A propósito de “Guernika con K” de Esteban Rodriguez Alzueta

La Guernica peronista: una discusión con el progresismo

Ya pasadas algunas semanas del desalojo en Guernica, nos interesa aquí poder escribir/debatir/intercambiar con uno de los sectores que formando parte del gobierno, salió a repudiar la represión: una parte del progresismo y del kirchnerismo, que se vio reflejada y contenida en una nota escrita por el intelectual K, Esteban Rodriguez Alzueta: “Guernika con K”, publicada en la revista La Tecla eñe, un día después del desalojo.

Aye Obladi

El desalojo en Guernica no sólo fue recibido por un cerco mediático fascistoide, justificador y macartista respaldado en bloque por todos los partidos patronales, sino que a la izquierda que resistió y repudió el desalojo con el cuerpo junto a los vecinos, se le sumó el rechazo de amplios sectores democráticos que comprendieron que éste era un punto de inflexión que no podía pasar y salió a manifestarlo inmediatamente por las redes sociales.

Sin embargo, también hubo otra franja dentro de este mismo arco que no salió inmediatamente, pero que se hizo sentir a través de un silencio ensordecedor. Ese sector progresista y kirchnerista que, consternado por las imágenes de las casillas prendidas fuego y de sus expectativas con el gobierno, había quedado carente de palabras para expresar aquello que el profesor progresista, archi-k y especialista en delito y seguridad, supo volcar (según ellos) tan bien en esa nota publicada en la revista La Tecla eñe.

Esteban comienza su nota con una sentencia que apalea más al mito y la emoción, que a otra cosa: “el jueves no fue un día peronista”. Y luego, habla de los festejos del 17O como un hecho políticamente obnubilado ante los recientes sucesos en Guernica. Sucesos ante los cuales no cabe más que el grito. Un grito que en la nota lo lleva a citar a Hanna Arent, quien parece instar a nuestro amigo intelectual a alzar la voz, porque como muy bien nos recuerda la intelectual conocida por su filosofía contra el Holocausto, ante determinados horrores, si hay indignación, es porque otra vía es posible. Hay lugar para la elección.

Ahora bien, ¿cómo explica “lo otro posible” que nos revela Hannah Arendt? Para dar esta respuesta Esteban acude a otro intelectual, el sociólogo francés Pierre Bourdieu, quien revela el meollo estructural explicativo del asunto. Según Esteban, Bourdieu dice que en tiempos de crisis, el aparato estatal se constituye por dos estrategias a las que puede apelar ante diversas situaciones: la de represión o, la de contención. Por un lado la mano policíaca y por otra, la asistencial.

Estas dos orientaciones (la policíaca y la asistencial) se expresarían en la política local en dos manos que tendría el gobernador Axel Kicillof. Una derecha, la del ministro de seguridad Sergio Berni, ese que se paseaba por la TV con discursos estigmatizantes incluso previo al desalojo, y otra izquierda, la de contención, la de desarrollo social comandada por Larroque, la que según él por 90 días se mató laburando intentando llegar a un acuerdo con los vecinos para una solución pacífica. ¿Entonces, qué ocurrió en Guernica? La respuesta es que una vez más, la pobre mano izquierda salió derrotada ante la fuerza de la derecha. ¿Por qué sucedió esto?

A partir de comprender que Guernica es al menos algo cercano a un punto de inflexión o al menos una decisión política de hacia dónde quiere ir el gobierno provincial, advierte que esa será la carta de presentación de acá a unos años. ¿Cómo explica que se haya optado por esta orientación y no por la otra? Esteban aquí indaga poco al respecto, pero esboza algo muy significativo. Se asume ese lugar como consecuencia de un acomodamiento a un sector del electorado que votó a Kicillof: lo que nuestro intelectual teorizó en uno de sus famosos libros como “vecinocracia”, una especie de conjunto de individuos que no se identifican ni como trabajadores ni como pueblo, sino como simples “vecinos” en defensa de los derechos de “los vecinos”, y que cultivan una conciencia fascistoide/liberal. Una vecinocracia que aquí aparece esencializada e inmaculada, mientras para Esteban, quienes se encontrarían en las antípodas de esos pensamientos y capacidad de ejercer presión, serían muchos de los mismos funcionarios de la provincia, quienes “no todos estarían dispuestos a llevar a cabo dicho programa” (reaccionario).

