Historia de la deuda externa argentina - parte 3

Deuda externa desde el 2001 a Fernández: una estafa capitalista

La propuestade Alberto Fernández a estas horas para renegociar con los bonistas es una reducción del capital miserable de solo el 3% que, comparada con el 60% de quita de capital de la reestructuración del 2005 parece un chiste, una reducción de las tasas de interés estratosféricas de Macri y un plazo de gracia hasta… 2021 para comenzar a pagar.

Ramiro Manini

 

Alberto se prepara para honrar la estafa de la deuda[1]

 

El gobierno de Alberto Fernández comenzó su mandato con una deuda realmente impagable. Impagable porque el gobierno de Macri acumuló la mayoría de los vencimientos de capital e intereses entre 2020 y 2024. Por ejemplo, en 2020 habría que pagar unos de 21 mil millones de dólares a los bonistas privados y a los organismos internacionales. En realidad,Fernández ni se acerca a rechazar el pago de la deuda, única medida posible realmente soberana, sino que puso a todos los cartuchos para la renegociación de la deuda con los bonistas. En total en este momento se están reestructurando bonos por 65 mil millones de dólares, todos bajo “ley extranjera” (es decir que en caso de algún litigio judicial resuelven jueces de Nueva York), en dólares y en manos de tenedores privados.

Aquí podemos hacer un breve paréntesis, ¿quiénes son los dueños de los bonos argentinos? Hay miles de bonistas, muchos de los cuales tienen algunos miles de dólares invertidos. Pero los pesos pesados son los fondos de inversión, que tienen cientos o incluso miles de millones de dólares invertidos en papeles argentinos:

 

  1. Allianz: 1670 millones de dólares.
  2. Fidelity: 1650 millones de dólares.
  3. BlackRock: 1500 millones de dólares.
  4. Northern Trust: 800 millones de dólares
  5. AllianceBernstein (AB): 700 millones de dólares.
  6. HSBC: 470 millones de dólares.
  7. PrudentialFinancial: 440 millones de dólares
  8. Ivesco: 400 millones de dólares.
  9. Ashmore: 400 millones de dólares.
  10. Eaton Vance: 350 millones de dólares.

 

Los fondos de inversión son empresas que se dedican a invertir ahorros de la burguesía e incluso de la clase media y trabajadora. Muchos fondos de inversión controlan el dinero de cajas jubilatorias o de obras sociales. Hasta los ahorros que cualquier trabajador tiene en su cuenta bancaria pueden ser utilizados en inversiones financieras, de hecho, con ese dinero los bancos argentinos compran Leliqs[2].Estos fondos tienen en común una particularidad: son inversores “propensos al riesgo”, cómo se dice en economía. Esto quiere decirque pretenden tener una ganancia enorme asumiendo riesgos importantes. Por eso le prestaron a Macri al 10% de interés, porque sabían que era una inversión poco segura. Si la tasa de interés era tan alta y el gobierno tuvo que recurrir al FMI era porque todo el mundo sabía que la deuda argentina era impagable. Estos fondos de inversión, que hoy ponen el grito en el cielo y exigen cobrar todo lo que prestaron, sabían muy bien que esos millones se estaban empleando en la fuga de capitales y que las posibilidades de que Argentina pudiera pagar sin problema eran nulas. Eso o eran unos imbéciles. La posibilidad de que no se les pagara la deuda siempre parte de su juego como inversores “arriesgados”.

La propuestade Alberto Fernández a estas horas para renegociar con los bonistas es una reducción del capital miserable de solo el 3% que, comparada con el 60% de quita de capital de la reestructuración del 2005 parece un chiste, una reducción de las tasas de interés estratosféricas de Macri y un plazo de gracia hasta… 2021 para comenzar a pagar. Aquí hay varios elementos para desarmar. La quita del 3% del capital no es más que santificar la estafa de la deuda macrista, Fernández reconoce que la inmensa mayoría de esa deuda debe ser pagada. La reducción de intereses apunta a que la tasa de interés se parezca un poco más a la que paga cualquier país del mundo, llevándola a una tasa de entre el 3% y el 4%. Aquí el gobierno les dice a los bonistas que va a pagar, y que, por lo tanto, no le exijan demasiados más intereses que a cualquier país que pague. Por ahora la respuesta viene siendo de risa descarada. Y, por último, el plazo de gracia, que es sencillamente draconiano. La propuesta original de Fernández era tener por lo menos hasta 2023 o 2024 para comenzar a pagar, pero tuvo que retroceder hasta comenzar a pagar el año que viene.El gobierno pretendía tener varios años para ordenar la explotación capitalista del país y “ponerlo de pie” para pagar, pero ni eso. Significa que aún con la incertidumbre de la crisis sanitaria del coronavirus y la crisis económica profunda que sacude el mundo, según la propuesta del gobierno el año que viene ya hay que comenzar a ordenar la economía en función del pago de la deuda, un escándalo.Incluso la propuesta del gobierno es más generosa con los bonistas de lo que el FMI considera “sustentable”. Es decir, el Fondo Monetario Internacional, una de las principales instituciones del imperialismo, considera que la propuesta de Fernández es tan beneficiosa para los bonistas que es prácticamente irrealizable. Una y otra vez el gobierno ratifica su carácter social-liberal. Por un lado, dice que lo más importante son los trabajadores, y ahora con la pandemia, la salud, y por el otro ordena todo alrededor de poder pagar la estafa de la deuda. Nuevamente, la única política realmente soberana es la de no respetar la propiedad privada de la burguesía y el imperialismo. Pagar no es “desendeudamiento”, es atraso y sumisión.

