Introducción

Los años veinte y treinta del siglo XX estuvieron marcados por el ascenso del fascismo en Europa, cuyo punto más alto fue la llegada de Hitler al poder en Alemania en enero de 1933. Esto hizo parte de la “era de los extremos”, una aguda definición del historiador marxista Eric Hobsbawm,con la cual caracterizó el período comprendido entre la primera y segunda guerra mundial, el cual estuvo dominado por la lucha entre la revolución y la contrarrevolución.

América Latina no escapó de esta tendencia; la crisis económica de 1929 profundizó la debacle del modelo de acumulación capitalista y de los Estados liberales en la región. Esto generó un cuestionamiento radical del orden social imperante, lo cual tuvo expresiones por la derecha y la izquierda. De esta forma, en varios países y ciudades latinoamericanas, se replicóla lucha entre el fascismo y las izquierdas, aunque en una escala menor que en Europa.

En medio de este contexto, dentro del movimiento comunista internacional se produjo un choque de tácticas al respecto de cómo enfrentar al fascismo; por un lado, el estalinismo –como parte del giro ultraizquierdista del tercer período- se opuso a la unidad de acción con las organizaciones obreras socialdemócratas; por el otro, el trotskismo llamó a conformar frentes únicos antifascistas de todas las corrientes obreras y de izquierda para impedir el ascenso del fascismo.  Esta divergencia teórica y táctica cruzó los principales debates entre los partidos comunistas estalinistas y las secciones de la Oposición de Izquierda a lo largo de los años treinta.

En este artículo analizaremos el caso de Brasil en el bienio 1933-34, cuando se produjo el enfrentamiento entreel Frente Único Antifascista (FUA, impulsado por el trotskismo y corrientes socialistas) con la AcciónIntegralistaBrasileña(AIB), una organización inspirada en el fascismo italiano y el nacionalsocialismo alemán.

El movimiento comunista internacional ante el fascismo

A partir de 1929, la Internacional Comunista (Comintern por su acrónimo en ruso) en su versión estalinistaformuló la teoría del “tercer período”, según la cual el capitalismo atravesaba una crisis estructural que se combinaba con una radicalización de las masas, por lo cual era inminente el estallido de una nueva guerra imperialista en el corto plazo[1].

Molotov fue el vocero de esta nueva caracterización, la cual expuso en los siguientes términos: “En base al análisis de la lucha obrera en los principales países capitalistas, el Décimo Plenario [de la Comintern] afirmó que se desarrolla y profundiza el proceso de viraje a la izquierda y radicalización de las masas, que en la actualidad comienza a alcanzar la magnitud de un principio de alza revolucionaria”, ante lo cual “sólo un oportunista obtuso, un liberal infeliz, podría dejar de comprender que hemos entrado con los dos pies en el reino de inmensos acontecimientos revolucionarios de importancia internacional” (Citado en Trotsky, El “Tercer período” de los errores de la Internacional Comunista).

Este abordaje de la situación internacional propició un giro ultraizquierdista y sectariodel estalinismo, amparado en el “inexorable” desarrollo de revoluciones en los países occidentales. En este escenario, los partidos comunistas estaban llamados a dirigir a la clase obrera, para lo cual era preciso luchar contralos partidos reformistas socialdemócratas que bloqueaban el accionar revolucionario del movimiento obrero, como sucedió en los primeros años de la década del veinte (por ejemplo en Alemania o Hungría). Además, la socialdemocracia fue equiparada con el fascismo (el stalinismo la llamó “social-fascismo”), bajo el argumento que ambas corrientes velaban por la continuidad del capitalismo, por lo cual había que combatirlos por igual. Así, el fascismo perdió toda especifidad como fenómeno político y fue asumido como una variante del arco de fuerzas burguesas contrarrevolucionarias.

Stephen Cohen, autor de una reconocida biografía sobreBujarin, sintetizó las implicaciones tácticas de este giro de la Comintern: “El tercer período fue redefinido para significar el fin de la estabilización capitalista, un ascenso de la militancia proletaria, la certeza de situaciones revolucionarias en Occidente. Los partidos socialistas, realmente reformistas de una manera general, fueron designados como el enemigo principal –y se decía que su ´fascistización` estaba completa. A través de la eliminación cada vez más profunda de los moderados de la Comintern, los partidos comunistas extranjeros recibieron la directiva de romper sus vínculos con los sindicatos rivales, de escindir el movimiento operario europeo. Así comenzó el infeliz viraje de la Comintern en dirección al extremismo” (Citado en Broué, História da internacional comunista, 619)

Por lo anterior, la Comintern rehusó constituir frentes únicos con otras organizaciones políticas para enfrentar el ascenso del fascismo, al cual vieron como un adversario más y no comprendieron el proyecto contrarrevolucionario que encarnaba. En cambio, el estalinismo planteó conformar “frentes únicos por la base” contra la guerra, llamando a la unidad del partido comunista con los militantes de base (no con las direcciones) de otros partidos para desenmascarar el carácter contrarrevolucionario de la socialdemocracia.

