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Santiago Follet  SoB Francia


Chalecos amarillos, black-block y sindicatos protagonizaron una intensa jornada de lucha que reunió, según las cifras de la CGT, a 310.000 manifestantes (80.000 en París) en la pelea contra el gobierno de los ricos de Macron.

 

Chalecos amarillos, black-block y sindicatos

Entre los componentes que se hicieron presentes en esta marcha por la jornada internacional de los trabajadores podemos destacar a tres de los principales actores políticos que se han disputado el protagonismo de la fecha. Lo más novedoso tiene que ver obviamente con la aparición de los chalecos amarillos por primera vez en un 1° de mayo, en la que suele ser habitualmente la manifestación más masiva del año. La resistencia contra el gobierno que vienen llevando a cabo los chalecos amarillos desde hace meses se sigue destacando por la persistencia de su determinación a continuar movilizados. Es este movimiento el que encabeza sin dudas la pelea contra el gobierno de Macron y alrededor de él vienen girando el resto de sectores que se movilizan. La marcha de ayer no fue la excepción en este sentido y los chalecos volvieron a demostrar eso que cantan habitualmente: “acá estamos, aunque Macron no quiera, acá estamos, por el honor de los trabajadores y por un mundo mejor…”

En cuanto a los “black-block”, era sabido que este sector haría una aparición con fuerza en la fecha que han elegido como epicentro de su acción. Hace ya algunos años que se viene dando este fenómeno en donde el autonomismo organiza una columna a la cabeza de la marcha, con su característica vestimenta negra, para diferenciarse políticamente de los sindicatos. Esta vez su aparición fue menos inesperada que en ocasiones anteriores y marcharon por detrás de los chalecos amarillos.

En cuanto a los sindicatos, a pesar de que han perdido fuerzas en los últimos tiempos a base de acumular traiciones y organizar derrotas, siguen siendo quienes dirigen la mayor parte del movimiento obrero organizado. Esta vez a la burocracia sindical le fue más difícil enfilar todas sus críticas contra “los violentos” vestidos de negro, porque ellos también fueron víctimas de la violencia policial. De ahí se explica que hasta el propio Martinez, líder de la CGT, haya tenido que salir a denunciar la enorme represión desarrollada durante toda la jornada.

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Todo el mundo odia a la policía, la policía odia a todo el mundo

Todavía están frescas en la memoria las imágenes del 1° de mayo del año pasado en las que el por entonces desconocido Alexandre Benalla golpeaba manifestantes a destajo, con la autorización cómplice del presidente Macron. Esta vez, el jefe de Estado no quiso ser menos y el operativo puesto en marcha por el ministro del interior Castaner estuvo a tono con la brutalidad policial a las que el gobierno de la élite nos tiene acostumbrados. Gendarmes, policías, CRS, la BAC, etc., con sus camiones hidrantes, sus blindados, sus infinitos gases lacrimógenos y sus incontables ataques directos dando palazos contra los manifestantes. Hasta la propia CGT sufrió la embestida represiva que atacó las columnas sindicales a puro golpe de cachiporra y lacrimógenos.

Estos eventos demuestran que las fuerzas represivas están descontroladas. Hacen literalmente lo que quieren. En primer lugar, el recorrido de la marcha decidido por la Prefectura fue más acotado que en años anteriores yendo solo desde Montparnasse hasta Place d’Italie. Todo el perímetro de estas avenidas se encontraba bloqueado por camiones, bomberos y gendarmes, que controlaban a su antojo el ingreso y la salida de la gente, como si se tratara de los patovicas que cuidan su boliche y deciden quién puede estar en la calle y quién no.

Para “ingresar” a la marcha había que mostrar el documento y abrir la mochila, teniendo que descartar cualquier objeto o máscara que sirviera de protección contra los gases. Para “salir” había que abrir nuevamente la mochila, esta vez con la orden de tener que entregar el chaleco amarillo, para ser confiscado por los gendarmes. Todas estas medidas demuestran un autoritarismo excesivo y humillante, que busca imponer la marca subjetiva de que ese espacio les pertenece a ellos.

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Macron es el responsable de la violencia policial

La violencia indiscriminada del conjunto de las fuerzas policiales responde a los intereses de la clase dominante que busca disciplinar a quienes se movilizan para terminar con la protesta social por medio de la represión. En este sentido, toda la responsabilidad de la violencia de las fuerzas del Estado recae en sus máximos responsables: el presidente Macron y su ministro del interior Castaner. Porque este gobierno solo ha beneficiado a un sector social minoritario ultrarrico y su única respuesta a las reivindicaciones de los trabajadores es la de golpearlos, tirarles gases y reprimirlos brutalmente.

El gobierno es ultraviolento y al mismo tiempo se da el lujo de dar discursos que apelan al orden republicano, para imponer la idea de que son los manifestantes los responsables de la violencia. Un gobierno que posa de dialoguista y al mismo tiempo silencia todo diálogo bajo el humo de los gases que dispara y de los palos que pega.

Es por eso que es necesario denunciar este accionar insoportable del gobierno de Macron y para ello es fundamental continuar desarrollando la movilización en las calles, para defender el amenazado derecho a la libertad de manifestarse y por la victoria de todas las reivindicaciones de los trabajadores que el gobierno viene desatendiendo. En este sentido, las direcciones sindicales tienen una gran responsabilidad para organizar un plan de lucha a la altura de las circunstancias.

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