Pero pese a este (¿pesimismo de la inteligencia?), enseguida vuelve a la rabia (¿optimismo de la voluntad?): la posibilidad de LO OTRO. No puede creer la impunidad y prepotencia de Berni. Lamenta también el rol justificador de los periodistas de medios de comunicación con C5N y expresa su asco esperable contra los fiscales y su selfie. “La justicia que no sorprende” y que fue frenada con anterioridad gracias a “la magnitud de la toma” y al esmerado comportamiento negociador de los funcionarios K.

Todo esto lo ayuda a sacar algunas conclusiones: estamos no ante un gobierno de transición, sino ante uno de emergencia. Gobierno de orden, y no de contención. “Orden sin progreso”, “sin distribución”, “sin peronismo”. Advierte del problema de escudarse siempre en la realpolitik, y del speech de “no hacerle el juego a la derecha”; y anuncia el problema del silencio y la ausencia de crítica ante la realidad que hay que asumir. Una realidad asumida no como un campo de batalla, sino casi como una verdad revelada ante la cual sólo queda la culpa cristiana y, una crítica abstracta sin nunca sacar los pies del plato (sólo se podría huir a otro plato con sus otras contradicciones y realidades a asumir). Finalmente, llama a los funcionarios a “militar e imaginar más” si quieren ser leales a sus promesas al pueblo. El pueblo ese que, justamente, es la gran variable de análisis ausente del artículo.

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Sobre peronismo(s) y pueblo(s)

Que los días más felices no siempre fueron peronistas y que muchos de los días peronistas están construidos a base de tragedias, es evidente para los marxistas. Pero por ser mito, no deja de ser cierto, ya que en cuanto se constituye como un relato que opera en la realidad, se erige él mismo como “real”. Opera en los imaginarios. Opera en las conciencias. Opera en las expectativas, y todo ello forma parte del mundo político. Por eso a nosotros no nos parece poco o menor que un sector que se identifica con aquel mito, ponga el grito en el cielo cuando su relato es cuestionado (por el mismo sujeto protagonista de él, el peronismo).

El jueves de la represión no fue un día de sol, fue gris. El jueves hubo orden, sin progreso. Y muchos salieron consecuentemente a denunciar, que ese jueves nada hubo de peronista. Saludamos la indignación, y saludamos que seamos muchos los que celebramos los días de sol para el pueblo, y no de balas. Pero lejos de caer en un esencialismo de los que es el peronismo, y arrojar aquí una caracterización de éste (no es el objetivo de esta nota), a los marxistas nos gusta correr los velos justo allí donde se construye el mito. Y el jueves en Guernica se corrió el velo.

El peronismo no es necesariamente bienestar social, ni es amor, ni mejores condiciones para lxs abajo, ni es contención per se. El jueves fue un día peronista, y hay que asumirlo tal y como fue. De un largo historial de días grises se constituyó, sin ir más lejos, ese partido patronal que hoy gobierna y el mito con sus sesgos oculta. No hay que ir muy lejos para recordar la larga década menemista y ni que hablar de hechos como la Masacre de Avellaneda y el asesinato de Mariano Ferreyra o las represiones a los pueblos originarios en el sur y el significado del feudo caudillistico conservador que hace décadas gobierna nuestro norte argentino. Entonces, lo primero que hay que asumir es que el jueves fue un día peronista.