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Por ahora la propuesta del gobierno no tiene la aceptación necesaria por parte de los tenedores de bonos.El gobierno viene “mejorando” su propuesta en sucesivas rondas de negociación, que sistemáticamente se presentan como “la última propuesta y ya no vamos a ceder más”.El gobierno viene dando cada vez más concesiones, reduciendo los plazos de gracia y la quita de capital y aumentando los intereses. Fernández quiere pagar, y estoes evidente, por eso los fondos de inversión se ponen firmes.El kirchnerismo no puede ocultar sus ganas de pagar la deuda, e incluso Kiciloff hizo pagos escandalosos luego de soltar la bravuconada de que en esas condiciones no iba a pagar. La diferencia entre esta negociación prácticamente sin quita de capital y la del 2005 no es porque Kirchner y Lavagna hayan sido “más vivos” que Fernández y Guzmán. Es un problema de la lucha de clases, en 2005 se estaba negociando con el telón de fondo de la rebelión popular del 2001 y las nuevas relaciones de fuerzas que creó y en el medio de un default. Hoy el gobierno quiere negociar mientras paga todo lo que puede. Su carácter social-liberal impide que los bonistas se tomen en serio las palabras y discursos. Debido a esta falta de acuerdo el gobierno no pudo pagar un vencimiento con bonistas privados el 22 de mayo, entrando en lo que se denominó un “default selectivo”. Selectivo porque si bien el gobierno no pudo honrar ese pago, especialistas en finanzas consideran que tiene voluntad de pago. Muestra de esa voluntad es que algunas semanas antes Fernández pagó, en medio de la pandemia y mientras en los hospitales no hay insumos, más de 300 millones de dólares al FMI.

Hoy la cuestión aún continúa abierta. En los últimos días lograron endulzar a varios fondos de inversión con las diferentes concesiones. Pero algunos de los más importantes, cómo BlackRock y Ashmore, se oponen firmemente a las actuales condiciones ofrecidas por el gobierno. Todo parece inclinarse a que el gobierno va a continuar haciendo ofertas cada vez más atractivas hasta que los bonistas acepten. La crisis económica mundial es muy profunda, y se superpone en Argentina con la crisis que viene arrastrando el país y con la pandemia del coronavirus. Realmente la deuda es impagable, y los fondos de inversión están muy firmes en su postura de cobrar todo. No puede descartarse, en ese marco que, a pesar de la intención de pagar del gobierno, el país entre en un default con todas las letras. Cómo ya vimos, el default es la bancarrota del país, es una de las posibilidades de la economía burguesa. En los últimos 20 años hubo 26 defaults en todo el mundo. Argentina misma entró 8 veces en default.

¿Default o no pago soberano de la deuda? 

La propuesta del Nuevo MAS no es el default de la deuda. El default significa que el país agota su capital y a sus trabajadores hasta el último aliento para pagar, y cuando ya no puede más, quiebra. Al declararse el default los burgueses huyen con sus ganancias y sus dólares, dejando al país sin nada, con desempleo, devaluación e inflación. Por eso es comprensible el temor de cualquier trabajador a no pagar lo que debemos. Pero tenemos que entender que, como vimos en las partes anteriores de este artículo, esta deuda no es más que una estafa de los empresarios, y los de abajo tenemos derecho a no pagarles la fiesta, tenemos derecho a no pagar. Pero el no pago de la deuda no puede ser el último grito de dolor de una nación quebrada, sino que tiene que ser una consigna soberana, consciente, que venga de la mano de una serie de medidas anticapitalistas que enfrenten sus consecuencias negativas.El no pago soberano de la deuda significa frenar inmediatamente el desangre de divisas que necesita nuestra economía y tomar medidas para proteger a los trabajadores y desarrollar el país.

