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Equipo de redacción del portal IzquierdaWeb.


El dólar llegó el día de ayer a su máxima cotización más alta en los últimos cuatro meses. Luego de un muy corto “verano” económico, regado “generosamente” por la ayuda del FMI. A pesar de su aporte de casi 14 mil millones de dólares cuando terminaba el año pasado y la promesa de 10 mil millones más, el dólar ha vuelto a dispararse para sorpresa de absolutamente nadie.

Las causas de fondo son de dos tipos. En primer lugar, de orden estructural económico. Desde este punto de vista, la cosa es ya sabida. Argentina está prácticamente en default, y si no se llegó a ese punto todavía es por la ayuda a Macri del FMI. En los últimos dos años (2017 y 2018) se fugaron del país unos 50 mil millones de dólares y para los próximos dos (2019 y 2020) acumula obligaciones de pagos de 80 mil millones. El Fondo tiene un compromiso de asistencia para cubrir el 55% de las obligaciones de pago del gobierno para el 2019, pero hacia el 2020 cae a un 14%. Nadie sabe cómo hará el próximo gobierno para pagar las sumas de las deudas: la recesión económica con inflación no hace más que profundizarse.

La fragilidad económica entonces es una de las bases de la inestabilidad del dólar, de su tendencia a la suba. No hay forma de generar nuevas divisas con las que pagar las obligaciones de pago con una recesión que nadie espera vaya a desacelerarse (se espera para este año una caída en la actividad de un 2%) y una inflación que no para (en enero rondó el 3%). No hay tampoco ingresos por la vía de inversiones reales en la producción ni con algún crecimiento sensible de las exportaciones. Lo que en la ley del presupuesto del año pasado el gobierno llamaba “inversiones” era deuda, la misma que es hoy impagable.

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El juego de manos que quiso hacer el gobierno pasando de las Lebac a las Leliq fue básicamente pasar de un problemático e inestable tipo de deuda a otro problemático e inestable tipo de deuda. Nada cambió: los especuladores vienen, compran pesos baratos, con ellos compran Leliq, se llevan la internacionalmente altísima tasa de interés del 60% y, ante la menor duda, las venden y se llevan los dólares (muchos más que los que trajeron). La política financiera del macrismo consiste en comprar una estabilidad que nunca llega regalándole dinero del Estado a los especuladores que siempre que pueden se van. Y cuando se van, venden sus pesos en masa y su cotización se derrumba. La respuesta del gobierno a esto es siempre básicamente la misma: subir la tasa de interés o vender dólares baratos. Es decir, regalar más dinero.

A esta situación de completa inestabilidad, en la que a la vuelta de la esquina puede haber siempre una nueva corrida cambiaria, se le suma el elemento político. Si la base de la inestabilidad del dólar es la que describíamos más arriba, el detonante de las últimas corridas fue otro. Con el comienzo del año electoral y político, ya las primeras encuestas dan por cierto que la derrota electoral del macrismo es más que posible. Las encuestas fueron una chispa que encendió la pradera de la situación económica. Y si apenas una encuesta puede llevar el dólar a su cotización más alta en cuatro meses, si el descontento social latente comienza a hacerse sentir nuevamente en la calle, el esquema macrista de estabilidad hasta octubre amenaza permanentemente con venirse abajo al menor soplido cual castillo de cartas mal armado. Por supuesto que el peronismo y la CGT ponen toda su voluntad en que nadie respire cerca del castillo y son así de mucha ayuda.

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No haremos aquí especulaciones con las encuestas. El escenario está abierto. Lo que importa es que cualquier gobierno capitalista que venga llevará la pesada carga de una deuda impagable y lo más probable es que intente renegociar con el FMI, lo que genera una incertidumbre en los temerosos mercados que los lleva a buscar desprenderse de sus pesos lo antes posible. Esta es la razón de las corridas de los últimos días. Por supuesto que el Banco Central no ve con malos ojos que en cierto modo la cotización del dólar acompañe a la inflación, porque si así no fuera se podría diluir lo que están ganando en el país por la pérdida de valor del peso argentino. Con la corrida, que son especuladores vendiendo sus pesos, buscan evitar que más especuladores vendan sus pesos. Así de coherente es su plan económico.

Entonces: el temor a una situación sumamente inestable en el marco de una economía más que endeble, a pesar de que las direcciones sindicales y el peronismo en todas sus variantes “hacen la plancha”, el sólo vistazo de una posible derrota del macrismo genera una incertidumbre que sirve de base a la nueva corrida del dólar.

 

 

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