Control cambiario

La canilla del dólar nunca se cierra

Los nuevos controles cambiarios: poco, tarde y mal.

Marcelo Yunes
Intelectual marxista. Especialista en economía.


La semana pasada decíamos que se están acumulando problemas en todos los planos de la economía que, cuando se descongele el freezer de la cuarentena, pueden plantear desafíos mucho más grandes que los que debió enfrentar el gobierno hasta ahora. Uno de ellos, que puede volverse, llegado el caso, el más urgente, es el tipo de cambio. Recordemos que el principio del fin del ciclo de Macri se desató, en lo económico, precisamente por este factor: cuando se le descontroló la variable dólar, todo el resto de la estantería se le vino abajo. No tiene por qué ser el caso del gobierno de Alberto Fernández, y menos tan pronto. Pero es un índice de lo relevante que es el tema en la economía y la política argentinas.

La situación actual, más allá de la anormalidad general suscitada por la pandemia y la cuarentena, es delicada, con perspectivas de serlo mucho más. Para empezar, un dato: si las reservas declaradas del Banco Central (BCRA) son de unos 42.500 millones de dólares, las verdaderas, las netas o de “libre disponibilidad” –es decir, restando los acuerdos de intercambio de moneda con el Banco Central de China y otros papeles que no son “líquidos”, esto es, no sirven para intervenir en el mercado cambiario– ya están otra vez por debajo de los 9.000 millones. Casualmente o no, el mismo nivel que tenían en las postrimerías de la era Macri cuando decidió reinstaurar el famoso “cepo” cambiario (y entrar en default con parte de la deuda local).

La masa monetaria (el dinero circulante)ya está rondando los 4 billones (millones de millones) de pesos, y aunque eso no tiene mayor impacto en el mercado cambiario en el contexto actual, a la salida de la cuarentenamuchos estiman una disparada de la inflación que la llevaría a un piso del 60-70% anual, concentrada en el segundo semestre.

También empieza a crecer el volumen del “dólar futuro”, cuyos vencimientos (la mayoría a no más de 90 días) alcanzan los 3.400 millones de dólares. Recordemos que a pesar de su nombre, en este mercado no se opera con divisas sino con pesos; en el fondo es una timba contra la cotización oficial. Se trata de un contrato por el cual el Estado se obliga a compensar la diferencia entre la cotización del dólar a futuro pactada en su momento y la real. Es una manera –especialmente utilizada hacia el final del segundo gobierno de Cristina Fernández– de endeudarse en dólares “virtuales” con seguro de cambio para el inversor, y para el Estado, en el peor de los casos, lo que queda es una deuda mayor pero en pesos.

Pero volvamos a la cuestión del dólar. Bajo Macri, la operatoria era muy simple: entraban dólares (de deuda, claro está) a lo loco, y se iban también a lo loco y sin ningún control, a punto tal que las estimaciones varían, pero la fuga de divisas entre 2015 y 2019 superó con toda certeza los 100.000 millones de dólares. Los que se beneficiaron no fueron muchos, pero qué bien que la pasaron…

Hoy la situación es casi la opuesta: entran muy pocos dólares –casi ninguno, salvo los del comercio exterior– y se van también pocos… pero más de lo que entran. La pregunta es de dónde: a diferencia de la era macrista, no hay drenaje por turismo (entre la suba del dólar y la pandemia, esa cuenta desapareció) y los pagos de la deuda están en su mayoría frenados hasta que termine la negociación (salvo, por supuesto, la de los “acreedores privilegiados”, como los organismos internacionales). Tampoco hay mucho atesoramiento de ahorristas chicos: el cepo de los 200 dólares por persona y por mes redujo la “formación de activos externos” por esa vía a unos 200 millones de dólares mensuales, que no explican el drenaje más lento pero continuo de las reservas. ¿Y entonces?

Pues la respuesta está en la clase capitalista argentina, sobre todo la vinculada al comercio exterior. Entre los importadores y los exportadores recurren a cientos de trucos, desde los más viejos a los más innovadores, para seguir atesorando [1] en la única moneda que de verdad les importa: el dólar.

Veremos enseguida cómo funciona eso en relación con los dos mercados cambiarios existentes: el irónicamente llamado Mercado Único Libre de Cambios (de todas esas palabras, la única verdadera es “cambios”), en adelante MULP, y el dólar “Bolsa” (MEP, Mercado Electrónico de Pagos) o el dólar “contado con liquidación” (CCL).[2] Como es sabido, el MULP es el mercado oficial, que indica la cotización del dólar que cobran los exportadores, hoy en unos 70 pesos. En cambio, el MEP y CCL son mercados a los que sólo tienen acceso quienes tengan cuenta en el exterior y agente de Bolsa; esto es, en los hechos está limitado a empresas y empresarios vinculados al comercio exterior. La cotización actual ronda los 110 pesos, aunque su precio es mucho más volátil, ya que no está sujeto a las decisiones del BCRA y en ese sentido refleja más la influencia de los “mercados”.

