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“La propia naturaleza del proletariado y de la revolución proletaria constituye el fundamento estructural de la teoría de la auto liberación de los trabajadores. En primer lugar, el vínculo común, la unión, la comunidad no aparece a los obreros como algo exterior, trascendental (como para los burgueses en competencia), sino como un atributo de la masa, o el fruto de la acción común –la ‘solidaridad’ es la relación psicosocial inmediata de los trabajadores entre ellos, en el nivel de la fábrica, de la profesión y de la clase-. El ideólogo burgués Hobbes consideraba la vida social como ‘una guerra de todos contra todos’; los artesanos ingenuos de la Liga de los Comunistas de Londres tenían como divisa ‘todos los hombres son hermanos’. Para el proletariado, que no tiene propiedad privada (de medios de producción, etcétera), lo ‘social’, lo ‘público’, ya no tiene necesidad de ser encarnado por un Ser superior frente al particularismo de los individuos; se vuelve inmanente al ‘pueblo’, se presenta como una cualidad intrínseca al conjunto de los trabajadores. En la medida que no es propietario y que no está arrastrado por la ‘libre competencia’, el proletariado puede escapar a la alienación política burguesa y sus mitos [aunque eso no impide, mecánicamente, la competencia en sus filas y la recreación de nuevos fetiches como se vio en los países no capitalistas, R.S.].

“Por otro lado, la significación histórica de la revolución proletaria es esencialmente diferente de la ‘toma del poder’ burguesa: será una auto liberación o no será. La burguesía puede convertirse en ‘clase dominante’ incluso sin una acción histórica consciente, porque la revolución burguesa pertenece al reino de la necesidad; incluso si esta acción es alienada, orientada por objetivos ilusorios, inspirada por mitos, la ‘astucia de la razón’ de la evolución económico y social le dará la victoria. La revolución burguesa es la realización inmediata del ser social de la burguesía; las barreras para esta realización son puramente exteriores; no supone ninguna ‘auto transformación’ de la clase: este proceso ‘automático’, alienado, necesario, puede fácilmente tomar la forma mitológica de un Liberador personal exterior. La revolución proletaria, por el contrario, debe ser la primera transformación consciente de la sociedad, el primer paso en el ‘reino de la libertad’ (…) Como escribía Engels en su ‘testamento político’ (el prefacio de 1895 a Las luchas de clases en Francia entre 1848 y 1850): ‘Allí donde se trata de una transformación completa de la organización de la sociedad es necesario que las mismas masas pesen, que ya hayan comprendido ellas mismas de qué se trata, por qué intervienen (con su cuerpo y con su vida)’” (Löwy; 2010; 41/2/3[1]).

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El cien aniversario de la Revolución Rusa es una importante oportunidad para retomar la elaboración de la teoría de la revolución socialista. La formulación contemporánea de la misma fue realizada por León Trotsky en La Revolución Permanente; sintetizaba allí la experiencia de la Revolución Rusa y las revoluciones que le fueron contemporáneas hasta ese momento (1930).

La experiencia de posguerra permiten sacar nuevas conclusiones así como llevar a cabo una evaluación que tenga en cuenta la experiencia de todo el siglo pasado como lecciones estratégicas para este siglo veintiuno.

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