ni olvido ni perdón

Impunidad: Absuelven a Milani de los cargos por participar del genocidio

La causa es por el secuestro, detención y tortura de Pedro y Ramón Olivera (padre e hijo) en marzo de 1977. En la lectura de los alegatos, la querella de la familia Olivera pidió 18 años de prisión para el ex Jefe del Ejército bajo la presidencia de Cristina Kirchner. El Tribunal Oral Federal de la provincia le aseguró hoy la impunidad

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La acusación se inscribe en el marco del juicio por crímenes de lesa humanidad que empezó en mayo de este año, acusando a Milani de privación ilegítima de la libertad, imposición de tortura y asociación ilicitita,  cuando este era parte del Batallón de Ingenieros 141 en la provincia de la Rioja durante la última dictadura cívico-militar del 76. En la causa hay otros 12 imputados.

Este juicio se llevó a cabo luego de que Ramón Olivera, hijo de Pedro Olivera, denunciara al ex Jefe del Ejército por primera vez en el año 1984 ante la CONADEP. Las leyes de Obediencia de Vida y Punto Final hicieron caer la causa y en el 2013 se reiteró la denuncia que hoy llevó al juicio a estos responsables de los crímenes del genocidio de Estado.

El caso de Milani es tal vez uno de los más notorios de los juicios a los genocidas a lo largo de los últimos años. En particular, la defensa cerrada de buena parte del kirchnerismo puso al descubierto su política de Derechos Humanos. Mientras cooptaba a buena parte de los históricos luchadores que son parte de los organismos de Derechos Humanos, necesitaba como gobierno capitalista que era hacerse de aliados entre los responsables de la represión. Si el ex carapintada y abierto derechista Berni sigue revistando en las filas de los K, Milani fue el caso más escandaloso.

La podredumbre que implica la cooptación estatal fue puesta al descubierto gracias al caso Milani. En Mayo pasado, una Madre de Plaza de Mayo (Brizuela de Ledo) fue echada del juicio en La Rioja. ¿Por qué? Porque no pudo soportar el brutal escarnio al que estaba siendo sometida e hizo un más que justificable escándalo. Milani se defendió de la acusación de haber secuestrado a su hijo, el conscripto Ledo… leyendo una carta de apoyo de Hebe de Bonafini. El quiebre entre los luchadores consecuentes y quienes son podridos hasta los huesos por la cooptación estatal se pone aquí en evidencia con una claridad que no se le escapa a nadie. Y la podredumbre de quienes defienden genocidas desde las filas de los luchadores fue abierta para que al aire libre esparza toda su pestilencia.

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Ni olvido, ni perdón. Un genocida, aunque se vista de seda (o de funcionario progresista), genocida queda.

 

 

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