Una táctica que, además de sectaria, resultaba inviable, porque la naturaleza del frente único es la unidad entre organizaciones diferentes en torno a un objetivo concreto, lo cual solo es posible con un acuerdo entre las direcciones de los partidos y organizaciones obreras (aunque el frente debe sustancie por la base, pues de lo contrario puede convertirse en un acuerdo de aparatos de espalda a la lucha de clases).

Trotsky, en ese momento al frente de la Oposición de Izquierda, se opuso a esta táctica y defendió la conformación de verdaderos frentes únicos de todas las organizaciones obreras para enfrentar al fascismo y evitar su ascenso al poder. Polemizó con la caracterización de la socialdemocracia como “social-fascismo”, una definición que perdía de vista la base obrera de esa corriente y su necesidad de defender la democracia parlamentariadebido a su carácter reformista, una contradicción que había que profundizar llamando a la unidad obrera para enfrentar al fascismo con métodos revolucionarios y, a partir de eso, atraer a las bases socialdemócratas hacia los partidos comunistas: “Para la socialdemocracia, en el momento presente la cuestión se plantea así: no defender tanto las bases de la sociedad capitalista contra la revolución proletaria como defender el sistema semiparlamentarista burgués contra el fascismo. No utilizar este antagonismo sería una enorme tontería” (Trotsky, Revolución y fascismo en Alemania, 108). De lo contrario, el fascismo tendría vía libre para triunfar en Alemania, lo cual representaría una derrota histórica para el movimiento obrero más importante del mundo en ese entonces.

El tiempo no tardó en darle la razón a Trotsky. La orientación de la Comintern contrajo terribles consecuencias en Alemania en 1933, porque la división entre comunistas y socialdemócratas allanó el camino para el ascenso de Hitler al poder en enero[2]. Víctor Serge, en su retrato biográfico-político de Trotsky, reseñó el impacto de la derrota de los comunistas alemanes tras el triunfo del nazismo, así como la forma en que la burocracia estalinista trató de ocultar el desastre cometido por Stalin: “A principios de 1933, todo queda consumado. Hitler ha tomado el poder, Thaelman[dirigente en ese entonces del PC alemán] está preso para siempre, los comunistas alemanes sufren la misma persecución que los demás proletarios…«Rundschau», órgano del Komintern, lleva la aberración al punto de prohibir a los miembros del partido todo reconocimiento de la derrota, porque «el ascenso de la ola revolucionaria continuará ineluctablemente…La dictadura fascista destruye las ilusiones democráticas y libera las masas de la influencia social-demócrata, acelerando así la marcha de Alemania hacia la revolución proletaria…Sólo a ignorantes e idiotas se les ocurre decir que los comunistas alemanes han sido vencidos»” (Serge, Vida y muerte de León Trotsky, 142).

Esta divergencia teórica y táctica cruzó los principales debates entre los partidos comunistas estalinistas y las secciones de la Oposición de Izquierda a lo largo de los años treinta, lo cual nos conduce hasta el caso brasilero.

La izquierda brasilera ante el ascenso fascista                       

El antifascismo en Brasil se remonta a los años veinte del siglo XX, producto de la llegada de migrantes italianos opositores al régimen de Mussolini (en el poder desde 1922). A lo largo de esa década, los socialistas italianos hegemonizaron el movimiento antifascista, aunque sin alcanzar notoriedad a nivel nacional.

Esto cambió en los años treinta debido a la crisis del Estado liberal brasilero, lo cual dio paso a la politización de la sociedad, proceso que trascendió los círculos de la oligarquía y vinculó a sectores obreros, clases medias e intelectuales descontentos con el curso del país. Por este motivo, se abrió un debate en torno a la reorientación de Brasil en medio de la convulsa crisis económica mundial, la cual tuvo su punto más alto en el bienio 1933-34, cuando funcionó la Asamblea Constituyente convocada por Getulio Vargas (Figueiredo de Castro, A Frente Única Antifascista (FUA) e o antifascismo no Brasil, 356-57).

