Como venimos alertando desde Las Rojas, la violencia aumenta con el encierro. El hogar es el lugar donde más femicidios se comenten, y el aislamiento por el Covid-19 vino a profundizar esta realidad.

Sin ninguna medida del gobierno para frenar la ola de violencia que se anticipaba, las trabajadoras de la Línea 144 no tardaron en hacer oír su crítica situación: falta personal, faltan insumos de higiene para la pandemia, falta presupuesto para dar respuestas concretas; vivienda e ingresos para salir de la violencia.

El Ministerio de la Mujer y la Diversidad se limitó a muchas, muchísimas publicaciones de instagram, pero nada de asignar más presupuesto. En su última conferencia nacional Alberto Fernández omitió referirse a este problema, a horas nomás de que aparecieran los cuerpos de Claudia Repetto en Mar del Plata y de Cristina y su hijita Ada en Monte Chingolo. Ya se conocía la convocatoria al ruidazo y Fernández dijo… nada.

 

¡Como si la violencia contra las mujeres y diversidad no existiera! ¡Como si la cuarentena le pusiera pausa a los femicidios! ¡Como si no fuese responsabilidad del gobierno dar respuestas para resolver tamaño problema, que en tan sólo 11 días se cobró la vida de 12 mujeres y niñas!

El presidente se jactó orgulloso de las fuerzas armadas y les dedicó “su gratitud”; a esas fuerzas que persiguen y verduguean a los trabajadores y trabajadoras en los barrios, pero que nunca están para ayudar a una mujer violentada! Y de denunciar las situaciones de violencia, de declarar medidas de protección para las víctimas… ¡ni una palabra!

Pero la indignación social se hizo escuchar con fuerza, y en cuestión de horas se viralizó una convocatoria a un ruidazo. Desde las casas, las terrazas, los balcones, hacer oír la bronca: ¡ya no se soporta ni un femicidio más!

Y entonces ahí sí el gobierno tomó nota. Pero en lugar de buscar dar respuestas de fondo, soluciones para frenar la violencia, recursos para que las víctimas puedan salir del lugar de encierro junto a sus hijxs, montó una nueva campaña, que es más de propaganda que de soluciones.

Un “barbijo rojo” que no evita la pandemia

La propuesta es que la víctima de violencia además de poder llamar a la Línea 144, ahora también se pueda acercar o llamar a la farmacia del barrio, solicitar un barbijo rojo, y que de esa manera se active el procedimiento. ¿Cuál es el procedimiento? Contactar a la persona con la Línea 144. Y listo. Se terminó la novedad de la nueva campaña del flamante Ministerio de Mujeres y Diversidad.

Sin querer ser demasiado escépticas, algunas observaciones:

En primer lugar, no queda claro por qué alguien que no puede llamar a la Línea 144, sí podría hacerlo a la Farmacia. Si se tiene que esconder, si tiene miedo, si no puede hacer uso del teléfono por los controles y amenazas del agresor, el teléfono del farmacéutico no parecería ser la solución.

Más bien parece que la Ministra Eli Alcorta, está jugando a una suerte de “pasantía”: en lugar de contratar más trabajadoras especializadas y formadas en el área, le pide a las y los farmacéuticos que atiendan los llamados. Las redes comunitarias son un bastión importantísimo para salir de las situaciones de violencia, pero no puede ser nunca un sustituto para no pagar sueldos.

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En segundo lugar, ¿quién y cuándo capacitaría a esos profesionales de la salud para tan sensible atención? Es posible que a cada farmacia del país haya llegado un mail indicando que ante el pedido de un barbijo rojo deben llamar al 144. Pero sabemos que estar frente a una mujer en situación de violencia requiere poder dar respuestas y acompañamiento seguro; son muchos los relatos de víctimas que frente a su intento de denunciar escuchan frases del estilo “hay que perdonarlo”, “dale otra oportunidad”. Las palabras en ese momento son cruciales, y hay que estar preparados para eso.

En tercer lugar, hasta donde se dejó saber, con esta campaña sólo se agrega un interlocutor. Alguien que medie entre la víctima y la operadora de la 144. ¿Cómo se sigue después la comunicación? Y en todo caso, y siempre agradeciendo al predisposición de estos/as profesionales, las mediaciones en casos de urgencia, nunca son buenas.

