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Editor en Jefe del portal IzquierdaWeb - Noticias de los trabajadores, las mujeres y la juventud.
Ana Vázquez


Después de la derrota de Vietnam, el imperialismo yanqui no podía darse el lujo de soslayar la importancia de la Revolución Nicaragüense. Aun con la colaboración de la URSS y de Fidel, podía írseles de las manos y convertirse sí Nicaragua en otra Cuba. O, aunque no avanzara con medidas anticapitalistas a fondo, fuera igualmente un ejemplo liberador que recorriera todo el continente y tuviera sus imitadores.

Con el electo presidente Ronald Reagan a la cabeza, comienza el operativo “contra”. Contrarrevolucionario con grupos armados de intervención militar vía el ataque desde las fronteras de los países limítrofes. Esta vez, aquéllos donde había dictaduras que respondían directamente a sus directivas. Como Honduras y Costa Rica y con ayuda de otros países como Argentina. De 8.000 combatientes al inicio de la ofensiva, llegaron a sumar 22.000. Este ataque se mantuvo en las décadas del 80 y comienzos de los 90, convirtiéndose el escenario de una guerra civil, en un escenario terrible de represión sangrienta.

Ellos mismos lo dicen claramente: “El ex comandante contra Edgar Chamorro reconoce: ‘Una parte importante de mi trabajo como oficial de Comunicaciones fue trabajar para mejorar la imagen de la FDN (Fuerza Democrática Nicaragüense, el mayor grupo de Contra). Esto fue un desafío, porque matar presos y civiles sospechados de colaboración con los sandinistas eran unas prácticas acostumbradas. Al hablar con los comandantes en los campamentos de la FDN a lo largo de la frontera hondureña, a menudo he oído comentarios como ‘le he cortado la garganta’”. (Wikipedia)

Con la conformación de la coalición opositora UNO (Unión Nacional Opositora), compuesta por 12 partidos anti FSLN, desde conservadores hasta los partidos socialista y comunista, y su triunfo electoral con la candidatura a la presidencia de Violeta Barrios de Chamorro (del partido conservador y viuda del que fuera director de La Prensa y víctima de Somoza), se termina la etapa de la ofensiva contra. Este triunfo electoral de la oposición en febrero de 1990 con el 54% de los votos contra el 40% del FSLN abre un período de negociaciones para desarmar la contra y estabilizar el país. Se firma el Acuerdo de Sapoá para empezar el desarme de las bandas armadas de la contra.

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Por otro lado, los países amigos del imperialismo (México, Colombia, Venezuela, Panamá) intervienen constituyendo el Grupo Contadora, para intentar desarmar a la guerrilla salvadoreña que era el actor principal ahora en la región. Éste fracasa al no lograrse un acuerdo con el FSLN, el que finalmente se consolida con los acuerdos de Esquipulas I y II, que sí sellan el fin de la intervención y la sumisión de Nicaragua a la órbita de los Estados dependientes del imperialismo yanqui. Un acuerdo que sella la derrota en el terreno institucional.

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