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En primer lugar, hay que evitar la fuga de capitales. Para eso es fundamental estatizar la banca privada y unificarla en un gran Banco Nacional bajo control de los trabajadores. A un país en default nadie le presta, pero ya vimos que en Argentina hay ahorros, todo lo que fugaron los empresarios en los últimos 20 años es riqueza social producida por los trabajadores argentinos, que si la concentramos y la dirigimos bajo los intereses de la clase obrera se podrían utilizar para desarrollar el país. La estatización de la banca permite la concentración del ahorro nacional, pero esta medida no alcanza si no es bajo control obrero: los recursos deben dirigirse hacia donde la clase obrera decida.

En segundo lugar, hay que imponer un férreo control de cambios. Esto significa que cada dólar que hay en el país tiene que ser utilizado de la manera que mejor convenga para el desarrollo del país y las condiciones de vida de la clase trabajadora. El control de cambios no es un cepo, que solo logra que los “perejiles” como nosotros podamos comprar 200 dólares mientras los empresarios los siguen consiguiendo de mil y una maneras. El control de cambios implica terminar con el “contado con liqui” (una forma de obtener dólares mediante la compra venta de accione sen Buenos Aires y Nueva York), la sobre declaración de importaciones y la subdeclaración de exportaciones (en mecanismo muy común mediante el cuál los empresarios que importan dicen que gastaron en compras en el exterior más de lo que realmente gastaron y los que exportan dicen que vendieron mercancías por menos de lo que realmente las vendieron, quedándose con los dólares “de diferencia”) y todos los instrumentos mediante los cuales los patrones siguen obteniendo divisas[3]. Esto no significa que estamos en contra de que el trabajador ahorre. Sabemos muy bien que en un país cómo Argentina, con una inflación altísima, hay miles de trabajadores que logran juntar unos pesos a fin de mes y quieren cuidar sus ahorros. Al contrario de todos los cepos patronales, como el de Cristina de 2011 a 2015 y el de ahora de Fernández, el control de cambios que proponemos es para afectar los intereses de los ricos (¡ese 10% que se llevó el 60% de las divisas!), no de los laburantes.

También es necesario estatizar el comercio exterior, bajo control obrero, para centralizar todas las divisas que ingresan al país vía las exportaciones y decidir en función de los intereses de los trabajadores cuales son las importaciones realmente necesarias.

No somos ingenuos, sabemos que romper con el imperialismo no es fácil. Tomar medidas anticapitalistas requiere la movilización revolucionaria de los explotados y oprimidos para enfrentar al imperialismo y la burguesía argentina. Requiere romper con la propiedad privada de la burguesía y del imperialismo, para defender la propiedad social de los trabajadores y de todos los explotados y oprimidos.

Ya pasamos décadas y décadas dando vueltas en el mismo círculo de endeudamiento, fuga de capitales, pago de la deuda y el resultado es siempre igual: crisis, inflación, ajuste y atraso. Todos los gobiernos han sido endeudadores y pagadores seriales. Es necesario romper ese círculo vicioso que hunde a la Argentina, es preciso buscar una salida. El no pago soberano de la deuda en conjunto con las medidas que planeamos arriba son la única alternativa posible para desarrollar el país y terminar con el atraso y la miseria. Los empresarios, el imperialismo y quienes nos gobernaron siempre se llenaron de oro a costa del atraso del país y todas las alternativas que sugieren buscan garantizar sus negocios. La clase trabajadora es quien debe ponerse al  frente de este desafío porque sabe que no puede salvarse sola,porque que su futuro está atado al desarrollo del país,en definitiva, porque sus intereses son los del país en su conjunto, Por eso es la única que puede llevar hasta el final este programa para desarrollar y emancipar Argentina.

[1] Esta serie de artículos es una profundización de lo desarrollado en el Episodio N°6 de Izquierda Podcast: Deuda externa: estafa de gobiernos y empresarios.

[2] Las Leliqs (Letras de Liquidez) son un instrumento muy parecido a las Lebacs con la diferencia de que son exclusivas para bancos.

[3] Vimos en el caso de Vicentín, por ejemplo, cómo la patronal triangulaba exportaciones a través de Paraguay para no declarar en Argentina los dólares obtenidos en esas ventas.

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