En cuarto lugar, y para cerrar, no hay ninguna novedad en esta campaña. Ya se utilizó por ejemplo en los bares, que pidiendo en la barra un trago cuyo nombre se detallaba en el baño, lo que ponía en alerta a los y las trabajadoras de alguna situación de violencia. No hacía falta ser gobierno para esto.

¡El problema no es la falta de denuncia, el problema es que no hay respuesta!

En el fondo reside un problema de perspectivas. La campaña del gobierno se para sobre la premisa de que las mujeres y diversidad no denuncian, no hablan, y que entonces hay que buscar la forma para que cuenten; así buscan una solución a ‘ese’ problema: muchos interlocutores. “Si no puede hablar por teléfono, que se acerque a una farmacia”.

Pero el problema es otro. No es que las víctimas no denuncian, el problema es que el Estado no hace nada! Por eso decimos que el estado es el responsable de los femicidios de mujeres, diversidades, niñas y niños.

Es cierto que hay miedos, hay amenazas, hay encierros. Pero si algo logró el enorme movimiento NiUnaMenos, la masividad del movimiento de mujeres y diversidad, es que la violencia patriarcal ya no es un tema del que no se hable. Ya no hay que esconderse, ni avergonzarse. Ese enorme movimiento es el que ayudó a que cientos y cientos de víctimas colapsen las líneas de atención para pedir ayuda.

Se hacen denuncias en las comisarías, en los juzgados, en las líneas de atención, en las redes sociales, en los servicios sociales… pero las respuestas del estado que garanticen que una mujer se puede ir de su casa con sus hijxs, que pueda tener una vivienda donde alojarse, un ingreso económico para subsistir, que el agresor sea distanciado – si hace falta por la fuerza – de las víctimas, esas respuestas son las que no llegan.

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El problema no es que las mujeres y diversidades no hablen, el problema es que el estado no le da respuesta.

Si las redes de contención comunitarias, barriales, afectivas, cumplen un papel fundamental como apoyos para poder tomar el valor de encarar un proceso de separación, para que sirva como herramientas de seguridad, nunca pero nunca puede suplir la obligación del gobierno de otorgar presupuesto para resolver de fondo la violencia contra las mujeres y la diversidad.

Algunas medidas para dar respuesta a la violencia

Hay medidas bien concretas que pueden empezar a dar una respuesta.

-En primer lugar hay que garantizar alojamiento. Son cientos los hoteles de lujo, y no tanto, que pueden ser empleados YA mismo como refugios, con condiciones de habitabilidad y de higiene. El gobierno de la Ciudad destina camas de hoteles para los viajeros que vienen del extranjero.

-La implementación de subsidios del valor de la canasta familiar, que sirva para la manutención de las víctimas y de quienes tienen a cargo, hasta la inserción en un trabajo genuino.

-Y son fundamentales las medidas de protección y seguridad: la justicia debe garantizar que las medidas de restricción de acercamiento se cumplan, y quien las rompa que sea detenido inmediatamente. No pueden ser las víctimas quienes vivan encerrados, mientras los agresores se benefician de los de la justicia patriarcal. Con cuarentena y todo se ve cómo muchos rompen las restricciones de acercamiento.

El #Ruidazo convocado por las organizaciones del movimiento feminista se hizo oír de diversas maneras, se hizo ver también con campañas de fotos por redes. Aunque disperso, no dejó de expresar en distintos puntos del país que el sentimiento de bronca está. Mientras el ruidazo ocurría, Fernández hacía un vivo de Instagram con René de Calle 13. Ante la pregunta por el aumento de la violencia y los femicidios, su repuesta fue poner en duda las cifras de los femicidios. Y decir que se puede llamar al 144. Van 12 mujeres asesinadas ¡en 11 días! ¿Cuántas más hacen falta para que el gobierno tome cartas en el asunto? Que el movimiento feminista siga en guardia, denunciando la situación y haciendo campaña es vital para colaborar con las mujeres, niñes y diversidad que viven en la violencia. Seguimos exigiendo:

Aumento de presupuesto y personal en la Línea 144

Reconversión de hoteles en alojamientos para víctimas de violencia.

Trabajo genuino para romper la dependencia económica con los agresores.

¡Basta de violencia y femicidios! ¡El gobierno es responsable!

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