la forja de revoluciones antiburocráticas
Diseño de tapa: Amancay Amadé González

Producto de la lucha contra la Alemania nazi en la II Guerra Mundial, el Ejército Soviético controló gran parte de los países de Europa del Este a partir de 1945. Aunque la victoria de la URSS sobre el nazismo fue un triunfo de dimensiones históricas para la humanidad, también tuvo un carácter contradictorio, dado que el estalinismo trató a estos países como Estados vasallos que expolió durante décadas1.

A lo largo de este artículo analizaremos el surgimiento y características de las “democracias populares” entre 1945 y 1956. Esta fue la denominación que empleó el estalinismo en referencia a los regímenes que instauró en el “bloque soviético”, el cual comprendió un total de siete países: Checoslovaquia, Polonia, Bulgaria, Rumania, Hungría, la República Democrática Alemana (RDA, constituida en 1949) y Albania (la cual se distanció de la URSS en los años sesenta para alinearse con China).

Nos interesa demostrar que nunca fueron Estados obreros en transición al socialismo, pues desde un inicio se constituyeron como versiones menores de la URSS estalinista, es decir, como Estados burocráticos donde la clase obrera no tuvo el poder y eran gobernados despóticamente por una burocracia que usufructuaba de la riqueza social, lo cual generó episodios de resistencia obrera y popular contra la opresión del régimen y la ocupación de las tropas soviéticas, cuyo punto más alto fue la revolución de Hungría en 1956.

 

1. Las democracias populares del Este europeo

2. El “nuevo curso” estalinista y la apertura del ciclo de rebeliones obreras

3. Hungría 1956: una revolución antiburocrática y de liberación nacional

4. Conclusiones

Anexo: sobre las revoluciones de posguerra y el carácter de sus estados

El PTS y la adaptación al estalinismo

 

Mirá también:  Tomar partido

 

 

 

1 Además de la expoliación material, las tropas soviéticas realizaron atrocidades en los países ocupados. Por ejemplo, en Alemania desataron una campaña sistemática de violación de mujeres, lo cual fue denunciado en el libro “Anónima-una mujer en Berlín” de Martha Miller, periodista alemana que fue testigo y víctima de los sucesos. El libro fue recientemente llevado al cine bajo la dirección de Max Färberböck.

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