Kicillof y la promesa de un capitalismo amigable

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Hace unos meses atrás el economista Axel Kicillof, entrevistado por Luis Novaresio, dejaba muy clara su referencia teórica y su adscripción política: “Yo políticamente, económicamente… soy keynesiano…[Y] el keynesianismo en argentina se llama peronismo”. En un sentido confirmativo de su postura, hace unos días, el diputado le comentaba al periodista Fidanza que le preocupaba la rentabilidad de las empresas y que eso no debía sorprender porque el peronismo es una alianza policlasista.

Pues bien, Keynes y Perón defendieron la conciliación entre la clase proletaria y la burguesa; relación fundante de la sociedad desde la revolución francesa hasta hoy. Ambos advirtieron que ni la libertad económica irrestricta ni la política conservadora sirven para un buen funcionamiento capitalista, y que el comunismo es su principal enemigo. Estaban de acuerdo en que el intervencionismo aceitaría todos los mecanismos de conformidad proletaria frente a la tentación comunista.

El interés político-económico general del inglés quedó marcado en 1933, cuando el mundo continuaba convulsionado por la gran depresión, y ante la posibilidad de una revolución socialista resolvió enviarle a Roosevelt una carta abierta con sugerencias técnicas y gestos de complicidad política: Usted se ha convertido en el guardián de aquellos que en cada país procuran reparar los males de nuestra condición por medio de experimentos racionales, dentro del marco de referencia del sistema social existente. Si aquél no tiene éxito, el progreso nacional se detendrá y se encontrarán solos combatiendo entre ellos, por una parte la ortodoxia, por otra la revolución.”. Todos los consejos dados, tenían por finalidad evitar que la sociedad “quiera” el socialismo y consiga realizarlo.

En otro documento, escrito en 1925, hecho para aclarar que no era afín al partido laborista inglés, sino más bien al liberal afirma: “Para empezar, se trata de un partido de clase [el laborista] y la clase [trabajadora] no es mi clase. Si voy a defender ventajas para una parte de la sociedad, sería a favor de la que yo pertenezco. Cuando se trata de la lucha de clases, mi patriotismo local y personal, como el de todos los demás, con excepción de ciertos seres celosos desagradables, se unen a los de mi propio entorno. Puedo estar influido por lo que me parece sentido de justicia, pero la lucha de clases me encontrará del lado de la burguesía educada.

Otras de sus manifestaciones que revelan su pensamiento fueron vertidas a un escrito redactado mientras visitaba la URSS (1925). Allí se ve cómo con una pregunta retórica y con aires de superioridad humana, “afirma” su rechazo al socialismo y exalta el capitalismo: “¿Cómo puedo adoptar un credo que, prefiriendo el barro a los peces, exalta al proletariado grosero por encima de la burguesía y la intelectualidad que, sean cuales sean su defectos, representan la calidad de vida y sin duda la semilla de todo progreso humano?”.

Por su lado, Perón, en 1944 expresaba en la bolsa de comercio la postura política, que luego aplicaría más allá de las frases bonitas para las masas. Aunque utilizaba verba revolucionaria, inclusive el término revolución, era un férreo defensor del capital como lo demuestra su discurso (y su concreción práctica posterior): “La organización de las masas [habiendo sacado de los sindicatos, “por las buenas”, a los rojos, y creando sindicalistas serviles], sería el seguro. Ya el Estado organizaría el reaseguro, porque tiene el instrumento que, si es necesario, por la fuerza ponga las cosas en su quicio y no permita que se salgan de su cauce. Se ha dicho, señores, que soy un enemigo del capital, y si ustedes observan lo que les acabo de decir no encontrarán ningún defensor, diríamos, más decidido que yo”. Su idea general consistía en que la sociedad no pierda su estructura fundamental, sino todo lo contrario, la intención era profundizarla con la colaboración de sus actores: «Procedemos [en la Secretaría de Trabajo y Previsión] a poner de acuerdo al capital y al trabajo, tutelados ambos por la acción directiva del Estado» (1944).

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Un hombre testigo de la época, el sindicalista combativo Cipriano Reyes, relató en una carta abierta cómo la palabras bonitas con que le hablaba al pueblo se quedaban en la arenga: «Desconoce el movimiento que lo llevó al poder porque teme que el mismo le exija la realidad de ese mundo mejor que le hemos prometido al pueblo y al país. Desea destruirlo de toda acción comprometida, pero se cuida bien de quedarse con sus banderas, que representan la doctrina democrática, cristiana y humanista del laborismo con su programa de reivindicaciones sociales y de emancipación de los argentinos. Lo hace para que los trabajadores y el pueblo sigan creyendo en su utopía, e ignorando al mismo tiempo que usted jamás pondrá en sus manos ese mundo de paz y libertad que les hemos prometido.

