¿Quién fue Hegel?

El 27 de agosto de 1770 nacía en Stuttgart (Alemania) Georg Wilhelm Friedrich Hegel el que sería uno de los pensadores más importantes de la historia de la humanidad, con todo lo pretenciosa que parece dicha aseveración. No descubrimos la pólvora al afirmar que Hegel era un filósofo monumental, enciclopédico; rasgo que no le negaban ni siquiera sus más acérrimos detractores (contemporáneos y actuales).

Intentó abarcarlo todo. El pensador que supo escribir Lo verdadero es el todo fue consecuente: ningún área del acontecer humano y del conocimiento le fueron ajenos: sus obras sobre  historia, las diversas ciencias de la naturaleza,  las religiones, el arte y la filosofía son prueba de ello. Introdujo la historia en la enmohecida filosofía que lo precedió (como él mismo decía: estamos en un tiempo de inquietud, en relación a la revolución francesa a la que saludó) y concibió al hombre autocreándose en donde el trabajo cumplía  un papel enorme, algo que fascinó a los jóvenes Marx y Engels.

Todos somos hegelianos, frase muy repetida y de la cual ya olvidamos quién fue el primero que la pronunció, algo que es realmente así. El inmenso corpus filosófico, científico y político que bebió de Hegel es inmenso: el marxismo desde ya, la filosofía alemana posterior, el psicoanálisis, la epistemología genética, la biología, el existencialismo sartreano, Kojeve y sus cursos sobre la “Fenomenología del Espíritu” al que asistieron entre otros, Raymond Aron, Georges Bataille, Maurice Merleau-Ponty, Eric Weil, Jean Hyppolite. La lista podría seguir hasta el día de hoy.

Obviamente desarrollar todos y cada uno de los temas mencionados exigiría un desarrollo gigantesco que sin embargo fue intentado en más de una ocasión. A veces con éxito y algunas sin él. La breve selección de autores que abordaron al pensador alemán es un pequeño botón de muestra.1 Nuestra corriente siempre tuvo presente el hilo conductor que une al autor de la “Ciencia de la Lógica” con el marxismo, muchas veces negado, aún por corrientes y pensadores que se decían herederas del autor de  “El Capital”. Y siendo consciente de nuestras limitaciones hemos realizado diversas y relativamente regulares producciones, en donde develamos la existencia de dicho hilo.

Algunas pepitas en un mar de oro

En esta nota tomaremos dos aspectos de la producción hegeliana y lo haremos bajo una premisa: leer a Hegel de primera mano. Pues si bien su prosa a veces semeja una jungla inexpugnable, podemos rescatar pepitas de sus textos (las hay a montones) y que éstas motiven una lectura más puntillosa. Dichos aspectos son  la dialéctica y algunas “iluminaciones” que Hegel tuvo sobre la economía y la sociedad de su época. Aproximaciones a ellos, para ser justos.

Comencemos por esta última. Recordemos lo que decía Marx en uno de sus prólogos a El Capital: 1830 marca la muerte de la economía científica burguesa. Hegel moriría un año después. A partir de allí, sólo “economía vulgar”, justificadora del orden burgués y totalmente rústica en sus pretensiones de cientificidad. Hegel lee a los fundadores de la economía clásica con atención, o al menos a dos de ellos: Adam Smith y James Steuart. Luego de citar al primero de ellos, el pensador alemán mientras trabajaba en Jena preparando la que sería una de sus principales obras, escribía:

La particularización del trabajo multiplica la masa de producción; en una fábrica inglesa, dieciocho operarios trabajan en la producción de una aguja; cada uno tiene que realizar un aspecto particular y exclusivo del trabajo; una sola persona no podría producir ciento veinte agujas, ni siquiera una. Pero el valor del trabajo decrece en la misma proporción que aumenta la productividad del trabajo. El trabajo deviene así absolutamente más y más muerto; se torna trabajo de máquina, la propia habilidad del individuo se limita en forma indefinida y la conciencia del trabajador de la fábrica se degrada al más bajo nivel. La conexión entre el tipo particular de trabajo y la masa infinita de necesidades se hace del todo imperceptible, se convierte en ciega dependencia. Acontece así que una operación lejana afecta a menudo a toda una clase de gente que hasta entonces satisfacía sus necesidades a través de ella; de golpe ésta limita su actividad; la hace redundante e inútil. (Filosofía Real, Sistema de Jena 1803-04)

