sigue la rebelión

Hong Kong: Los manifestantes tomaron el aeropuerto

En el marco de un proceso de movilizaciones masivas que lleva ya dos meses, el aeropuerto de Hong Kong tuvo que cancelar todos sus vuelos programados, luego de que ocurriera una masiva ocupación del edificio durante varios días en protesta contra la represión sufrida por los manifestantes a manos del gobierno regional de Carrie Lam.

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Editor en Jefe del portal IzquierdaWeb - Noticias de los trabajadores, las mujeres y la juventud.
Agustín S.


Foto: Reuters

El aeropuerto de Hong Kong es el más importante del mundo en transporte de cargas, y el octavo más activo en transporte de pasajeros. El pasado lunes, se vio obligado a cancelar sus servicios ante una nueva medida del movimiento de protesta contra la ley de extradiciones. La ocupación se realizó luego de que una manifestante perdiera un ojo como producto de un balazo de goma durante una represión, a lo que hay que sumar los ya más de 400 detenidos durante la rebelión popular y un manifestante muerto durante los primeros días de la misma.

La ocupación del aeropuerto es un escalón más en un proceso de lucha que se viene masificando y radicalizando en los últimos dos meses. Luego de comenzar en el mes de junio, la rebelión llegó a concentrar alrededor de 2 millones de personas en la calle[1] marchando contra la ley de extradiciones y contra el gobierno de Carrie Lam, configurando las movilizaciones más grandes de la historia de la región. Las movilizaciones comenzaron luego de que el gobierno hongkonés anunciara el tratamiento de una ley que permite la extradición de detenidos desde Hong Kong a China continental para ser juzgados allí, ley que causó el repudio masivo e inmediato de amplísimos sectores.

Esto se debe a que Hong Kong, en tanto sigue siendo una “región administrativa especial” dentro de la República China, posee un sistema político marcadamente distinto al de la China continental, en el que el ultraliberalismo capitalista convive con mayores libertades democráticas (tales como la libertad de prensa y la división de poderes del Estado) que en el resto del país. Resulta entendible que ningún habitante honkonés desee ser juzgado por la justicia de China continental, teniendo en cuenta que en el gigante asiático predomina un régimen político aplastantemente despótico y de persecución implacable hacia cualquier atisbo de oposición o resistencia a la autoridad todopoderosa del Partido Comunista Chino, al punto de utilizar la pena de muerte sin  rendir cuenta públicamente de los casos en los que se dicte esta sentencia.

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La toma del aeropuerto, que comenzó el lunes y se extendió durante todo el día martes, da muestras de la creciente radicalización de la rebelión popular en curso, especialmente por la voluntad de los manifestantes de resistir la dura represión policial (durante la ocupación del aeropuerto, los manfiestantes apuntaron directamente contra la policía con la consigna “ojo por ojo) y continuar con las medidas callejeras, que ya venían siendo duras (además de masivas), como se vio en la toma del Consejo Legislativo y la huelga general que paralizó los transportes hace 10 días. Tal es el nivel de combatividad de los manifestantes, que el gobierno de Xi Jinping amenazó en las últimas horas con una intervención militar y difundió videos de tropas chinas reuniéndose en la frontera de Hong Kong y la región limítrofe de Shenzhen.

Es que una rebelión en Hong Kong significa un problema de primer orden para el gobierno Chino. En primer lugar, por la importancia de la región dentro del país, en tanto es el mayor centro de paso de capitales financieros del país (en su bolsa cotizan las más importantes empresas chinas). De continuar, una rebelión podría hacer peligrar también la estabilidad política en China continental si llegara a confluir con los procesos de resistencia a las políticas del gobierno del PCCh en el resto del país (lo que no parece estar pasando por el momento). Pero, por otro lado, el peso geopolítico de Hong Kong hace que estos hechos tengan una importancia internacional, como quedó plasmado por la necesidad del gobierno de Trump de intervenir públicamente en los hechos, haciendo declaraciones a los medios en las que se planteó la necesidad de una “salida pacífica”. En el marco de la competencia entre China y EEUU por la hegemonía mundial, una crisis interna podría tener consecuencias muy graves para el gobierno de Xi Jinping.

En todo caso, está por verse qué rumbo pueda tomar la rebelión en curso, que no da señales de amainar y que aumenta la radicalidad de sus mediad pero también de sus reclamos políticos, pasando del rechazo de la ley de extradiciones a la exigencia de la renuncia de Carrie Lam. A su vez, el carácter anti-Pekín de la rebelión hace muy probable un choque eventual con el gobierno de Xi Jinping. Queda por verse qué tan lejos puedan llevar los manifestantes sus reclamos y cuánto logren avanzar en sus formas de organización, marcadas hasta ahora por una suerte de fetichismo anti-organizaciones y descentralizado, pero que se pueden ver enriquecidas por la incipiente aparición del movimiento obrero en la lucha.

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A nivel más general, no deja de ser importante señalar que la rebelión en curso en Hong Kong da cuenta de que la ola internacional de rebeliones populares vive un nuevo ciclo, y que el giro a la derecha operado por los distintos gobiernos capitalistas van encontrándose con una creciente resistencia popular a lo largo del globo (hace apenas algunas semanas, por ejemplo, se vio cómo una rebelión popular en Puerto Rico hizo salir eyectado al gobernador de la isla). A la vez que se agudiza la tensión entre las principales potencias imperialistas para resolver la disputa por la hegemonía internacional, crece la polarización social dentro de los Estados nacionales como resultado de una crisis capitalista que no se ha resuelto y que amenaza constantemente las condiciones de vida de la población y sus libertades democráticas. En este escenario internacional, el resultado de la rebelión en Hong Kong (una posible radicalización a izquierda o una derrota a manos del gobierno Chino, así como el desarrollo de las contradicciones internas del propio movimiento hongkonés, hasta ahora marcado por grandes desigualdades ideológicas) puede tener una influencia cualitativa en el conjunto de los desarrollos internacionales.

[1]          La población de Hong Kong es de aproximadamente 7 millones y medio, es decir que casi un tercio de la población se movilizó.

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