La campaña xenófoba para justificar la represión

El gobierno, Pichetto y La Nación lanzaron una campaña de demonización de cuatro compañeros extranjeros que fueron detenidos por la policía luego de la cacería en la 9 de Julio. Un viejo recurso reaccionario para desviar la atención de los ajustadores utilizando los peores prejuicios de la sociedad.

Redaccion
Equipo de redacción del portal IzquierdaWeb.

Para poner reprimir más y mejor, para criminalizar la protesta, el gobierno lanzó una iniciativa política para darle respaldo a la policía en el trabajo sucio: la demonización de los extranjeros. Los medios, el gobierno y el siempre cómplice pejotista Pichetto son incapaces de hablar de la ley de presupuesto y sus consecuencias. No es necesario. Si nos dejamos llevar por lo que nos dicen los pasquines macristas extra-oficiales de La Nación y Clarín, de repente nos enteramos que el problema no es el recorte de cientos de millones de pesos en educación y salud, sino que estamos frente a un armado “pre-insurreccional” (Pichetto dixit) de cuatro compañeros de origen extranjero. Cuando creíamos que el problema era el ajuste, nos volvemos a enterar que el problema son los extranjeros.

Ese fantasma “pre-insurreccional” del peronista rionegrino es tanto más ridículo si tenemos en cuenta que la mayoría de los compañeros fueron aprehendidos luego de la cacería llevada hasta la 9 de Julio, a varias cuadras de distancia de los “desmanes” del Congreso, cuando la policía se abalanzó sobre columnas de movimientos sociales que se retiraban frente a los gases y las balas de goma.

No por viejo el recurso deja de ser efectivo. Hay una parte de la sociedad que no se ha sacado de encima las peores escorias ideológicas del atraso mesiánico medieval, que ha sabido renovarse y tomar nuevas formas con los siglos. Para los responsables de la crisis económica, los capitalistas y sus funcionarios, se trata de vender una imagen falsa de una sociedad perfectamente homogénea, armoniosa, a la que sólo agentes externos de mala voluntad vienen a traer problemas. La actual composición del poder no tiene problema alguno, no son las contradicciones propias creadas fronteras adentro (con el concurso de extranjeros como los del FMI, por supuesto), son los problemas que vienen de afuera los que rompen nuestra armonía, esta sociedad perfectamente construida en la que sólo pueden no sintonizar quienes nacieron afuera de una línea artificialmente demarcada.

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Insistimos con que el recurso es demasiado viejo. Con el pasar de los años, el fantasma del conspirador extranjero queda definitivamente desacreditado por lo que hay que renovar una y otra vez el foco a un nuevo chivo expiatorio. La historia está plagada de cosas así. En Argentina por ejemplo, la prensa de esos días hizo responsable de las huelgas obreras de 1919 (la llamada “Semana Trágica”) a judíos y rusos, todos “comunistas” que habrían intentado instaurar un “soviet” en Buenos Aires. Porque, claro, el problema no podía ser la miseria en la que vivían los obreros de Buenos Aires, sólo a un extranjero desestabilizador se le podía ocurrir cuestionar ese maravilloso país dirigido por patrones y terratenientes. El antisemitismo que buscaba el culpable “extranjero” ideal en los judíos era el más común y extendido del mundo, el único producto que los patrones daban de forma gratuita y en grandes cantidades a las empobrecidas masas laboriosas. Tuvieron que buscar un nuevo foco entre quienes profesan el Islam luego del horror mundial que significó el genocidio hitleriano. Salvando las enormes distancias, el mecanismo mental es el mismo: “estábamos bien hasta que llegaron los de afuera a arruinarlo todo”.

Las escorias ideológicas de siglos fenecidos son una y otra vez funcionales a los responsables reales de la situación que cruza a los trabajadores de salarios de miseria y despidos: quienes los gobiernan. Bullrich y Pichetto son corresponsables de la votación de un presupuesto que puede dejar a miles y miles de trabajadores en la calle, que busca saquear los bolsillos obreros para entregar hasta la última gota de su sudor a los acreedores externos. Como dijo un viejo revolucionario alemán: “el enemigo está adentro”.

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