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Hong Kong: Aplastante triunfo electoral de la rebelión

Las elecciones a las concejalías arrojaron una abrumadora mayoría de los “demócratas” contra el oficialismo títere de Beijing: 351 para los primeros contra 45 de los segundos. Esto no significa que los candidatos triunfantes sean el fiel reflejo de la rebelión, pero la revuelta ha demostrado ser una abrumadora mayoría social.



El partido triunfante está muy lejos de ser el impulsor o cabecilla de la rebelión que conmueve Hong Kong, pero el triunfo es ineludiblemente fruto de ésta. La campaña electoral estuvo polarizada de esa forma: rebelión sí o no.

Los medios oficialistas, en su llamado a votar por los partidos que responden a Beijing, lo dejaron muy claro. “¿Qué elegirías? ¿Una ciudad pacífica y próspera o una violenta e incivilizada? La elección es tuya. Vota por terminar con la violencia” decía el Global Times, vocero internacional oficial del gobierno chino. Las declaraciones de Beijing News suenan más a una amenaza que a una apelación: “terminen con el caos y la violencia social en Hong Kong con sus propias manos y restauren el orden social”. La referencia a “sus propias manos” suena a un recordatorio de que sigue pendiente el uso de las manos de Beijing, que pueden usarse para empuñar armas.

Entre los engaños y las amenazas, el gobierno de China continental sufrió no obstante una derrota más que aplastante. Los resultados son absolutamente categóricos desde todo punto de vista: no solamente la cantidad de concejalías en manos de la oposición es ahora abrumadoramente mayoritaria, sino que la participación electoral se elevó del 47% a más del 70%.

 

Los votos no definen nada

Las concejalías en disputa, las únicas electas por sufragio directo en Hong Kong, tienen un poder menos que simbólico. Apenas si pueden decidir la atribución del presupuesto al arreglo de una u otra calle. El poder político no pasa por ellos pero son, como hemos dicho, el único cuerpo electo por sufragio universal.

El gobierno de la ciudad es decidido con un complejo sistema electoral en el que la última palabra la tiene Beijing. Éste último da el visto bueno y designa de hecho a la cabeza del poder ejecutivo de la ciudad (hoy Carrie Lam). Pero la elección del Jefe Ejecutivo de Hong Kong pasa antes por el “Comité electoral”, un complejo colegio electoral en el que tienen mayoría automática los capitalistas de la ciudad y el gobierno central de China continental. Frente a este sistema injusto es que se ha lanzado el reclamo de democracia en la rebelión hongkonesa.

Para tomar magnitud de la arbitrariedad capitalista de este sistema electoral, las asociaciones de capitalistas y los representantes de Beijing tienen de piso 600 de los 1200 votos totales del cuerpo que elige de manera efectiva al gobierno de la ciudad.

Tratándose de los ricos de la ciudad, no hay que perder de vista que las asociaciones de capitalistas son también las instituciones más influyente de Hong Kong desde la época de la colonia británica. Sus miembros fundadores y cabeceras fueron en su debido momento los colaboradores del Imperio Británico en el ejercicio del poder de la ciudad, algunos obteniendo incluso la ciudadanía británica y distinciones de honor de la corona. Los “progres” que miran con ojos cariñosos al gobierno de Beijing y tratan de “pro británicas” y “pro coloniales” las movilizaciones que enfrentan a las instituciones hongkonesas simplemente no tienen idea de lo que están hablando. Las organizaciones contra las que se está enfrentando la rebelión de Hong Kong son las mismas, exactamente las mismas, que ejercían el gobierno cuando eran colonia británica.

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¿Quién gana y quién pierde?

Como hemos dicho, las elecciones en Hong Kong son más un triunfo de la rebelión que otra cosa. Nadie espera que los resultados se conviertan en algo definitorio simplemente porque las concejalías no tienen poder alguno. El resultado electoral es un enorme espaldarazo para la rebelión, demuestra que es una abrumadora mayoría social, porque le da el triunfo a los candidatos que apoyaron las movilizaciones contra los agentes directos del gobierno de Beijing.

Es curioso dejar asentado el alineamiento ideológico de los partidos políticos en disputa. En sí mismo debería despejar muchos mitos respecto a quién es quién en China y Hong Kong.

El partido que salió abrumadoramente triunfador por haber hecho campaña electoral a favor de las movilizaciones y de la democratización de Hong Kong, es el Demócrata. Se trata de una organización genéricamente de “centroizquierda” más bien similar al progresismo capitalista de otros países. Tiene un programa de defensa de una suerte de “Estado de Bienestar”, defensa de ciertos derechos laborales y derechos humanos, etc. Pero lo que definió su triunfo es el planteo frontal de cambiar las instituciones de gobierno de Hong Kong y su oposición al gobierno de China continental. Defiende la “unidad” con el resto del país pero con instituciones más “democráticas” para la ciudad.

Los grandes derrotados son los partidos amigos del PC: el DAB y el BPA. Estos dos, los hasta ahora partidos mayoritarios y agentes directos del gobierno “comunista” se identifican con la derecha clásica del resto del mundo capitalista. El primero se identifica como nacionalista y conservador. Llegó a conformar una alianza con las Iglesias evangélicas de la ciudad para el rechazo del matrimonio igualitario cuando estuvo en debate. El segundo es conservador y liberal en el sentido económico del término, lo que es conocido popularmente como neoliberalismo en el resto del mundo. Quien se sorprenda de que neoliberales y derechistas sean los aliados de confianza del Partido “comunista” de Xi Jinping simplemente conoce poco respecto al régimen chino.

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La calle tiene la última palabra

El gran límite de los debates políticos de Hong Kong, que se procesan centralmente por los métodos de la rebelión, el enfrentamiento a los represores, la ocupación de instituciones públicas y educativas, es que no ha buscado ganarse apoyo en el resto del país. El partido Demócrata triunfante defiende apenas una reforma democrática del gobierno hongkonés pero no cuestiona al régimen de Beijing. Ni hablar de ganarse a las masas trabajadoras súper explotadas por el capitalismo burocrático chino.

El gobierno del PC tiene muy claro que lo que está en disputa en Hong Kong es mucho más que un sistema electoral local más o menos democrático. Se trata de una ciudad estratégica para la transformación de China en primera potencia y para la explotación capitalista de la clase obrera china, la más grande del mundo. Fue una posición de avanzada para la restauración como nexo del país con el mercado mundial, es el centro de las finanzas donde se concentra la dirección de los negocios del país más poblado del mundo, etc.

Pero nadie en Hong Kong, los rebeldes en particular, parecen darse cuenta de su situación. Se han convertido en un obstáculo inmenso para el desarrollo del capitalismo chino y sus reivindicaciones y perspectivas tienden a no salir de los límites de la ciudad. A la vez, la clase obrera del gigante asiático ha demostrado un crecimiento en su actividad reivindicativa en los últimos años. Las masas de Hong Kong han logrado imponerle varias derrotas a uno de los gobiernos más poderosos del mundo, del que Carrie Lam no es más que un títere. Ahora exigen que ésta última caiga.

Las perspectivas a largo plazo para los rebeldes serán más abarcativas o sus reivindicaciones no tienen futuro propio alguno.

El gigante capitalista burocrático de China parecía ser imposible de cuestionar y conmover. En eso consiste el enorme mérito de la rebelión en Hong Kong: ponen frente a los ojos de millones de trabajadores el hecho indiscutible de que Beijing no es invencible. Por eso es tan peligroso su ejemplo.

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