Es una apreciación muy aguda teniendo en cuenta el año y el lugar. Jena aún no era una ciudad de corte industrial y el maquinismo recién estaba dando sus primeros pasos en Gran Bretaña, cuna de la economía clásica. El “idealismo” de Hegel que era real (volveremos sobre esto) resultaba sin embargo más materialista que muchos “realistas” contemporáneos y posteriores, como diría Lenin un siglo después.

En 1820 en la que sería su última obra pensada como libro (sus clases y las transcripciones de sus alumnos se convertirían en textos luego de su muerte) “Principios de la filosofía del Derecho”, tildada muchas veces de conservadora; hallamos reflexiones muy sugestivas en cuanto a la propiedad, el contrato y el “sistema de necesidades de la sociedad civil”. La crítica, totalmente justa del joven Marx a dicho trabajo de su maestro, es en verdad una crítica a su caracterización (y justificación) del estado (burgués). Las “iluminaciones” de Jena seguían fructificando y tres lustros después leemos:

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La caída de una gran masa por debajo de un cierto nivel mínimo de subsistencia que se regula por sí solo como el nivel necesario para un miembro de la sociedad, y la pérdida consiguiente del sentimiento del derecho, de lo jurídico y del honor de existir por su propia actividad y trabajo llevan al surgimiento de una plebe, que por su pate proporciona la mayor facilidad para que se concentren en pocas manos riquezas desproporcionadas (Principios de la Filosofía del Derecho, parágrafo 244)

O en relación al trabajo obrero:

De mis habilidades particulares, corporales o espirituales, de mis posibilidades de actividad puedo enajenar a otro producciones individuales y un uso de ellas limitado en el tiempo, porque con esta limitación se mantienen en una relación exterior con mi totalidad y universalidad. Con la enajenación de todo mi tiempo concreto de trabajo y de la totalidad de mi producción, convertiría en propiedad de otro lo sustancial mismo, mi actividad y realidad universal, mi personalidad (Principio…, parágrafo 67. Los resaltados son de Hegel).

Una gema realmente. Un cuarto de siglo después los “Manuscritos económicos filosóficos” de Marx recogerán y ampliarán lo allí expuesto con un instrumental que el mismo Hegel (y Feuerbach) le brindarían: la enajenación, la alienación. Exigirle más a Hegel sería anacrónico. La economía no era su especialidad y la realidad (el marco objetivo tecnológico tanto así como la lucha de clases) no había alumbrado aún la posibilidad de ir más allá. No hubo filósofo que se sintiera atraído por esta problemática. Fue en ese marco intelectual donde dieron sus primeros pasos Marx y Engels.

La dialéctica está vinculada fuertemente a la filosofía hegeliana, vínculo que absolutamente nadie niega. Sea para alabarlo o repudiarlo (esto último aún en el campo de cierto “marxismo”). La dialéctica y la contradicción, fundamento de todo lo que existe al decir del pensador de Stuttgart, es de una grandeza incomparable. Entender que todo lo que existe lleva dentro su propia negación y que el movimiento es en verdad automovimiento y devenir, es como supo decir Engels “un descubrimiento revolucionario”2

El problema, que no es menor, consistía en la “mistificación” con la cual Hegel revistió la dialéctica y que Marx supo entrever magníficamente. El pensamiento como demiurgo de la realidad (lo concreto real) y no como  reproductor de lo real (concreto pensado). El “sujeto activo” era la idea, el concepto (aquí como sinónimos, en forma laxa) y no el hombre y su historia 3. O más precisamente el proletariado, aquel que “invirtiendo” el mundo real fetichizado, puede dar paso a un sujeto y una humanidad que merezcan realmente ese nombre. Como sabemos, no le podía caber a Hegel dicho descubrimiento.