Este contexto propició el surgimiento de corrientes políticas radicales de izquierda y derecha. Un caso fue la fundación en San Pablo de la Liga Comunista Internacionalista (LCI)el 21 de enero de 1931, la cual tuvo entre sus principales dirigentes a Mario Pedrosa, Arístides Lobo yLívio Xavier. Se originó a partir del Grupo Comunista Lenin, una corriente de oposición a lo interno del Partido Comunista de Brasil (PCB) que, a partir de mayo de 1930, editó el periódico A luta deClasse (La lucha de Clases). La LCI se vinculó a la Oposición de Izquierda Internacional y fue la principal sección trotskista latinoamericana en ese entonces, llegando a dirigir la Federación de Trabajadores Gráficos de Sao Paulo (con amplio influencia sindical y política en la ciudad), a partir de lo cual disputó la hegemonía del campo antifascista con el PCB y otras corrientes socialistas (Coggiola, Historia del trotskismo en Argentina y América Latina, 412).

Lo anterior se explica por las particularidades de la izquierda en América Latina, donde la correlación de fuerzas en los años treinta entre los grupos trotskistas y las secciones oficiales estalinistas fue más equilibrada que en Europa, aspecto que analizó el historiador Pierre Broué: “La historia de la Oposición de Izquierda y la 4° Internacional en América Latina difiere sensiblemente de la de Europa en razón de su pre-historia y de un contexto diferente. Fue así que en América Latina, muchas veces por partes enteras o, incluso, por partidos comunistas, al menos de importantes fracciones de sus cuadros o mismo de sus direcciones, se pasaron a la Oposición de Izquierda y más tarde a la 4° Internacional. Desde el punto de vista de sus efectivos, las secciones así constituidas mantenían en ocasiones comparaciones victoriosas con los ˊpartidos oficialesˋ, que en la época, evidentemente, estaban lejos de lo que se podría llamar partidos de masas” (Broué, O movimento trotskista na América Latina até 1940, 175). 

Pero la radicalización también presentó desarrollos por la derecha, como quedó demostrado en octubre de 1932 con la creación de Acción Integralista Brasilera (AIB), una agrupación fascista dirigida por Plinio Salgado. Estuvo fuertemente inspiradaen el fascismo italiano[3], el cual se constituyó en un modelo a seguir paralos sectores de ultra derecha a nivel internacional, debido a su perfil “revolucionario” ante el status quo de la democracias burguesas parlamentarias y la organización paramilitar de sectores del movimiento de masas, tal como detalló el historiador Emilio Gentile:“…el Partido Fascista era una novedad entre las novedades, dadas sus características históricas, su posición en el régimen fascista y la prelación de su surgimiento en comparación con otros partidos únicos de la derecha radical y nacionalista. En efecto, el PNF había sido el primer partido de masas del nacionalismo revolucionario en conquistar el poder dentro de una democracia parlamentaria y en construir un régimen inédito en su tipo, así, se volvió el fundador de un linaje y modelo para otros partidos y regímenes, en Europa y también fuera de Europa” (Emilio Gentile, La vía italiana al totalitarismo, 73-74). Por este motivo,  uno de los rasgos distintivos de la AIB fue el uso de camisas verdes (una alusión a las camisas negras de Mussolini), además del énfasis en el despliegue simbólico-militar característico de las actividades fascistas.

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Con el surgimiento de la AIB y el ascenso del nazismo al poder en enero de 1933, la discusión en torno a la táctica antifascista se tornó más importante y la izquierda brasilera replicó los debates suscitados a nivel internacional, lo cual derivó en el choque de dos concepciones teóricas y tácticas: “Para el PCB el fascismo era, teóricamente, una cuestión menor, talvez hasta contribuyese para promover la lucha de clases y, así, abrir el camino para la guerra civil: ˊcuanto peor mejorˋ. Para la LC, luchar contra el fascismo era la única salida para la existencia de las izquierdas y el futuro del socialismo. Eso no significaba que el PCB evitaba pelear contra los integralistas, por el contrario. Lo que acontecía es que eso era visto como un momento de la lucha más general contra la ˊreacciónˋ (Figueiredo de Castro, A Frente Única Antifascista (FUA) e o antifascismo no Brasil, 367). 

El PCB aplicó a Brasil los lineamientos del tercer período de la Comintern estalinista, por lo que el fascismo no fue asumido como un fenómeno con especificidad propia y, por el contrario,  lo consideró un aspecto secundario dentro de la situación política, donde la tarea con mayor jerarquía consistía en luchar contra la guerra para proteger a la URSS. Bajo esta lógica, durante 1933-34,el PCB rehusó conformar un frente único antifascista con otros partidos y corrientes obreras, se opuso a participar en las elecciones, llamó a construir soviets durante las huelgas y caracterizó que estaban dadas las condiciones para luchar por la toma del poder.

