José Luis Rojo
Redacción Semanario Socialismo o Barbarie.


Alberto Fernández está a punto de cumplir dos meses en la presidencia. Hasta aquí ha tenido básicamente dos ejes en su política. El primero, dar continuidad al ajuste económico más allá de miserables paliativos. Su compromiso público es con el “equilibrio fiscal”.

El segundo eje que es el que se está poniendo en marcha ahora, la renegociación de la deuda externa con el objetivo expreso de pagar. Dedicaremos esta corta nota a este segundo aspecto y cual debe ser la ubicación de la izquierda al respecto.

Lo concreto es que el gobierno tiene tres vigas rectoras en esta negociación. La primera, comprometerse a pagar la deuda tanto con el FMI como con los acreedores privados. La segunda, obtener un plazo de gracia para poder juntar los recursos (se verá si con alguna quita o no). Y la tercera, sostener el ajuste fiscal correspondientes para que los recursos que se obtengan con una eventual recuperación económica sirvan para “hacer honor a las obligaciones contraídas por el país”…

Dadas estas circunstancias, no es menor qué programa se defiende en relación a la deuda externa. Esto es más importante aun cuando el gobierno de Alberto –¡que expresa hoy la unidad nacional de los de arriba y el imperialismo para pagar!- tiene a su favor además de las direcciones sindicales del movimiento de masas, varios grupos acompañantes de “izquierda” de su gestión que trabajan para confundir las cosas (desde Grabois, pasando por Patria Grande y sellos afines, hasta el PCR, etcétera).

Desde varios de estos sectores e, incluso, desde fuerzas del FITU hemos escuchado que la política frente a la deuda seria “suspender los pagos e investigación”…

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Esta política es pura pólvora mojada. Dependiendo las circunstancias la idea de suspensión del pago e investigación podría pensarse como una “táctica de transición” para hacer comprender más fácilmente el no pago. Pero en las condiciones concretas hoy solo sirve para diluir la línea de demarcación con un gobierno que tiene el apoyo unánime de la patronal.

Si cambiamos la palabra suspensión por plazo de gracia nos vamos a dar cuenta que, a todos los efectos prácticos, el resultado es el mismo: obtener un tiempo para juntar los dólares para pagar, exactamente lo que quiere Fernández.

Por otra parte la exigencia de “investigación” es una abstracción con un Congreso Nacional que votó por unanimidad pagar una deuda que considera contraída por un “gobierno democrático”, votado, el de Macri.

Así las cosas, levantar la política de “suspensión”, mezclar banderas con quienes la defienden, solo puede llevar agua al molino del albertismo. Su gobierno es hoy la carta de la burguesía para sacar al país de la crisis a costa del ajuste sobre el grueso de los trabajadores y las trabajadoras y a costa, también, de mantener el sometimiento del país a los mercados internacionales.

En estas condiciones se ha formado un reagrupamiento confuso encabezado por la CTA de “Cachorro” Godoy que arranca su declaración con la idea de que el gobierno “entiende que la deuda es impagable” y luego sólo se dedica a criticar a Macri y no a llamar a enfrentar al gobierno constante y sonante que está a cargo hoy de la estrategia para pagar, Fernández.

Es falso que el gobierno “entienda que la deuda es impagable” en general. Lo que afirma el gobierno es otra cosa: ¡que quiere tiempo para pagar!

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Integrar un espacio o firmar una declaración confusionista donde, por lo demás, la firman funcionarios del gobierno como Claudio Lozano es un despropósito de lesa política revolucionaria.

Y como no podía ser de otra manera, este mismo problema se ha instalada entre las fuerzas el FITU tanto por el comportamiento sinuoso y oportunista sin principios habitual del MST (que por supuesto integra dicho espacio con la excusa de “no ser sectarios”), como por las declaraciones confusionistas de las propias figuras del FIT (PTS y PO) que quizás sin tomar nota de las cuestiones en danza, también están voceando en los medios la idea de “suspensión de los pagos e investigación”…

Estamos completamente en contra de esa ubicación y política. Es verdad que decir en los medios que no hay que pagar y que debemos romper con el FMI es duro cuando la mayoría popular querría que se pague… pero que no haya ajuste, algo imposible.

Pero de todas maneras, se puede mantener los criterios de principios (y es de principios no mezclar banderas con un gobierno burgués apoyado por la flor y nata de la patronal aunque se vista de “progresista”) buscando todas las vías de ser pedagógicos sin entregar nuestro programa.

Alberto también quiere “la suspensión del pago de la deuda”… para pagar. La izquierda quiere, debe querer, que la deuda no se pague una vez por todas y que la crisis la paguen los empresarios.

Bajo este programa es que seremos parte de toda movilización que cuestione el ajuste y la política de pago de la deuda externa de Alberto Fernández.

 

 

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