Ya en los 70 era más directo. A pocos días del asesinato de José Ignacio Rucci (25/9/1973), el Consejo Superior Peronista, que cómo decía Perón era el encargado de manejar el movimiento, decide enfatizar el enderezamiento de las bases trazando orgánicamente los lineamientos de la política de combate antibolche. Desde allí se realizó, (11 días antes de la asunción del general como presidente, 1/10/1973), un diagnóstico de la situación y se establecieron los pasos a seguir. También quedaban indicados claramente quienes eran compañeros y quienes enemigos. Por un lado se encontraba el Movimiento Nacional Justicialista, y por el otro los “terroristas marxistas y los subversivos”. En una de sus directivas dice: “El Movimiento Nacional Justicialista entra en estado de movilización de todos sus elementos humanos y materiales para afrontar esta guerra. Quien rehúya su colaboración para esta lucha, queda separado del Movimiento… Debe realizarse una intensa campaña para difundir y reafirmar los principios doctrinarios del Movimiento, esclareciendo sus diferencias fundamentalmente con el marxismo…Se utilizará todos los medios que se consideren eficientes, en cada lugar y oportunidad… (Consejo superior peronista, 1973)”

Luego del asalto a la guarnición militar de azul (19/1/1974), por parte de militantes de izquierda, Perón envía una carta a los militares donde se conduele por las bajas y les deja un mensaje de aliento y esperanza.

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“La estrategia integral que conducimos desde el gobierno, nos lleva a actuar profundamente sobre las causas de la violencia y la subversión, quedando la lucha contra los efectos a cargo de toda la población, fuerzas policiales y de seguridad, y si es necesario de las Fuerzas Armadas”. (Este es el primer pedido de unidad cívico-militar para exterminar la subversión).


Por la causa keynesiana y peronista milita el doctor kicillof. Pero para quienes aún ven en él un caballo de Troya, dejamos unas palabras tomadas de prestado que echan luz sobre la finalidad de su tarea política: “pretende ahuyentar a la clase obrera de todo movimiento revolucionario haciéndole ver que lo que a ella le interesa no son tales o cuales cambios políticos, sino simplemente determinadas mejoras en las condiciones materiales, económicas, de su vida.  Claro está que este socialismo se cuida de no incluir entre los cambios que afectan a las “condiciones materiales de vida” la abolición del régimen burgués de producción, que sólo puede alcanzarse por la vía revolucionaria; sus aspiraciones se contraen a esas reformas administrativas que son conciliables con el actual régimen de producción y que, por tanto, no tocan para nada a las relaciones entre el capital y el trabajo asalariado, sirviendo sólo -en el mejor de los casos- para abaratar a la burguesía las costas de su reinado y sanearle el presupuesto… Esta mera retórica se resuelve en una tesis: “que los burgueses son y deben seguir siéndolo… en interés de la clase trabajadora.” (Marx).

Y si ampliamos la mirada a todo el arco político, quien actualmente se cuida aún menos de presentar la finalidad peronista-keynesiana es la conductora del movimiento Kirchnerista. Cristina Fernández en el senado se desvinculó de la acusación de que su partido quiere socializar. Sin embargo, frente a  las tribunas “críticas”de CLACSO, buscó poner a estas categorías en su justo sitio apelando a viejas manipulaciones retóricas. Señaló que, en realidad, las categorías izquierda y derecha están perimidas, que de lo que hay que hablar es de pueblo (que sería la unidad de los trabajadores y los empresarios), y que el pueblo agredido por las políticas neoliberales debe unirse en un frente “social, cívico, patriótico” para administrar el capitalismo argentino de una mejor manera. Queda en evidencia que evita hablar del conflicto capital-trabajo asalariado. En definitiva, la ex-presidenta condensa cabalmente el proceder antedicho: hablar de mejoras cuidándose de que no se hable de las implicancias que tiene la relación de clases, y menos aún, del cambio de sistema.  El interés kirchnerista es limitarse a mejorar la vida todo lo que permita el sistema. El interés socialista es mejorar la vida partiendo de la base de que sin terminar con el capitalismo eso es imposible.

Lo que dijo el General Perón a los diputados peronistas hoy vale para los kirchneristas combativos: “Muy bien señores, el que está con esos intereses, [socialistas] se saca la camiseta peronista y se va”.

 

Felipe Norman, Licenciado en Comercio Internacional UNQ

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