Pese a lo anterior, la lógica dialéctica hegeliana expresa en forma invertida el movimiento de lo real cuyo fundamento, como dijimos la existencia en su interior de una contradicción; conforman una unidad contradictoria que siempre se halla inestable planteando en si una des totalización en camino hacia una nueva totalidad. Para decirlo en términos del Hegel de la “Enciclopedia”: en la idea, la naturaleza y la historia.

Por eso esta nueva lógica, contrariamente a la aristotélica y la kantiana que la precedieron (las cuales podían aprehenderse mediante “fórmulas o reglas precisas”) no cuenta con un recetario mediante el cual uno puede ahorrarse el esfuerzo de pensar. Sin embargo en la obra en donde Hegel intentó exponer, divulgar, todo su sistema (con los riesgos de cierto reduccionismo que siempre existen al realizar dicho intento, en todo orden de la ciencia) señaló:

Lo lógico, según la forma, tiene tres lados: a) el abstracto o propio del entendimiento; b) el dialéctico o racional-negativo y c) el especulativo o racional-positivo.

Estos tres lados no constituyen tres partes de la lógica, sino que son tres momentos de todo lo lógico real, es decir, de todo concepto o de todo lo verdadero en general. Pueden ponerse en conjunto bajo el primer momento, es decir, bajo el entendimiento, y así mantenerlos separados, pero de este modo no son tratados con arreglo a su verdad propia.   

Breve: fijar categorías, “hechos”, no insertarlos en una totalidad significativa que lo explique, es un vicio propio del más craso empirismo y positivismo. Del entendimiento, como dice Hegel. ¿Que es un momento necesario? Por supuesto, el error consiste en quedarse en él. Fijarse en ese momento.

1) La dialéctica tiene un resultado positivo porque tiene un contenido determinado o [lo que es lo mismo], porque su resultado no es verdaderamente la nada abstracta y vacía, sino la negación de determinaciones [sabidas como] ciertas, las cuales se conservan en el resultado, precisamente porque éste no es una nada inmediata, sino un resultado.

2) Este [resultado] racional, por consiguiente, aunque sea algo pensado e incluso abstracto, es a la vez algo concreto porque no es una unidad simple, formal, sino unidad de determinaciones distintas. Con meras abstracciones o pensamientos formales la filosofía nada tiene que ver en absoluto, sino solamente con pensamientos concretos.

3) En la lógica especulativa se contiene la mera lógica del entendimiento y ésta se puede construir igualmente desde aquélla; para ello no se requiere otra cosa que omitir lo dialéctico y racional; de esta manera [la lógica especulativa] se convierte en la lógica usual, una historia [o enumeración] de varias determinaciones del pensamiento colocadas juntas y que en su finitud valen como algo infinito. (Enciclopedia de la ciencias filosóficas, Introducción)

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La dialéctica es dialéctica de lo concreto. Niega una determinación pero no en forma absoluta. Ésta o éstas, se conservan en otro nivel, en el resultado al que hemos arribado. Marx, que como vimos no dejó de advertir sobre la mistificación hegeliana, no decía algo muy distinto en los Grundrisse: lo concreto como resultado de múltiples determinaciones. Al conocimiento se  llega. No está dado de forma inmediata, como un “pistoletazo” producto de la sensibilidad como afirmaba Schelling, contemporáneo y amigo de Hegel. Sin abjurar de la intuición sensible, la representación y el entendimiento,  la lógica especulativa (re unión de sujeto/objeto) como la bautiza Hegel, las  contiene…  superándolas.

Actualidad de Hegel

Cuando aún no ocupaba un cargo universitario en Heidelberg o Berlín, Hegel debía “ganarse el pan y el agua” como supo escribir, trabajando como docente secundario en colegios varios (gimnasios, se los denominaba en Alemania). Allí, parece, era elegido frecuentemente para inaugurar el período lectivo. Las pepitas doradas surgen casi sin esfuerzo. Leemos:

El hombre en cuanto individuo se relaciona consigo mismo. Él posee la doble vertiente de su singularidad y la de sus ser universal. Su deber para consigo consiste por tanto en parte en su conservación física, y en  elevar su ser individual a su naturaleza universal, en formarse.