Desde los primeros meses de 1933 impulsó la creación de los comités anti-guerra en diferentes regiones del país, como fue el caso del “Comité de Frente Único Antiguerra” de Sao Paulo o el “Comité de Frente Único contra la Guerra Imperialista” en Río de Janeiro, los cuales estaban nucleados en un organismo nacional que, a su vez, hacía parte del “Comité Mundial de Lucha Contra la Guerra”.

Estos comités eran la puesta en marcha de la táctica de frente único por la base, lo cual quedó reflejado en un manifiesto que circuló en marzo donde el PCB llamó a organizar una conferencia nacional contra la guerra, el cual se dirigió a los militantes de base de las organizaciones de izquierda (no así a sus direcciones); además, los militantes del PCB de Sao Paulo y Río de Janeiro se concentraron en mostrar las adhesiones de intelectuales y personalidades políticas a la iniciativa (Figueiredo de Castro, A Frente Única Antifascista (FUA) e o antifascismo no Brasil, 359-60).

En cuanto a la LCI impulsó laconstrucción del Frente Único Antifascista (FUA), para lo cual llamó a conformarlo al conjunto de organizaciones obreras y corrientes de izquierda, incluyendo al PCB (del cual se consideraba una fracción interna hasta 1933). Esto era consecuente con los análisis y orientaciones de la Oposición de Izquierda a nivel internacional, donde el fascismo no era visto como un hecho cualquiera, sino que representaba un peligro que amenazaba la existencia misma de las organizaciones políticas y sindicales del movimiento obrero, ante lo cual era preciso la unidad entre las corrientes de obreras (revolucionarias y reformistas) para enfrentarlo. 

1933: la construcción del FUA y sus primeras acciones

El primer paso para la construcción del FUA fue el lanzamiento del periódico O HomenLivre(El Hombre Libre) el 27 de mayo de 1933, el cual se transformó en el principal órgano de propaganda antifascista paulista y, como tal, sirvió como punto de encuentro para muchas figuras intelectuales y de diversas corrientes políticas (socialistas, anarquistas, trotskistas e incluso pecebistas). Además de contar con un grupo de periodistas profesionales para la diagramación y escritura de artículos,estuvo bajo la influencia de varios miembros de la LCI, por lo que se convirtió en trinchera de lucha ideológica contra el fascismo y contra las orientaciones sectarias de la Comintern desarrolladas por el PCB(Figueiredo de Castro, A Frente Única Antifascista (FUA) e o antifascismo no Brasil, 359-60).

El 25 de junio se produjo la fundación del FUA, en un acto al que concurrieron representantes de organizaciones socialistas, anarquistas, trotskistas y gremiales, entre las cuales figuraron: Partido Socialista Brasilero de Sao Paulo (PSB paulista), Partido Socialista Italiano (sección paulista), Liga Comunista Internacionalista (LCI), Gremio Universitario Socialista, Unión de Trabajadores Gráficos (UTG), Legión Cívica 5 de Julio, Bandera de los dieciocho, Grupo Socialista “Giacomo Matteotti”, Grupo “Italia Libre” y miembros de revistas y periódicos antifascistas.

De lo anterior se desprende que la composición del FUA fue muy diversa e incluyó corrientes obreras provenientes de tradiciones diferentes políticas, así como organizaciones gremiales que le dieron sustento por la base al frente único. Solamente el PCB quedó por fuera debido a su posición contra la táctica del frente único. A pesar de esto, fueron recurrente los llamados para que se sumara a la construcción del FUA (particularmente desde los militantes de la LCI), lo cual daría frutos más adelante, cuando el Comité Regional del PCB de Sao Paulo se distanció de la orientación de la dirección nacional del PCB y realizó unidad de acción con el FUA en varias ocasiones (sobre esto volveremos más adelante).

¿Cómo se articuló el FUA? De acuerdo al análisis de Ricardo Figueiredo, los trostkistas de la LCI se desempeñaron como el “núcleo duro”, mientras que el PSB paulista representó el “núcleo blando”; el resto de organizaciones giraron en torno a estas corrientes, estableciéndose una relación no exenta de choques o tensiones, tal como aconteció con los anarquistas paulistas que rehusaron adherir formalmente al FUA por sus “principios libertarios” y se posicionaron en contra de la táctica de frente único, aunque se declararon a favor de apoyar acciones antifascistas y actuar como su vanguardia. 

