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La candidatura de Manuela Castañeira y las internas abiertas de la izquierda

Esta última semana, trascendió la (supuesta) intención del FIT de llamar al nuevo MAS a llegar a un acuerdo electoral. Esto ocurre cuando solo faltan algunas semanas para el cierre de listas, cuando el nuevo MAS ya había lanzado la precandidatura presidencial de Manuela Castañeira

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Editor en Jefe del portal IzquierdaWeb - Noticias de los trabajadores, las mujeres y la juventud.
Ale Kur


Esta última semana, trascendió la (supuesta) intención del FIT de llamar al nuevo MAS a llegar a un acuerdo electoral. Esto ocurre cuando solo faltan algunas semanas para el cierre de listas, cuando el nuevo MAS ya había lanzado la precandidatura presidencial de Manuela Castañeira, y luego de 8 años (desde 2011) de que les vinieramos pidiendo, año tras año, una reunión para poder definir criterios de integración, sin que nunca hasta ahora nos dieran esa reunión.

En los términos que el FIT plantea la discusión, su “propuesta” implicaría la exigencia de que bajemos la candidatura de Manuela Castañeira, para aceptar algún lugar subordinado en el fondo de las listas, sin ninguna visibilidad para nuestras figuras. Y por lo tanto, sin ninguna posibilidad de desplegar nuestra propia campaña, con nuestras propias posiciones y perfil. Lo que implica, además, resignar el lugar que objetivamente Manuela ya ganó en los medios de comunicación y en la población en general.

Por eso, desde hace un tiempo que venimos planteando que la manera de conseguir la unidad entre el FIT y el nuevo MAS es mediante la realización de unas internas abiertas, que permita que los simpatizantes de la izquierda decidan de manera democrática qué candidatos quieren que los representen en las elecciones generales de octubre.

De esta manera, el que quiera que Manuela Castañeira represente a la izquierda puede votar eso, el que quiera que Nicolás Del Caño represente a la izquierda puede votar eso, y cualquier otra opción que se quiera presentar, también pueda hacerlo.

Lo que el nuevo MAS reclama no es otra cosa que ese derecho democrático. El mismo derecho democrático que PTS exigió y obtuvo en las elecciones de 2015, permitiendo que los votantes elijan a Del Caño por sobre Altamira. No vemos ninguna razón para que el PTS pueda tener esa posibilidad, que le permitió instalar a sus candidatos, su perfil y sus posiciones, pero la misma se le niegue a Manuela y el nuevo MAS. Cualquier posible justificación al respecto no dejar de ser una excusa, para sostener hegemonías rígidas y proporciones artificiales que no se someten a la prueba de las urnas.

Además de lo anterior, quiero desarrollar por qué considero que Manuela Castañeira debe poder disputar la representación de toda la izquierda para las elecciones de octubre.

1) Manuela Castañeira lleva más de una década militando en el movimiento de mujeres, contribuyendo a sentar las bases de la “marea verde” que comenzó el año pasado. Planteó el aborto desde que fue candidata por primera vez en 2011, cuando ningún otro partido lo jerarquizaba en la campaña (era muy difícil encontrarlo en la campaña del FIT). Se destacó en la lucha por la realización del aborto no punible en el Ramos Mejía (2012), ganando una fuerte visibilidad mediática.
La agrupación de mujeres de la que forma parte (Las Rojas) viene apostando con fuerza a la construcción del movimiento de mujeres desde hace mucho tiempo atrás, cuando otros (como Pan y Rosas – PTS) decían que en Argentina ese movimiento “no existía” y lo desjerarquizaban por completo.
Manuela y Las Rojas apoyaron en muchísimos casos las luchas por justicia para las víctimas de violencia de género y sexual, cuando otras agrupaciones (nuevamente, Pan y Rosas – PTS) sostenían que eso era “punitivismo” y que no había que hacerlo.
Manuela y Las Rojas defienden el abolicionismo de la explotación sexual, cuando otras (idem) se niegan a denunciar que la prostitución no es trabajo genuino.
En lo ideológico, Las Rojas vienen defendiendo el feminismo socialista desde su  fundación, mientras que el resto de la izquierda hasta hace no mucho tiempo atrás consideraba que “feminismo” era casi una mala palabra (cosa que el PO, por ejemplo, sigue haciendo).

