se profundiza la rebelión

Huelga general en Hong Kong

Se trata de la primera medida de paro generalizado convocado en la ciudad desde hace más cincuenta años. Junto a las movilizaciones masivas, la huelga es parte de una escalada de confrontación entre la bronca popular y el gobierno de la ciudad y China continental. Los manifestantes, que se cuentan por millones, exigen el retiro definitivo de la ley de extradición y la caída del gobierno de Carrie Lam. La rebelión hongkonesa parece estar llegando al punto de ebullición.

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Editor en Jefe del portal IzquierdaWeb - Noticias de los trabajadores, las mujeres y la juventud.
Federico Dertaube


La jornada previa a la huelga.

A pesar de la casi insignificancia de las organizaciones sindicales de Hong Kong, la medida de fuerza se ampara en el respaldo de las movilizaciones masivas para garantizarse el éxito. En un amplio despliegue por la ciudad, los manifestantes parecen haber logrado garantizar la paralización del transporte público, trenes, subterráneos e incluso el aeropuerto. La huelga general viene a culminar con cuatro días seguidos de movilizaciones ocupando el centro de la ciudad y ya meses de conflicto.

La adhesión a la huelga es contundente, con los trabajadores de las principales ramas económicas de la ciudad participando: finanzas, comercio, transporte e incluso los estatales, que tienen estrictamente prohibido su derecho a la protesta. A la vez, la rebelión hongkonesa pone a prueba un despliegue de creatividad de lucha inmenso, en el que miles de cabezas se han puesto de disposición del sorteo del aparato represivo y de vigilancia policial del estado chino, tal y como sucedió en las revoluciones clásicas.

El conflicto pone en primer plano el lugar de Hong Kong en China y su papel en las crecientes aspiraciones de la clase dominante del gigante asiático de convertirse en la primera potencia del mundo. La rebelión en la ciudad puede convertirse en un antes y un después no sólo para China sino también para su lugar en el mundo. Las movilizaciones tienen, por tanto, importancia internacional.

Vigilia preparatoria de la huelga general.

Hong Kong fue colonia británica entre 1841 y 1997 (con una breve ocupación japonesa en los 40’), año en el que se integró al resto de China bajo el sistema de “un país, dos sistemas”. Su desarrollo ha sido así sumamente contradictorio. Mientras la mayoría del país vivía la revolución que llevó al PCCH al poder en 1949, Hong Kong era un enclave del imperialismo inglés sometido a la más dura opresión colonial.  Sus habitantes llegaron incluso a estar sometidos a un régimen de segregación racial entre chinos e ingleses. No obstante, acercándose la transición del 97’, llegaron a tener libertades democráticas mucho más amplias que las de China continental, como las de expresión, prensa, etc. La población de la ciudad no tuvo jamás el derecho a elegir a su gobierno, ni bajo la dominación británica ni luego de su integración de la “República Popular”.

Mientras tanto, el régimen del Partido Comunista (que no fue jamás obrero ni socialista) giraba a la restauración capitalista sosteniendo un sistema político burocrático sin el más mínimo atisbo de libertad. Bajo custodia policial, los capitalistas del mundo hicieron de China el gran taller de la economía mundial, sometiendo a cientos de millones de trabajadores a las condiciones más duras de explotación para el enriquecimiento de las empresas multinacionales operantes en China y la clase capitalista vinculada al PC.

Así, la paradoja es que Hong Kong y sus libertades políticas se han convertido en una molestia para el desarrollo de la clase capitalista china gracias a… nunca haber dejado de ser capitalistas.

Desde el año 97, Beijing ha intentado avanzar sobre las libertades remanentes de Hong Kong. Desde ese año es una “región administrativa especial” en la que la última palabra la tiene el gobierno del PC pero goza de una autonomía relativa ampliamente mayor al resto del país. Pero esa realidad contradictoria se debe también al enorme papel que ha cumplido Hong Kong en la restauración capitalista. Si durante décadas fue el enclave comercial que vinculaba la China no capitalista con el resto del mundo, a partir de las reformas de restauración fue uno de los centros de interacción comercial y financiero en el que se concentra buena parte de la dirección de los negocios del país más poblado del mundo.