El FUA fue concebido como un espacio defensivo ante el avance de los integralistas, lo cual condicionó sus formas de resistencia: “La táctica antifascista empleada por el FUA tenía dos polos: la propaganda, o mejor, contra-propaganda vehiculizada en las páginas de su principal vehículo de divulgación, El hombre libre, y la agitación política característica de las manifestaciones y, sobretodo, contra manifestaciones” (Figueiredo de Castro, A Frente Única Antifascista (FUA) e o antifascismo no Brasil, 370).

El 14 de julio el FUA llevó a cabo su primer acto público, fecha escogida en conmemoración de la Revolución Francesa y en torno de la cual se podía reunir todo el arco de corrientes de izquierda. Luego entró en inactividad por algunos meses, pero retomó dinamismo a partir de setiembre y, en esta ocasión, coordinando acciones con el Comité Regional (CR) del PCB Sao Paulo[4].

Producto de esta unidad de acción entre el CR paulista y el FUA se organizaron tres actos públicos en los meses venideros. El primero aconteció el 14 de noviembre en la sede de la Unión de Clases Laboriosas, donde se congregaron más de mil personas; el acto sufrió el ataque de grupos de choque de los integralistas, pero no lograron dispersar la reunión. El 15 de diciembre se llevó a cabo la segunda concentración, la cual reunió más de dos mil manifestantes y contó con la presencia del PCB y el Comité Antiguerra. La tercera y última actividad unitaria se convocó para el 25 de enero de 1934, pero no pudo realizarse por la represión de la policía del gobierno Vargas.

Durante estos meses la relación entre el FUA y el CR paulista fue tensa, lo cual reflejaba la pugna por hegemonizar la lucha antifascista en Sao Paulo. Aunado a esto, en octubre de 1933 la LCI realizó una Conferencia Nacional Extraordinaria donde acogió la orientación de Trotsky para avanzar hacia la fundación de la IV Internacional, con lo cual las secciones de la Oposición de Izquierda dejaron de considerarse oposición interna de los partidos comunistas[5].

Lo anterior propició la ruptura de la unidad de acción  del CR paulista con el FUA, en gran medida por la presión ejercida por el Comité Central del PCB. A inicios de 1934 el proyecto del FUA quedó muy debilitado, lo cual se agravó con el cierre del periódico O HomemLivrre y la crisis interna del PSB, ante lo cual la pequeña LCI tuvo dificultades para dinamizar el frente único.

1934: polarización política y reorganización del campo anti-fascista

Este año se produjo un giro en la situación política, pues la Asamblea Constituyente entró en la recta final, lo cual desató una fuerte polarización en torno al proyecto de constitución. Este fue el terreno para que, a partir del segundo semestre, se produjeran enfrentamientos directos entre la AIB y las izquierdasanti-fascistas en su disputa por el escenario público.

La AIB tomó la ofensiva por medio de una campaña de concentraciones públicas y movilizaciones a lo largo del país. La primera jornada aconteció el 20 de abril, dos días después de la primera votación de la nueva constitución, reuniendo a cuatro mil fascistas en Río de Janeiro; el 24 de junio llevó a cabo una movilización en Sao Paulo con una asistencia de tres mil personas; una tercera jornada se realizó el 2 de julio en Bahía con cuatrocientas personas.

Paralelamente se desarrolló una reorganización de fuerzas dentro del arco de fuerzas anti-fascistas de izquierda. Para este entonces el FUA estaba en retroceso tras la ruptura de unidad de acción con el CR paulista y el cierre del periódico O HomemLivrre. A pesar de esto, las corrientes que impulsaban el espacio reorientaron su colaboración hacia el campo sindical y electoral, lo cual dio paso a la constitución de dos frentes únicos, la Coalición de Sindicatos Proletarios y la Coalición de Izquierdas.Desde agosto se discutió sobre la necesidad de constituir un frente de la izquierda para las elecciones de octubre próximo, el cual se materializó con un acuerdo programático suscrito por el Partido Socialista Proletario de Brasil (PSPB), la LCI y la Coalición de Sindicatos Proletarios.

Por su parte, el PCB rehusó integrarse al frente electoral como parte de su política sectaria y ultraizquierdista, ante lo cual priorizó la construcción de los comités anti-guerra.  Es importante anotar que, a mediados de 1934, el PCB realizó su I Conferencia Nacional donde eligió un nuevo Comité Central y reorganizó las fuerzas del partido, acabando con la inestabilidad interna que caracterizó los años previos. Incluso tuvo mucho peso durante la huelga de Cantareira(empresa de transporte marino y terrestre en Río de Janeiro), aspecto que resaltó el mismo presidente Vargas en su diario personal el 27 de agosto de ese año (Figueiredo de Castro, A Frente Única Antifascista (FUA) e o antifascismo no Brasil, 373).

