¿En qué planeta vive?

Guzmán dice que «no hubo ajuste»

¿Es un cínico o vive en Disneylandia? - Eufemismos para tapar el deterioro de las condiciones de vida de millones de trabajadores.



La interna en el Frente de Todos agravada por el cachetazo electoral sufrido en las PASO sigue atravesando el debate por el rumbo político y económico del gobierno.

Tras la fumata blanca que dio como resultado el nuevo gabinete «peroncho» conformado por un personal político duhaldista todoterreno (y bastante rancio) enfocado en reabsorver el golpe y remontar la derrota electoral, los modales se han moderado, pero lejos estamos de que las tensiones internas hayan sido resueltas.

Los motivos del castigo al oficialismo en las urnas son profundos. Cuando miles de trabajadores no están dispuestos a ir a apoyar al peronismo pese a las súplicas del dirigente comunal que viene insistentemente a tocarles el timbre para convencerlos, se empieza a percibir que algo se rompió (o está por romperse). La confianza se agrietó, y fue devuelta hacia el poder como una estocada de apatía circunstancial que, multiplicada por miles, configuraron una derrota electoral.

No es para menos: a pesar de los discursos optimistas del oficialismo en campaña, miles de trabajadores y familias de los sectores populares están sufriendo la pulverización de sus salarios e ingresos, perdieron sus empleos, o cayeron bajo la línea de pobreza en los últimos dos años.

El porrazo desesperó al kirchnerismo, al ver comprometido su capital político-electoral. Cristina no tardó en expresarse en una dura carta abierta que presionaba por cambios en el gabinete, en la que decía haber advertido al presidente que el gobierno estaba llevando adelante: «una política equivocada de ajuste fiscal» y que eso indudablemente «iba a tener consecuencias electorales». El «plan maestro» de la jefa para ganar elecciones, Alberto mediante, empezó a hacer agua por todos lados. Y luego de varios días de vértigo, las cosas parecieron saldarse.

Guzmán salió airoso. Pese a las críticas a su gestión, su cabeza no rodó por la pradera. Y parece que se siente bastante seguro de sí porque, aunque con buenos modales y luego de llenarla de elogios, salió a responderle a «la jefa» diciendo que no hubo ajuste. Frente a un auditorio convocado por Víctor Hugo Morales, el Ministro de Economía dijo que: «En ningún momento hubo ajuste fiscal. Hubo una reducción del déficit, que es distinto».

Varios analistas capitalistas que defienden a los sectores que se enriquecieron durante la pandemia (porque, lejos de hacer todos el mismo esfuerzo, el último tiempo se ha incrementado una distribución regresiva del ingreso), defienden este mismo punto de vista. Dicen que reducción del déficit se produjo porque se recaudó demasiado a costa de impuestos a los capitalistas del agro y la ciudad. El «impuesto a la riqueza», los DEG que ingresaron del préstamo del FMI, o la recaudación por las retenciones al agro producto de los precios récord de la soja, que no estaban contemplados en el presupuesto 2020, serían lo que explica que el déficit fiscal haya sido del 2,5% (menor al 4% previsto).

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Bajo eufemismos y enrevesados cálculos económicos, se esconde que, en medio de la crisis pandémica, el Frente de Todos llevó adelante un ajuste que pulverizó el salario y agravó la desigualdad en la distribución de la riqueza en el país.

Mientras los patrones del agro tuvieron recaudación récord producto de los altos precios de los commodities (los más altos desde el 2000) y el aumento de la toneladas producidas. Mientras se desarrollaron como nunca las empresas de comercio online y reparto por aplicación, que embolsaron ganancias millonarias a costa de precarizar a miles de jóvenes repartidores. Mientras los bancos privados y especuladores financieros se enriquecieron como nunca a costa del saqueo de las reservas con los bonos del tesoro, miles de trabajadores perdieron sus empleos (3,7 millones de puestos de trabajo se perdieron durante el segundo trimestre del 2020 y, aunque parte se recuperaron, fue en peores condiciones), avanzó brutalmente la precarización laboral y los salarios siguieron perdiendo poder adquisitivo.

Desde estas páginas ya habíamos alertado en el primer cuatrimestre del año que «el salario real registró una reducción promedio del 6,6 por ciento respecto de igual período de 2020, habiendo retrocedido en dicho lapso hasta niveles de 2008». Según un relevamiento realizado por el Grupo de Estudios de la Realidad Económica y Social (GERES): «el salario real de unos 5,7 millones de trabajadores privados registrados en el país es el más bajo de los últimos 18 años. Se trata del peor momento en relación al poder de compra de los mismos desde el año 2008″.

Ni por asomo el gobierno pensó en tocar las ganancias capitalistas, aumentar las retenciones al agro o regular las condiciones de contratación de las empresas de reparto precarizadoras para mejorar las condiciones de vida de los de abajo. Jamás la Cámpora, ni ningún sector «progre» K levantó la voz contra el establecimiento de un salario mínimo por debajo de la línea de pobreza, o para exigir que se suspendan los pagos al FMI, que representan una pérdida millonaria de recursos valiosos que podrían ser usados en beneficio de los sectores populares.

Mirá también:  Cuatro claves para entender el ajuste que se viene

Guzmán ha operado, más que como Ministro de Economía, como un embajador de Cristalina Georgieva en la Argentina. Ha elaborado presupuestos (tanto en 2021 como ahora en 2022) con una proyección de inflación irreal para planchar las paritarias y reducir el gasto en términos reales, lo cual ha significado un desfinanciamiento de la salud, la educación y las ayudas sociales, un visto bueno para que las patronales privadas profundicen la explotación, profundizando la tendencia a una distribución de la riqueza a favor de los sectores más pudientes.

Pero además, el presupuesto 2022 impulsado por el Frente de Todos, contiene políticas de ajuste explícitas. A la eliminación del IFE en el 2021, ahora se suma la reducción de los subsidios a la energía y el aumento progresivo de las tarifas a los servicios públicos en torno al 30%.

Más allá del discurso demagógico de Alberto, que habló de deudicidio frente a la asamblea de la ONU. O los chisporroteos con Cristina por estar rifando capital político del kirchnerismo en el ajuste que se están llevando adelante. Todos los sectores del Frente de Todos han sido brazo ejecutor del ajuste y defensores del aumento creciente de la desigualdad en nuestro país.

¿Por qué no dice una palabra Cristina del salario mínimo miserable establecido por el consejo general del salario? Mientras la canasta básica está en torno a los $70.000 el gobierno y los sindicatos establezcan un salario mínimo de $32.500… miserable.

Durante la campaña electoral, Manuela Castañeira fue la única candidata que hizo eje en el problema del salario planteando que había que establecer un mínimo de 100.000 pesos a costa de aumentar retenciones al agro y a los capitalistas, para que ningún trabajador sea pobre en nuestro país.

Las críticas del sector kirchnerista se limitan a la táctica electoral. Ejercer algo de presión sobre el ejecutivo para aumentar el gasto de manera coyuntural con el objetivo de recuperar algunos de los votos perdidos en las PASO. Aliviar la cuerda que pusieron en el cuello de la clase trabajadora para luego apretarla más fuerte cuando recuperen su confianza y sus votos… ¿funcionará?

Cristina no cuestiona de ninguna manera el rumbo económico y político de ajuste y sometimiento al FMI que el Frente de Todos viene practicando. Eso es lo que explica que, pese a los cambios en el gabinete y las tensiones y declaraciones cruzadas, Guzmán hoy siga en su cargo poniendo norte en el ajuste fiscal.

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