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En general, suele describirse a la economía de Hong Kong como una de “servicios”, especialmente “financieros” con sus bancos y la bolsa de valores en la que cotizan las mayores empresas que operan en China. Los “servicios financieros” no crean ninguna riqueza por sí mismos: son un punto de concentración y dirección de las riquezas producidas en la industria, el comercio, etc. Los ideólogos liberales han presentado a Hong Kong como el mayor ejemplo de experimentación exitosa de la “libertad económica”. La realidad es que el “éxito” de Hong Kong no podría existir sin el complemento de la explotación brutal de la clase obrera china sometida a una dura dictadura capitalista burocrática.

Fotografía: Justin Chin/Bloomberg

Esas son las bases reales de la relativa autonomía de la ciudad en rebeldía y sus libertades políticas: una tradición política relativamente independiente por su largo vínculo colonial con el Reino Unido, por un lado; y su especial lugar económico, paraíso de los inversores internacionales y de la nueva clase capitalista china, por el otro. Por eso también es que la rebelión en curso es un asunto delicado para el gobierno de Xi Jinping y su vocera local Carrie Lam: está en juego un enclave financiero y comercial de basta importancia para la relación de China con el resto del mundo, para las ambiciones de potencia mundial de su gobierno.

Como ya hemos dicho, el detonante fue la “ley de extradición” que quiso imponer el gobierno supuestamente “autónomo” de Carrie Lam. A nadie se le escapa que el proyecto de ley y la persistencia gubernamental en él son un intento del gobierno de Beijing de avanzar sobre la autonomía y las libertades políticas de Hong Kong.

Las primeras jornadas de la movilización forzaron al gobierno de la ciudad a dilatar en el tiempo la aprobación del proyecto, pero Carrie Lam no ha renunciado a él. La huelga de hoy y las ocupaciones de las calles de los últimos días tienen por consigna el retiro definitivo de la ley de extradición y la caída del gobierno local hongkonés.

Pero el PC y sus cómplices locales no están dispuestos a cejar en sus esfuerzos de someter a la población. El control sobre la ciudad sede de una de las bolsas de valores más grandes del país (junto a la de Shangai) es de importancia geopolítica para Xi Jinping y hasta para los Estados Unidos. A la larga, la rebelión hongkonesa puede convertirse en uno de los episodios históricos que marquen un antes y un después en la disputa hegemónica sino-yanqui.

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Las paradojas históricas y económicas suelen ser también culturales. Así, un movimiento de ideologías contradictorias (que van desde un “nativismo” ultra reaccionario hasta movimientos democráticos de matiz socialista) hizo suya una canción del musical Los Miserables, Do You Hear the People Sing. La popularización en las movilizaciones de esa canción llevó al PC a prohibirla, cosa que no puede garantizar en Hong Kong. ¿La paradoja? La canción ilustra la revuelta parisina de 1832, uno de los episodios de lucha de la capital francesa que popularizó el uso de las banderas rojas, uno de los antecedentes de las rebeliones obreras que darían nacimiento al socialismo moderno:

¿Escuchas a la gente cantar?

Es el cantar de hombres enojados

¡Es la música de un pueblo

que no será esclavo de nuevo!

Cuando el latido de tu corazón

Le haga eco al latido de los tambores

Hay una vida a punto de empezar

Cuando llegue el mañana!

 

Do you hear the people sing?

Singing a song of angry men?

It is the music of a people

Who will not be slaves again!

When the beating of your heart

Echoes the beating of the drums

There is a life about to start

When tomorrow comes!

La burocracia del “Partido comunista” intenta suprimir una forma cultural de las tradiciones socialistas para defender el capitalismo en el país más poblado del mundo.

La rebelión hongkonesa crece y todo parece indicar que todavía no ha alcanzado el punto de ebullición. La violencia policial se extiende y el agudo Au Loong Yu advierte sobre el accionar de posibles provocadores que quieran precipitar las acciones de lucha para forzar una intervención represiva. El gobierno de Beijing está amenazando veladamente con el uso mismo del Ejército para sofocar las movilizaciones. Lam no da el brazo a torcer, la ley de extradición sigue sólo “suspendida” y ya hay más de 400 detenidos.

Pero los manifestantes no han dado muestra alguna de querer retroceder y ante cada provocación del gobierno la revuelta callejera se ha radicalizado más. Está ampliamente instalado en las cabezas de quienes no ceden a la represión, la detención y las amenazas que si pierden ahora, pierden por largas décadas. No obstante, sigue siendo un límite enorme no tener organizaciones políticas propias con perspectivas a largo plazo ni apoyo en el resto de China.

El punto de ebullición aún no se ha alcanzado pero parece acercarse el momento de las definiciones, la inminencia del desborde de la caldera.

 

 

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