Lo anterior, combinado con la inactividad del FUA, le permitió al PCBpasar a la ofensiva para hegemonizar el campo antifascista. El 23 de agosto realizó el “I Congreso Nacional contra la Guerra Imperialista, la Reacción y el Fascismo”, el cual culminó con una marcha de tres mil personas que fue reprimida por la policía, con el saldo mortal de Tobías Warshawsky, miembro de la Federación de Juventudes Comunistas. Posteriormente llevaría a cabo dos actividades públicas más: el “I Congreso Estudiantil” contra la Guerra Imperialista el 15 de setiembre en el Distrito Federal de Río de Janerio y, una semana después, una concentración en la Plaza de la Armonía en esa misma ciudad.

La batalla de Plaza de Sé

Octubre de 1934 representó un punto crucial en la lucha antifascista en Brasil. Estaba a punto de entrar a regir la nueva constitución y se llevarían a cabo elecciones; ambos factores alimentaron la polarización política. Más importante aún, la AIBprosiguió con su campaña de acciones para ocupar el espacio público, lo cual generó una contra respuesta por parte de las fuerzas antifascistas.

El 03 de octubre los integralistas organizaron una conferencia política con su principal dirigente, Plinio Salgado, en la ciudad de Bauru (en el interior de Sao Paulo). Una hora antes de iniciar la actividad, una columna de integralistas llegaron al hotel donde estaba hospedado su dirigente con el objetivo de realizar un desfile hasta el lugar de la actividad. En el trayecto recibieron muchos insultos antifascistas desde la población y, en determinado punto del camino, la marcha fue atacada con disparos, dando como resultado un muerto y cuatro heridos, todos integralistas. Uno de los acusados principales por estos hechos era candidato de la Coalición de Izquierda (Figueiredo de Castro, A Frente Única Antifascista (FUA) e o antifascismo no Brasil, 373).

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Esto fue un anticipo de lo que acontecería cuatro días después en el centro comercial y financiero de Sao Paulo, cuando la AIB convocó a un gran acto público en la Plaza da Sé en conmemoración de un nuevo aniversario de la promulgación del “Manifiesto Integralista”. Ante esto, las fuerzas antifascistas decidieron impedir a toda costa que los camisas verdes marcharan por la ciudad.

De acuerdo a FúlvioAbramo, en ese entonces dirigente de la LCI, fue iniciativa de los trotskistas organizar la contra manifestación, para lo cual se pusieron en contacto con los sectores que habían participado en un acto del FUA el primero de mayo anterior[6]. Citamos en extenso su reconstrucción de los hechos: “Estábamos en la sede de la Unión de los Trabajadores Gráficos (UGT) (…) cuando nos avisan de un comunicado de la Acción Integralista convocando a manifestación. Medeiros es el primero en reaccionar: ´No vamos a dejar que esos canallas dominen las calles. Vamos a impedirlo, como sea`. Todos lo apoyan. Como secretario del FUA se me encarga convocar una reunión (…) para discutir, concretamente, la propuesta de una contramanifestación, armada si fuere necesario (…) Dos días después, actuando con rapidez, se convocó a todas las organizaciones que lucharon el 1° de mayo (…) Rápidamente se tomaron las decisiones importantes: todos aprobaron la propuesta de realizar una contramanifestación, estaban de acuerdo en que debía realizarse el mismo día y a la misma hora de la anunciada manifestación integralista; la finalidad era disolver una reunión de los plinianos (seguidores de Plinio Salgado), sin posibilidad de volver atrás en las decisiones; el pueblo de San Pablo debía ser esclarecido a través de manifiestos sobre las razones que justificaban tomar tal posición, puesto que los integralistas alardeaban que emplearían en Brasil los mismos métodos de liquidación física de los adversarios políticos y de las organizaciones opositoras que estaban en feroz aplicación en Alemana e Italia. En lo posible, cada organización trataría de proporcionar elementos de defensa –eufemismo empleado por ´armas`- necesarios para concretar las medidas tomadas” (Citado en Barbio, Los trotskistas brasileños de 1930 a 1964: un rescate necesario, 248-49).

Siguiendo con la versión de Abramo, también se invitó al PCB a sumarse a la contra manifestación con el FUA, pero rechazaron hacer unidad de acción con otros partidos, aunque el sector del CR paulista dirigido por Sacchetta nuevamente rompió con la línea de la dirección nacional y coordinó acciones con el FUA.

