. El kirchnerismo, principal accionista del Frente de Todos, presiona a tal punto la coalición oficialista que hasta ha significado cambios como la salida de la ministra Losardo en Justicia, en busca de que Soria perfile la ofensiva sobre el poder judicial y polarice la pelea con el macrismo tardío.

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Sin embagro, las peleas por arriba entre el gobierno “progresista” y la derecha política y judicial, pese a su cobertura de luchas “contra la corrupción” o la “aristocracia judicial”, son en realidad pugnas por la manera de administrar la Argentina capitalista.

Si el fernandismo, al comienzo de su mandato ensayó una administración de consenso con quienes estaban en la oposición del kirchnerismo (patrones del campo, grandes medios de comunicación, etc.) la situación económica y la pandemia dificultaron esta orientación. Frente a la crisis, ensayó  muy tímidamente medidas “progresistas” (Vicentín, ley anti despidos, impuesto a las grandes fortunas) que fueron frenadas en seco por las movilizaciones de la derecha primero, por el propio carácter conciliador del gobierno luego, y por último con intervención del poder judicial, que quiso condicionar la situación aún más con los avances de las causas contra funcionarios del peronismo y la misma Cristina. Alberto responde defensivamente y el proyecto de “alas anchas” al estilo del gobierno de Kirchner no pudo ser.

En síntesis: la situación está marcada por las divisiones entre los capitalistas sobre cómo administrar el país. Pero en lo que hay acuerdo en el Frente de Todos (y también con Juntos por el Cambio) es en la necesidad de postergar las necesidades obreras y populares. Así, mientras comienzan a surgir luchas contra los despidos y por aumentos salarial, acicateadas por el deterioro brutal de la situación económica marcado por una inflación que amenaza con irse de control, el gobierno acuerda con los sindicatos la paz social, conteniendo el descontento y fragmentando las luchas.

La pandemia ha jugado un rol relativamente pacificador hacia la lucha de clases durante el primer año desde su aparición. El hecho objetivo del miedo a los contagios y la discusión superestructural por la política frente la contención del Covid-19 ha dejado poco lugar para las expresiones independientes. Aunque conflictos como el de Guernica, la lucha por justicia para Facundo Castro, la conquista del aborto legal por le movimiento de mujeres, entre otros hechos de trascendencia nacional, han marcado ciertos contrapuntos ante esta situación.

Comenzando el 2021, la vuelta a cierta presencialidad desordenada bajo la amenaza de una segunda ola, sobre el mar de fondo de la continuidad del deterioro económico y el lentísimo avance del plan de vacunación, se está viviendo cierta dinamización de la vida política-reivindicativa de los de abajo. las luchas obreras como Arrebeef y Just son ejemplo de esta situación. Pero también hicieron ruido las importantes movilizaciones anti-megaminería tras los incendios en la patagonia, y, por supuesto, la enorme movilización del 24 de marzo que venimos de protagonizar.

Nora Cortiñas envió un saludo en video para el acto del Encuentro Memoria, Verdad y Justicia.

Cada uno de estos acontecimientos es una diapositiva que potencialmente puede conformar otra película: escenas en que el protagonismo independiente de los de abajo se abre paso hacia la instalación en la agenda pública de las necesidades de los trabajadores, las mujeres y la juventud.

La izquierda tiene el desafío de expresar políticamente esa representación, cosa que no está para nada dada de antemano, dando pelea por abrirse paso en la política nacional sin adaptarse al discurso de conciliación de clases peronista, ni al gorilismo explícito de la derecha y sus agitaciones contra la corrupción K. La conquista de la plaza el 24 de marzo fue un punto de apoyo en esa pelea. Hacia el futuro, hay que seguir aprovechando cada oportunidad, disputando centímetro de espacio para hacer oír la voz de los de abajo.

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