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Por Santiago Follet

 

¡Hay que seguir en las calles hasta tirar abajo el plan de ajuste de Macron!

¡Que la crisis la paguen los capitalistas!

“El ministro del Interior lanzó un ‘llamado a la calma’ y anunció que ‘fuerzas suplementarias’ serán desplegadas este sábado, en caso de movilización, que se agregarán a las 65.000 fuerzas de seguridad utilizadas el fin de semana pasado. (…) Entre la espada y la pared, Chistophe Castaner quiere prevenir una tercera jornada de violencias en el marco de la movilización de los ‘chalecos amarillos’, después de los enfrentamientos del 24 de noviembre y el 1° de diciembre. Mientras los llamados a nuevas manifestaciones se desarrollan en las redes sociales, a pesar de la suspensión del ‘impuesto al carbón’ sobre los combustibles, el ministro del Interior no prevé la prohibición de las marchas, pero lanza un ‘llamado a la calma’.

(Loiris Boichot, Le Figaro, 04/12/2018)

 

Lo que hace apenas algunas semanas arrancó siendo una simple campaña en las redes sociales contra el aumento de los impuestos al precio de los combustibles, se ha transformado sin lugar a dudas en uno de los fenómenos centrales de la escena política a nivel internacional. En efecto, el movimiento de los “chalecos amarillos” se ha convertido en un verdadero dolor de cabeza para el gobierno de Macron y es por eso que todos los esfuerzos del Ejecutivo están puestos en desactivar la movilización popular cueste lo que cueste. Esto se debe a que el carácter “espontáneo”, “desorganizado” y sin una dirección política clara de este movimiento de protesta fue transformándose progresivamente en la canalización de una bronca social contenida contra toda la política de supresión de derechos sociales y de ajuste económico de Macron, que ha puesto en jaque al gobierno.

 

Un movimiento de masas en alza cada vez más radicalizado

Como señalábamos en artículos anteriores, el movimiento de los “chalecos amarillos” ha irrumpido en la escena política como un fenómeno contradictorio, con elementos progresivos y reaccionarios al mismo tiempo. Desde el primer momento, Marine Le Pen ha intentado capitalizar el rédito político apoyando fuertemente al movimiento a través de su “Agrupación Nacional”, lo cual suponía un grave peligro frente a la posibilidad de que la bronca terminara expresándose en una salida reaccionaria que beneficiara a la extrema derecha.

Sin embargo, la entrada en escena de crecientes sectores populares que se han sumado a la movilización, ha aportado toda una serie de reivindicaciones progresivas que tienen su eje en el rechazo a la “injusticia fiscal”, en el pedido del aumento de salarios, en el rechazo a la represión policial y en consignas democráticas frente al abuso de poder presidencial. Las jornadas del 24 de noviembre y del 1° de diciembre, han sido enormes demostraciones de lucha que han ido inclinando la balanza progresivamente hacia la “izquierda”, y que han mostrado una enorme radicalización y aceleración de los eventos políticos, que ha llegado a amenazar la propia continuidad del gobierno.

En este sentido, es fundamental destacar que la medida del aumento del impuesto al combustible (que constituye el 60% del precio que pagan los consumidores finales), se encuentra enmarcada en un plan de ajuste global que el gobierno viene descargando sobre los de “abajo”, al tiempo que acrecienta los beneficios para los ricos. Por un lado, Macron elimina el impuesto a las grandes fortunas, pero al mismo tiempo, recorta las pensiones a los jubilados, aumenta la presión fiscal sobre los trabajadores y descarga un ataque brutal contra la universidad pública aumentando sideralmente el precio de las matrículas a los estudiantes extranjeros.

Esta última medida ha generado que el movimiento estudiantil se ponga rápidamente de pie con numerosas asambleas para defender el derecho al acceso a la universidad. Al mismo tiempo, los estudiantes secundarios han comenzado a bloquear las entradas en más de cien escuelas secundarias, con una muestra de sumarse activamente a participar y dar su apoyo a los chalecos amarillos. En el mismo sentido, son numerosos los colectivos anti-racistas, feministas, los sectores de trabajadores organizados y los movimientos de barrios populares que han ido sumando toda una serie de elementos que pone a un movimiento en alza determinado a conseguir todas sus reivindicaciones.

Y lo más importante es que hay crecientes indicios de que porciones importantes del movimiento obrero podrían estar comenzando a entrar en escena. El aumento de salarios se está convirtiendo en una de las reivindicaciones más sentidas y ya comienzan a sentirse los rumores de las huelgas. La CGT y FO ya han convocado de forma conjunta a una huelga de transportes para el 9 de diciembre.