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La ley (cambiaria) es tela de araña

Si ya con Macri aparecieron las primeras restricciones (obligadas) para el acceso a los preciados verdes, el gobierno de Alberto Fernández sólo recurrió a un cierto ajuste de tuercas ya bien entrada la pandemia. Así, hace un mes se decidió que quienes hubieran accedido al MEP o al CCL acceder al mercado cambiario oficial –esto es, conseguir dólares a 70 pesos– por un plazo de 30 días. Por supuesto, en especial los importadores pusieron el grito en el cielo.[3] En realidad, la cosa se limitaba poco más que a una declaración jurada y a esperar la conformidad del BCRA con las demás operaciones. Pero esta gente está cebada.

De allí que nuevamente se oyeran coros de dignidad campestre ofendida cuando el 15 de mayo el BCRA anunció que no daría créditos blandos al 24% anual a aquellos productores o intermediarios que estén reteniendo granos por un valor superior al 5% de su facturación anual.

Ya veremos el “daño” que esto genera. Expliquemos primero qué es eso de la retención de exportaciones. Significa, sencillamente, que los productores estiman que el tipo de cambio está subvaluado, que el dólar está muy bajo, y que por lo tanto liquidar exportaciones ahora y cobrar “apenas” esos 70 pesos (menos las retenciones es un pésimo negocio. Como dice un connotado garca, Salvador Di Stéfano, “el mercado [recordar siempre que se trata de 30 garcas. MY] está convencido que el precio del dólar está lejos de ser el real, que la inflación a partir de julio rondaría el 70% anual, y que financiarse a tasas del 24% anual a través de bancos y mercado de capitales para postergar liquidación de exportaciones es un excelente negocio. Con instrumentos de deuda a tasas inferiores al 30% anual, y el dólar futuro a abril de 2021 a una tasa del 57% anual, no hay dudas que hay que postergar la liquidación de exportaciones” (Infobae, 1-6-20).

Las formas de estafar al fisco en este terreno son múltiples y no se limitan a la retención especulativa de exportaciones. Una práctica inmemorial de la burguesía argentina es la sobrefacturación de importaciones (es decir, cuando una empresa le pide al Estado que le provea de más dólares que los realmente necesarios para la operación comercial) y la subfacturación de exportaciones (a la inversa, declarar al Estado una venta menor a la real para pagar menos impuestos, en este caso retenciones); en estos días estamos viendo el reverdecer a todo trapo de esta venerable costumbre. Todo con tal de hacerse a dólares a 70 pesos que, según estima el “mercado”, serán una oferta por tiempo limitado, y que tarde o temprano desembocará en devaluación (la magnitud estimada de esa devaluación es justamente para lo que sirve de referencia el dólar “blue”).

Había que escuchar al presidente de la Sociedad Rural, Daniel Pelegrina, quejarse indignado de que esta exigencia de hecho de pesificar los contratos “tiene implícita la suposición de que los productores están reteniendo granos, suposición que carece de fundamentos”, como lo demuestran las cifras de… la propia SRA. Lástima que este virtuoso señor no conociera los datos del monitor oficial de Siograno, que para la última semana de abril y las dos primeras de mayo “registraron operaciones de soja por 2.516.548 toneladas, un 46 por ciento por debajo de las 4.677.965 toneladas de igual período de 2019” (Página 12, 15-5-20), en coincidencia con cierta histeria cambiaria visible en la disparada de los dólares “no oficiales”.

Pero las “profundas” medidas de Alberto Fernández contra estos especuladores no se detienen aquí; a partir de esta semana, las compañías que deban cancelar pagos por importaciones o deudas [4], y tengan dólares atesorados líquidos, deberán utilizarlos en vez de recurrir al MULC, o al menos pedir autorización al BCRA. Nuevo llanto diluvial de importadores: “Se frenará la importación”, “hecatombe”, etc. Por supuesto, el llanto-amenaza-chantaje de los campestres no se quedó atrás: “Peligra la mayor cadena productiva del país”, y así por el estilo.

Todo fuegos de artificio: en el fondo, lo que hay es más bien una obligación de pedir la autorización del BCRA, que tendrá así la posibilidad de poner la lupa sobre algún negocio particularmente deshonesto de algún capitalista particularmente opositor, y no mucho más que eso. Porque el “control estatal” de los gobiernos burgueses en Argentina nunca pasó de eso, ni pasará ahora. Los verdaderos “controlados” serán, sobre todo, el “chiquitaje”.[5]

Es posible, sin duda, que por razones de torpe instrumentación o de descuido técnico haya situaciones reales de dificultad operativa para algunas empresas en sus transacciones con el exterior. Pero aunque estas situaciones suelen subsanarse rápido, los (apenas) damnificados las magnificarán hasta el infinito para demostrar que “vamos camino a Venezuela y el comunismo”. Lo importante no es eso, sino que ninguna de estas medidas frena de verdad la operatoria especuladora, atesoradora y fugadora de divisas de la clase capitalista argentina. Como máximo, estropeará un poco el negocio de la fracción más parasitaria e impondrá algún control adicional incómodo pero soportable al resto, que ya lo usará a cuenta de evitar que le pasen nuevas facturas.