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2) Manuela se plantó con personalidad y nivel en todos los programas de televisión contra las figuras del régimen y contra toda clase de reaccionarios. Planteó con claridad un programa anticapitalista y socialista, defendiendo siempre los intereses de los de abajo. No diluyó nunca los planteos de la izquierda para “caer bien” ni hizo demagogia.

3) Manuela y el nuevo MAS plantearon, apenas ganó Macri en 2015, que el nuevo gobierno venía con un plan de guerra contra los trabajadores y que había que frenarlo en las calles (mientras el resto de la izquierda decía que Macri era una especie de “continuidad” del kirchnerismo y no dimensionaban su contenido profundamente reaccionario). Nuestro partido señaló a Macri como principal responsable de los ataques a los sectores populares, mientras que las fuerzas del FIT diluían su responsabilidad como jefe de estado al ponerlo en el mismo nivel que los gobernadores y la oposición.
Entre 2015 y 2017, Manuela y el nuevo MAS llamaron a la unidad de acción en las calles de todos los sectores de trabajadores, de la juventud y del movimiento de mujeres para derrotar esos ataques, mientras las fuerzas del FIT decían que la izquierda no debía mezclarse con otros sectores opositores.
Manuela y el nuevo MAS apoyaron y protagonizaron la rebelión del 14 y 18 diciembre de 2017 contra la Reforma Previsional, que hirió seriamente al gobierno de Macri y dejó cuestionada su gobernabilidad. Luego, cuando todo el dispositivo PJ-kirchnerismo-burocracia sindical (CGT-CTA)-Iglesia se jugó a pacificar la situación político-social para garantizar la continuidad de Macri, nuestro partido llamó desbordar ese operativo de contención y a no comprometerse de ninguna manera con la “gobernabilidad” reaccionaria.
Cuando en 2018 comenzaron las corridas bancarias y el gobierno fue a llamar al FMI, Manuela fue la única dirigente de izquierda que planteó en los programas de televisión que Macri tenía que terminar su mandato anticipadamente, y que tenía que ser el pueblo el que decidiera con el voto. Mientras tanto, las fuerzas del FIT se negaban a plantear eso diciendo que una salida anticipada de Macri era “hacerle el juego a los K”.

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4) Apenas estuvieron los resultados de la primera vuelta electoral de Brasil, Manuela y el nuevo MAS llamaron inmediatamente a votar a Haddad para frenar al neo-fascista Bolsonaro, mientras las fuerzas del FIT (y especialmente el PTS) dudaban de qué hacer.
Con respecto a Venezuela, nuestro partido se opuso con todas las letras a la intentona golpista de Guaidó, cuando otros como el PTS planteaban un falso “ni-ni” que no jerarquizaba la derrota del golpe pro-imperialista.

5) Por último, Manuela y el nuevo MAS venimos peleando por una refundación de la izquierda, donde no prime (como ahora) la lógica de la rosca, la maniobra, el poroterismo y el faccionalismo. Nuestro partido pelea desde 2011 por la unidad no solo electoral, sino para conformar un polo que esté siempre presente en la vida política nacional, y que pueda actuar en común en las luchas populares. Parte de esto fue el llamado reiterado, por parte de nuestro partido, a realizar encuentros unificados de trabajadores combativos y antiburocráticos. Llamados que nunca prosperaron por el sabotaje de las distintas fuerzas del FIT, que maniobraron siempre para anteponer a sus propias corrientes sindicales.

En síntesis, cuando el FIT le exige a Manuela Castañeira que se baje de las elecciones de agosto, le está pidiendo que baje toda esa trayectoria, todo ese acervo político conquistado. Vayamos a una interna de la izquierda y que se decida con el voto popular cuáles son los candidatos que tienen que representarnos en octubre.

 

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