En segundo lugar, alguien nos podría decir que el tema es que el peronismo es “un movimiento tan amplio” que contiene a los Bernis, pero también a los Larroque. Pero acá hay otro problema, porque ésta mirada pseudo-bourdiana, tiende a incurrir ya no en un sesgo, sino en una dicotomización mecánica y simplona del asunto. No se trata de “buenos” y “malos”, sino de cómo ambas partes forman parte de una totalidad que se impuso mostrando su rostro más cruel. Por supuesto que dentro de los partidos hay pujas entre alas de derecha y alas de izquierda y hay veces que una asume el control de las cosas. Pero en Guernica no se expresó eso. El Ministerio de Desarrollo actuó mancomunadamente con el de Seguridad. Ambos tenían el mismo objetivo: el desalojo. La primacía de la ganancia de los especuladores inmobiliarios archi millonarios y la sacrosanta propiedad privada, antes que el derecho a la tierra y la vivienda de miles y miles de familias que están a la deriva víctimas del trabajo precario y los despidos bajo una pandemia en la que le gobierno milito el “quedate en casa”, sin cuarentena garantista y con acuerdo de deuda mediante.

Esteban nos dirá que claro, el objetivo en tiempos de crisis es el mismo… ¡él no lo niega! pero el mecanismo para resolverlo es el que puede cambiar. Pero, ¿qué pasa cuando de un lado se encuentra un pueblo pobre cuyo único objetivo es “tierra” y el gobierno tiene como único objetivo no tocar la “propiedad privada” por nada del mundo? ¿Qué mecanismo se impone ante dos objetivos irreconciliables? Nuestro querido intelectual puso todas sus fichas en la negociación y le agradeció a los funcionarios de la mano asistencial haber “hecho todo lo posible” ¿Sabrá Esteban que “todo lo posible” fue una negociación vomitiva compuesta por alquiler durante cuatro meses para algunos, heladeras para otros, o palabras que se les lleva el viento de acá a 6 meses o un año? ¿Sabrá Esteban que “todo lo posible” fue un Ministerio de la Mujer queriendo infiltrarse y destruir la organización de las mujeres y dividir a los vecinos con la excusa de “ir contra los violentos”? ¿Sabrá Esteban que lejos de escuchar a lxs vecinxs, Larroque junto a todo el coro derechista argento, montó una campaña macartista como hace años no se veía, contra la izquierda que defendía a lxs vecinxs?

El Ministerio de Desarrollo (“la mano izquierda”, esa a la que Esteban vuelve a prenderle velitas para combatir a los Bernis) hizo todo lo posible menos lo necesario: tierra para vivir. Menos lo único concreto que los vecinos pedían. Larroque no es la otra cara soleada del peronismo, es precisamente la cara que hizo posible las dos caras. No hay escisión ni combate a muerte entre ambas, sino más bien un baile acompasado con un único objetivo. ”Tierra para vivir” es parte del campo de lo in-imagindo tanto para el ala derecha represiva como para el ala contenedora dentro del peronismo. Ambas estrategias fueron las que llevaron a un día nublado. Y si eso es así y del peronismo y sus funcionarios entonces depende, de días gris plomo será compuesto el cuadro del futuro de lxs de abajo.

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Claro, esto último ya nos lo advierte Esteban. Pero para él es simplemente porque viene ganando la derecha representada por Berni y no los macartistas larroques del casi ni chaucha y palito.  Ahora bien, acá es donde acontece el mayor de los sesgos y/o errores de la nota. Parecería que la política está ubicada exclusivamente en las nubes allá a lo alto, en la de los funcionarios. Parecería que todo dependiera exclusivamente de los dioses buenos y los dioses malos y que se puede escribir una historia, incluso la historia del peronismo, sin el único sujeto susceptible a querer disfrutar de un buen día soleado: el pueblo. En toda la nota el pueblo no aparece. Se le quita poder de agencia. O cuando aparece, aparece sólo una fracción omnipotente y no bajo la forma de pueblo, sino de “vecino”.