Lejos de ser cierto lo que ha anunciado la prensa capitalista a lo largo y ancho del mundo, esto recién está empezando. No solamente casi nadie se plantea seriamente salir de las calles o dar por terminada la pelea: al contrario, crece el rumor por abajo de que hay que echar a Macron.

 

El gobierno intenta alejar la bronca de las calles

Mientras Macron se encontraba de viaje paseando por Argentina en la cumbre del G20, la situación “en casa” se le puso cada vez más negra. Las impresionantes imágenes de las barricadas en lugares históricos de París, que rememoran los eventos más “calientes” de la lucha de clases en la historia francesa, no tardaron en dar la vuelta al mundo, amargando el paseo del presidente.

La primera reacción del Ejecutivo fue lanzar una fuerte campaña mediática, encabezada por el propio Macron, intentando dividir al movimiento entre los “verdaderos chalecos amarillos pacíficos” y los “alborotadores violentos”. El gobierno intentó de esta manera posicionarse como abierto al diálogo, como el garante del orden republicano, lanzando al mismo tiempo una gran campaña para demonizar y aislar a los manifestantes del resto de la población cuya opinión es abrumadoramente favorable a los “chalecos amarillos”.

En segunda instancia, el primer ministro Édouard Philippe anunció esta mañana una moratoria en la implementación del impuesto a los combustibles prevista para el 1° de enero, suspendiendo “momentáneamente” la efectivización de la medida por los próximos seis meses. A su vez, anunció una suba ¡de sólo un 3% en el salario mínimo! y el congelamiento de los aumentos a los precios de la electricidad y el gas. En este punto, y pese al triunfalismo exhibido en numerosos artículos de prensa que han circulado en la jornada de hoy, debemos advertir seriamente que se trata de una maniobra tramposa para desarticular al movimiento en pleno ascenso de la lucha.

La receta es simple: otorgar una aparente concesión, llamar al diálogo pacífico, a la restitución del orden, pactar con todos los sectores políticos burgueses y al mismo tiempo demonizar a los “rebeldes” y preparar un operativo policial monstruoso que justifique reprimir la protesta social que aún quede en pie. ¡No por nada es el propio Movimiento de Empresas de Francia (MEDEF) el que ha estado atrás de esta propuesta!

La moratoria no resuelve nada, porque el gobierno no ha anunciado la eliminación definitiva del aumento, sino que simplemente la ha dejado en suspenso y puede tranquilamente implementarla en los próximos meses, con otra correlación de fuerzas y frente a un movimiento desarticulado y derrotado.

 

¡Sigamos en las calles! ¡Que la crisis la paguen los capitalistas!

La maniobra del macronismo deberá enfrentarse a la realidad de los eventos de los próximos días. En estos momentos, ya se empieza a palpitar el “Acto IV de los chalecos amarillos” que nuevamente se movilizarán en toda Francia este próximo sábado. El clima es de bronca generalizada y de revuelta popular, mientras proliferan las asambleas, reuniones organizativas, bloqueos de escuelas y universidades, movilizaciones estudiantiles y el próximo llamado anunciado por la CGT para el viernes 14.

Bajo ningún punto de vista hay que creer que la lucha ya está ganada. Muy por el contrario, la medida anunciada por el gobierno es insuficiente y no resuelve ninguno de los otros planteos del conjunto de las reivindicaciones. Si Macron tuvo que intentar algún tipo de salida se debe a la enorme presión ejercida por el movimiento de masas y si queremos derrotar su plan de ajuste global tenemos que profundizar todas las medidas de lucha más que nunca.

Para hacer más fuerte al movimiento de los chalecos amarillos, se necesita continuar movilizados en las calles, radicalizando las medidas de lucha y sobre todo desarrollando marcos democráticos de autoorganización y de coordinación de los diferentes sectores que se suman con sus propias reivindicaciones a dar la batalla contra el gobierno. Ni la vía parlamentaria, que ensayan políticos reformistas como Mélenchon, ni la dispersión que generan las tibias medidas de las direcciones sindicales, servirán para lograr derrotar el plan de ajuste del gobierno.

Por eso no hay que darle ninguna tregua a Macron, ni dejarse engañar con sus discursos mentirosos. El presidente de los ricos no tiene nada bueno para ofrecerle a los trabajadores y a los sectores populares. Que sean los de arriba los que paguen, empezando por la restitución del impuesto a las grandes fortunas. Por un aumento del salario mínimo para todos los trabajadores. Por el aumento de las jubilaciones. Por el acceso libre a una universidad gratuita y de calidad. Por papeles para todos los inmigrantes. Por la anulación definitiva del aumento al precio de los combustibles. ¡Sigamos movilizados en las calles! ¡Derrotemos el ajuste de Macron! ¡Que la crisis la paguen los capitalistas!

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