El "contrato social" de CFK y la historia

José Ber Gelbard, Perón y el “Pacto Social”

“El último gran dirigente empresario que tuvo el país”. Esas fueron las palabras, entre otras de elogio, que dedicó la ex presidenta al referirse a su empresario-emblema: Gelbard. La verdad sobre el "Pacto Social" de Perón, Gelbard... y CFK.

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Editor en Jefe del portal IzquierdaWeb - Noticias de los trabajadores, las mujeres y la juventud.
Ana Vázquez


Se lo puede nombrar porque falleció hace más de 40 años. Entonces, calificarlo de “empresario ejemplar”, “patriota”, abnegado y defensor de la Nación, suena lindo, sobre todo cuando las nuevas generaciones ni le vieron la cara.

El presidente Héctor Cámpora (con la banda presidencial, en el centro) con su gabinete. Gelbard es el segundo a la izquierda (el primero es el expolicía José López Rega, líder de la Triple A).

Para los que le vimos la cara, además de sufrir sus políticas económicas, la visión no es tan idílica. Claro, Cristina no va a hablar de Alfredo Gómez Morales, Celestino Rodrigo ni de Emilio Mondelli (sus sucesores antes del golpe militar) como empresarios patrióticos. Porque ellos fueron los que iniciaron el giro liberal ante el inicio de la crisis económica y terminaron catapultados por la movilización popular después del chaleco de fuerza del Pacto Social y el fallecimiento del general.

Gelbard nos “engrupió” lindo porque venía con la ola de triunfo de la vuelta del general Perón al país. Este hecho político era el fundamental, el que teñía la realidad argentina. En este caso, la situación se venía de lo político a lo económico. Porque la vuelta del líder al país (triunfo indiscutible del movimiento obrero peronista después de ardua pelea) midió todas las encuestas. No había paridad entre Perón… y el abismo. Era Perón-Perón. No era casual la consigna de la Juventud Peronista para convencer a sus votantes de que apoyaran la fórmula Cámpora-Solano Lima: “Cámpora al gobierno, Perón  al poder”. Si Gelbard era su ministro era un detalle (aunque su currículum lo merecía), podía haber sido otro y la historia lo hubiera ubicado en el mismo lugar. Porque el lugar ganado no era el de él, sino el del general que volvía de su exilio.

Partiendo de este hecho político inmenso, vayamos a su plan. Éste fue el de la burguesía para maniatar al movimiento obrero y congelar sus salarios, parar un ascenso que no se detenía con nada, hacer ganar mucha plata a los empresarios sin tener que entregar constantemente concesiones a esos molestos obreros peronistas.

 

Un empresario ejemplar en serio

De joven se afilió al Partido Comunista, que fue parte de la Unión Democrática, una coalición que también integraron la Unión Cívica Radical, el Partido Socialista y el Partido Demócrata Progresista para competir con Perón en las elecciones de febrero de 1946. No obstante, con el correr de los años se acercó a Perón cuando durante su presidencia intentó que los empresarios nacionales se organicen. Por esos tiempos, Gelbard fundó la Confederación General Económica (CGE) en 1958, que pregonaba la defensa del nacionalismo económico, un Estado moderadamente intervencionista en la economía y el concepto de función social de la empresa.

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Pero lo que nunca abandonó fue su vocación empresaria. Su aparición como  ministro de Economía del tercer gobierno peronista,  en manos de Cámpora, en primer lugar, luego de Raúl Lastiri y finalmente del general Perón (mayo de 1973 a octubre de 1974), no fue ni casual ni improvisada. Ya tenía su impronta en el mundo de los grandes negocios.

Fundador de la CGE (Confederación General Económica) en 1958, su lustre en el mundo de los negocios fue in crescendo, a medida que se aceleraba la crisis política en el país y la dictadura de Lanusse ya estaba en picada total.

“Otro gobierno de facto, el del general Alejandro Lanusse, concedió en 1971 a Aluar la construcción de la planta patagónica. Los adjudicatarios fueron los empresarios Manuel Madanes y José Ber Gelbard, con el objetivo de que éstos apoyaran el llamado Gran Acuerdo Nacional, una estrategia de la Junta Militar para perpetuarse en el poder con el respaldo de políticos, sindicales y empresarios. Pero el intento fracasó tras la fuerte oposición que logró forjar desde el exilio en Madrid el ex presidente Juan Domingo Perón. (…) En ese ínterin donde se dieron las negociaciones políticas entre Gelbard y Lanusse por el proceso electoral, Fate obtuvo en abril de 1971 el Decreto 206 por el cual se contrató en forma directa a Aluar, y en septiembre de 1971, el Decreto Nº 4384 que otorgó promociones a la División Electrónica de Fate.” (Mundo empresarial, 13/1/19, negritas nuestras)

 

Su ascenso a ministro de Economía

Durante su gestión económica se concretó el Pacto Social, firmado entre la CGT, la CGE y el Ministerio de Economía el 8 de junio de 1973. Acuerdo largamente esperado por la burguesía y el imperialismo para enchalecar al movimiento obrero. Sus puntos centrales eran: congelamiento de los precios, alza general de sueldos (200 pesos de la moneda de esa época por única vez), suspensión de la negociación colectiva sobre el salario durante dos años. En una coyuntura favorable a la exportación de insumos básicos, la inflación se frenó (había llegado al 80% durante Lanusse) y hubo cierta bonanza. Pero cuando “las papas quemaron”, la coyuntura económica agroexportadora se frenó con la crisis del petróleo a nivel mundial, el cierre de Inglaterra al mercado de carnes argentinas y no estar más el líder contenedor de los trabajadores, el ícono empresario de la ex presidenta Cristina también se vino abajo.

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Con el arribo al gobierno de María Estela de Perón, el Pacto Social se derrumbó rápidamente. Los comerciantes argentinos empezaron con su política de desabastecimiento de productos esenciales para especular con un aumento de precios, ocultando productos básicos como el aceite y el azúcar y desarrollaron el mercado negro de éstos. O sea, los empresarios rompieron el Pacto y no sufrieron ni un reto.

 

Dejen de mentirnos: ¡La conciliación de clases no nos saca la soga del cuello!

Esa fue la hazaña Gelbard, de la que nos habla la ex presidenta. Políticas que, sucesivamente aplicadas bajo otras formas más mediadas en unos casos y con discursos más progres en otras, por todos los gobiernos peronistas que le sucedieron, siempre fueron la aplicación de la idea de conciliación de clases. Para someternos más, para explotarnos más, aunque engañarnos con el discurso de la unidad del capital y el trabajo. De la unidad de explotadores y explotados que nos lleva, hasta el día de hoy, a la bancarrota nuestra y al enriquecimiento de ellos.

La ex presidenta intenta convencernos que no hay nada mejor para los trabajadores que seguir confiando en la ideología peronista de la conciliación de clases. A estas ideas retrógradas y antiobreras nos oponemos para luchar por la independencia de clase de los trabajadores, en unidad con sus verdaderos aliados: las mujeres y la juventud.

 

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