En última instancia, la política por arriba no hace más que reflejar a ese sector del electorado que votó a Kicillof, la vecinocracia descrita más arriba. El problema es que incluso sin discutirles ese concepto y suponiendo que existe ese sector y es de un peso preponderante, nuestro querido intelectual obvia algo aún mayúsculo: que la enorme masa del electorado que votó a Kicillof en provincia, está más cerca de identificarse y formar parte del sector social de los vecinos de Guernica, que otra cosa. La enorme masa que votó a Kicillof, no lo votó para el enorme desempleo o el empleo hiper-precario que hoy domina en el conurbano. No lo votó para no poder pagar ni un alquiler. No lo votó para no tener no sólo la heladera vacía, sino ni siquiera un techo bajo el cual protegerse. No lo votó para que pase con topadoras sobre unas casas y unas tierras y unos sueños construidos desde abajo. Ese es el pueblo que no aparece en el relato de Esteban.

Esa es la variable en la que tranquilamente se podría apoyar el gobierno para aplicar políticas progresivas. Pero decide las topadoras y decide la mentira. Porque lo que acalla Esteban, es lo mismo que acalla Larroque, y por ello no es casualidad que deposite sus esperanzas en éste. Larroque decidió ver «izquierda infiltrada» ahí donde había un pueblo digno, eligió eso antes que satisfacer una necesidad tan humana como el derecho a la tierra y la vivienda. Larroque incineró a la izquierda y la constituyó como su chivo expiatorio y eligió quitarle poder de agencia, de decisión, de pensamiento, de organización, de política a los vecinos. Los (otros) vecinos, no los de la aristocracia vecinal, sino los de la organización solidaria y comunal que no son sólo los vecinos de Guernica, sino los millones de pobres recientes que votaron a Fernández y que forman parte de las miles de tomas a lo largo y ancho de todo el país, esas que fueron desalojadas luego de Guernica.

La vara de este progresismo, es la que repudia las balas pero no el despojo. La que ve mal el fuego de las casillas, pero tampoco le termina de convencer que el pueblo cuestione la propiedad privada cuando es esa la única forma efectiva de proveerse de un derecho elemental como es el de la vivienda, que no es solo un techo sino un barrio, un futuro. Repetimos, la vara de este progresismo se festeja y se saluda. Forma parte de ese enorme reservorio democrático que tiene el pueblo argentino. Ese de la memoria contra la dictadura. Esa que reivindicó el argentinazo como un hito de dignidad. Forma parte de las relaciones de fuerza más generales que el gobierno de Macri y su intento de neoliberalismo intentó destruir pero no pudo. Entonces, nosotros aquí más bien diremos que si esta parte del progresismo no está dispuesta a callar en nombre de la realpolitik las represiones con K, pero aún no ve como posible o deseable un cuestionamiento de fondo incluso a la política de contención que sólo tapa baches y no arregla la estructura que los genera y que es la que precisamente nos lleva a fortalecer a los Bernis; que entonces, el problema no es la imaginación y la militancia de esos funcionarios, sino la del progresismo mismo.

No se trata de que los de arriba imaginen más y mejor, no hay horizonte para ellos más allá de la propiedad privada. Pero en cambio, ¡cuánto horizonte más hay sí, para los de abajo y los del medio y los de las reservas democráticas! Es al progresismo al que invitamos a romper con los límites de lo que se les aparece como posible. Porque sí lo posible es la contención del malestar o la represión, de Guernicas construiremos el mañana.

Hay un pueblo enorme que votó otra cosa, en esas fuerzas elegimos apoyarnos y con esas fuerzas elegimos militar, imaginar más y mejor. Porque la conciencia de la vecinocracia, se la contrarresta con la conciencia y fuerza de lxs vecinxs que luchan, sueñan y se organizan.

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