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Se da una situación de lo más irónica que revela el verdadero (escaso) nivel de “conflicto” entre gobierno y empresarios en este tema. En la resolución del BCRA se aclara que las empresas que recibieron créditos a tasa subsidiada del 24% no podrán acceder al dólar MEP ni al CCL. Pues bien, ya muchas de las compañías en cuestión, empezando por la emblemática Techint, ni lerdas ni perezosas, ¡se disponen a devolver los créditos recibidos del Estado! ¡Prefieren renunciar a esa plata fácil antes que quedarse sin el acceso a los dólares fáciles (y baratos)! Se ve que tanta, tanta, tanta necesidad de esos créditos no tenían, y que si los agarraron fue simplemente porque, total, el Estado es de ellos y viene de arriba. Lo cual es más indignante cuando se recuerda que ese mismo Estado capitalista pone las mil y un trabas para aprobar un ingreso miserable a cientos de miles de trabajadores que lo necesitan desesperadamente para subsistir.

Sin nacionalización del comercio exterior y de todo el sistema financiero con control efectivo de los trabajadores sobre el destino de cada dólar que entra y sale, el colchón de dólares que “los argentinos” tienen en el exterior, calculado –¡sólo en activos líquidos, es decir, plata cash o bonos que pueden transformarse en efectivo!– en 400.000 millones de dólares (un PBI, digamos) va a seguir engrosándose a todo vapor.[6] Mientras tanto, los dólares que la economía argentina necesita como el pan para salir del marasmo del que ya venía, profundizado por la pandemia, seguirán entrando de manera raquítica y saliendo hacia las manos de siempre. Total, los que pagarán con ajuste de salarios, de desocupación y de disminución de prestaciones públicas serán, también, los de siempre. Hasta que digan basta.


Notas

  1. Usamos la palabra en forma deliberada: no se trata de “ahorrar para invertir”, sino de, como ha hecho históricamente la burguesía argentina, hacerse un colchón de divisas cuyo destino casi nunca es la inversión productiva o, en términos marxistas, la acumulación de capital.
  2. Ya aclaramos en notas anteriores que el “tercer mercado”, el del dólar informal, ilegal o “blue”, pese a que es tomado como referencia por razones que no podemos desarrollar aquí, en términos específicos de tamaño de mercado es cada vez más insignificante, y quienes operan en él rara vez son actores relevantes.
  3. El nivel de llanto desconsolado y de predicciones apocalípticas para su propio negocio de que son capaces estos garcas sólo es igualado, o superado, por los garcas del campo: por ejemplo, la CRA sostuvo que se trata de la del BCRA es “una resolución de extremaunción” (sic). La regla parece ser: cuanto más la juntan con pala, más gimen si les quieren sacar aunque sea un ínfimo pedacito de su botín. A uno le da ganas de expropiarles el negocio sólo para que esa pobre gente pare de sufrir.
  4. El de la deuda de las empresas es otro curro capitalista de rancia estirpe, que está en el origen nada menos que del gran salto inicial en la deuda externa pública. Es así: una empresa exportadora o importadora, en general extranjera, declara “deuda en dólares” (muchas veces, simplemente transferencias de sus casas matrices), para cuyo servicio pide dólares al Estado, que luego fuga o atesora, por supuesto. El colmo fue en 1982, cuando Domingo Cavallo, como presidente del BCRA, les regaló un seguro de cambio a las empresas, que de hecho transfirieron su “deuda” (ficticia) en dólares al Estado. La operatoria tuvo un volumen de 20.000 millones de dólares de esa época, y puede considerarse el auténtico “pecado original” de la deuda externa argentina en la era contemporánea, sólo comparable al empréstito de la BaringBrothers que negoció Bernardino Rivadavia en 1824.
  5. Cómo será de pusilánime la actitud general del gobierno hacia los empresarios que Emanuel Álvarez Agis, asesor estrella de Alberto Fernández y titular de la consultora PxQ, ya abrió el paraguas y pide no avanzar mucho: “El control de cambios implica siempre un desdoblamiento de facto: algún mercado alternativo comienza a ponerle precio a un dólar sin restricción de acceso”, todo lo cual agrandará la brecha entre el dólar “oficial” y el “libre”. Esa mayor brecha “contrae las exportaciones netas, fuerza el BCRA a vender reservas y alimenta las expectativas, y la posibilidad, de una devaluación”, advirtió (Ámbito Financiero, 1-6-20).
  6. Ya el summum de la creatividad al servicio del curro –una nueva fase después del uso de las páginas web de apuestas y las billeteras digitales– es una operatoria desbaratada por el BCRA que consistía en conseguir divisas mediante la compra de ¡oro y joyas!, que permitía burlar el límite de los 200 dólares mensuales.
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