Traducción para IzquierdaWeb por Jorge García

Publicado originalmente en Jacobin

Conservadores están esparciendo mentiras sobre Karl Marx. Marx no sólo fue un activista constante contra la esclavitud, también apoyó los esfuerzos de todos aquellos que se organizaban para luchar contra la misma.

El año pasado se cumplieron 400 años de la primera llegada de africanos esclavizados al estado de Virginia. Aunque este sombrío evento ahora se está discutiendo de manera profunda y penetrante, pocos en los principales medios de comunicación están notando el carácter particularmente capitalista de la forma moderna de esclavitud del Nuevo Mundo, un tema que está presente a lo largo de la crítica marxista al capital y sus extensas discusiones sobre capitalismo y esclavitud.

Marx no vio en la esclavitud a gran escala de los africanos por parte de los europeos, que comenzó a principios del siglo XVI en el Caribe, una repetición de la esclavitud romana o árabe, sino que la vio como algo nuevo. Combinaba antiguas formas de brutalidad con la moderna forma social de producción de valor. La esclavitud, escribió en un borrador de El Capital, alcanza “su forma más odiosa dentro de la producción capitalista” donde “el intercambio de valor se vuelve el elemento de producción determinante”. Esto conduce a la extensión de la jornada laboral mas allá de todo límite, literalmente los esclavos trabajaban hasta que morían.

Ya sea en América del Sur, el Caribe o las plantaciones del sur de los Estados Unidos, la esclavitud no era una parte periférica sino central del capitalismo moderno. Marx teorizaba acerca de esta relación en “La miseria de la filosofía” en 1846, dos años antes de escribir el Manifiesto Comunista:

“La esclavitud directa es el eje de nuestra industria actual tanto como lo es la maquinaria, el crédito, etc. Sin esclavitud no habría algodón, sin algodón no existiría la industria moderna. Es la esclavitud la que le dio valor a las colonias, son las colonias las que posibilitaron el intercambio mundial y el intercambio mundial es la condición necesaria para la industria a gran escala. La esclavitud es, entonces, una categoría económica de gran importancia.”

Tales vínculos entre capitalismo y esclavitud impregnaron la totalidad de los escritos de Marx. Pero también consideró la manera en que varias formas de resistencia a la esclavitud podrían contribuir a la resistencia contra el capitalismo. Esto especialmente en el caso previo y durante la Guerra Civil estadounidense, donde Marx apoyó fervientemente la causa anti esclavitud.

Una de las formas de resistencia que Marx consideraba era la de los esclavos afroamericanos. Estudió seriamente el ataque al arsenal en el pueblo de Harper’s Ferry por militantes antiesclavistas, negros y blancos, bajo el mando del abolicionista radical John Brown. A pesar de que el ataque no consiguió la insurreción esclava que esperaban, Marx acordaba con otros abolicionistas que fue un evento trascendental del cual no se iba a poder volver atrás. Y agregó una comparación internacional con los campesinos rusos y un énfasis en la autoactividad de los esclavos afroamericanos en su potencial de insurrección masiva:

“Desde mi punto de vista, el hecho más trascendental a nivel mundial hoy es, por un lado, el movimiento alrededor de los esclavos en América iniciado por la muerte de John Brown, y, por otro lado, el movimiento alrededor de los campesinos en Rusia. Acabo de ver en el [Diario de Nueva York] “Tribune” que hubo un nuevo levantamiento esclavo en Missouri, derrotado. Pero la señal ya fue dada.”

En esa coyuntura, Marx parecía percibir que la insurrección esclava era la clave para la abolición, e incluso más, en términos de desafiar el orden capitalista. Poco después, cuando el Sur se separó y estalló la Guerra Civil, dirigió su apoyo a la causa del Norte, aunque con fuertes ataques contra Lincoln por su vacilación inicial para defender, y mucho menos promulgar, la abolición de la esclavitud o el alistamiento de negros a las tropas.

Durante la guerra, otra forma de resistencia al capitalismo y la esclavitud surgió no en Estados Unidos sino en Inglaterra. Mientras que las clases dominantes de este país ridiculizaban a Estados Unidos por su fallido experimento en montar un gobierno republicano y hasta atacaban a Lincoln por “grosero”, la clase obrera británica miraba las cosas de manera diferente. Aún luchando por el sufragio frente a las fuertes restricciones de propiedad, los trabajadores vieron a los Estados Unidos como la forma más amplia de democracia que existía en ese momento, especialmente después de que el Norte se comprometió a abolir la esclavitud.