El día del evento los integralistas se concentraron en su local sobre la avenida BrigadeiroLuiz Antonio, donde había una columna de tres mil camisas verdes sobre la calle y otros siete mil fascistas dentro del edificio. La Policía Militar colocó cuatrocientos oficiales fuertemente armados en la plaza para impedir altercados contra la concentración, ante lo cual los integralistas pensaron que iban a estar bien protegidos, pero no contaban con la disposición de lucha de los grupos antifascistas, los cuales desde medio día estaban posicionados en un costado de la plaza.

Como era de esperar, el “cara a cara” entre la AIB y los antifascistas no tardó en transformarse en un enfrentamiento, inicialmente por medio de ataques verbales, pero, tras el disparo de una ráfaga de metralleta, dio paso a una “pequeña” guerra civil. Dejemos que Abramo nos transporte a los hechos con su vívido relato: “Los integralistas, repuestos del pánico causado por la descarga de la ametralladora, comenzaron a llenar las escaleras de la catedral. Me pareció que era el momento para iniciar la contramanifestación. Subí al pedestal de una columna y pronuncié unas breves palabras (…) una feroz ráfaga de balas se dirigió a nuestro grupo (…) bajé del palco improvisado y me reuní con los compañeros corriendo. Escuché a Mario decir: ‘Estoy herido’, y tropezó. Lo agarré del brazo con la mano izquierda (…) La batalla continuó cada vez más fuerte (eran más de las 4 de la tarde). Las balas venían de todos lados, en una confusión increíble. La batalla prosigue. Los integralistas tienen algunos elementos que no son tan cobardes como nosotros los calificábamos, más por animosidad y desprecio (justificados) que por amor a la verdad. Ese grupo continúa tirando y no abandonaba la plaza. Finalmente se retira, siguiendo la calle Senador Feijó hasta el largo San Francisco (a unas cuatro cuadras), mientras que la mayoría de los ‘gloriosos milicianos’ huye a toda velocidad de la Plaza, en todas direcciones y por toda la ciudad (…) Fue una gran fuga que pasó a ser llamada de allí en más el ‘revoloteo de las gallinas verdes’ (…) Plínio Salgado, que no sacó los pies de la sede de Acción Integralista, comenzó a derramar lágrimas y lamentos a partir de ese momento (…) Dispersados los integralistas, la Praça de la Sé quedó desierta. Fueron ‘cuatro horas de dictadura del proletariado’.”(Citado en Barbio, Los trotskistas brasileños de 1930 a 1964: un rescate necesario, 249).

Para una organización fascista como la AIB, cuyo centro de actividad pasaba por los desfiles y actos militarizados al estilo del fascismo italiano o nazismo alemán, la paliza recibida en Plaza da Sé representó un fuerte golpe moral, del cual nunca pudo recuperarse. La AIB sobrevivió varios años más, pero tuvo que someterse a los requerimientos de la Ley de Seguridad Nacional del gobierno de Vargas, perdiendo en el camino sus atributos “revolucionarios” fascistas hasta convertirse en un partido electoral de derecha autoritaria y anticomunista, el cual renunció a la toma del poder de forma violenta (Guimarães, La encarnación verde del fascismo).

La experiencia del FUA marca el camino para derrotar a Bolsonaro

El FUA representó la puesta en práctica de la táctica de frente único pregonada por Trotsky en los años treinta. Su éxito corroboró la importancia (y efectividad) de la unidad de acción de las fuerzas anti-fascistas para detener el ascenso del fascismo, algo que, de haberse concretado en Alemania, posiblemente hubiese impedido el ascenso de Hitler al poder.[7]

Asimismo, la batalla de Plaza da Sé y los efectos devastadores que produjo entre las filas de los integralistas, demostró que la conocida frase “Al fascismo no se le discute, se le destruye”,no es una consigna vacía de propaganda, por el contrario, sintetiza el aprendizaje del movimiento obrero y la izquierda ante el desafío histórico que encarna fascismo, cuyo objetivo es aniquilar toda forma de oposición política.

Por último, la experiencia del FUA (y la batalla de Plaza da Sé en particular)son un hito en la historia del trotskismo brasilero (y latinoamericano), el cual demuestra la potencialidad de lasorganizaciones de vanguardia para enfrentar el ascenso de la derecha extrema con una política de unidad de acción.

