Incendio en Shell de Dock Sud, tres obreros gravemente heridos | Los empresarios, culpables

El día de ayer, domingo, se produjo un grave incendio en la refinería de petróleo de Shell en Dock Sud. El saldo fue de tres trabajadores gravemente heridos, uno de los cuales tiene el 80% de su cuerpo quemado y que pelea en estos momentos por sobrevivir.

Los compañeros afectados eran, para variar, tercerizados. Cumplían tareas para la contratista Hidrocinetic bajo convenio de la UOCRA, el gremio de los obreros de la construcción. La empresa en cuestión cumple funciones similares de forma permanente en varias petroleras, incluidas las estatales, hace ya muchos años. Queda así claro que no hay nada de “eventual” en la relación entre Shell y otras petroleras con empresas tercerizadas como esta. Los que son “eventuales” (y descartables) son sus trabajadores, que con el sistema de tercerización ganan menos, no están bajo convenio petrolero, no tienen estabilidad laboral y la empresa “madre” (Shell, en este caso) no tiene que hacerse cargo de hechos como el de ayer. Cerca del incendio, apenas a unos kilómetros, días antes supimos de otro caso de muerte obrera por responsabilidad empresaria: el compañero tercerizado Brian había muerto en Papelera Sein por la desidia patronal.

En el caso de la refinería de Dock Sud, los trabajadores denuncian que la planta estaba parada por reparaciones necesarias, que la empresa “apretaba” para acelerar los ritmos más allá de las condiciones básicas de seguridad, poniendo a los trabajadores en la opción de elegir entre sus vidas y seguir trabajando. La explotación laboral está a punto de llevarse una nueva víctima fatal.

Para los economistas que hablan de “costos laborales”, para los periodistas que machacan con “la industria de los juicios”, para los macristas que nos presentan a los trabajadores como una “mafia” que pone palos en la rueda a los pobres empresarios, los accidentes laborales son números, pura estadística.

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Según el Ministerio de Empleo y Seguridad Social, hubo en 2017 un total de 618 muertes por crímenes de clase de este tipo. Siguiendo con los fríos números que son poco más que una terrible sumatoria de tragedias, más de 500 mil accidentes es el total registrado ese año que inhabilitaron a seguir trabajando a su víctima; arriba de 600 mil en total. Fueron también más de 600 los que no pudieron seguir cumpliendo funciones. Pero esta triste estadística no toma en cuenta más que a los trabajadores registrados. Como es sabido, quienes trabajan en negro hacen las labores más riesgosas y peor pagas. Una de las ramas de mayor siniestralidad, la de la construcción, es a la vez una de las que mayor cantidad de mano de obra en negro tiene. En total, son cuatro millones y medio los trabajadores que no entran en estos números.

Pero los medios, el macrismo y sus abogados políticos en sus cómodos puestos y con sus cómodos y elegantes trajes nos siguen hablando de que los “costos laborales” son muy altos. La reforma laboral busca precisamente hacer más baratos los accidentes para los patrones, que no pierdan tanto dinero porque un trabajador perdió un dedo, una pierna, un ojo y la vida misma. Se ahorran dinero con las medidas de seguridad, se lo ahorran con el mantenimiento de las máquinas y herramientas de trabajo… consecuentemente con eso, no tendrían por qué perder dinero por las consecuencias de su propia e insaciable sed de ganancias. No podemos más que manifestar nuestra más sincera repugnancia por los patrones y sus mercenarios a sueldo en los juzgados, los diarios, la televisión y el gobierno.

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“Me matan si trabajo y si no trabajo me matan”, dijo un famoso cineasta de izquierda en los 70’. Esa sigue siendo la realidad de millones de trabajadores, que ponen la vida para la ganancia de unos pocos mientras esos pocos lloran en todos los rincones por los “riesgos” de su capital. El macrismo les extiende su pañuelo a esas pobres víctimas de la voracidad de los trabajadores mientras prepara la reforma laboral para satisfacer sus reclamos. Por supuesto, las consecuencias de ésta no podrán ser más que un empeoramiento brutal de los números de obreros accidentados, mientras mejoran los de la cotización de la bolsa, del dólar y de las ganancias empresarias. Porque hay estadísticas que importan y estadísticas que no.

No son accidentes, son crímenes de clase. Y los principales delincuentes no viven en las villas, están en los barrios privados, usando saco y corbata.

 

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