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La farsa de la cumbre contra el cambio climático

La COP 25  se desarrolla en Madrid y reúne jefes de estado, funcionarios climáticos, científicos y representantes de asociaciones civiles, con el supuesto objetivo de “responder a la emergencia climática”. Pero mientras la mayoría de las potencias derrama lágrimas de preocupación sin mover un dedo por cumplir con los Acuerdos de París, Trump anuncia que no aceptará los tratados.

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Marcel Ling



El discurso de apertura a cargo del Secretario General de la ONU, Antonio Guterres, puso en evidencia la verdadera naturaleza del problema que atañe al combate contra el cambio climático. Guterres aseguró que existen los medios técnicos y económicos para luchar de manera eficiente contra la crisis climática, pero la carencia principal es  la falta de acción política. ¿A quién se refiere Guterrez? No dijo nada en su discurso de a quién iban dirigidas sus críticas, pero es sabido que Trump, a pesar que Estados Unidos es el segundo emisor mundial de dióxido de carbono, piensa retirar el país del acuerdo de Paris; acuerdo que busca limitar la emisión mundial con el objetivo de reducir el impacto que esta genera en el efecto invernadero.

Una pregunta valida que podría hacerse nuestro lector es: Si Estados Unidos se mantuviera dentro del acuerdo, ¿El problema de la emergencia climática tendería a resolverse? La respuesta lamentablemente es negativa, debido a varios factores: En primer lugar, solo un 20% de los países del mundo está llegando al nivel de emisión pactada por el acuerdo. En segundo y, más importante, las formas que estas cumbres han encontrado para enfrentar supuestamente esta situación es crear un mercado de compra de bonos de emisión. Es decir,  que aquellos países que no cumplan sus objetivos de emisión le deberían comprar “cupos” a aquellos que los sobrecumplen, manteniendo bajos niveles de emisión.

Esta “iniciativa” por parte de los jefes de Estado “comprometidos“ que “piensan en el medio ambiente” (a diferencia de Trump y los negacioncitas del cambio climático como Bolsonaro), es  un gesto político sin consecuencias positivas reales. Para quienes crean que somos demasiado desconfiados e injustos con estos líderes “preocupados por el planeta”, tenemos algunas consideraciones: Sabemos que solo el 20% de los países cumplen sus objetivos de emisión, pero no sabemos qué porcentaje los “sobre cumple”, es decir que países tienen cupos de emisión para el restante 80 %, 90% o 95% que se excede. Por otro lado ¿Realmente alcanza que una porción tan minoritaria de países sobre cumpla los objetivos cuando la inmensa mayoría no? ¿Qué va a pasar con los países que no  cumplan los objetivos y no puedan  comprar cupos?

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Este acuerdo alcanzado en el 2015,  elaborado a partir de la participación de más de 200 países del “Acuerdo Marco Del Camblio Climatico” de 1992, todavía no tiene reglamentación sobre su aplicación. El plazo para que los gobiernos de los países se pongan de acuerdo sobre la compra de cupos y los objetivos de cada país  vence en el 2020.  Lejos de las grandilocuentes declaraciones de funcionarios y de los “gestos políticos”… está la realidad. Según estudios de la propia ONU la emisión de gases desde 1992 hasta la fecha no ha parado de crecer y encontró su máximo histórico en el 2018. Razón por la cual  los últimos cinco años, desde 2015 a 2019, van camino de convertirse en el periodo de mayor temperatura media jamás registrada.

¿Por qué es tan difícil que estas cumbres lleguen a buen puerto?  Una de las respuestas nos  las da nuevamente la propia ONU. En un reciente informe estima que las cinco mayores compañías petroleras y de gas a nivel mundial invierten anualmente alrededor de 200 millones de dólares al año al mantenimiento de lobbies que influyen, retrasan o impiden el desarrollo de políticas climáticas

Por todas estas razones La COP 25 es una farsa. Estamos hablando de un grupo de presidentes y funcionarios discutiendo ideas que nunca aplican y que de aplicarse, no resolverían ningún problema. Esto, con el único objetivo de intentar mostrarse “comprometidos“ ante una comunidad internacional que cada vez les cree menos y los enfrenta en la calle .

Afuera de los grandes y pomposos edificios se encontraban miles de manifestantes en las calles de Madrid con carteles que decían “Cambiemos de sistema, no de planeta” “Ni un grado más”, activistas  que denunciaban en megáfonos “Hoy Amazon tiene la misma cantidad de emisión de gases de efecto invernadero que un Estado”. Las concentraciones se replicaron en Paris, Berlín, Londres, etc. Es en esos encuentros es donde se procesan las verdaderas discusiones, en donde se va ganando en consciencia que no hay forma de parar el cambio climático sin derrotar a todos los negacionistas, todos los Trump y los Bolsonaro y a todos los supuestos líderes “comprometidos” que terminan defendiendo, al igual que los primeros, los intereses de las grandes empresas multinacionales contaminantes.

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Son esos manifestantes, que en la última huelga mundial por el clima llenaron las calles del mundo con 7 millones de voces gritando que el capitalismo mata, la esperanza del planeta que hoy se encuentra condenado por la negación de algunos y las farsas de otros.

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