Todas estas lecciones son de suma importancia en la actualidad de Brasil, dado el proyecto que encarna el presidente Bolsonaro, el cual no desiste en sus intentos por “cerrar el régimen” (avasallar la institucionalidad democrático-burguesa) y avanzar hacia un gobierno bonapartista sustentado en las fuerzas armadas y la Policía Militar, con el objetivo de propinar una derrota histórica al movimiento obrero y popular de ese país. El asesinato de Mariel Franco (que cada vez más apunta hacia el “clan Bolsonaro”) y la política negacionista/genocida del gobierno ante la pandemia, son un adelanto de las perspectivas de Brasil en caso de que Bolsonarocontinuéen el poder, ante lo cual se impone la necesidad de luchar en las calles por su salida.


Bibliografía

  • Barbio, Marcio. 2008. “Los trotskistas brasileños de 1930 a 1964: un rescate necesario”. En Revista Socialismo o Barbarie n°22. Buenos Aires: Corriente Internacional Socialismo o Barbarie.
  • Broué, Pierre. 2007. História da Internacional Comunista 1919-1943. Sao Paulo: Editora Sundermann.
  • 2005. O movimento trotskista na América Latina até 1940. Cad. AEL, v. 12, n 22/23.
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  • Figueiredo de Castro, Ricardo. 2002. A Frente Única Antifascista (FUA) e o antifascismo no Brasil (1933-1934).Topoi (Rio J.) vol.3 no.5 (Jul/Dec.): 354-388.
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  • Guimarães, Elisa. La encarnación verde del fascismo. En https://litci.org/es/menu/mundo/latinoamerica/brasil/la-encarnacion-verde-del-fascismo/ (Consultada el 07 de julio de 2020).
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  • Serge, Víctor. 2010. Vida y muerte de León Trotsky. Buenos Aires: H. Garreto Editor.
  • Trotsky, León. El “Tercer período” de los errores de la Internacional Comunista. En https://www.fundacionfedericoengels.net/images/PDF%20Trotsky/1930-Tercer_periodo-Internacional_Comunista.pdf (Consultada el 20 de junio, 2016).
  • Revolución y fascismo en Alemania. Buenos Aires, Argentina: Editorial Antídoto.

[1] Según el esquema del estalinismo, el primer período fue el de la crisis del capitalismo y el ascenso revolucionario entre 1917-1924; el segundo período se desarrolló entre 1925-1928 y se caracterizó por la estabilización del capitalismo; mientras que el tercer período representaba el final del capitalismo. Esta formulación se desechó en 1934, cuando la burocracia soviética impulsó los Frentes Populares con los sectores “progresivos” de la burguesía (en este caso no se numeró el nuevo período), sometiendo al proletariado a la dirección y programa de esos sectores burgueses.

[2] Sobre la táctica del frente único antifascista en Alemania, remitimos a nuestro artículo “Antifa: por el rescate y relanzamiento de la lucha antifascista”, accesible en www.izquierdaweb.cr.

[3] También fue influido por el nazismo, pero entre su cúpula nunca hubo acuerdo con respecto al anti-semitismo. Esto motivó una serie de rupturas de la AIB entre sectores antisemitas y los que no adscribían esa posición.

[4] El PCB en Sao Paulo estaba dirigido por Herminio Sacchetta, el cual sostuvo diferencias con la línea política central del PCB y la Comintern, tanto en su versión ultraizquierdista del tercer período y su negativa a impulsar la táctica de frente único, pero también con el giro hacia los frentes populares con la “burguesía progresista”. Organizó una oposición a lo interno del PCB y sumó el apoyo de 300militantes, los cuales rompieron con el PCB en 1938 para fundar el Partido Socialista Revolucionario (PSR) que, a partir de 1939, se constituyó en la sección oficial de la IV Internacional en Brasil (Broué, O movimento trotskista na América Latina até 1940, p. 177).

[5] Esto se fundamentó en la traición que jugó el estalinismo en Alemania que, con su táctica sectaria contra los frentes únicos, bloqueó la unidad de acción entre socialdemócratas y comunistas para detener el ascenso de Hitler en enero de 1933, lo cual representó una derrota de dimensiones históricas del hasta ese momento principal movimiento obrero del mundo.

[6] En su investigación sobre el FUA, Ricardo Figueiredo aborda el debate histórico entre los ex militantes de la LCI y el PCB en torno a qué sector tuvo la iniciativa. En los libros y relatos de autores estalinistas se invisibilizó el papel del FUA y se engrandeció el papel del PCB. En todo caso, no hay duda sobre la iniciativa que tuvieron los sectores vinculados al FUA en la jornada del 07 de octubre.

[7] Lo cual da más elementos para medir la traición histórica del estalinismo, un aparato contrarrevolucionario que se encargó de dividir a la clase obrera alemana ante el desafío representado por el nazismo.

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