Como Marx escribió en varios artículos, acciones de masas fueron organizadas por trabajadores británicos para impedir que el gobierno interviniera en apoyo al Sur de EEUU. En un ejemplo magnífico de internacionalismo proletario, los trabajadores ingleses rechazaron los intentos de varios políticos de fomentar hostilidad hacia el Norte de EEUU sobre la base de que los bloqueos protagonizados por la Union habían reducido los suministros de algodón, ocasionando despidos masivos entre los trabajadores textiles de Lancashire. Marx escribía en un artículo del New York Tribune de 1862:

“Cuando una gran porción de la clase obrera británica de forma directa y severa sufre las consecuencias del bloqueo del Sur, cuando otra parte es indirectamente afectada por la reducción del comercio estadounidense, debido a la “política proteccionista” egoísta de los republicanos estadounidenses; bajo estas circunstancias, la justicia requiere rendir homenaje a la actitud de la clase obrera británica, más aún cuando se compara con la conducta hipócrita, intimidatoria, cobarde y estúpida del oficial y adinerado John Bull1

Para 1864, se había formado la primera Internacional, con muchos de sus primeros activistas provenientes de los organizadores de estas reuniones antiesclavistas. En este sentido, este movimiento anti esclavista de la clase trabajadora ayudó a construir la organización socialista más grande que Marx dirigió en vida.

Una vez terminada la guerra, la “Reconstrucción Radical” estaba en la agenda de Estados Unidos, incluida la posibilidad de dividir las antiguas plantaciones de esclavos en divisiones de 16 hectáreas y una mula para personas que antes eran esclavizadas. En el prefacio de 1867 de El Capital, Marx celebraba este desarrollo de los acontecimientos: “Después de la abolición de la esclavitud, una transformación radical en las actuales relaciones del capital y la propiedad de la tierra está en agenda”. Esto no pasó, ya que la medida fue frustrada por el Congreso de los EEUU.

En el despertar de la Guerra Civil, Marx discutió una tercera forma de resistencia al capitalismo y la esclavitud, pero también al racismo, de nuevo en Estados Unidos. Como él lo veía, siglos de trabajo esclavo negro a la par de trabajo blanco formalmente libre había creado una enorme división entre la clase trabajadora, tanto rural como urbana. La Guerra Civil barrió con algunas bases económicas de esta división creando nuevas posibilidades. Otra vez en El Capital, Marx discutía estas posibilidades y escribía su línea más notable sobre la dialéctica entre clase y raza, señalada en cursiva:

En los Estados Unidos de Norteamérica, todo movimiento obrero independiente quedó paralizado mientras la esclavitud desfiguraba una parte de la República. El trabajador de piel blanca no puede emanciparse a si mismo mientras siga marcado a fuego el trabajador de piel negra. Sin embargo, una nueva vida surgió de la muerte de la esclavitud. El primer fruto de la guerra civil estadounidense fue la agitación de la jornada laboral de ocho horas que se esparció desde la costa atlántica a la costa pacífica, desde Nueva Inglaterra a California con la velocidad de la locomotora. El Congreso General del Trabajo celebrado en Baltimore en Agosto de 1866 declaró: “La primer y gran necesidad del presente, liberar el trabajo de este país de la esclavitud capitalista, es hacer ley la jornada laboral de ocho horas en todos los estados de América. Resolvemos poner toda nuestra fuerza hasta obtener este glorioso resultado”.

Sin duda, los dirigentes sindicales de 1866 estaban decididos a apuntar directamente al capitalismo, algo que no se veía frecuentemente en Estados Unidos. Sin embargo, el sueño de Marx de solidaridad racial y de clase no se logró en ese momento debido al rechazo a incluir a los trabajadores negros como miembros plenos dentro de los sindicatos. La clase de solidaridad racial que Marx visionaba emergió pocas veces a gran escala desde ese entonces, la más fuerte en las campañas de sindicalización masiva de los años treinta (1930s).

400 años después de las primeras llegadas de esclavos africanos en Virginia, los afroamericanos siguen experimentando el legado de esclavitud en las condiciones de encarcelamiento masivo, racismo institucional tanto en vivienda como en empleo y una creciente brecha social en la riqueza.

Al mismo tiempo, enfrentamos al gobierno más reaccionario anti obrero de nuestra historia, un gobierno que fomenta y alimenta el racismo más crudo y la misoginia para ganar el apoyo de sectores de clase media y de trabajadores. Bajo esta óptica, la declaración de Marx “el trabajador de piel blanca no puede emanciparse a si mismo mientras siga marcado a fuego el trabajador de piel negra”, conserva su relevancia hoy como hace 150 años atrás.

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