Más materialista que muchos materialistas vulgares y éticamente irreprochable. Somos individuos particulares y a la vez universales. No le fue ajena a Hegel la existencia de las clases. Repudió a los terratenientes (sentido común intelectual a principios de siglo XIX en plena guerra napoleónica), apostrofó a la burguesía a la que tildaba de “clase reflexiva pero egoísta” y ante la no emergencia aún de un proletariado ya conformado (la “plebe”, según su definición), creyó ver en la burocracia del estado como portadora de los intereses generales de la sociedad civil, la clase capaz de realizar un sistema más pleno e igualitario.

Retomamos: el primer “deber” es su conservación física. Es el presupuesto básico (Marx y Engels dirán algo similar en “La ideología alemana” precisamente ante los nuevos y viejos “hegelianos”) para luego “elevarnos”, plantearnos, tareas “universales” e intentar resolverlas; con lo cual es obligación “formarse” para ello. Un  yo que es un nosotros, el hombre pre – ocupado por los asuntos de la polis, como diría Aristóteles (ese gigante del pensamiento, según los mismos Hegel y Marx).

Por último, una advertencia metodológica:

Lo contrario de no saber juzgar consiste en juzgar precipitadamente acerca de todo, sin comprenderlo. Un tal juicio precipitado se funda en que se ha concedido ciertamente un punto de vista, pero es unilateral y de ese modo pasa por alto, por tanto, el verdadero concepto de la cosa, los restantes puntos de vista. Un hombre formado sabe a la vez los límites de su capacidad de juzgar (Escritos Pedagógicos)

Advertencia que  sus encarnizados críticos no respetaron y lo que es peor, muchos denominados “hegelianos” omitieron olímpicamente. Por todo lo dicho, y en una especie de círculo espiralado, de cinta de Moebius, (símbolos que a él no le hubieran disgustado), culminamos señalando que por esas razones y otras más, Hegel sigue siendo hoy, nuestro contemporáneo.


 

Notas:

1: Sucinta bibliografía básica de y sobre Hegel:

Hegel G.W: Fenomenología del Espíritu (FCE)

Ciencia de la Lógica (Ediciones Solar)

                   Enciclopedia de las Ciencias Filosóficas (Porrúa y otras)

Principios de la Filosofía del Derecho (Sudamericana)

Lecciones sobre filosofía de la historia (Altaya)

Lecciones sobre historia de la fiolosofía (FCE)

 

Bloch, E: Sujeto Objeto: el pensamiento de Hegel (FCE)

D´Hondt, J: Hegel (Tusquets)

Dri, R: Hegelianas (Biblos)

Findlay, J: Reexamen de Hegel (Grijalbo)

Hoffmann T: Hegel: una propedéutica (Biblos)

Marcuse, H: Razón y Revolución (Alianza)

Raurich, H: Hegel y la lógica de la pasión (Marymar)


Notas para la actualidad de Hegel y Marx (Marymar)

2: También dicho de otra manera: La audacia y originalidad de Hegel consiste simplemente en esto: en que explicó y demostró en detalle cómo es lógicamente posible que dos opuestos sean idénticos, al mismo tiempo que retienen su oposición (Stace, W. T. : The Philosophy of Hegel, New York.1955. Citado en Astarita R : “Método dialéctico 2”)

3: Segunda y última cita que no pertenece a Hegel, para no abandonar la premisa prometida: Hegel no se equivocó según Marx, al integrar la lógica y la historia (dos ámbitos radicalmente escindidos por el dualismo y el desgarramiento de la modernidad, que acepta sin beneficio de inventario la separación entre el sujeto y el objeto, entre la lógica y la historia). Donde sí se equivocó Hegel es en el tipo de vínculo que estableció entre estos dos ámbitos, es decir, en haber subordinado la historia dentro de los moldes apriorísticos de la lógica (esta crítica Marx se la hace ya desde 1843 hasta “El Capital”). Por eso en Hegel, el sujeto es el concepto lógico – dotado de autonomía absoluta por sobre la historia – al que subordina todo lo real. Kohan, N: Seminario El Capital, Nuestra América, Buenos Aires, 2016.

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