La izquierda: ¿partidos “amplios” o partidos de vanguardia?

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    Editor en Jefe del portal IzquierdaWeb - Noticias de los trabajadores, las mujeres y la juventud.

    Veamos ahora la cuestion de las nuevas formaciones reformistas, que hemos abordado en otros documentos. Podría decirse que están presentes como contracara o expresion bipolar de las formaciones de derecha y extrema derecha. Sin embargo, no están en un momento de proyección exitosa como la de algunos años atrás; pesa la derrota de Syriza, el hundimiento ignominoso de todas y cada una de las expectativas que había despertado.

    De todas maneras, Corbyn en Inglaterra, Sanders en Estados Unidos o Podemos en España siguen siendo “historias de éxito”; el grado de radicalización de amplios sectores de vanguardia no ha llegado al punto ya de que sean fácilmente desbordables por la izquierda.

    Sin embargo, nos interesa aquí dedicarnos a la problemática de las organizaciones revolucionarias. El reciente congreso del mandelismo ha ratificado la construcción de “partidos amplios” (sin delimitación entre reforma y revolución), bajo el eufemismo de “partidos que sirvan a la lucha de clases”, como si los partidos de vanguardia no sirvieran a tales efectos o fueran puramente “propagandísticos”.

    Esta afirmación es una falsedad completa. La orientación que viene siguiendo esta corriente desde los años 90 no solamente está basada en premisas falsas, sino que es un total fracaso. La premisa falsa es la afirmación de que como la época actual “no sería revolucionaria”, no tendría caso construir partidos de vanguardia. Pero esta premisa no solamente es equivocada, sino que el mundo que viene es difícil imaginárselo como sin crisis, guerras y revoluciones. Creemos haber demostrado en este texto que las premisas materiales y políticas para un escenario de ese tipo están creciendo.

    Por lo demás, tampoco es cierto que estos partidos reformistas son “útiles” a las luchas de los explotados y oprimidos. La velocidad de su adaptación a las reglas de juego del sistema es pasmosa y, por lo demás, no está demostrado que de estos partidos estén emergiendo alas izquierdas. Las realidades no son todas iguales; algunas experiencias, como el caso del PSOL en Brasil, están cumpliendo un rol mediador progresivo. Pero el problema no son las tácticas que en cada caso correspondan para una construcción revolucionaria, sino haber renegado estratégicamente de la construcción de organizaciones revolucionarias.

    Se trata de una definición que separa la construcción actual de las perspectivas de una organización revolucionaria y que, por lo tanto, niega estratégicamente la pertinencia del partido revolucionario, lo que es una unilateralidad completa y, quizá, el peor error de esta corriente internacional que, constructivamente, sigue abocado a una orientación liquidacionista. Está claro que las cegueras analíticas a reconocer las potencialidades que entraña la situación mundial se trasladan a la orientación política y constructiva

    Esos supuestos partidos “útiles a la lucha de clases” no demuestran serlo; mientras tanto, países como la Argentina son laboratorios de una construcción exitosa de partidos de vanguardia revolucionarios, como es el caso ya señalado del FIT y el Nuevo MAS. Pero incluso en otros países se muestran éxitos en la construcción de organizaciones revolucionarias, hasta por el hecho de que todas las formaciones neoreformistas están en el lodo del posibilismo, lo que abre oportunidades constructivas en todas partes.

    Más allá de que la Argentina sea un país político por antonomasia (Francia también, pero el NPA va de crisis en crisis), con enormes tradiciones de lucha y muy favorable hoy a las corrientes de la izquierda revolucionaria, tampoco creemos que sea un “exotismo”. La misma fluidez de los desarrollos, la misma fragilidad en las identidades políticas, la misma “porosidad” que demostró una campaña electoral como la de Philippe Poutou en Francia muestra que crece el espacio político y las posibilidades para la izquierda revolucionaria. También en países del mundo anglosajón se manifiesta este fenómeno, aunque de manera más fragmentaria. Hay un arco iris político que va desde el “progresismo”, el nuevo reformismo más de derecha, al reformismo más de izquierda. Y el reformismo más de izquierda (podría ser el caso del PSOL) se empieza a “solapar” con las corrientes revolucionarias.

    Otra cosa es el caso del NPA en Francia. Se trata, finalmente, de un partido trotskista con tendencias, en crisis pero que no ha desaparecido. La campaña presidencial de Philipe Poutou fue exitosa, aunque tuviera pocos votos. En este terreno existe en Francia un problema que no hay en la Argentina: el sistema electoral, mucho más restrictivo, hace casi imposible consagrar diputados, lo que a su vez impide cristalizar relaciones político-electorales. De esto aprendimos muchísimo en la Argentina, donde se está acumulando una experiencia estratégica para el trotskismo sin antecedentes en las últimas décadas, quizá actualmente la experiencia más importante del trotskismo internacional, con mayor acumulación de experiencias.

    Entonces, existe en la actualidad una mayor “porosidad” para la izquierda revolucionaria, aunque es verdad que debe haber una “acumulación primitiva trotskista” para poder aprovecharlo. Sin acumulación previa, no se puede aprovechar el fenómeno. Además, hay que saber apreciar las tendencias dinámicas de la realidad. Sin eso, lo que se tiene es un arco que va del derrotismo al liquidacionismo (un peligro real para muchas corrientes en la actualidad, y no sólo europeas).

    Alertamos frente a una lectura unilateral de los desarrollos, que enfatice los elementos de retroceso existentes (que son reales), pero pierde de vista el reinicio de la experiencia histórica de los explotados y oprimidos que se está viviendo, así como también la acumulación de experiencias que significa el ciclo de rebeliones populares. Si sólo se ven derrotas, se renuncia a la construcción de partidos militantes, revolucionarios. Pero si se aprecian los desarrollos estratégicamente, la construcción de fuertes partidos de vanguardia centrados en la lucha de clases es una tarea actual.

     

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